Europa ante los retos geoestratégicos contemporáneos. Con Arancha González Laya (8 Octubre 2026)

La concisa y directa exposición de nuestra ponente, Arancha González Laya, arranca afirmando que Europa atraviesa un momento particularmente difícil. Dos elementos centrales definen este momento complejo: Uno de esos elementos es externo y se concreta en el cambio extraordinario que ha experimentado el contexto geoestratégico en el que la UE tiene que desenvolverse. El segundo de esos elementos es la acusada polarización interna, un problema ampliamente extendido por el mundo y que dificulta notablemente la toma de decisiones.

Empezado por el momento geoestratégico, nuestra ponente señala que tomando como referencia los 40 años transcurridos desde la incorporación de España a la UE, la mejora derivada de esa incorporación ha sido excepcional. Si, por ejemplo, el aumento de la riqueza de España se ha multiplicado por seis, la edad media de los españoles ha aumentado en 8 años de media más con respecto a 1986. Son sólo dos baremos entre otros muchos para mostrar una mejora espectacular.

Sin embargo, las bases y las certezas sobre las que se construyó aquella incorporación han variado radicalmente. De hecho, ha cambiado casi todo. Nuestro gran vecino del Este, Rusia, se ha convertido en una potencia neoimperialista que ha optado por violar el principio angular de las relaciones internacionales cual es la inviolabilidad de las fronteras y el respeto de la soberanía de otros países. Por el Oeste, quien fuera nuestro amigo y aliado más fiable, los EE. UU., ha dejado de serlo para convertirse en un antagonista que observa y se relaciona con la UE desde una perspectiva de rivalidad y no de amistad.

Ha cambiado también un entorno económico planetario en el que Europa colocaba sus productos de alta calidad en un contexto en el que la interdependencia se entendía como un instrumento para el progreso y el beneficio mutuo. Ese entorno es ya un ámbito de pugna descarnada por imponerse a competidor en el que ha surgido un enorme gigante tecnológico y económico como es China que amenaza los sectores productivos europeos, esto es, aquellos que han proporcionado empleo, progreso y estabilidad a nuestra economía y a nuestra sociedad.

Este conjunto formidable de mutaciones plantea a Europa un futuro incierto que obliga a cambiar nuestra brújula estratégica si queremos mantener un modelo que, nos dice la ponente, considera que compartir soberanía es una forma de ganar soberanía. Un modelo, pues, radicalmente distinto a los que conciben la soberanía como una pura pugna de poder y no algo a compartir.

¿Qué alternativas tenemos ante un entorno en el que todo ha cambiado?

La primera de esas alternativas nos dice Arancha González Laya, es imitar a quienes tiene modelos distintos al nuestro. Esta alternativa es falsamente sencilla porque muchos de esos modelos no son democráticos y, por lo tanto, sus prácticas son de imposible imitación para un sistema democrático si sigue queriendo mantenerse como tal. Imitar estos modelos, concluye nuestra ponente, sería renunciar a la propia UE y a sus fundamentos.

En realidad, no queda más alternativa que redoblar nuestros esfuerzos para mantener y reforzar nuestro modelo. En este esfuerzo y sus consecuencias, Arancha Gonzáalez Laya se muestra optimista. Teniendo en cuenta, nos dice, la extraordinaria mejora que para todos los países europeos ha supuesto la Unión, la voluntad ciudadana de mantener ese modelo es nuestro mejor activo. El más fuerte.

Sin embargo, no basta con mantener. Hay que profundizar, hay que avanzar en el propio modelo y en su integración porque si nos conformamos con lo que tenemos, los demás van a avanzar y lo van a hacer muy rápido por lo que nos quedaremos inevitablemente atrás. Si no avanzamos, concluye nuestra invitada, retrocederemos.

El caso es que sabemos lo que tenemos que hacer.

Para empezar, tenemos que ganar competitividad ante el formidable incremento de capacidad de nuestros competidores en todo el mundo. Sabemos, además, cómo hacerlo. Ahí tenemos las recetas claras, concretas y precisas de los informes de Enrico Letta, de Mario Draghi y de Sauli Niiniströ, expresidente de Finlandia. Entre otras muchas cosas, en esos informes se detallan las medidas para una progresiva e indispensable integración del mercado interior. En el trabajo desarrollado por los equipos de estos tres actores se detalla también la necesidad de potenciar la generación de energías alternativas o de interconectar mucho más nuestros canales energéticos para paliar así esa gran debilidad europea como es la dependencia externa en este campo. Son meros ejemplos de los muchos ámbitos en los que estos informes identifican debilidades a superar y, lo que es más importante, la manera concreta de hacerlo.

Necesitamos también, nos dice la ponente, mejorar la cohesión social. Las grandes transformaciones que se han derivado de la revolución tecnológica y la globalización han dejado desamparados a amplios sectores sociales en Occidente. La consecuencia es que el contrato social básico ha quedado maltrecho. Esta brecha en el contrato social muestra una de sus facetas más directas en los jóvenes para los que las expectativas de futuro se vuelven tan inciertas. Su malestar es general, aunque en algunos lugares se centre en la educación como en Francia o en otros en la vivienda como en España. Pero lo que subyace es común: una quiebra del contrato social que muestra una incidencia especial en la juventud. Necesitamos pues, nos dice la ponente, mejorar la cohesión social y, especialmente, la cohesión intergeneracional. Resulta absolutamente necesario devolver la esperanza a los jóvenes europeos y, para Arancha González Laya, el cimiento de esa esperanza está en la propia UE.

En este apartado de la cohesión social, juega un papel relevante la inmigración. Todos los países europeos padecen escasez de mano de obra y todos necesitan de la emigración y, de hecho, todos tiran de ella. Lo dirán o no, pero todos los países europeos recurren a la inmigración, para paliar sus déficits demográficos, por otra parte, crónicos.

Lo que, sin embargo, es igualmente evidente es que esa inmigración tiene que ser ordenada. Es la inmigración irregular la que genera problemas y rechazo social. Ordenar la inmigración es facilitar la cualificación de los inmigrantes y también su integración. En este aspecto España cuenta con la gran ventaja de la identidad de idioma, religión y, hasta cierto punto, de cultura con el mundo latinoamericano, pero cuenta también con la desventaja de su cercanía al continente africano. África es, no solo para España sino para toda Europa, un enorme reto que requiere de una cooperación muy intensa con los países de origen que permita lograr una inmigración ordenada, pero incluyendo en este proceso exigencias a los propios países receptores cuales son las derivadas de que esos inmigrantes disfruten de derechos y no se ven sometidos a trabajos opacos, mal remunerados, etc.

La ordenación de la inmigración debe ser, pues, integral.

El tercer elemento que la UE necesita para reubicarse en el mundo actual es ganar capacidad disuasoria. Necesitamos imperiosamente mejorar nuestra capacidad defensiva una vez que el paraguas norteamericano ha empezado a cerrarse.

No nos tenemos que volver una potencia militarmente agresiva, asegura nuestra ponente, pero debemos tener igualmente claro que si no contamos con dicha potencia estamos a merced de quienes quieran atacarnos. De hecho, ya lo están haciendo. No se trata de agresiones militarmente directas a la manera clásica, sino que se concreta en las múltiples formas que adopta lo que denominamos guerra híbrida. Rusia se está conformando como un maestro en esta modalidad ensayándola un día sí y otro también contra la UE. Lo hace con un doble motivo. Uno más inmediato cual es debilitar el apoyo europeo a Ucrania y otro más general cual es menoscabar un modelo de convivencia y de gobierno antitético que el desplegado por Moscú, pero muy atractivo para muchas de las antiguas repúblicas soviéticas desde la misma Ucrania a Moldavia, Georgia y tantos otros. Pero Rusia no es el único actor en este campo. El incidente de Ceuta es otra forma de guerra híbrida que se ha concretado en un ataque, en una agresión, que utiliza a seres humanos como ariete.

La experiencia enseña, nos dice la ponente, que el apaciguamiento con los matones no sirve; ni en la vida ni en la geoestrategia. Entre los países debe regir la amistad especialmente entre los vecinos. Pero esa amistad tiene que estar reforzada por la fuerza.

Llevar a cabo estas tres grandes transformaciones va a requerir liderazgos fuertes. Son estos liderazgos los que tiene que mostrar a la ciudadanía que todavía no hemos perdido nada; que estamos a tiempo para ubicarnos en el mapa geoestratégico como la formidable potencia de 450 millones de ciudadanos que somos. Si tomamos las decisiones adecuadas y tenemos la voluntad de llevarlas a cabo, estamos en perfectas condiciones de sentarnos en la mesa de las decisiones geoestratégicas y no formar parte del menú de esta, como decía Mark Carney, el primer ministro canadiense.

Mucha de esta dinámica, insiste una y otra vez nuestra ponente, está en juego en las elecciones nacionales de los próximos 12 meses, empezando por las elecciones generales de España. En este sentido, la polarización que experimentan las sociedades occidentales se torna especialmente peligrosa con lo que Arancha González Laya vuelve al inicio de su intervención cuando hablaba de los dos grandes problemas de la UE. Uno era el contexto geoestratégico pero el otro era la polarización que impide la reflexión y el debate sereno de los retos a los que nos enfrentamos. Y en un contexto polarizado es el que van a desarrollarse unas elecciones en muchos países de la Union en los que se juega mucho más que los asuntos internos de cada país. Se juega también en buena parte el propio futuro de la UE.

Arancha González Laya es actualmente decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de París y ha sido, entre otros cargos, ministra de Asuntos Exteriores de España, Subsecretaria General de la ONU, jefa de Gabinete de la OMC o portavoz de Comercio de la Comisión Europea.

 

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La generación 15M. Con Ignacio Urquizu (17 Septiembre 2026)

El ponente Ignacio Urquizu es un turolense de origen vasco que conoce bien el País, no solo por ser la tierra de sus mayores, sino porque él mismo estudió en la UPV durante unos años, 1996-97, en los que se involucró intensamente en los movimientos de la época.

La exposición del invitado del Foro parte de un presupuesto que conviene tener presente: considerar el denominado movimiento “15 M”, tan visualizado en aquella acampada de la Puerta del Sol de Madrid alrededor del 15 de mayo de 2011, como el mayor movimiento social que ha experimentado España desde la Transición.

Su ponencia es un adelanto de un libro de próxima aparición. Aunque llevará el título de “Generación 15M”, no se refiere al conjunto de personas que participaron en aquel movimiento, sino a quienes crecieron en el periodo histórico posterior, cuando todo había cambiado. Urquizu se refiere a una generación que en 2011 era todavía muy joven y que se ha socializado en un entorno marcado por la gran crisis económica, las mociones de censura exitosas, los primeros gobiernos de coalición de la democracia española, la pandemia y los cambios profundos del contexto internacional. Se trata de los jóvenes que ahora tienen entre 18 y 35 años.

Una cohorte socializada en un contexto tan diferente al de las generaciones anteriores está dando también respuestas diferentes en lo político, lo cultural y hasta lo religioso.

La diferencia resulta particularmente ilustrativa cuando se compara esta generación con la que protagonizó el 15 M. Según Urquizu, aquella generación mostró un descontento fundamentalmente político. Jóvenes mayoritariamente de izquierdas entendían que los representantes políticos, con un Gobierno entonces en manos del PSOE, no estaban desarrollando las políticas para las que habían sido votados. De ahí su lema: “no nos representan”. Era, pues, una crisis de representación política.

Pero en 2011 el malestar no era solamente juvenil. El conjunto de la sociedad española mostraba una notable insatisfacción con el funcionamiento de la democracia. Las encuestas de la época reflejaban, por ejemplo, que un 57% de la población consideraba que, sin partidos políticos, la democracia funcionaría mejor. Un porcentaje relevante pensaba incluso que funcionaría mejor si los ciudadanos pudieran elegir a sus representantes a través de plataformas sociales. Se hablaba entonces de una crisis de intermediación.

Las nuevas tecnologías estaban haciendo posible el acceso directo de los ciudadanos a servicios y centros de decisión que tradicionalmente habían requerido intermediarios, desde los servicios bancarios hasta los medios de comunicación. El fenómeno alcanzaba también a los partidos políticos, en la medida en que las redes sociales permitían a los ciudadanos entrar directamente en contacto con los líderes sin pasar por las estructuras locales de los partidos.

El revulsivo que supuso el 15 M dio paso, pues, a una sociedad muy distinta, en la que han crecido y se han socializado los jóvenes de 18 a 35 años que estudia Urquizu.

Como sociólogo, el ponente va infiriendo las características de esta cohorte a través de las encuestas. Las respuestas no proporcionan tanto datos numéricamente exactos como indicadores de tendencias que permiten identificar hacia dónde se dirige una sociedad o una determinada cohorte social.

A la hora de conocer qué se espera de una democracia, las respuestas pueden ir desde lo político a lo económico. La generación del 15 M esperaba de la democracia, fundamentalmente, representación. Otras generaciones pueden esperar de ella mayor bienestar. Son aspiraciones distintas y una democracia puede satisfacer unas, otras, ambas o ninguna.

Para determinar qué tipo de respuesta ofrece la actual generación, Urquizu recurre a distintas preguntas. Una de ellas, formulada en 2025, planteaba a la ciudadanía española si consideraba que la democracia debía evitar las desigualdades. La mayoría respondió afirmativamente, aunque entre los jóvenes la proporción era menor. Lo mismo sucedía al preguntar por la preocupación por las desigualdades: también les preocupaban, pero cinco puntos menos que al conjunto de la población.

Los jóvenes empiezan así a mostrar una demanda de la democracia más fundada en lo material, en el bienestar que debe proporcionarles, y más centrada en el bienestar propio que en el de los demás. Mientras la mayoría de la sociedad considera que la democracia favorece un reparto equitativo de la riqueza, los jóvenes creen en mayor medida lo contrario. En definitiva, concluye Urquizu, son más críticos con la democracia no tanto por las desigualdades de los demás como porque el sistema no les proporciona los resultados y las soluciones que esperan.

Otros datos van completando este retrato. En las encuestas del CIS de 2025 se preguntaba por la consideración social del franquismo. Un 65% del conjunto de la población tenía una consideración negativa, proporción que ascendía al 78% entre los jóvenes. Los jóvenes no son, pues, franquistas; de hecho, lo son en menor proporción que el resto de la sociedad.

Ahora bien, cuando se pregunta si un Gobierno autoritario puede ser mejor o funcionar más eficazmente que una democracia, aunque la mayoría responde que no, como sucede en el conjunto de la sociedad, la proporción de jóvenes que considera que sí es entre un 15 y un 20% mayor.

De este conjunto de respuestas Urquizu deduce que los jóvenes no son franquistas, pero que no les gusta lo que la democracia está produciendo. Tienen un mayor nivel de exigencia respecto a lo que el sistema democrático debe proporcionarles y, por tanto, una mayor insatisfacción con sus resultados concretos. Al ser también más pragmáticos, les cuesta menos plantearse que una alternativa autoritaria pudiera funcionar mejor y proporcionarles aquello que demandan. No son autoritarios, insiste el ponente, pero sí lo son en una proporción mayor que el conjunto de la sociedad.

Se dibuja así una generación con una mayor exigencia hacia la democracia, más centrada en el bienestar que en la representación y con una visión más pragmática que les abre a opciones menos democráticas. A ello se añade una vinculación emocional con la democracia mucho más liviana que la de otras generaciones. A los jóvenes de hoy les queda lejos el enorme esfuerzo colectivo que supuso enterrar una dictadura de 40 años y alumbrar una democracia homologable mediante un proceso ordenado y pacífico. Sin esa vinculación emocional con algo que costó tanto conseguir a generaciones anteriores, su relación con la democracia es menor y también lo es su tolerancia con ella. Su visión es más severa, exigente y, sobre todo, pragmática: ¿ofrece o no ofrece lo que debe producir un sistema político para la ciudadanía?

En este mismo orden de ideas resulta ilustrativa la respuesta a la pregunta de si pagarían mayores impuestos por recibir mejores servicios públicos. Mientras en 2017 la mayoría de la sociedad estaba dispuesta a hacerlo, actualmente los jóvenes se dividen prácticamente por mitades. Una parte relevante no estaría dispuesta a pagar más impuestos ni siquiera a cambio de mejores servicios.

Lo que subyace, según Urquizu, es una consideración negativa del propio Estado y de su funcionamiento. El 75% de la población española considera actualmente que el Estado no funciona correctamente; entre los jóvenes la proporción alcanza el 84%. Y mientras entre los mayores de 35 años solo un 10% se muestra contrario a una mayor actuación del Gobierno, entre los jóvenes la proporción alcanza el 40%.

Nos encontramos, por tanto, con una juventud muy decepcionada con el funcionamiento material de la democracia. Por esa razón empieza a aumentar un cierto sentimiento antisistema, aunque con una peculiaridad: probablemente influido por los ocho años de Gobierno de coalición, una eternidad en el cómputo juvenil del tiempo, ese sistema es percibido como de izquierda y, por tanto, las actitudes antisistema lo son también anti izquierda.

Aquí aparece con claridad la diferencia respecto a la generación del 15 M. Aquellos jóvenes de izquierdas denunciaban, como se ha dicho, que el Estado no estaba haciendo aquello para lo que había sido elegido: “no nos representan”. Los jóvenes actuales muestran también descontento, pero no tanto por la representatividad de los poderes públicos como porque estos no les proporcionan los servicios que consideran que deberían facilitarles. Quieren menos impuestos, pero también menos Estado. Son, en este sentido, liberales, aunque no tanto en el sentido clásico como en el concepto del liberalismo actual norteamericano, más libertario que liberal, que propugna un adelgazamiento radical del Estado, de sus servicios y de sus impuestos.

Como conclusión de este conjunto de características, Urquizu sostiene que España cuenta ahora con la generación joven más conservadora de su historia.

Esta peculiaridad aparece también en las encuestas del CIS sobre filiación política. Hace veinte años España se declaraba mayoritariamente socialdemócrata. A partir de 2015 empiezan a preponderar las opciones más conservadoras y actualmente la mayoría se declara liberal, seguida de quienes se identifican como socialdemócratas, socialistas, etc. Los jóvenes, desde hace ya años, se declaran mayoritariamente liberales, mientras que quienes se auto titulan socialdemócratas ocupan entre ellos, no el segundo, sino el cuarto lugar.

El proceso se observa también en la clasificación que realiza el CIS a partir de una escala de diez categorías ideológicas. En la España actual la izquierda ha descendido 15 puntos, mientras aumentan tanto la extrema izquierda, hasta alrededor del 20%, como la extrema derecha, hasta aproximadamente el 10%. El grupo que ha disminuido extraordinariamente es el de quienes no tienen ideología. El retrato apunta, por tanto, hacia una creciente polarización.

Entre los jóvenes, si hace unas décadas la mitad se declaraba de izquierdas, ahora solo lo hace un 30%, veinte puntos menos. La extrema izquierda ronda también el 20% y la extrema derecha el 10%. Los extremos tienen, pues, proporciones similares a las del conjunto de la población, pero el conjunto de los jóvenes es más conservador y menos de izquierdas.

En este punto Urquizu introduce una variable que cambia el panorama: la diferencia entre chicos y chicas. Mientras considerados conjuntamente ofrecen un resultado no demasiado distinto al del conjunto de la sociedad, separados por sexo el panorama cambia considerablemente.

Los chicos son netamente conservadores mientras las chicas son netamente de izquierdas. Ambos manifiestan ser feministas, pero el 50% de los chicos considera que el feminismo ha llegado demasiado lejos. La tendencia, además, apunta a que aumenta el número de chicas que se consideran más feministas mientras disminuye el de chicos que se declaran así. Aparece de este modo otro factor de polarización. De hecho, la diferencia de opción política entre chicos y chicas alcanza una dimensión que, según Urquizu, no se había visto nunca.

Las peculiaridades de esta generación alcanzan también al factor religioso, con una emergencia notable del catolicismo. En el conjunto de la sociedad española el catolicismo ha mantenido una acusada tendencia descendente, y también entre los jóvenes había descendido hasta cuotas de religiosidad de aproximadamente el 30%. Sin embargo, a partir de 2023 sube 14 puntos.

Una posible explicación del fenómeno estaría, según Urquizu, en el uso de las nuevas tecnologías, que favorecen una interacción de carácter individual y pueden provocar una pérdida del sentido de comunidad y la creación de un vacío interior que el catolicismo estaría empezando a rellenar.

Tampoco descarta que las religiones, al proporcionar determinadas certezas, puedan aliviar las incertidumbres de los tiempos actuales.

Sean cuales sean las causas de este auge del catolicismo, se añade así otra peculiaridad de una generación que apunta hacia una sociedad diferente de la conocida hasta ahora: unos jóvenes más conservadores, más católicos y más polarizados, no solo entre los extremos de derecha e izquierda, sino también por una polarización mediatizada por el género.

Urquizu concluye señalando que estos cambios no son un producto súbito de los últimos años, sino que llevan tiempo manifestándose y han llegado para quedarse. Entre sus consecuencias apunta:

  • Unos Parlamentos con partidos más extremos, como puede verse con Alianza Catalana en Cataluña, que a estos efectos es un territorio que considera un posible adelantado de lo que acabará ocurriendo en el resto del país.
  • La permanencia de la polarización y la fragmentación política.
  • Una creciente búsqueda de soluciones en otros campos, desde el político al religioso, como consecuencia de la insatisfacción con los resultados de la democracia.

En definitiva, estos cambios permanecerán porque así los sienten los jóvenes que se han socializado en un entorno político que no les ha dado las respuestas que esperaban.

Este panorama, desarrollado con más datos y detalle, será el que se refleje próximamente en el libro “La generación 15 M”.

Ignacio Urquizu es sociólogo, profesor universitario, ensayista y político. Ha sido diputado en el Congreso y senador por Teruel, así como alcalde de Alcañiz. Actualmente es profesor titular de Sociología en la Complutense y CEO de Demoscopia.

 

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Microplásticos: certezas, incertidumbres y algo de alarmismo. Con Juan José Iruin (25 Junio 2026)

Más bien al final de su intervención, nuestro ponente, el catedrático Juan José Iruin, se definió a sí mismo como un activista contra la quimiofobia. Con tal objeto, publica desde hace ya un tiempo un denominado “Blog del Búho” que registra miles de visitas mensuales y en los que nuestro ponente argumenta y apoya en datos y evidencias científicas los distintos temas de carácter químico que van apareciendo en el debate público. Uno de esos temas más recurrentes ha sido el que es objeto de su ponencia: los microplásticos de los que a lo largo de su charla nos comentará, como dice el título de su ponencia. las certezas, las incertidumbres, y el alarmismo que suele rodear las noticias relacionadas.

A todo ello contribuye la relativa juventud, casi infancia, de la producción científica sobre la materia, aunque en los últimos 10 años se vaya acumulando ya una evidencia científica de cierta entidad.

Los microplásticos empiezan a ser objeto de interés tan recientemente como en 2004 cuando la prestigiosa revista Science publicó un artículo sobre los mismos. Por microplásticos se entiende hoy en día las partículas sólidas de plástico de entre una micra y 5 mm, difícilmente perceptibles a simple vista y que se producen por la fragmentación de plásticos de mayor tamaño. En un proceso de descomposición continuada, los microplásticos siguen fragmentándose en unidades menores a una micra: los denominados nano plásticos.

El origen de estos microplásticos es muy variado y pueden provenir de la fragmentación de unidades mayores por la acción del oxígeno del aire y los rayos ultravioleta. También provienen, entre otros muchos orígenes, de la fragmentación mecánica de las fibras de la ropa en las lavadoras, del deterioro de los neumáticos o de las partículas abrasivas que se usan en las pastas dentífricas o en cremas cosméticas. También tiene su origen en los conocidos pellets que es la materia prima que los fabricantes de plásticos facilitan a las empresas que elaboran productos de plástico.

Sobre esta base, Juan José Iruin fue planteando distintas interrogantes. La primera fue la de determinar cuánto plástico hay en el mar.

La producción mundial de plásticos es enorme: si en 2004 se producían 200 millones de toneladas de plástico anuales. Hoy esa cantidad se ha doblado y a la misma hay que añadir 113 millones de toneladas de fibras sintéticas que sobrepasan ya a las derivadas del algodón.

La proporción de esa enorme producción de plásticos que acaba en el mar es bastante pequeña. En acusado contraste con esta realidad, en encuestas que se hicieron entre 1000 personas del Norte de Europa conocedoras del concepto de desarrollo sostenible, más del 86% creía que la mayoría de esos desechos plásticos acababan en el mar. Solo un 14% de los encuestados se acercan a la realidad cuando señalaron que son menos del 6% de los residuos plásticos los que acaban en los océanos.

Pero es que cuanto más se sabe, se observa que esa proporción va decreciendo. En efecto, si se compara, como hizo un informe de la OCDE de 2022, los millones de toneladas que se han vertido al mar, unos 30 o 40 millones, con los 10.000 millones de toneladas de plásticos que se han puesto sobre la faz de la tierra desde 1950, resulta que el mar contiene el 0,3% del total. Si se utilizan, no datos acumulados, sino mediciones de un solo año, como la que hizo la OCDE en 2019, de los 353 millones de toneladas producidas ese año, se observa que el 73% se gestiona adecuadamente y del resto, 82 millones, fueron a parar al aire, a la tierra, etc. pero sólo 17 millones de toneladas acabaron finalmente en el mar: un 0,5% bastante coincidente con la estimación de datos acumulados.

Esa transferencia de los plásticos al mar se produce mayormente en países asiáticos con mucha línea de costa y mala gestión de residuos. EL caso paradigmático es Filipinas.

Todos esos millones de toneladas de plásticos son captados por las corrientes marinas en grandes giros, también denominados parches o islas de las que hay seis en todos los océanos del mundo, los dos más grandes y muy cercanos entre sí en el Pacífico Norte. Alguno de estos giros tiene la superficie de cuatro veces Francia y algunas fotografías tomadas en bahías cerradas, como la de Manila por ejemplo después de un tifón, nos las han mostrado como si fueran esas islas de plástico. La impresión es que se pudiera caminar por encima de ellas cuando en realidad la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) norteamericana, que sigue de cerca el desarrollo de estas islas, nos dice que la mayor parte de estas están compuestas por pequeñas piezas de plástico indistinguibles a simple vista, esto es, Microplásticos.

Durante todos estos años se han producido varios intentos por cuantificar la cantidad de residuos plásticos que contiene los océanos. La expedición española Malaespina, recorrió todos los océanos del mundo buscando evidencia del contenido de estos residuos plásticos en su superficie y determinó que solo había entre 7000 y 35.000 toneladas de estos: menos del 1% de lo que se creía que había. Inmediatamente se argumentó que podían estar sumergidos, aunque el argumento no tiene mucho peso si consideramos que la menor densidad de los plásticos respecto al agua de mar los hace flotar. Tampoco parece tener mucha entidad el argumento de que cambios originados por la luz o el oxígeno les haga ganar densidad, ni que se adhieran a otros microorganismos en cantidades sustanciales. Estudios de 2019 ya determinaron que a más de 200 metros de profundidad solo se encuentran los plásticos más densos.

Todo parece indicar que, más que los océanos propiamente dichos, los grandes sumideros de los microplásticos son las costas, particularmente las postplayas donde las olas y las corrientes van llevando las partículas. Y que los más pequeñas, en virtud de las corrientes e independientemente de su densidad, se distribuyen en la columna de agua que va de la superficie al fondo.

También una variedad de los microplásticos, las microfibras, han llamado la atención de la prensa. Como es el caso de un artículo publicado en 2011 que defendía que la mayor parte de las microfibras, son producto de la labor de cizalla que hacen las lavadoras sobre la ropa. Se suponía también que la mayor parte de esas microfibras encontradas en los océanos eran sintéticas, es decir, plástico. La tesis se tambaleó pronto cuando pudo acreditarse que la mayor parte de las microfibras proceden del simple hecho de ponerse o quitarse la ropa y, claro está, de sacudirla. Para hacernos una idea de las dimensiones, se calcula que en los tejados de Gran París se depositan anualmente entre 3 y 12 toneladas de microplásticos de los cuales el 90% son fibras.

Ahora bien, estudios tan recientes como de 2022 y 2023 analizaban las microfibras que existen en el aire y en medios acuosos para llegar a la conclusión de que la mayoría son de origen celulósico, o animal y solo una pequeña proporción son fibras sintéticas.

Estas microfibras que flotan en el aire se precipitan al suelo por la lluvia, se arrastran a los ríos por las escorrentías y de los ríos llegan al mar. ¿Cuantas de estas fibras sintéticas hay en el mar?, nos plantea nuestro ponente. De nuevo estudios recientes determinan también que el 80% son celulósicas, el 12% son de origen animal y solo el 8% son sintéticas.  Para entender estas proporciones hay que tener en cuenta que, a pesar de la enorme cantidad de fibras sintéticas que se fabrican en todo el mundo desde los años 50, la Humanidad lleva siglos usando fibras celulósicas o animales que siguen siendo las más abundantes tanto en el aire como en el mar.

Analizado el monto de microplásticos y también de microfibras que pueden albergar los océanos del mundo, nuestro ponente pasó a explicar otro fenómeno que ha atraído la atención de la prensa, casi siempre en términos alarmistas. Se trata de la presencia de microplásticos en los animales que pueblan el mar y, claro está, también en el cuerpo humano. Estas noticias abarcan distintos aspectos:

Para empezar, las referidas a los animales marinos se han apoyado en impactantes imágenes de animales enredados en redes o con el cuerpo o los estómagos llenos de plásticos. Los distintos estudios que han venido haciéndose han documentado los animales en los que se han encontrado restos de plásticos en sus organismos. A la cabeza de estas listas siempre aparecen las tortugas en las que los residuos plásticos aparecen en el 100% de las especies.

Siendo estos datos ciertos, hay que precisar dos cosas: basta con que un solo animal tenga partículas de plástico en su organismo para que toda la especie se clasifique como afectada lo que evidentemente no quiere decir que todos sus individuos los contengan. Es ilustrativo que, por ejemplo, de una variedad de tortuga, la tortuga plana de Australia, solo se han analizado dos ejemplares en todo el mundo: uno tenía residuos de plástico y el otro no, pero toda la especie queda catalogada como contaminada.

Si lo que preguntamos es la cantidad promedio de partículas de plástico que se encuentra en cada animal, vemos que esa cantidad oscila entre dos y 3 partículas por ejemplar. Evidentemente, nada que ver con lo que transmitían aquellas fotografías. Estas alarmas periodísticas se reproducen de vez en cuando, por ejemplo, recientemente, el Diario Vasco habló de “anchoas llenas de plástico”. El caso es que las anchoas examinadas presentaban entre 0 y 2 microfibras y éstas inferiores a la micra.

Los efectos que estas partículas de plástico puedan tener sobre los animales que las ingieren también es dudoso. En 2025, nos dice el Dr. Iruin, se hicieron 25.000 necropsias entre diversos animales marinos. El 35% de las aves, el 12% de los mamíferos y el 34% de las tortugas contenían plástico en su tracto gastrointestinal. Pero solo en el 1,6 % de las aves, el 0,7 % de los mamíferos y el 4,4% las tortugas había certeza que habían muerto por atrapamiento o por ingesta de plásticos.

A su vez, prosiguió sistemáticamente nuestro ponente, el estudio de los efectos específicos de los microplásticos en los animales se hace en el laboratorio y es claro que su efecto es dañino. Ahora bien, las condiciones que se recrean en los laboratorios están muy lejos de lo que se da en el medio natural por lo que hay que ser cautos para generalizar sus conclusiones. Juan José Iruin, considera que para que la ingesta de plásticos sea dañina para la salud de los animales dicha ingesta tendría que ser órdenes de magnitud más grande que las concentraciones que estamos observando en los océanos.

El siguiente ámbito que nuestro ponente trató se centraba en el impacto de los microplásticos en la salud humana.

La cuestión empezó a preocupar cuando se cayó en cuenta de que estos microplásticos podían introducirse en el organismo humano por tres vías: ingestión de peces, moluscos, agua embotellada en plástico, etc.; por inhalación o por contacto. Un artículo promovido por el World Wild Fund llegó a afirmar, con la consiguiente repercusión mediática que ingeríamos el equivalente a una tarjeta de crédito a la semana. Faltó tiempo para que alguna influencer corrigiera la cifra para asegurar que ingeríamos una tarjeta de crédito, ¡al día! Informes de la OMS en 2022 o de la de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria en 2025, han desmentido la noticia, haciendo evidente que los resultados obtenidos lo habían sido por procedimientos metodológicos y condiciones de ensayo muy deficientes.

En 2022 se publicó otro artículo que anunciaba el hallazgo de microplásticos en la sangre. Hasta entonces se creía que los microplásticos se mantenían en el tracto digestivo. Sin embargo, si se verificaba que podía pasar al torrente sanguíneo, desde ahí podían alcanzar cualquier órgano del cuerpo, incluido el cerebro que, en nuestro cerebro, podía encontrase microplásticos suficientes para conformar la típica cucharilla de plástico. La propia editorial que publicó el artículo tuvo que matizarlo severamente. Sin embargo, el temor estaba ya estaba lanzado.

En esta vocación desmitificadora que caracteriza a Juan José Iruin, nos comentaba que de este tipo de partículas que se hallan en nuestro cuerpo sabemos bastante a través de los métodos de dosificación controlada de medicamentos, que emplean partículas de ese tamaño. Y lo que sabemos son algunos factores que desactivan la alarma. A saber: sabemos que las microplásticos de más de 2,5 micras se evacúan por las heces. Las de menos de esa medida sí pueden pasar al torrente sanguíneo. En el caso de las partículas que inhalamos, las de menos de una micra también pueden traspasar los alvéolos pulmonares e incorporarse a la sangre. El resto las eliminamos por la expectoración o las heces. Pero una vez en la sangre, el organismo humano también tiene sus métodos de defensa: algunos de estos microplásticos y nano plásticos de tamaño infinitesimal pero todavía de cierta entidad, se eliminan por la orina y las que no, todavía tiene que pasar la barrera del hígado y el bazo. Y, finalmente, sí, algunas de estas micropartículas se incorporan a la sangre y pueden depositarse en cualquier órgano.

Pero con todo, los resultados son muy discutibles. Para empezar, nos hemos dado cuenta de su persistencia porque tenemos tecnología para identificarlos, no porque hayamos desarrollado enfermedades que no sepamos explicar. Hemos visto, así mismo, que en los ensayos de laboratorio que se han efectuado, algunos lípidos dan los mismos perfiles analíticos que los microplásticos, por lo que no se sabe bien qué es lo que se está identificando. Como conclusión, nos dice el ponente, es posible que tengamos microplásticos en el cerebro y en otros órganos, pero no sabemos sus efectos.

Cuando nos enfrentamos a esta problemática o a otras, nos recuerda Juan José Iruin, hay que distinguir bien entre el peligro, esto es, la posibilidad de que algo nos haga daño, y los microplásticos pueden hacernos daño, del riesgo que es la probabilidad de que ese peligro se materialice en un daño concreto y aquí, con lo que ahora sabemos, esa probabilidad es muy baja en el caso de los microplásticos.

Las distintas pruebas de laboratorio que se hacen y desde las que salen artículos que agitan al sector y a la prensa siempre alerta, hay que tratarlas con cuidado porque reproducen condiciones que rara vez se dan en la vida real. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con el amianto cuyo daño en el organismo humano es indiscutible pero que se produce en personas que han estado sometidas a entornos muy tóxicos durante muchísimo tiempo. Por esa razón, para determinar la entidad del riesgo de cualquier sustancia se utilizan dos parámetros: la exposición diaria a una sustancia tóxica y, dos, la llamada ingesta admisible diaria que deviene en peligro para un organismo de una vida media de 70 años. Ninguna de las dos magnitudes se ha podido determinar por ahora respecto a los microplásticos.

De lo anterior tampoco puede deducirse que la exposición a microplásticos sea segura. Por eso, el Convenio de Basilea está tratando de restringir una práctica dudosa cual era la exportación de plásticos peligrosos desde Occidente a otros países para su reciclaje, desde luego, reciclaje teórico

La restricción de esta exportación junto a las acciones que está tomando el gobierno chino, está acotando mucho el problema.

Mucho más escéptico era nuestro ponente con la estrategia europea para plásticos dentro de los proyectos de promoción de la economía circular. En el momento presente, se están cerrando plantas de reciclaje en Europa mientras se importan plásticos reciclados de China. A su vez, se observa que la denostada incineración está siendo cada vez más utilizada en los países más ricos y más teóricamente concienciados como son los nórdicos, aprovechando, además, que los plásticos son un excelente combustible.

Tampoco las negociaciones que se están desarrollando en la ONU sobre un tratado relativo a plásticos perecen que vayan a conseguir, en opinión de nuestro ponente, un acuerdo a corto plazo.

Juan José Iruin concluye su intervención animándonos a seguir su Blog del de Búho si queremos contrastar con evidencia científica las noticias generalmente alarmantes que sobre los plásticos y otras substancias químicas publican de vez en cuando los medios de comunicación. 

Juan José Iruin ha sido catedrático de Química Física en la UPV/EHU hasta su jubilación. Fue cofundador y subdirector del Instituto de Mariales Polímeros entre 1999 y 2013. Ha presidido el Grupo Especializado de Polímeros de la Real Sociedad Española de Química, además de autor de cientos de artículos y de dos libros de texto de referencia sobre los polímeros.

 

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De Irlanda a Europa pasando por Bilbao. Con Brian Glynn (28 Mayo 2026)

Nuestro invitado a la sesión del Foro de los Diletantes del pasado 28 de mayo, el embajador de Irlanda, Brian Glynn, compartió con nosotros una amena exposición en la que entremezcló su trayectoria personal con el de desarrollo de la UE. En ambos casos, un ejercicio de superación de barreras aparentemente infranqueables.

Resulta que nuestro ponente, hijo de una familia de catorce hermanos, llegó a Bilbao en 1992 dentro del programa Erasmus. Antes había dudado entre la bonita y elegante Coímbra, ciudad universitaria portuguesa por antonomasia y Bilbao, aquella otra ciudad oscura, sucia y lluviosa de la época.

Optó por nuestra villa y la Universidad de Deusto sin saber bien por qué. Un año después, nos confesaba el embajador, lloraba cuando su estancia llegó a su fin.

De no ser por ese tiempo en Bilbao, el embajador Glynn no sería tal. Seguramente hubiera desarrollado una discreta carrera de profesor en Irlanda y no le hubiera surgido la oportunidad de entrar en la carrera diplomática que le facilitó su dominio del castellano. Y es que Erasmus era, no solo una fábrica de hacer europeos, sino una primera antesala para un joven irlandés desde la que empezar a construir su vida en otros mundos diferentes y con otras oportunidades distintas a las domésticas.

También la decisión de Irlanda de salir de sí misma e incorporarse a la Unión Europea cambió la historia del país, como Erasmus cambió la del propio embajador. Haciendo también aquí un paralelismo con su propia familia, nos comentaba el ponente que un primo suyo había trazado una genealogía de todos los Glynn desde varios siglos atrás. Pues bien, el 80% de los descendientes de esta saga de los Glynn se encuentra en los Estados Unidos. Se trata del perfecto reflejo de que durante siglos la inmensa de jóvenes irlandeses, probablemente los mejores de cada generación, tuvieron que buscar y construir su destino fuera de su tierra. En evidente contraste, hoy en día, tras la incorporación de Irlanda a la UE, los jóvenes irlandeses permanecen en su inmensa mayoría dentro de la isla y contribuyen así a su progreso, tan espectacular.

La nostalgia es un sentimiento engañoso nos advierte el embajador Glynn. Él mismo, confiesa, añora el Bilbao de 1992 y su juventud de la época cuando ve una palmera de chocolate. La realidad es, sin embargo, que la ciudad de entonces no aguanta ninguna comparación con la de hoy. Algo parecido nos ocurre colectivamente cuando evocamos otros tiempos que hemos vivido en el siglo.

Este recurso a la nostalgia, nos advierte Brian Glynn, es un ejercicio peligroso porque comparamos tiempos cuyos elementos negativos olvida nuestra memoria y los comparamos con un presente cuyas facetas más negativas se manifiestan perfectamente a la vista.

Su estancia juvenil en Bilbao no fue algo aislado en la tradición de su país. Al contrario, el contacto de los irlandeses con España ha sido muy intenso y hunde sus raíces en el siglo XVI cuando Carlos I, el emperador, reconoció en 1529 el derecho a residir en España y en todas las tierras de los Habsburgo a cualquier irlandés católico como una forma de hostigar a su rival inglés, protestante.

Este equivalente antiguo de la moderna concesión de nacionalidad española se mantuvo en vigor hasta entrado el siglo XIX lo que explica que hayan sido muy numerosos los irlandeses que desde entonces han ido asentándose en España. Se mire por donde se mire, estos compatriotas del embajador salen por doquier, nos dice el ponente. La misma embajada de Irlanda en Madrid está asentada en una amplia parcela que se compró a una familia de origen irlandés. Una reciente visita de Brian Glynn a Andalucía le permitió comprobar la profunda huella irlandesa en familias tan renombradas como los Terry o los Garbey, entre otras muchísimas.

Este flujo de irlandeses hacia España ha seguido hasta el propio embajador y también ha atraído a Bilbao algún ejemplo notable. Así, la muy célebre escritora irlandesa Kate O´Brien fie contratada como “miss” por la familia Areilza en 1922. Fue precisamente durante esa estancia en la gran casa familiar de Portugalete cuando O´Brien empezó a escribir. De hecho, su primera obra de teatro de éxito, “Distinguished Villa”, de 1926, estaba directamente inspirada en esa estancia que, como le sucedió al futuro embajador 70 años después, le dejó un gratísimo recuerdo.

Desde su tiempo en Bilbao hasta su nombramiento como Embajador de Irlanda en España, Brian Glynn ha venido desarrollando distintas funciones, algunas de las cuales han estado muy vinculadas a la propia UE. Así, imbuido de la representación comunitaria ha negociado distintos procesos de incorporación de los países balcánicos lo que ha constituido una experiencia profesional y vivencial muy importante para su persona.

Asumir la representación de una institución tan grande e importante como la UE cambia profundamente a las personas y también sus perspectivas. Este ha sido el caso, por ejemplo, de la experiencia concreta que le ha tocado vivir nuestro ponente en su relación con Latinoamérica. En efecto, en 2004 representando a su país en el seno de la UE mantuvo una posición contraria al acuerdo de Mercosur que lleva tantísimos años negociándose. Sin embargo, en 2020 representando en esa ocasión a la propia UE, le tocó mantener una posición favorable a este gran acuerdo.

Precisamente en este ámbito de los asuntos americanos, Brian Glynn optó y obtuvo la plaza de director general para las Américas en tiempos de Josep Borrell como Alto Representante. Fueron años muy mediatizados por la pandemia lo que hizo las cosas más difíciles, incluida una relación correcta pero distante con el propio Borrell. Sin embargo, cuando con motivo de una rueda de prensa conjunta, nuestro ponente comentó que había estudiado en Deusto. la actitud del Alto Representante cambió radicalmente. Y cambió mucho más cuando Brian Glynn le comentó su año de nacimiento, 1972, que resultó ser fue el mismo en el que nació el hijo mayor de Borrell.

Ya entrando en la materia de su recién estrenada Dirección, Borrell de confesó que la relación de la UE con Latinoamérica había sido tradicionalmente un desastre y que en ese momento lo seguía siendo. El flamante nuevo director le contestó con un inmediato “tenemos un plan”. El caso es que hasta entonces la relación de la UE con Latinoamérica se canalizaba a través del CELAC, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños. La presidencia de este organismo rotaba anualmente entre los distintos países del hemisferio con el consiguiente cambio de intereses y prioridades. Además, el CELAC carecía de estructura propia. El plan al que se refería Brian Glynn consistía en tejer una red directa de acuerdos de la UE con los distintos países latinoamericanos y también con grupos subregionales más homogéneos. La CELAC se viene manteniendo, pero más con un carácter formal para acoger grandes cumbres y demás pero el peso de las decisiones y de los acuerdos pasa a la negociación de la UE con cada país o grupo de países.

Este cambio de orientación, añadido al acicate que ha significado la agresiva política exterior de los EE. UU. del presidente Donald Trump, muy hostil a este acuerdo, ha derivado, no obstante, en la firma del Acuerdo de Mercosur que constituye el mayor acuerdo comercial del mundo y el mayor y más importante de los acuerdos comerciales que se han firmado en toda la historia de la humanidad.

En la última parte de su intervención, el embajador irlandés comentó en el Foro las prioridades que para la UE ha formulado Irlanda que toma la presidencia semestral de la UE el próximo mes de julio. Brian Glynn simplemente enunció las siguientes prioridades:

-Recuperar la competitividad de la UE

-Gestionar esa compleja relación entre el envejecimiento del continente, la falta de mano de obra y la necesidad de una inmigración cuya integración hay que conducir satisfactoriamente.

-Ampliar la seguridad energética europea.

-Acentuar la autonomía estratégica de la UE en medio de la crisis que está experimentando la OTAN.

-Facilitar la vivienda, muy tensionada a lo largo de toda la geografía europea.

-Contener el aumento del coste de vida.

Estos objetivos deben acometerse ofreciendo una visión de la política diferente a este fenómeno de fragmentación y polarización de posiciones que se está extendiendo por todas partes.

Conciliar intereses contrapuestos no es fácil. Incorporar competitividad, valores y seguridad a la vida política europea y, en concreto, a su Programa Marco que va a configurar el marco financiero de la UE para los próximos 20 años es una tarea compleja que va a recaer en la toda la habilidad que sean capaces de desplegar los representantes irlandeses.

A todo este cúmulo de retos hay que añadir las solicitudes de ampliación de la UE. En este sentido, nos comenta el ponente, el ingreso de Montenegro parece cercano. Otros países balcánicos, así como Ucrania, Moldavia, Georgia o la siempre candidata Turquía, esperan su turno.

Los retos son enormes y siempre da la impresión de que, a pesar de su urgencia, las decisiones necesarias no acaban de tomarse en las instituciones comunitarias. Con todo, nos recuerda el embajador Brian Glynn, la UE crece cuando nada parece funcionar y crece cuando las crisis se agudizan como está sucediendo en estos momentos. En cualquier caso, concluye el embajador, las soluciones que requiere un momento tan crucial como el actual, no están en el pasado, no están en la nostalgia.

Brian Glynn, entre otros cargos, ha sido embajador de Irlanda en Brasil, director general para las Américas en el Servicio Exterior de la UE, tercer secretario y segunda jefatura en la embajada de Irlanda en Madrid y desde el 1 de septiembre de 2025 es embajador de Irlanda en España.

 

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La transformación de Bilbao. El porqué y el cómo. Con Ibon Areso (30 Abril 2026)

El presidente de Foro de los Diletantes tuvo que cortar el coloquio que siguió a la exposición del ponente al filo ya de las 5 de la tarde para evitar, como decía, que nos acabaran sacando la cena. Así de interesante y animada estuvo la gratísima charla que siguió a la intervención de ese gran muñidor de la transformación reciente de Bilbao que ha sido el exalcalde Ibon Areso. 

Quien lo ha sido todo, desde jefe de la oficina de planeamiento, hasta concejal, teniente de alcalde y alcalde durante el periodo de extraordinaria transformación que ha experimentado Bilbao, comenzó explicando el por qué y el cómo de esa transformación con el conocimiento profundo de quien ha estado siempre detrás de ese cambio tan profundo.

Las ciudades son, comenzó exponiendo nuestro ponente, entes vivos que nacen, crecen y se transforman. En ese proceso las ciudades se van constituyendo en una doble base para sus habitantes: les ofrece un lugar para vivir, pero también un entorno para trabajar y, en general, para prosperar. Desde su fundación en 1300, la pequeña localidad que fue antes puerto que villa empieza por ser una humilde localidad medieval para transformarse, sobre todo, a partir de la constitución del Consulado de Bilbao en 1511, en una villa mercantil que hacia mediados del XIX tornará en una ciudad industrial uniendo la tradición ferrona a la acumulación de capital procedente de la exportación de hierro a Inglaterra. La apuesta de la Villa y su entorno por la industria básica fue total de modo que todo el conjunto de la economía, también la financiera o la aseguradora, se iba a mover alrededor de este potentísimo núcleo industrial. Será esa apuesta la que iba a crear un inmenso caudal de riqueza y de puestos de trabajo capaz de dar empleo no solo para la población local sino también para una enorme masa inmigratoria que, a su vez, ayudaría a transformar la propia ciudad y su entorno. Todo ello, habría que añadir, a costa de un importante deterioro medioambiental. Bilbao acaba siendo una ciudad muy rica pero muy deteriorada.

En las décadas de 1970 y 80 todo este conglomerado industrial se derrumba. El desempleo alcanza el 25 % de la población activa cuando no el 30 o el 35% en los núcleos netamente industriales como Sestao. Entramos en tasas de migración negativa y donde antes había riqueza y empleo ahora queda una crisis social generalizada con ramificaciones de marginación social, drogadicción, etc., extraordinariamente preocupantes. Y queda, claro está, un deterioro medioambiental de grandes proporciones.

Este es el escenario con el que se encuentra el Plan General de Ordenación Urbana que encabeza Ibon Areso. No era, desde luego, una crisis exclusiva de Bilbao, sino que lo era de todas las ciudades occidentales con una fuerte base de industria pesada. Sin embargo, así como otras localidades priorizaron recuperar el deterioro ambiental que habían experimentado, en Bilbao el objetivo principal era otro: recuperar empleo y la capacidad de crearlo. Es importante resaltar esto último: la razón de ser, el leitmotiv, que rigió la transformación que iba a experimentar Bilbao era la de reinventar un núcleo urbano sobre unos cimientos nuevos que dieran a sus habitantes base para el empleo y la prosperidad.

Este objetivo prioritario, central e inspirador de toda la actuación futura, suponía incorporar al planeamiento urbanístico una orientación económica que le sirviese de guía. La base teórica que iba a servir de sustrato económico al planeamiento de la villa la facilitó el economista Antxón Pérez Calleja que la resumió en un objetivo: terciarizar la economía de Bilbao. Para convencer a los regidores municipales Pérez Calleja hizo también un repaso histórico mostrando cómo antes de la revolución industrial, el 80% de la población se dedicaba al sector primario. Desde la revolución industrial fue la manufactura la que absorbió el empleo. Hoy en día, sin embargo, la suma de los sectores primario y secundario ronda solo el 30 % del empleo: todo el resto de la ocupación se concentra en los servicios, es decir, en el sector terciario. En consecuencia, concluía la reflexión de Pérez Calleja, era ahí donde debía concentrarse el planeamiento del nuevo Bilbao: en crear las condiciones necesarias para generar en el sector terciario el empleo que se necesitaba para dar ocupación a su población.

Es preciso, nos recalca Ibon Areso, entender que las transformaciones económicas y sociales son complejas y no se resuelven sustituyendo un sector por otro. Al contrario, los propios sectores se transforman de modo que, por ejemplo, la industria sigue hoy en día generando un gran caudal de riqueza y por eso mismo debe mantenerse. Pero lo que no genera es empleo, al menos, en las mismas proporciones que lo hizo durante la revolución industrial. Es ilustrativo observar, nos dice el exalcalde, que en los EEUU entre el sector primario y el secundario solo soportan actualmente el 20% del empleo del país. Y de ese 20%, solo un 2% es el correspondiente al sector primario que, no obstante, es capaz de generar más producción y más riqueza que cuando a dicho sector se dedicaba el 80% de la población. Generación de riqueza y generación de empleo no corren, pues, en cursos exactamente paralelos. Y tener esto en cuanta resultó esencial en el planeamiento de Bilbao.

Este análisis conllevó que el planeamiento de Bilbao, que estaba llamado a ser la base de la transformación radical que iba a experimentar la ciudad, iba a tener un doble plano. Uno, el urbanístico, digamos, el plano físico tradicional. Pero en perfecta alineación, el planeamiento de Bilbao iba a desarrollar una visión estratégica del mismo tenor y con las mismas herramientas con las que una empresa planea su futuro. Esta conjunción de lo urbanístico alineado con el objetivo macroeconómico de una ciudad que necesita generar empleo en un sector diferente al que le ha servido de base, es, insiste nuestro ponente, el elemento más identificativo de la transformación de Bilbao.

Desde esta clave, se integra en el planeamiento urbano y en la vida de los ciudadanos la espectacular mejora medioambiental que experimenta Bilbao. Lo medioambiental no es, como se indicaba antes, la razón inicial que preside la transformación de la ciudad. Al contrario, es la necesidad de crear las condiciones de generación de empleo en el sector terciario el que va a poner en valor la necesidad de mejorar sustancialmente la calidad de vida de los ciudadanos. Personas con buenos empleos, bien remunerados quieren vivir en entornos agradables lo que obliga a transformar la áspera y tradicional villa industrial en un entorno agradable bien dotado de parques, paseos, arbolado, ocio, etc.  En definitiva, así como en el apogeo industrial aquella generación masiva de riqueza y empleo conllevaba un deterioro ambiental importante, la generación de riqueza y empleo en el sector terciario requiere una ciudad distinta, mucho más amable, mucho más grata y ambientalmente sostenible.

Hasta aquí, nos dice Ibon Areso, se ha explicado el porqué de una transformación urbanística tan radical. Desde este punto, el ponente, pasa a explicar el cómo, esto es, las grandes líneas en las que se ha apoyado esta transformación.

La primera de estas líneas es la puramente física, esto es, la netamente urbanística, dentro de la cual, la accesibilidad jugaba un papel central. Se trataba de mejorar radicalmente la accesibilidad interna de la ciudad muy limitada por obstáculos de todo tipo que el desarrollo industrial había ido creando: desde trincheras ferroviarias a instalaciones industriales muy implantadas en la ciudad. Había también que mejorar, igualmente, la accesibilidad externa con nuevas infraestructuras de comunicación de las que estábamos muy ayunos.

La segunda de las grandes líneas de actuación se centraba en la mejora del conjunto del entorno. Había que sanear la gran arteria de la villa, la ría, tan contaminada como biológicamente muerta. Pero también había que mejorar sustancialmente el aire o rehabilitar los suelos contaminados. Se trataba de conseguir una ciudad agradable y amable para vivir.

El tercer factor, la tercera línea de actuación para lograr la transformación radical que se perseguía con el planeamiento de Bilbao, era la de potenciar ese eje que conforman los recursos humanos y la transformación tecnológica. Los planificadores de Bilbao eran muy conscientes que las ciudades mas prósperas del mundo no son las que cuentan con más recursos naturales sino las que cuentan con personas más preparadas. El mundo al que Bilbao se quería incorporar era el de los intangibles, mucho más valiosos que sus bases materiales de la misma manera, nos dice gráficamente Ibon Areso, que la marca Coca Cola vale bastante más que sus plantas embotelladoras.

El cuarto eje sobre el que se iba a apoyar la transformación que el planeamiento de la villa perseguía era aumentar la centralidad cultural de Bilbao. Cultura, ocio y tiempo libre son, no solo el termómetro para medir la vitalidad de una ciudad, sino un atractivo exterior de primer orden. En un futuro que ya es presente, nos dice Ibon Areso, no van a existir ciudades importantes que no lo sean también en lo cultural.

Explicada la razón última de la transformación de Bilbao y de su planeamiento y explicadas también las bases sobre las que se asentó, es decir, explicado el por qué y el cómo, Ibon Areso pasó a exponer el tercer apartado de su disertación: la identificación de aquellos aspectos o factores que más han mediatizado este planeamiento urbanístico-económico tan identificativo de Bilbao y su transformación.

El primero de estos factores clave fue reorientar la ciudad hacia la ría. Las riberas del Nervión habían sido colonizadas por el propio puerto y por la industria que, como en tantas otras ciudades, cerraron el acceso y hasta la visión de la ciudad sobre el río. Los planificadores de Bilbao tenían claro que un waterfront potente es un activo fundamental, como puede serlo la vista al Támesis o al Sena.

Esta reordenación de Bilbao hacia su ría hubiera sido imposible o, al menos muy difícil, si las instalaciones industriales que la ocupaban no estuvieran cerca de la ruina. Siendo lo anterior importante, el factor más trascendental del cambio de Bilbao sobre su ría fue el traslado de las instalaciones portuarias al Abra. Seguramente, ningún otro factor singular ha sido tan determinante. Liberar las riberas del río de la servidumbre industrial y portuaria, no solo dejaba expeditas enormes extensiones de terreno, sino que permitía coser ambas riberas de la ría con puentes que hasta entonces estaban muy limitados en su diseño y en su construcción por la necesidad de permitir el tráfico fluvial. Como valor añadido, se atajaba de paso otro efecto perverso de esta colonización portuario-industrial, cual es la aparición de guetos de marginalidad amparados en esta separación. Al contrario de aquel paisaje de gabarras, grúas y tinglados de toda clase, se hizo posible convertir las ambas riberas del Nervión en paseos y zonas de esparcimiento que tanto embellecen la ciudad y tanto satisfacen a sus ciudadanos como se puede apreciar por la utilización masiva de los mismos.

La nueva metrópoli tenía que poner un acento mucho mayor en la transformación interna que en generar nuevos desarrollos, teniendo como objetivo principal renovar y recalificar las zonas más obsoletas y degradadas que heredamos de la crisis industrial. En palabras del ponente, se trató fundamentalmente de convertir las «zonas problema» en «zonas de oportunidad».

En esta concepción global con la que el Plan General visualizaba el Bilbao que se quería alcanzar, la arquitectura y el diseño urbano de prestigio debían ser también elementos a los que se les prestase una singular atención. Contribuciones como la de Gehry, Foster o los demás premios Pritzker que trabajaron en Bilbao no sólo configuran la calidad de vida de los habitantes metropolitanos, sino que contribuyeron de forma muy importante a la proyección de Bilbao en el ámbito internacional, facilitando con ello la atracción de visitantes e inversiones.

Nos comentaba Ibon Areso en la sesión que en todos los órdenes de la vida es muy peligroso tener todos los nuevos puestos en la misma cesta. Eso mismo es lo que le pasó a Bilbao que tenía una economía básicamente de monocultivo industrial. Un objetivo que se planteó la oficina que redactaba el plan General fue conseguir una diversificación económica y en ese sentido apostó por tener también un porcentaje, no superior al 8%, en la actividad turística en la consideración de que es una industria muy de presente y de futuro. Pero cada ciudad tiene que buscar el nicho de turismo al que puede aspirar, y a juicio de los redactores del plan entendían que, en su caso, tenía que ser el turismo urbano y de congresos.

Esa apuesta por la arquitectura notable y de profesionales internacionalmente reconocidos, tenía también como objetivo generar atractivos para originar un turismo tanto de puentes y pequeñas vacaciones, como también conseguir hacer de Bilbao una ciudad de congresos.

En este mismo sentido, el museo Guggenheim, una apuesta difícil y arriesgada en su tiempo, jugó un papel importante, no tanto en la reordenación y terciarización de la ciudad que se hubiera dado de todas formas, sino con el efecto, no menor, desde luego, de ubicar a Bilbao en el mapa del mundo. Y esa ubicación de la villa en el mapamundi lo era a todos los efectos, también a los de mostrar el know how técnico y empresarial suficiente como para poder edificar un museo de una complejidad técnica que se consideraba insuperable en otras partes, por ejemplo, en el Walt Disney Concert Hall de Los Angeles, pero que las empresas del País sacaron adelante. EL éxito de ambas apuestas es conocido pero unas cifras ilustran los resultados obtenidos: si en 1994 se celebraron en Bilbao 88 congresos con 24.302 asistentes, en 2014 se celebraron 1084 con 742.445 asistentes. Por su parte, si el Museo de Bellas Artes recibía unos 45.000 visitantes a principios de los 90 y se fijó el umbral de rentabilidad del Guggenheim en unos 450.000 que parecían inalcanzables, resultó que los visitantes anuales superan el millón año tras año. La generación de riqueza directa e inducida de estas apuestas tan exitosas son enormes.

Superar con éxito un planeamiento urbanístico como el que se propuso Bilbao exigía una buena colaboración público-privada como la que se impulsó en su día. El planteamiento municipal a este respecto era claro y siempre funcionó bien:  dejar que el sector privado hiciera lo que sabía hacer, construir, y permitir que lo hiciera con márgenes razonables de beneficio. 

El reto de verdad fue el de la colaboración publica-pública.

Hacer confluir en la misma dirección a las cuatro Administraciones concernidas, Gobierno central, Gobierno Vasco, Diputación Foral de Bizkaia y Ayuntamiento de Bilbao, cada una con sus intereses y prioridades, resultó, independientemente de afinidades políticas, un reto mucho más complejo que unir los intereses públicos a los privados. Hay que tener en cuenta que esta remodelación mayúscula de Bilbao exigía mover de sus ubicaciones asentadas a infraestructuras de la entidad de los ferrocarriles, tanto de vía estrecha como ancha o, todavía más exigente, trasladar todo un puerto fluvial hasta el Abra.

A modo de resumen, concluía Ibon Areso, la extraordinaria remodelación que ha experimentado Bilbao tenía un objetivo central: trasformar una ciudad industrial colapsada en una ciudad en la que pudieran apoyarse el sector terciario, los servicios, que es donde están localizados los empleos en los que los ciudadanos van a apoyar el desarrollo de sus vidas y la de sus familiares. Y si hubiera que señalar un factor determinante para hacer realidad este proyecto, ese fue la reordenación de las infraestructuras de transporte y el traslado del puerto al Abra. Eso fue lo que permitió coser la villa alrededor de la que había sido de siempre su eje central: la ría del Nervión. Y en ese proceso la colaboración publica-pública jugó un papel nuclear.

La renovación de una ciudad no se detiene nunca y, mucho menos, en un mundo globalizado en el que lo que no avanza, retrocede. Bilbao no debe, pues, dormirse en los laureles de su éxito, sino que debe mirar al futuro. Y ese futuro, nos dice Ibon Areso, es el mundo del saber.

La apuesta estratégica de la ciudad en estos momentos debe ser la transformación que está experimentando el conocimiento con el objetivo de anclar en el mismo la generación de valor y de empleo que remunere adecuadamente a los jóvenes y que atraiga y retenga al talento.

Quedan todavía asignaturas pendientes en un proceso de transformación urbana que, por otra parte, no se detiene nunca. El cambio profundo que conllevan los nuevos tiempos comentará el ponente, debe ser mucho más coral, es decir, más dependiente de la participación ciudadana que, como ha sido hasta ahora, de la actuación administrativa.

Un ejemplo de lo dicho es el esfuerzo que hizo el ayuntamiento durante la alcaldía de Ibon Areso en la reparcelación de los terrenos de Zorrozaurre. En la nueva isla urbana el consistorio pretendió atraer actividades universitarias, tecnológicas y empresariales por lo que retuvo lo terrenos menos atractivos, el “hueso”, en palabras del ponente, para dedicarlos a actividades innovadoras, industrias creativas, instalaciones universitarias y a la posible instalación de un parque tecnológico urbano. El ayuntamiento retuvo, pues, aquellos suelos que eran fundamentales para el futuro de la ciudad, pero cuyo proceso de ocupación y consolidación es mucho más lento y dificultoso. Permitió, por el contrario, que los promotores privados optarán por el suelo destinado a la vivienda, el” jamón”, que favorecía una venta rápida y garantizada.

El arquitecto Ibon Areso ha sido responsable del área de Urbanismo y Medio Ambiente del ayuntamiento de Bilbao encabezando el planeamiento que dio lugar a la transformación de la Villa y ejerciendo de concejal, teniente de alcalde y alcalde entre 2014 y 2015.

 

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Tierras raras y otras materias críticas. Tecnología y Geopolítica. Con Manu Barandiarán (26 Marzo 2026)

Un puñado de elementos que están cambiando el mundo

Nuestro compañero Manu Barandiarán comienza su exposición comparando la visión aristotélica de la materia, que la creía compuesta por los cuatro elementos básicos —tierra, fuego, aire y agua—, con los más de 90 elementos naturales que forman la tabla periódica.

De entre estos materiales, algunos han condicionado de tal forma la evolución humana que hemos llegado a dar nombre a las épocas históricas en función de ellos: así hemos pasado de la edad de piedra a la del cobre o el hierro para, ya con la revolución industrial, pasar al carbón y al petróleo y, posteriormente, en la era atómica, al uranio, para desembocar finalmente en la era del silicio, base de la microelectrónica.

De todos estos materiales hay, por lo general, una gran abundancia en la corteza terrestre, pero esta disponibilidad no es la misma para todos los elementos. La abundancia varía enormemente: algunos son muy comunes, mientras que otros aparecen solo en cantidades ínfimas. Los márgenes son, pues, muy amplios.

Pues bien, lo que convierte a un material en crítico no es solo su utilidad, es decir, que nos sirva para algo, sino también el riesgo de suministro. Es decir, que su acceso pueda verse limitado bien por su escasez o por razones geoestratégicas.

Cuando el desarrollo de la humanidad se ha apoyado en el hierro, el carbón o el petróleo lo hacía en materias relativamente abundantes. Sin embargo, con el cambio tan enorme que ha supuesto la revolución digital en el paso del siglo XX al XXI, los materiales necesarios para sostenerla han cambiado radicalmente, como también han cambiado los necesarios para lograr una transformación energética que permita reducir el impacto de los combustibles fósiles.

La comparación entre una bombilla tradicional y otra de LED, que persigue un ahorro energético, es ilustrativa: mientras la bombilla tradicional utiliza vidrio, aluminio y wolframio, la de LED incorpora indio, galio, arsénico y tierras raras. El cambio es completo.

En la exposición de nuestro compañero aparecen dos conceptos relacionados pero diferentes que conviene distinguir: los materiales críticos y las tierras raras. Aunque a veces coincidan, la “materia critica” es un concepto económico y geoestratégico, mientras que la “tierra rara” es una clasificación química.

La condición de “material crítico” la establecen los gobiernos y suele referirse a minerales no combustibles que son importantes para la economía o la seguridad y cuyo suministro es vulnerable. Esa vulnerabilidad puede deberse tanto a su escasez como a la concentración de su producción en determinados países o a la complejidad de su extracción. En definitiva, es la economía y, muy especialmente, la geoestrategia la que define una materia como critica.

De ahí́ que la lista de materiales críticos sea cambiante. Depende de quien la elabore —las necesidades de la Unión Europea no son las mismas que las de India o Estados Unidos— y también del momento. En pocos años pueden observarse variaciones significativas, como ponen de manifiesto las listas que publica periódicamente la Unión Europea.

Las necesidades de estos materiales, escasos o difíciles de obtener, son amplias. Basta observar que un teléfono móvil contiene más de treinta de ellos, desde el litio hasta el coltán, para comprender hasta qué punto son realmente críticos.

En Occidente se ha producido en las últimas décadas un cierto abandono de su extracción, en parte por su menor disponibilidad en nuestros territorios, pero también por el impacto ambiental y los costes asociados a su explotación. China ha ocupado ese espacio, apoyándose tanto en sus recursos como en su capacidad de procesado y en unos costes más reducidos. El resultado no es un monopolio absoluto, pero sí una posición claramente dominante en la cadena de suministro de muchos de estos materiales.

Esta asimetría ha generado preocupación en Occidente, que ha comenzado a identificar y clasificar estos materiales y a desarrollar estrategias propias. En el caso de la Unión Europea, este proceso se ha intensificado en los últimos años, con programas orientados a aprovechar sus propios recursos, aunque sean limitados.

El uso de estos materiales es muy variado. Algunos, como el coltán, resultan esenciales para la fabricación de componentes electrónicos muy pequeños, como los condensadores. Otros, como el litio, son básicos para las baterías que alimentan los vehículos eléctricos. Para hacernos una idea, un coche eléctrico puede necesitar en torno a 10 kg de litio en su batería.

Sus aplicaciones no dejan de crecer. Incluso en el campo de la energía de fusión, el litio puede utilizarse para generar tritio, un isótopo necesario para este tipo de reacciones.

La importancia de asegurar el acceso a estos materiales ha llevado a la Unión Europea a impulsar en fechas recientes programas estratégicos. Una parte relevante de los recursos conocidos en Europa se concentra en el sudoeste de la península ibérica, lo que anticipa tensiones entre la necesidad estratégica y las reticencias locales derivadas del impacto ambiental de su explotación.

Al mismo tiempo, en otras regiones del mundo, la abundancia de algunos de estos recursos ha estado vinculada a conflictos graves, como en el caso del Congo.

El otro gran ámbito abordado en la ponencia es el de las tierras raras.

Como se ha dicho, se trata de una clasificación química que engloba 17 elementos de la tabla periódica —los lantánidos, junto con el escandio y el itrio— con propiedades magnéticas y conductoras muy singulares. No son tanto raros como escasos y suelen encontrarse en la naturaleza en forma de óxidos.

Muchas de estas tierras raras son también materiales críticos y, nuevamente, China ocupa una posición dominante en su producción y procesado, hasta el punto de poder influir en sus precios.

Su principal aplicación es la fabricación de imanes de altas prestaciones, cuya capacidad ha ido aumentando de forma notable. Estos imanes permiten reducir peso y aumentar eficiencia, lo que los hace fundamentales en sectores como el del vehículo eléctrico o la energía eólica.

Para hacernos una idea de su importancia, basta pensar en su uso masivo en los coches eléctricos, sin contar otras muchas aplicaciones. El mercado asociado a estos imanes alcanza hoy cifras muy elevadas, del orden de decenas de miles de millones de dólares.

En definitiva, el control de estos materiales no solo define la tecnología del futuro, sino también el equilibrio de poder global.

Manu Barandiarán se doctoró en física en la Universidad Complutense, es especialista en magnetismo y materiales magnéticos y ha dirigido el Departamento de Electricidad y Electrónica de la UPV/EHU: Científico visitante en una docena de Universidades de todo el mundo, es autor de más de 500 artículos que han superado el umbral de las 12.000 citas.

 

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Reflexiones sobre la gestión de patrimonios y el papel del sector financiero. Realidades, mentiras y retos. Con Álvaro Vitorero (26 Febrero 2026)

Nuestro ponente, nos cuenta él mismo, es un economista que llega al mundo financiero por puro accidente y en un momento de crisis. Se enfrenta pronto a pérdidas relevantes de los clientes que tiene encomendados y hasta recibe alguna demanda lo que le hace caer en cuenta, más si cabe, de lo duro que es perder los dineros de gentes que con su trabajo tanto les ha costado reunir.

En España la gestión ordenada del patrimonio, grande o pequeño, que vamos acumulando a lo largo de la vida es muy escasa. Por lo general, somos cortoplacistas y carecemos de un rudimento de cultura financiera que, por otro lado, nadie nos ha enseñado. Tampoco contamos con el buen entrenamiento que, por ejemplo, supone para los suizos el hecho de que una parte relevante de sus cotizaciones sociales obligatorias se capitalice individualmente durante décadas. El resultado habitual suele traducirse en que cada suizo cuente con varios millones de francos suizos en el momento de su jubilación.

El ejercicio de evaluar cual es nuestro patrimonio actual y proyectarlo al futuro a través de una planificación razonable y de una ejecución ordenada es en lo que están especializados los gestores de patrimonio. Estos profesionales no tienen una bola de cristal. Es cierto que hay variables científicamente acreditadas que permiten visibilizar la viabilidad futura de una empresa, pero la marcha general de la economía y de los valores bursátiles concretos, tan dependientes, por ejemplo, de personalidades políticas o de cambios geoestratégicos, es imposible de predecir.

Sin embargo, lo que sí se puede anticipar es que los índices bursátiles generales a un plazo de 7, 8 o 10 años históricamente han ofrecido rendimientos anuales del 7-8% en horizontes largos. Existen, pues, formas de protegernos de la volatilidad intrínseca de los mercados financieros a través de una gestión profesionalizada de nuestro patrimonio que nos proteja de quien es, probablemente, nuestro peor enemigo: nosotros mismos y nuestras decisiones precipitadas ancladas en puras reacciones psicológicas ante los vaivenes del mercado. En esta gestión profesionalizada es relevante la capacidad de analizar la marcha de las empresas concretas en las que se baraja las posibilidades de inversión y a este respecto, nos dice Álvaro Vitorero, los libros de contabilidad de esas empresas resultan mucho más útiles que cualquier libro de economía.

Desde que en la década de los 80 su liberalización catapultó los mercados financieros globalizándolos, éstos no han hecho más que experimentar convulsiones que van desde la crisis de las .COM, a la más terrible de las depresiones que se originó en 2007-2008, la posterior crisis de euro que Mario Draghi logró cortar o la crisis de COVID que fue el equivalente a una situación de guerra, pero sin violencia. Mientras la actividad económica ordinaria sufría, las reacciones de los bancos centrales a estas crisis, por lo general, han optado por inundar el mercado de liquidez lo que ha acabado por generar dos mundos paralelos y no confluyentes: el de la economía financiera y el de la economía real. La realidad resultante es que mientras en este mundo convulso la economía financiera se ha impulsado hasta cifras astronómicas, la economía real nunca recuperó la posibilidad de crecer al 5% que tuvo en algún momento.

En el entorno financiero, los bancos son los grandes actores. El inicialmente sencillo negocio bancario, esto es, retribuir los depósitos con un interés menor al que se prestan a terceros, se han ido haciendo progresivamente complejo según la competencia interbancaria se hacía más feroz y la regulación más intensa. Los bancos han ido estableciendo distintas estrategias de desarrollo entre las que destaca la apuesta por aumentar de volumen que inició el Banco de Santander y han seguido el resto de sus competidores, dentro y fuera de España. Ahora bien, nos recuerda nuestro ponente, si se apuesta por el volumen no puede apostarse simultáneamente por la calidad. De hecho, los servicios que ofrecen a sus clientes son indistinguibles entre un gran banco y otro.

También hay que tener en cuenta el enorme peso regulatorio que soportan los bancos y, en general, todo el mundo financiero. El resultado de cumplimentar una enorme carga normativa es que la operativa de los bancos se encarece extraordinariamente al punto de que bastantes de los servicios que prestan son en sí mismos deficitarios.

El resultado de todo el proceso es una presión adicional por generar ingresos que ha convertido a los bancos en plataformas transaccionales, es decir, en estructuras orientadas preferentemente a canalizar operaciones financieras y a vender productos estandarizados más que mantener una relación de asesoramiento estable con el cliente. Evidentemente, en un entorno de estas características, en el medio del negocio bancario no está el cliente sino el accionista. Es esta dinámica la que impulsa a los bancos a apostar por activos de riesgo que les genera beneficios muy altos, pero trasladando el riesgo a los clientes. La comercialización de productos complejos o inadecuados para el perfil de riesgo del cliente, como en su día fueron las conocidas “preferentes”, son consecuencia de exigentes ratios de crecimiento impuestos a los directivos, combinados con generosos bonus que beneficiaban al banco y a sus directivos, pero no al cliente como conoce bien el director de sucursal que es quien recibe las quejas del cliente airado.

La presión por aumentar los ingresos se complementa con una dinámica de reducción de costes con la aplicación masiva, por ejemplo, de la inteligencia artificial o redoblando la dinámica de aumentar volumen para concentrar costes operativos y así reducirlos.

En términos generales, todo el conjunto del sector financiero sufre los mismos problemas. El primero de los cuales es la escasez de talento. La clave de toda entidad financiera, grande o pequeña es su equipo humano. Tanto es así que la experiencia de cliente dependerá mucho más del profesional concreto que le haya atendido que de la entidad a la que ese profesional pertenezca.

Pues bien, nos insiste Álvaro Vitorero, en un momento en el que la IA puede amortizar un sinnúmero de puestos de trabajo en el sector bancario, existe una carencia de capital humano joven muy notable.

Otro problema también común a todo el sector financiero ya se ha mencionado: es el regulador. Nuestro ponente no pone en duda que la actividad financiera, como en realidad cualquier otra, tiene que estar sometida a una regulación. El problema no es, pues, tanto la regulación como el exceso de esta; un mal, por cierto, endémico al entorno europeo. Mucha de esta regulación no solo supone una carga administrativa excepcional para cualquier entidad bancaria que, como hemos visto, encarece su gestión, sino que en más ocasiones que las deseadas se introduce en la espera personal de los clientes hasta límites escandalosos como sucede con la normativa derivada de la prevención del blanqueo de capitales. Cosa distinta, nos dice Álvaro Vitorero, son las auditorías que, cierto, resultan engorrosas en el momento en el que se llevan a cabo, pero cuya cumplimentación garantiza la buena marcha de la entidad y contribuyen a una mejora de la propia empresa auditada.

En definitiva, concluye nuestro ponente, debiéramos prestar una mayor atención a nuestra economía personal o familiar, examinar con espíritu crítico la relación que mantenemos con nuestro banco habitual e intentar entender mejor el funcionamiento del sistema financiero. Solo así podremos gestionar de forma más consistente nuestro patrimonio presente y también el de las generaciones futuras.

Álvaro Vitorero es un experto con más de tres décadas de experiencia en los mercados financieros. Ha prestado sus servicios tanto en la banca internacional como en la nacional. Actualmente es consejero ejecutivo de Acacia Inversión.

 

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Aprendiendo una o más lenguas en la infancia. Con Irene de la Cruz Pavía (29 Enero 2026)

Nuestra ponente, Irene de la Cruz Pavía, es una brillante investigadora que ha tenido la valentía de adentrarse en un territorio científico ignoto, como es el de los procesos de aprendizaje del lenguaje de los recién nacidos con incursiones, como se verá, a etapas previas intrauterinas.

Adquirir algo tan abstracto como es una lengua, no digamos ya varias, en 4 o 5 años es tan complejo como prodigioso. Es importante, nos dice la ponente, hacerse una idea de la extraordinaria complejidad que rodea al lenguaje.

Para empezar, la riqueza lingüística mundial puede cifrarse en unas 6.000 o 7.000 lenguas, aunque la mitad de ellas desaparecerán durante el presente siglo por falta suficiente de hablantes. De hecho, sociedades en las que se habla una sola lengua son raras. En algunas regiones como Guinea Papúa se han llegado a contabilizar hasta 839 lenguas. Sin llegar a esos extremos de pluralidad lingüística, el patrón más normal es que se utilicen varias lenguas, unas con funciones vehiculares y otras domésticas, por ejemplo. Toda esta enorme panoplia de lenguas puede ser agrupada en familias, como las lenguas romances o las germánicas, mientras que otras permanecen aisladas como el euskera. Las lenguas se expresan mediante sonidos o mediante signos. Si nos fijamos en los sonidos, el conjunto de las lenguas del mundo tiene entre 11 y 141 sonidos, algunos de ellos privativos de unas lenguas determinadas. Por su parte, las lenguas de signos son igualmente naturales y complejas a las lenguas orales y en ningún caso son traducciones de lenguas orales.

Pues bien, Irene de la Cruz empieza por enunciar algo relevante que es que los niños aprenden la extraordinaria complejidad de cualquier lengua con la misma facilidad. Para este aprendizaje inicial, lo mismo da una lengua que otra. Desde esta primera constatación, la ciencia ha ido haciéndose distintas preguntas. La primera de ellas ha sido la de comprobar si el lenguaje humano es exclusivo de nuestra especie o, por el contrario, es fruto de un aprendizaje concreto al que no están sometidos otros animales. Se han hecho distintos experimentos como el de criar un chimpancé en el mismo entorno que un ser humano y los resultados han sido extraordinariamente parcos, tanto como para poder afirmar con total seguridad que el lenguaje es una habilidad exclusivamente humana.

Este potencial de efectividad descriptiva y la extraordinaria versatilidad que acompaña al lenguaje humano llega a niveles que parece no alcanzar ninguna otra forma de comunicación. Pues bien, los procesos de adquisición de una lengua se pueden estudiar desde la psicolingüística, es decir, la ciencia que estudia los procesos mentales que intervienen en la adquisición y procesamiento de la lengua o desde la neurolingüística, que estudia cómo esos procesos se manifiestan en el cerebro, es decir, las bases neuronales que explican el lenguaje.

En el estudio de la adquisición del lenguaje contamos con técnicas conductuales que permiten medir precisamente el procesamiento del lenguaje en los adultos. Sin embargo, el verdadero reto era comprobar cómo estos procesos se implementaban en los bebés, dado que era evidente que el lenguaje empezaba a aprenderse desde etapas muy tempranas. Dado que los bebes no hablan, había que encontrar alguna manera de comprobar sus distintas reacciones a estímulos lingüísticos distintos. Para ello, se han venido utilizando principalmente dos técnicas: una en la que se mide el grado de atención del bebé a un determinado estímulo visual mientras escucha estímulos lingüísticos. Otra técnica empleada con recién nacidos es la medición de la frecuencia y amplitud de succión de un chupete en función de los estímulos con los que el bebé es presentado. A mayor frecuencia de succión, más atención. Otras técnicas también han medido las alteraciones que se producen en el cerebro ante los distintos estímulos.

De todo este conjunto de técnicas se ha ido deduciendo una serie de patrones. En torno a los dos años los bebés comienzan a producir un habla telegráfica, por ejemplo, “Luis pegado yo”. Las investigaciones nos han mostrado que, para esta etapa, el bebé ha aprendido cientos de palabras junto con sus significados. Han descubierto también parte de las reglas del lenguaje; la gramática, porque su conocimiento de su lengua es mucho mayor que sus habilidades de producción. ¿Cuándo y cómo han llevado a cabo todo ese aprendizaje?, nos planteaba la ponente.

Llegar a “Luis pegado yo” significa que el bebé ha aprendido a diferenciar las palabras singulares en nuestra habla cotidiana que es en realidad una cadena continua de sonidos. Luego, en algún momento el bebé ha aprendido a identificar esos microsegundos entre palabra y palabra para distinguirlas en una frase.

Es difícil caer en cuenta cabal de la complejidad de lo que estamos hablando. De la Cruz Pavía nos llama la atención sobre el hecho de que aprender a identificar una palabra esconde la complejidad de lo aprendido: en efecto, “manzana”, por ejemplo, presupone entender que es una fruta, más o menos redonda, puede ser amarilla, roja o verde, pero también que puede ser más grande o más pequeña, más roja o más verde. En definitiva, supone aprender también la “idea” platónica, es decir, ese abstracto de “manzana” que tenemos en nuestra mente en el que se engloban toda la inmensa tipología de manzanas concretas y singulares que hay en la realidad de las cosas.

El proceso de aprendizaje es asombroso. Hay que tener en cuenta, nos advierte la ponente, que esa complejidad del idioma tiene que ser aprendida por el bebé en condiciones muy difíciles: a veces hay mucha gente hablando o hablándole a la vez, otras veces, los adultos se dirigen al bebé en un tono normal, otras en susurros, otras veces rápido y otras despacio. Y a todo esto hay que añadir los acentos dialectales que incorporan una infinidad de tonos enorme. Para los 4 años el niño se ha hecho con el idioma. ¿Cómo es posible, nos plantea la ponente?

Es la plasticidad cerebral inicial la que empieza a hacer posible este aprendizaje. Un mallado cerebral que se densifica enormemente en los primeros años de vida, permite adquirir sin esfuerzo ni instrucción explícita la lengua o las lenguas del entorno. Hacia la mitad de la niñez la cantidad de conexiones neuronales comienza a descender, estabilizándose en la adolescencia. A partir de ese momento, el aprendizaje de lenguas será más difícil, con áreas de mayor dificultad, como es el caso del acento. Simplemente, el cerebro se va haciendo más especializado y más eficiente, pero pierde plasticidad.

En este proceso de aprendizaje, el bebé empieza emitiendo sonidos que identificamos como arrullos y que un poco más tarde se tornan en balbuceos. Pues bien, con esos arrullos, nos explica la ponente, los bebés practican vocalizaciones para pasar más tarde a los balbuceos. Hacia los seis meses ya son capaces de identificar un puñado de palabras y alrededor del año producen su primera palabra. Van aprendiendo a un ritmo creciente, dos palabras por semana hasta los 18 meses aproximadamente. A los 18 meses se produce una especie de explosión y los niños empiezan ya a aprender unas 8-9 palabras por semana. Y alrededor de los dos años empiezan también a combinarlas entre sí formando frases elementales como la que hemos visto, y conocen ya unos cuantos cientos de palabras.

Pues bien, por asombroso que parezca, este proceso de aprendizaje empieza ya en el útero materno al que al feto le llegan los sonidos externos, todavía ininteligibles, pero ya con una entonación, una música, propia del idioma y de la persona que lo emplea. Así, los recién nacidos reconocen una historia que su madre les ha leído repetidamente durante el último trimestre de embarazo.

El proceso es similar en las primeras días o semanas de vida. Por el ritmo de succión del chupete sabemos que los bebés identifican su lengua materna, y la prefieren a una lengua desconocida. Es la tonalidad, la música del idioma, lo que ya captan y distinguen. En este sentido, las lenguas presentan tres tipos de ritmo prosódico: el acentual que se apoya en el distinto peso del acento en cada palabra, como el inglés o el alemán; el silábico en el que la unidad homogénea es la sílaba, como el español o el euskera o el moraico que se apoya en las moras, una unidad más pequeña que la sílaba, como el japonés.

Pues bien, los bebés captan estas diferencias de ritmo prosódico y se van apoyando en las mismas para ordenar y separar las unidades del flujo continuo del habla. Así los bebés ingleses captan el ritmo acentual de su idioma hacia los 7 meses. Y si están sometidos a lenguas diferentes, acaban aprendiéndolos igualmente.

Lo relevante a señalar es que, en el proceso de aprendizaje de un idioma, antes que palabras o frases, el bebé vive en un mundo de señales sonoras que va organizando.

Para ello se sirve de varias capacidades. Una de las más relevantes es el aprendizaje estadístico en función del cual el cerebro, especialmente el de los bebés, es capaz de detectar regularidades y probabilidades en la secuencia de las palabras que todavía no entiende de manera que empieza a intuir qué sílabas suelen ir juntas y cuáles no, de modo que la captación de regularidades frecuencias o distribuciones de palabras le ayudan a separar palabras, aprender fonemas, detectar estructuras gramaticales o construir expectativas.

Sobre esta base, Irene de la Cruz Pavía nos explicó que la percepción inicial del habla en los recién nacidos es extraordinariamente abierta y poco especializada, hasta el punto de que en los primeros meses responden de forma similar al habla humana y a las vocalizaciones de otros primates. Al nacer, los bebés actúan como auténticos “fonetistas universales”, capaces de discriminar prácticamente todos los contrastes fonéticos posibles, con independencia de que pertenezcan o no a su lengua. Esta capacidad perceptiva se va estrechando progresivamente a lo largo del primer año de vida, de modo que el cerebro infantil se especializa en los sonidos relevantes de su entorno lingüístico y deja de mantener distinciones que ya no resultan funcionales.

Para entrar en la fase final de su exposición, la ponente nos enfatiza que no aprendemos en secuencia: sonido-palabra-frase. No; aprendemos en paralelo, de manera multinivel y simultánea a partir de información fonética, léxica y gramatical a la vez.

En este aprendizaje simultáneo el bebé necesita “etiquetar” las distintas formas lingüísticas tanto en palabras como en formas, categorías o funciones de manera que en la cabeza del bebé cada cosa tiene su etiqueta lo que le permite inducir que, por ejemplo, una palabra nueva se debe referir a otra cosa diferente a las que conoce. Este proceso de etiquetado permite al bebé reducir la ambigüedad de un mundo tan complejo.

Ahora bien, falta un paso más. A través de lo que se conoce como el “sesgo de forma” el bebé va agrupando objetos por su forma física, lo que abre la puerta a la capacidad de abstraer reglas. Con esto la ponente nos quiere decir que más que aprender palabras una a una, el bebé detecta regularidades, categorías y patrones. Es esta habilidad la que le va a permitir más o menos a los 7 meses descubrir el orden de palabras de su lengua, una propiedad fundamental de la gramática.

Errores clásicos en la formulación de los verbos irregulares, el típico “rompido” en vez de roto, es una excelente señal de que el niño ha aprendido ya la regla general: la de los verbos regulares. Será después cuando vayan aprendiendo las excepciones.

La gramática y su dominio, concluye nuestra ponente, es la etapa final del aprendizaje de un idioma a la vez que nos señala que la gramática no se memoriza, sino que se induce a partir de patrones más o menos constantes.

Irene de la Cruz Pavía es Investigadora Ramón y Cajal e Ikerbasque Research Fellow y dirige en la Universidad de Deusto el Laboratorio de Adquisición y Procesamiento del Lenguaje. Tiene una amplia experiencia internacional en Canadá, Francia e Italia y ha obtenido la prestigiosa beca Marie Curie International Outgoing Fellowship.

 

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Veinte años, una mirada atrás. La fiesta de Navidad. (4 Diciembre 2025)

El Foro de los Diletantes de Bilbao celebraba veinte años de su fundación, y por ello, en la fiesta de Navidad del cuatro de diciembre, tras encontrarnos en el Club Marítimo de Las Arenas y compartir un delicioso aperitivo, reunimos a los cuatro expresidentes del Foro que, bajo el título Veinte años, una mirada atrás, nos recordaron juntos el cómo y el porqué de su creación, los ponentes, actividades y viajes acumulados en estas dos décadas.

Tras una breve introducción a cargo de nuestro actual presidente, Víctor Echenagusia, los expresidentes Carlos Biurrun, Manu Clausen, Fran Elorriaga y Guillermo Barredo nos conmovieron y divirtieron a partes iguales con sus recuerdos y anécdotas, y con un unánime agradecimiento a quien fue nuestro presidente de honor Agustín Ibarrola y su generosa aportación del Huevo de las Ideas que es logo y símbolo del Foro en la actualidad.

A continuación, nos sentamos a compartir una excelente comida, aderezada de mucha conversación. Llegando los postres comenzó la música, este año a cargo de un trío instrumental bajo el mando de Guillermo Garmendia, que sonó hasta el final de la fiesta. Con motivo del vigésimo aniversario, y habiéndose postulado voluntariamente en el calor de alguna reunión preparatoria previa de modo que no cabía ya retractarse, cuatro miembros/amigos del Foro habían preparado secretamente unas actuaciones musicales con mucho humor y cariño para deleitar y hacer reír a la audiencia, que coreó lealmente cuando fue requerida a hacerlo. Salieron pues al escenario, por orden de aparición: Itziar Laka, María Jesús Cava, Mercedes Valbuena y Guillermo Barredo, que interpretaron varios temas con maestría variable, pero simpatía imbatible (Il Mondo, Moon River, Nere Herriko Neskatxa Maite, This Land is Your Land, Banks of the Ohio, My Way y Bamboleo, entre otras). Dado el jolgorio general, fue inevitable que muchos de los asistentes se levantaran a bailar, baile que continuó hasta el final, con la llegada de la noche.

Acudió a la fiesta un nutrido grupo de miembros del Foro, acompañados de numerosos invitados, entre los que se encontraban Juan José Lecanda, miembro fundador, las escritoras Dolores Payas, ponente del Foro, y Elena Moreno-Scheredre. Como suele ser habitual, Javier Cano se encargó de inmortalizar la jornada con su arte fotográfico.

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La Unión Europea en un mundo convulso. Con Charles Powell (27 Noviembre 2025)

“Concisión y brillantez” es lo que pide Charles Powell a sus colaboradores y eso mismo fue lo que desplegó el director del Real Instituto Elcano en su magnífica intervención ante el Foro de los Diletantes.

Su ponencia comenzó con un repaso del actual orden, o, mejor, habría que decir desorden internacional que, a juicio de nuestro ponente, tiene como rasgos distintivos los siguientes:

-Primero. Una cierta nostalgia por el contexto bipolar de la Guerra Fría en el que las propuestas y los respectivos soportes del orden mundial de la época estaban bien definidos. Con la caída de la URSS la posición indiscutida de EE. UU. abrió un momento unipolar que la potencia americana no supo ni interpretar, ni gestionar bien como reflejan, por ejemplo, los desastres de Afganistán e Irak que todavía colean.

En la actualidad transitamos hacia un orden multipolar en cuya cima se materializa una pugna sistémica entre dos colosos: EE. UU. y China. Avanzamos hacia un mundo inestable en el que también otros actores como India o Brasil son también relevantes, aunque en otro nivel a gran distancia de los dos grandes líderes. Otro de estos actores es la propia Unión Europea (UE) aunque alguno de sus miembros, por ejemplo, Francia o Alemania y antes el Reino Unido, se resistan a dar a la Unión esa categoría por no renunciar a serlo ellos mismos, por quimérico que resulte.

-El segundo de los rasgos del momento geopolítico actual es la evidencia que resulta de observar cómo el orden mundial que surgió en la II Guerra Mundial de va desvaneciendo mientras sus instituciones, con la ONU y sus agencias a la cabeza, se muestran lentas e ineficaces ante las guerras como Ucrania o Gaza que debían prevenir. También las instituciones económicas internacionales, desde el Banco Mundial y el FMI y también la discreta y eficaz Organización Mundial del Comercio, se van sumiendo en la insignificancia, fruto de la pérdida de legitimidad, credibilidad y eficacia. Todas ellas están en la UCI, nos dirá Charles Powell. En su lugar surgen iniciativas mini laterales, las llama el ponente, que son las que conforman un pequeño número de países que se agrupan coyunturalmente para defender intereses sectoriales o geográficos pero cuya proliferación contribuye también a socavar el orden previo a los mismos.

No dirigimos, pues, resume nuestro ponente, hacia un mundo más transaccional en el que se aprecia el retorno de la Historia y la Geografía que aprendimos en la escuela con sus dinámicas tradicionales. Un mundo incipiente, multipolar y desordenado, en permanente agitación por la pugna entre EE. UU. y China.

Explicado el contexto, Charles Powell, un convencido europeísta según nos manifiesta, plantea la cuestión de cuál es el lugar y el papel de la UE en este marasmo geopolítico.

El punto de partida de un historiador como es el director del Instituto Elcano es que la UE es un milagro que, no obstante, se encuentra en un momento crítico. Para empezar, constituye un mercado de 450 millones de consumidores que, por prosaico que parezca, conforma su principal fortaleza. La UE es, además, una comunidad de Derecho, esto es, regida por normas jurídicas.

Por el contrario, no somos una potencia militar a pesar de que gastamos la friolera de 330.000 millones de euros cada año que contrasta con los 450.000 que gasta China o los 980.000 de EE. UU. La diferencia no es tanto de cantidad sino de calidad. Gastamos mal esa enorme cantidad de recursos porque, básicamente, no los gastamos juntos. La guerra de Ucrania nos ha enfrentado a nuestras carencias militares cuando ha hecho evidente que, o no producimos la munición suficiente de 155 mm que se necesita en el frente o cuando disponiendo de magníficos cazas de fabricación sueca nos vemos obligados a adquirir los carísimos F 35 norteamericanos que, además, tienen un plazo de entrega para 2030, cuando no para 2035.

El caso es que la UE no está hecha para la guerra. Sucede que este milagro que es la UE constituye un Estado posmoderno, esto es, una evolución más depurada del Estado nación tradicional que requiere formas más sofisticadas de gobernanza que, a veces, tanto les cuesta entender a chinos y norteamericanos. Pues bien, este milagro posmoderno que es la UE se hizo, no para la guerra sino para todo lo contrario: para evitarla después de los horrores de la II Guerra Mundial. La guerra no estaba en nuestra hoja de ruta como evidencia el propio lema de la UE “Unidos en la diversidad”. Por esa razón cuando la guerra reaparece ahí mismo, en nuestro patio trasero, nos desconcierta y nos vemos a nosotros mismos como “herbívoros en un mundo de carnívoros” que dijo Joseph Borrell.

La UE, nos dice Charles Powell, se enfrenta a cinco retos sustanciales:

-El primero de ellos es Rusia. El país más extenso de la Tierra no ha sido jamás un Estado nación, nos recordará el historiador que encarna nuestro ponente. Rusia ha pasado de ser imperio zarista a imperio soviético y ahora muta hacia el neoimperialismo de Putin. La pulsión imperial parece, pues, un rasgo del gran país eslavo cuyo talón de Aquiles ha estado y sigue estando en sus nacionalidades, de siempre sometidas a la identidad rusa. Ya sea en su versión zarista o soviética, Rusia como tal siempre se ha impuesto a sus nacionalidades imponiendo su lengua y su cultura y sometiendo, muchas veces por la fuerza, los impulsos que surgían en alguna de esas nacionalidades, como la misma Ucrania, pero también Moldavia, Georgia y otras, de iniciar otras vías de desarrollo diferenciadas, más occidentalizadas, como lo lograron los países bálticos.

Este mismo deseo de Ucrania de integrarse en Europa y en sus modos de vida y gobierno se ha saldado con una invasión militar brutal que ha degenerado en una guerra que ahora los EE. UU. de Trump quiere terminar con una propuesta de paz tan prorrusa que algunos filólogos sospechan que ha sido primeramente redactada en ruso y luego traducida al inglés. Si Rusia consiguiera, nos advierte Charles Powell, la paz en términos tan inaceptables como los que se plantean en la propuesta norteamericana, constituiría un error garrafal de la UE que, además, acarrearía el rechazo frontal de Finlandia, Polonia o los países bálticos que en estos momentos viven en un auténtico estado de guerra. Todos ellos saben que Rusia tomará buena nota de la pusilanimidad europea para seguir con su ambición imperial.

-El segundo de los grandes problemas de la UE es China. Un gigante de 1300 millones de habitantes y que domina todas las tecnologías de la 4ª revolución industrial, desde la IOT, hasta la robótica y, la más emergente de todas ellas, la IA.

China no es fácil de interpretar. Tampoco sus ambiciones. Parece claro que quiere convertirse en una hegemonía regional, consciente que el dominio regional es condición previa y necesaria para convertirse en una hegemonía mundial. Claro está que en ese camino está Taiwán y la flota americana del Pacífico. La antigua Formosa constituye el principal riesgo de desestabilización mundial a juicio de muchas empresas cuando preparan sus mapas de riesgo. Sin embargo, para nuestro ponente, la firme decisión de China de hacerse con el control de Taiwán se acabará materializando en 5 o 10 años ya sea por invasión o, más probablemente, por coerción cuando no por inanición. Y en lo que respecta a la flora estadounidense, China tiene en estos momentos la flota más grande del mundo ya sea en buques o submarinos. Por último, nos dice Charles Powell, es fácil imaginar la inquietud que este panorama suscita en Japón o Corea del Sur con el riesgo subsiguiente de su militarización creciente cuando no de su nuclearización, sobre todo, si observan titubear a su aliado americano.

Respecto a China, la UE tiene una actitud esquizofrénica: por un lado, China se conforma como un aliado contra el cambio climático. Por otro lado, China es un competidor en el ámbito comercial e industrial. Por si fuera poco, china es para la UE también un rival sistémico con el que no comparte valores ni principios convivenciales.

La UE necesitaría desacoplarse de China para ganar autonomía, pero, por otro lado, tampoco le es posible en cuanto que para el logro de sus grandes objetivos necesita, entre otros muchos factores, desde la tecnología hasta las tierras raras que le provee su competidor oriental. Es una situación difícil que salta a la mínima como sucedió en la última cumbre entre la UE y China que terminó abruptamente cuando los europeos afearon a China su apoyo a Rusia en la guerra de Ucrania. La contestación china no pudo ser más inquietante: no querían que Rusia perdiera la guerra porque eso llevaría toda la atención norteamericana sobre la propia China.

-El tercero de los problemas de la UE es Donald Trump.

Lo primero que hace nuestro ponente es llamar la atención del Foro hacia dos puntos. Uno, consiste en la consideración de que el excesivo presidente norteamericano sabe perfectamente la meta a la que quiere llegar, que no es otra que la que ha conformado su think tank de referencia, la Heritage Foundation en su programa 2020-2025.

Es siguiendo ese patrón cuando EE. UU. ha decido dejar de ser hegemónica y benévolo que surgió de la II Guerra Mundial. Lo ha sido durante 80 años y a los europeos nos cuesta digerir que no lo siga siendo cuando la propia UE es, en su origen más primario, una idea que uno de sus fundadores, Jean Monet, extrajo del Tennessee Valley Authority y los espectaculares resultados que se obtuvieron cuando varios Estados se vieron forzados a trabajar juntos en el ámbito del agua desde 1933. Así pues, la UE no solo obtuvo su inspiración de instituciones estadounidenses, sino que, directamente, no hubiera sido posible sin el impulso que le dio EE. UU. Es, pues, radicalmente falso, como defiende Trump, que la Unión se hiciera para fastidiar a los EE. UU.

Ahora bien, nos dice Charles Powell, dirigiendo nuestra atención hacia el segundo factor que quiere resaltar: Trump no es el problema; es el síntoma de una deriva que desde hace 20 o 25 años va desvinculando a EE. UU. de Europa y que tiene una de sus bases en la creencia de que Europa se ha aprovechado de los EE. UU. para progresar y/o pagar su Estado de bienestar. Esa deriva que viene manifestándose ya desde la presidencia de Obama, cuando no desde antes, se hace evidente con Donald Trump.

Cuando este desapego creciente se hace patente, los europeos caemos en cuanta que no somos capaces de defendernos por nosotros mismos. De hecho, estamos a 5 o 10 años de poder hacerlo. Es más, todo el conjunto de la OTAN es inoperante sin los sistemas de control y monitorización norteamericanos. Sin ellos nada podríamos hacer en el caso de una invasión rusa a Finlandia a Polonia, por ejemplo. Los europeos nos hemos amoldado tanto a contar, tanto con el escudo americano, como con un mundo global en el que colocar nuestros productos que observamos con estupefacción que, no es que no seamos autosuficientes en armamento; es que no lo somos ni en la fabricación de aspirinas o mascarillas como se evidenció con la pandemia del COVID 19. En esta situación de debilidad tan agudizada no debe extrañarnos que Úrsula von der Leyen se haya visto forzada a firmar un acuerdo muy poco favorable para la UE y, además, verse forzada a hacerlo de una manera humillante: en un campo de golf situado en un país extracomunitario.

-El cuarto problema de la UE que Charles Powell nos expone es el relativo al Sur Global.

Representando solo el 10% de la población mundial y el 15% de su economía, tampoco resulta extraño que la UE no sea un actor relevante para el Sur Global. Los países emergentes nos miran un tanto cansados de que, desde nuestra relativa insignificancia, les demos lecciones de democracia o derechos humanos o laborales. Mucho menos cuando han visto el doble rasero que hemos aplicado a una guerra que nos incumbe directamente, Ucrania, en comparación con otra que no lo hace tanto, Gaza. Ese doble rasero del que se nos acusa hace que un diplomático boliviano despejara los requerimientos europeos para con la guerra de Ucrania aludiendo que se trataba de una “guerra de blanquitos” que no era de su incumbencia. Junto con la UE también España desempeña un papel cada vez menos relevante en Hispanoamérica.

Por el contrario, China presta sus capitales, su tecnología y sus servicios con absoluto respeto, o mejor, indiferencia, hacia las condiciones políticas o de otro orden que tengan los países con los que se relaciona. Los chinos, en definitiva, transaccionan intereses; no dan lecciones de moralidad.

A pesar de todo, la UE ha logrado firmar un buen acuerdo con Mercosur. Lo es para a UE, pero lo es, sobre todo, para los países del Sur de América en cuanto que el acuerdo contempla la eliminación de los aranceles que ahora mismo gravan el comercio interamericano lo que puede catapultar el comercio en la zona.

Somos un continente envejecido que si quiere responder a este condicionante con la inmigración se topa con un precio social y político altísimo que abre las puertas a las opciones de extrema derecha, además, euroescépticas.

En lo económico, Europa crece poco; solo un 1% que contrasta con el 3% español pero que es, éste último, más una anomalía que irá confluyendo hacia a tendencia general. Por otra parte, la escalera social europea se ha fracturado y nos encontramos con que muchos jóvenes no pueden independizarse y ven comprometidas sus expectativas de progreso lo que va redundando, especialmente en los varones, en un desapego creciente hacia los postulados de la democracia liberal para buscar otras opciones más autoritarias.

En términos generales a los países europeos les cuesta caer en cuanta de una realidad que enunciaba un ministro belga: la realidad de que algunos de los países de la UE son pequeños y otros aún no se han dado cuenta de que lo son.

Ante los retos que el nuevo escenario mundial nos plantea es evidente, recalca Chares Powell, que el Estado no tiene dimensión suficiente para afrontarlos. Con todos estos problemas, con todos estos retos, concluye nuestro ponente, la solución, la única solución posible está donde hace casi 100 años la situó Ortega y Gasset: la solución es Europa.

El historiador hispano británico Charles Powell, doctorado por la Universidad de Oxford, es autos de un número relevante de libros sobre la Transición, sus personales y sus vicisitudes y actualmente dirige el Real Instituto Elcano.

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