Nuestro invitado a la sesión del Foro de los Diletantes del pasado 28 de mayo, el embajador de Irlanda, Brian Glynn, compartió con nosotros una amena exposición en la que entremezcló su trayectoria personal con el de desarrollo de la UE. En ambos casos, un ejercicio de superación de barreras aparentemente infranqueables.

Resulta que nuestro ponente, hijo de una familia de catorce hermanos, llegó a Bilbao en 1992 dentro del programa Erasmus. Antes había dudado entre la bonita y elegante Coímbra, ciudad universitaria portuguesa por antonomasia y Bilbao, aquella otra ciudad oscura, sucia y lluviosa de la época.

Optó por nuestra villa y la Universidad de Deusto sin saber bien por qué. Un año después, nos confesaba el embajador, lloraba cuando su estancia llegó a su fin.

De no ser por ese tiempo en Bilbao, el embajador Glynn no sería tal. Seguramente hubiera desarrollado una discreta carrera de profesor en Irlanda y no le hubiera surgido la oportunidad de entrar en la carrera diplomática que le facilitó su dominio del castellano. Y es que Erasmus era, no solo una fábrica de hacer europeos, sino una primera antesala para un joven irlandés desde la que empezar a construir su vida en otros mundos diferentes y con otras oportunidades distintas a las domésticas.

También la decisión de Irlanda de salir de sí misma e incorporarse a la Unión Europea cambió la historia del país, como Erasmus cambió la del propio embajador. Haciendo también aquí un paralelismo con su propia familia, nos comentaba el ponente que un primo suyo había trazado una genealogía de todos los Glynn desde varios siglos atrás. Pues bien, el 80% de los descendientes de esta saga de los Glynn se encuentra en los Estados Unidos. Se trata del perfecto reflejo de que durante siglos la inmensa de jóvenes irlandeses, probablemente los mejores de cada generación, tuvieron que buscar y construir su destino fuera de su tierra. En evidente contraste, hoy en día, tras la incorporación de Irlanda a la UE, los jóvenes irlandeses permanecen en su inmensa mayoría dentro de la isla y contribuyen así a su progreso, tan espectacular.

La nostalgia es un sentimiento engañoso nos advierte el embajador Glynn. Él mismo, confiesa, añora el Bilbao de 1992 y su juventud de la época cuando ve una palmera de chocolate. La realidad es, sin embargo, que la ciudad de entonces no aguanta ninguna comparación con la de hoy. Algo parecido nos ocurre colectivamente cuando evocamos otros tiempos que hemos vivido en el siglo.

Este recurso a la nostalgia, nos advierte Brian Glynn, es un ejercicio peligroso porque comparamos tiempos cuyos elementos negativos olvida nuestra memoria y los comparamos con un presente cuyas facetas más negativas se manifiestan perfectamente a la vista.

Su estancia juvenil en Bilbao no fue algo aislado en la tradición de su país. Al contrario, el contacto de los irlandeses con España ha sido muy intenso y hunde sus raíces en el siglo XVI cuando Carlos I, el emperador, reconoció en 1529 el derecho a residir en España y en todas las tierras de los Habsburgo a cualquier irlandés católico como una forma de hostigar a su rival inglés, protestante.

Este equivalente antiguo de la moderna concesión de nacionalidad española se mantuvo en vigor hasta entrado el siglo XIX lo que explica que hayan sido muy numerosos los irlandeses que desde entonces han ido asentándose en España. Se mire por donde se mire, estos compatriotas del embajador salen por doquier, nos dice el ponente. La misma embajada de Irlanda en Madrid está asentada en una amplia parcela que se compró a una familia de origen irlandés. Una reciente visita de Brian Glynn a Andalucía le permitió comprobar la profunda huella irlandesa en familias tan renombradas como los Terry o los Garbey, entre otras muchísimas.

Este flujo de irlandeses hacia España ha seguido hasta el propio embajador y también ha atraído a Bilbao algún ejemplo notable. Así, la muy célebre escritora irlandesa Kate O´Brien fie contratada como “miss” por la familia Areilza en 1922. Fue precisamente durante esa estancia en la gran casa familiar de Portugalete cuando O´Brien empezó a escribir. De hecho, su primera obra de teatro de éxito, “Distinguished Villa”, de 1926, estaba directamente inspirada en esa estancia que, como le sucedió al futuro embajador 70 años después, le dejó un gratísimo recuerdo.

Desde su tiempo en Bilbao hasta su nombramiento como Embajador de Irlanda en España, Brian Glynn ha venido desarrollando distintas funciones, algunas de las cuales han estado muy vinculadas a la propia UE. Así, imbuido de la representación comunitaria ha negociado distintos procesos de incorporación de los países balcánicos lo que ha constituido una experiencia profesional y vivencial muy importante para su persona.

Asumir la representación de una institución tan grande e importante como la UE cambia profundamente a las personas y también sus perspectivas. Este ha sido el caso, por ejemplo, de la experiencia concreta que le ha tocado vivir nuestro ponente en su relación con Latinoamérica. En efecto, en 2004 representando a su país en el seno de la UE mantuvo una posición contraria al acuerdo de Mercosur que lleva tantísimos años negociándose. Sin embargo, en 2020 representando en esa ocasión a la propia UE, le tocó mantener una posición favorable a este gran acuerdo.

Precisamente en este ámbito de los asuntos americanos, Brian Glynn optó y obtuvo la plaza de director general para las Américas en tiempos de Josep Borrell como Alto Representante. Fueron años muy mediatizados por la pandemia lo que hizo las cosas más difíciles, incluida una relación correcta pero distante con el propio Borrell. Sin embargo, cuando con motivo de una rueda de prensa conjunta, nuestro ponente comentó que había estudiado en Deusto. la actitud del Alto Representante cambió radicalmente. Y cambió mucho más cuando Brian Glynn le comentó su año de nacimiento, 1972, que resultó ser fue el mismo en el que nació el hijo mayor de Borrell.

Ya entrando en la materia de su recién estrenada Dirección, Borrell de confesó que la relación de la UE con Latinoamérica había sido tradicionalmente un desastre y que en ese momento lo seguía siendo. El flamante nuevo director le contestó con un inmediato “tenemos un plan”. El caso es que hasta entonces la relación de la UE con Latinoamérica se canalizaba a través del CELAC, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños. La presidencia de este organismo rotaba anualmente entre los distintos países del hemisferio con el consiguiente cambio de intereses y prioridades. Además, el CELAC carecía de estructura propia. El plan al que se refería Brian Glynn consistía en tejer una red directa de acuerdos de la UE con los distintos países latinoamericanos y también con grupos subregionales más homogéneos. La CELAC se viene manteniendo, pero más con un carácter formal para acoger grandes cumbres y demás pero el peso de las decisiones y de los acuerdos pasa a la negociación de la UE con cada país o grupo de países.

Este cambio de orientación, añadido al acicate que ha significado la agresiva política exterior de los EE. UU. del presidente Donald Trump, muy hostil a este acuerdo, ha derivado, no obstante, en la firma del Acuerdo de Mercosur que constituye el mayor acuerdo comercial del mundo y el mayor y más importante de los acuerdos comerciales que se han firmado en toda la historia de la humanidad.

En la última parte de su intervención, el embajador irlandés comentó en el Foro las prioridades que para la UE ha formulado Irlanda que toma la presidencia semestral de la UE el próximo mes de julio. Brian Glynn simplemente enunció las siguientes prioridades:

-Recuperar la competitividad de la UE

-Gestionar esa compleja relación entre el envejecimiento del continente, la falta de mano de obra y la necesidad de una inmigración cuya integración hay que conducir satisfactoriamente.

-Ampliar la seguridad energética europea.

-Acentuar la autonomía estratégica de la UE en medio de la crisis que está experimentando la OTAN.

-Facilitar la vivienda, muy tensionada a lo largo de toda la geografía europea.

-Contener el aumento del coste de vida.

Estos objetivos deben acometerse ofreciendo una visión de la política diferente a este fenómeno de fragmentación y polarización de posiciones que se está extendiendo por todas partes.

Conciliar intereses contrapuestos no es fácil. Incorporar competitividad, valores y seguridad a la vida política europea y, en concreto, a su Programa Marco que va a configurar el marco financiero de la UE para los próximos 20 años es una tarea compleja que va a recaer en la toda la habilidad que sean capaces de desplegar los representantes irlandeses.

A todo este cúmulo de retos hay que añadir las solicitudes de ampliación de la UE. En este sentido, nos comenta el ponente, el ingreso de Montenegro parece cercano. Otros países balcánicos, así como Ucrania, Moldavia, Georgia o la siempre candidata Turquía, esperan su turno.

Los retos son enormes y siempre da la impresión de que, a pesar de su urgencia, las decisiones necesarias no acaban de tomarse en las instituciones comunitarias. Con todo, nos recuerda el embajador Brian Glynn, la UE crece cuando nada parece funcionar y crece cuando las crisis se agudizan como está sucediendo en estos momentos. En cualquier caso, concluye el embajador, las soluciones que requiere un momento tan crucial como el actual, no están en el pasado, no están en la nostalgia.

Brian Glynn, entre otros cargos, ha sido embajador de Irlanda en Brasil, director general para las Américas en el Servicio Exterior de la UE, tercer secretario y segunda jefatura en la embajada de Irlanda en Madrid y desde el 1 de septiembre de 2025 es embajador de Irlanda en España.