De la mano del comisario de la exposición, Garikoitz Fraga, un grupo de Diletantes tuvimos la oportunidad de sumergirnos en la amplísima obra de un artista tan heterogéneo como singular que fue Juan Carlos Eguillor.

Una enorme cantidad de materiales de todo tipo, buena parte de los cuales guardaba inéditos el artista en su domicilio, han sido recogidos, recopilados y ordenados para configurar una muestra que quiere reflejar ese laberinto que fue la vida del artista, obsesionado, precisamente con los laberintos, una constante en su obra.

La muestra recoge desde los primeros dibujos e iniciativas del ilustrador bilbaíno (aunque accidentalmente nacido en San Sebastián durante un veraneo familiar) en el internado de los Marianistas de Vitoria, pasando por las inefables Mari Aguirre o Miss Martiartu, hasta la pléyade de carteles, carátulas de libros, videoclips y un larguísimo etc. sobre el que Juan Carlos Eguillor proyectaba, en sus propias palabras, una mirada tierna y también cruel aunque todo ello, habría que añadir, con un profundo carácter innovador.

Lo que de novedoso y fresco tenían las viñetas de El Correo de nuestra juventud, se mantuvo durante toda la vida del artista. A mediados de los años 70 se trasladó a Madrid donde se sumergió en los ambientes literarios y artísticos de la villa. Allí conoció, entre otros muchísimos, a personajes con los que trabó intensa amistad como la escritora Carmen Martín Gaite, las cantantes Vainica Doble o el cineasta García Berlanga. Con todos ellos desarrolló colaboraciones notables.

Particularmente reseñables fueron las primeras obras de animación por ordenador que se hicieron en España o el especial Nochevieja de 1988 en TV en colaboración, entre otros, con Javier Gurruchaga.

Fue en este mundo madrileño en el que Juan Carlos Eguillor fue transitando por su peculiar laberinto vital, encontrando sucesivos mundos de complejidad intrincada que le permitió desarrollar las peculiares obsesiones que pueblan su obra y que tan bien refleja la exhaustiva exposición de la Sala Recalde, organizada, a su vez, como un laberinto tan peculiar como distintivo.