
La transformación de Bilbao. El porqué y el cómo. Con Ibon Areso (30 Abril 2026)
El presidente de Foro de los Diletantes tuvo que cortar el coloquio que siguió a la exposición del ponente al filo ya de las 5 de la tarde para evitar, como decía, que nos acabaran sacando la cena. Así de interesante y animada estuvo la gratísima charla que siguió a la intervención de ese gran muñidor de la transformación reciente de Bilbao que ha sido el exalcalde Ibon Areso.
Quien lo ha sido todo, desde jefe de la oficina de planeamiento, hasta concejal, teniente de alcalde y alcalde durante el periodo de extraordinaria transformación que ha experimentado Bilbao, comenzó explicando el por qué y el cómo de esa transformación con el conocimiento profundo de quien ha estado siempre detrás de ese cambio tan profundo.
Las ciudades son, comenzó exponiendo nuestro ponente, entes vivos que nacen, crecen y se transforman. En ese proceso las ciudades se van constituyendo en una doble base para sus habitantes: les ofrece un lugar para vivir, pero también un entorno para trabajar y, en general, para prosperar. Desde su fundación en 1300, la pequeña localidad que fue antes puerto que villa empieza por ser una humilde localidad medieval para transformarse, sobre todo, a partir de la constitución del Consulado de Bilbao en 1511, en una villa mercantil que hacia mediados del XIX tornará en una ciudad industrial uniendo la tradición ferrona a la acumulación de capital procedente de la exportación de hierro a Inglaterra. La apuesta de la Villa y su entorno por la industria básica fue total de modo que todo el conjunto de la economía, también la financiera o la aseguradora, se iba a mover alrededor de este potentísimo núcleo industrial. Será esa apuesta la que iba a crear un inmenso caudal de riqueza y de puestos de trabajo capaz de dar empleo no solo para la población local sino también para una enorme masa inmigratoria que, a su vez, ayudaría a transformar la propia ciudad y su entorno. Todo ello, habría que añadir, a costa de un importante deterioro medioambiental. Bilbao acaba siendo una ciudad muy rica pero muy deteriorada.

En las décadas de 1970 y 80 todo este conglomerado industrial se derrumba. El desempleo alcanza el 25 % de la población activa cuando no el 30 o el 35% en los núcleos netamente industriales como Sestao. Entramos en tasas de migración negativa y donde antes había riqueza y empleo ahora queda una crisis social generalizada con ramificaciones de marginación social, drogadicción, etc., extraordinariamente preocupantes. Y queda, claro está, un deterioro medioambiental de grandes proporciones.
Este es el escenario con el que se encuentra el Plan General de Ordenación Urbana que encabeza Ibon Areso. No era, desde luego, una crisis exclusiva de Bilbao, sino que lo era de todas las ciudades occidentales con una fuerte base de industria pesada. Sin embargo, así como otras localidades priorizaron recuperar el deterioro ambiental que habían experimentado, en Bilbao el objetivo principal era otro: recuperar empleo y la capacidad de crearlo. Es importante resaltar esto último: la razón de ser, el leitmotiv, que rigió la transformación que iba a experimentar Bilbao era la de reinventar un núcleo urbano sobre unos cimientos nuevos que dieran a sus habitantes base para el empleo y la prosperidad.
Este objetivo prioritario, central e inspirador de toda la actuación futura, suponía incorporar al planeamiento urbanístico una orientación económica que le sirviese de guía. La base teórica que iba a servir de sustrato económico al planeamiento de la villa la facilitó el economista Antxón Pérez Calleja que la resumió en un objetivo: terciarizar la economía de Bilbao. Para convencer a los regidores municipales Pérez Calleja hizo también un repaso histórico mostrando cómo antes de la revolución industrial, el 80% de la población se dedicaba al sector primario. Desde la revolución industrial fue la manufactura la que absorbió el empleo. Hoy en día, sin embargo, la suma de los sectores primario y secundario ronda solo el 30 % del empleo: todo el resto de la ocupación se concentra en los servicios, es decir, en el sector terciario. En consecuencia, concluía la reflexión de Pérez Calleja, era ahí donde debía concentrarse el planeamiento del nuevo Bilbao: en crear las condiciones necesarias para generar en el sector terciario el empleo que se necesitaba para dar ocupación a su población.
Es preciso, nos recalca Ibon Areso, entender que las transformaciones económicas y sociales son complejas y no se resuelven sustituyendo un sector por otro. Al contrario, los propios sectores se transforman de modo que, por ejemplo, la industria sigue hoy en día generando un gran caudal de riqueza y por eso mismo debe mantenerse. Pero lo que no genera es empleo, al menos, en las mismas proporciones que lo hizo durante la revolución industrial. Es ilustrativo observar, nos dice el exalcalde, que en los EEUU entre el sector primario y el secundario solo soportan actualmente el 20% del empleo del país. Y de ese 20%, solo un 2% es el correspondiente al sector primario que, no obstante, es capaz de generar más producción y más riqueza que cuando a dicho sector se dedicaba el 80% de la población. Generación de riqueza y generación de empleo no corren, pues, en cursos exactamente paralelos. Y tener esto en cuanta resultó esencial en el planeamiento de Bilbao.

Este análisis conllevó que el planeamiento de Bilbao, que estaba llamado a ser la base de la transformación radical que iba a experimentar la ciudad, iba a tener un doble plano. Uno, el urbanístico, digamos, el plano físico tradicional. Pero en perfecta alineación, el planeamiento de Bilbao iba a desarrollar una visión estratégica del mismo tenor y con las mismas herramientas con las que una empresa planea su futuro. Esta conjunción de lo urbanístico alineado con el objetivo macroeconómico de una ciudad que necesita generar empleo en un sector diferente al que le ha servido de base, es, insiste nuestro ponente, el elemento más identificativo de la transformación de Bilbao.
Desde esta clave, se integra en el planeamiento urbano y en la vida de los ciudadanos la espectacular mejora medioambiental que experimenta Bilbao. Lo medioambiental no es, como se indicaba antes, la razón inicial que preside la transformación de la ciudad. Al contrario, es la necesidad de crear las condiciones de generación de empleo en el sector terciario el que va a poner en valor la necesidad de mejorar sustancialmente la calidad de vida de los ciudadanos. Personas con buenos empleos, bien remunerados quieren vivir en entornos agradables lo que obliga a transformar la áspera y tradicional villa industrial en un entorno agradable bien dotado de parques, paseos, arbolado, ocio, etc. En definitiva, así como en el apogeo industrial aquella generación masiva de riqueza y empleo conllevaba un deterioro ambiental importante, la generación de riqueza y empleo en el sector terciario requiere una ciudad distinta, mucho más amable, mucho más grata y ambientalmente sostenible.
Hasta aquí, nos dice Ibon Areso, se ha explicado el porqué de una transformación urbanística tan radical. Desde este punto, el ponente, pasa a explicar el cómo, esto es, las grandes líneas en las que se ha apoyado esta transformación.
La primera de estas líneas es la puramente física, esto es, la netamente urbanística, dentro de la cual, la accesibilidad jugaba un papel central. Se trataba de mejorar radicalmente la accesibilidad interna de la ciudad muy limitada por obstáculos de todo tipo que el desarrollo industrial había ido creando: desde trincheras ferroviarias a instalaciones industriales muy implantadas en la ciudad. Había también que mejorar, igualmente, la accesibilidad externa con nuevas infraestructuras de comunicación de las que estábamos muy ayunos.

La segunda de las grandes líneas de actuación se centraba en la mejora del conjunto del entorno. Había que sanear la gran arteria de la villa, la ría, tan contaminada como biológicamente muerta. Pero también había que mejorar sustancialmente el aire o rehabilitar los suelos contaminados. Se trataba de conseguir una ciudad agradable y amable para vivir.
El tercer factor, la tercera línea de actuación para lograr la transformación radical que se perseguía con el planeamiento de Bilbao, era la de potenciar ese eje que conforman los recursos humanos y la transformación tecnológica. Los planificadores de Bilbao eran muy conscientes que las ciudades mas prósperas del mundo no son las que cuentan con más recursos naturales sino las que cuentan con personas más preparadas. El mundo al que Bilbao se quería incorporar era el de los intangibles, mucho más valiosos que sus bases materiales de la misma manera, nos dice gráficamente Ibon Areso, que la marca Coca Cola vale bastante más que sus plantas embotelladoras.
El cuarto eje sobre el que se iba a apoyar la transformación que el planeamiento de la villa perseguía era aumentar la centralidad cultural de Bilbao. Cultura, ocio y tiempo libre son, no solo el termómetro para medir la vitalidad de una ciudad, sino un atractivo exterior de primer orden. En un futuro que ya es presente, nos dice Ibon Areso, no van a existir ciudades importantes que no lo sean también en lo cultural.
Explicada la razón última de la transformación de Bilbao y de su planeamiento y explicadas también las bases sobre las que se asentó, es decir, explicado el por qué y el cómo, Ibon Areso pasó a exponer el tercer apartado de su disertación: la identificación de aquellos aspectos o factores que más han mediatizado este planeamiento urbanístico-económico tan identificativo de Bilbao y su transformación.
El primero de estos factores clave fue reorientar la ciudad hacia la ría. Las riberas del Nervión habían sido colonizadas por el propio puerto y por la industria que, como en tantas otras ciudades, cerraron el acceso y hasta la visión de la ciudad sobre el río. Los planificadores de Bilbao tenían claro que un waterfront potente es un activo fundamental, como puede serlo la vista al Támesis o al Sena.
Esta reordenación de Bilbao hacia su ría hubiera sido imposible o, al menos muy difícil, si las instalaciones industriales que la ocupaban no estuvieran cerca de la ruina. Siendo lo anterior importante, el factor más trascendental del cambio de Bilbao sobre su ría fue el traslado de las instalaciones portuarias al Abra. Seguramente, ningún otro factor singular ha sido tan determinante. Liberar las riberas del río de la servidumbre industrial y portuaria, no solo dejaba expeditas enormes extensiones de terreno, sino que permitía coser ambas riberas de la ría con puentes que hasta entonces estaban muy limitados en su diseño y en su construcción por la necesidad de permitir el tráfico fluvial. Como valor añadido, se atajaba de paso otro efecto perverso de esta colonización portuario-industrial, cual es la aparición de guetos de marginalidad amparados en esta separación. Al contrario de aquel paisaje de gabarras, grúas y tinglados de toda clase, se hizo posible convertir las ambas riberas del Nervión en paseos y zonas de esparcimiento que tanto embellecen la ciudad y tanto satisfacen a sus ciudadanos como se puede apreciar por la utilización masiva de los mismos.
La nueva metrópoli tenía que poner un acento mucho mayor en la transformación interna que en generar nuevos desarrollos, teniendo como objetivo principal renovar y recalificar las zonas más obsoletas y degradadas que heredamos de la crisis industrial. En palabras del ponente, se trató fundamentalmente de convertir las «zonas problema» en «zonas de oportunidad».
En esta concepción global con la que el Plan General visualizaba el Bilbao que se quería alcanzar, la arquitectura y el diseño urbano de prestigio debían ser también elementos a los que se les prestase una singular atención. Contribuciones como la de Gehry, Foster o los demás premios Pritzker que trabajaron en Bilbao no sólo configuran la calidad de vida de los habitantes metropolitanos, sino que contribuyeron de forma muy importante a la proyección de Bilbao en el ámbito internacional, facilitando con ello la atracción de visitantes e inversiones.
Nos comentaba Ibon Areso en la sesión que en todos los órdenes de la vida es muy peligroso tener todos los nuevos puestos en la misma cesta. Eso mismo es lo que le pasó a Bilbao que tenía una economía básicamente de monocultivo industrial. Un objetivo que se planteó la oficina que redactaba el plan General fue conseguir una diversificación económica y en ese sentido apostó por tener también un porcentaje, no superior al 8%, en la actividad turística en la consideración de que es una industria muy de presente y de futuro. Pero cada ciudad tiene que buscar el nicho de turismo al que puede aspirar, y a juicio de los redactores del plan entendían que, en su caso, tenía que ser el turismo urbano y de congresos.

Esa apuesta por la arquitectura notable y de profesionales internacionalmente reconocidos, tenía también como objetivo generar atractivos para originar un turismo tanto de puentes y pequeñas vacaciones, como también conseguir hacer de Bilbao una ciudad de congresos.
En este mismo sentido, el museo Guggenheim, una apuesta difícil y arriesgada en su tiempo, jugó un papel importante, no tanto en la reordenación y terciarización de la ciudad que se hubiera dado de todas formas, sino con el efecto, no menor, desde luego, de ubicar a Bilbao en el mapa del mundo. Y esa ubicación de la villa en el mapamundi lo era a todos los efectos, también a los de mostrar el know how técnico y empresarial suficiente como para poder edificar un museo de una complejidad técnica que se consideraba insuperable en otras partes, por ejemplo, en el Walt Disney Concert Hall de Los Angeles, pero que las empresas del País sacaron adelante. EL éxito de ambas apuestas es conocido pero unas cifras ilustran los resultados obtenidos: si en 1994 se celebraron en Bilbao 88 congresos con 24.302 asistentes, en 2014 se celebraron 1084 con 742.445 asistentes. Por su parte, si el Museo de Bellas Artes recibía unos 45.000 visitantes a principios de los 90 y se fijó el umbral de rentabilidad del Guggenheim en unos 450.000 que parecían inalcanzables, resultó que los visitantes anuales superan el millón año tras año. La generación de riqueza directa e inducida de estas apuestas tan exitosas son enormes.
Superar con éxito un planeamiento urbanístico como el que se propuso Bilbao exigía una buena colaboración público-privada como la que se impulsó en su día. El planteamiento municipal a este respecto era claro y siempre funcionó bien: dejar que el sector privado hiciera lo que sabía hacer, construir, y permitir que lo hiciera con márgenes razonables de beneficio.
El reto de verdad fue el de la colaboración publica-pública.
Hacer confluir en la misma dirección a las cuatro Administraciones concernidas, Gobierno central, Gobierno Vasco, Diputación Foral de Bizkaia y Ayuntamiento de Bilbao, cada una con sus intereses y prioridades, resultó, independientemente de afinidades políticas, un reto mucho más complejo que unir los intereses públicos a los privados. Hay que tener en cuenta que esta remodelación mayúscula de Bilbao exigía mover de sus ubicaciones asentadas a infraestructuras de la entidad de los ferrocarriles, tanto de vía estrecha como ancha o, todavía más exigente, trasladar todo un puerto fluvial hasta el Abra.
A modo de resumen, concluía Ibon Areso, la extraordinaria remodelación que ha experimentado Bilbao tenía un objetivo central: trasformar una ciudad industrial colapsada en una ciudad en la que pudieran apoyarse el sector terciario, los servicios, que es donde están localizados los empleos en los que los ciudadanos van a apoyar el desarrollo de sus vidas y la de sus familiares. Y si hubiera que señalar un factor determinante para hacer realidad este proyecto, ese fue la reordenación de las infraestructuras de transporte y el traslado del puerto al Abra. Eso fue lo que permitió coser la villa alrededor de la que había sido de siempre su eje central: la ría del Nervión. Y en ese proceso la colaboración publica-pública jugó un papel nuclear.
La renovación de una ciudad no se detiene nunca y, mucho menos, en un mundo globalizado en el que lo que no avanza, retrocede. Bilbao no debe, pues, dormirse en los laureles de su éxito, sino que debe mirar al futuro. Y ese futuro, nos dice Ibon Areso, es el mundo del saber.
La apuesta estratégica de la ciudad en estos momentos debe ser la transformación que está experimentando el conocimiento con el objetivo de anclar en el mismo la generación de valor y de empleo que remunere adecuadamente a los jóvenes y que atraiga y retenga al talento.
Quedan todavía asignaturas pendientes en un proceso de transformación urbana que, por otra parte, no se detiene nunca. El cambio profundo que conllevan los nuevos tiempos comentará el ponente, debe ser mucho más coral, es decir, más dependiente de la participación ciudadana que, como ha sido hasta ahora, de la actuación administrativa.
Un ejemplo de lo dicho es el esfuerzo que hizo el ayuntamiento durante la alcaldía de Ibon Areso en la reparcelación de los terrenos de Zorrozaurre. En la nueva isla urbana el consistorio pretendió atraer actividades universitarias, tecnológicas y empresariales por lo que retuvo lo terrenos menos atractivos, el “hueso”, en palabras del ponente, para dedicarlos a actividades innovadoras, industrias creativas, instalaciones universitarias y a la posible instalación de un parque tecnológico urbano. El ayuntamiento retuvo, pues, aquellos suelos que eran fundamentales para el futuro de la ciudad, pero cuyo proceso de ocupación y consolidación es mucho más lento y dificultoso. Permitió, por el contrario, que los promotores privados optarán por el suelo destinado a la vivienda, el” jamón”, que favorecía una venta rápida y garantizada.
El arquitecto Ibon Areso ha sido responsable del área de Urbanismo y Medio Ambiente del ayuntamiento de Bilbao encabezando el planeamiento que dio lugar a la transformación de la Villa y ejerciendo de concejal, teniente de alcalde y alcalde entre 2014 y 2015.

