De Irlanda a Europa pasando por Bilbao. Con Brian Glynn (28 Mayo 2026)

Nuestro invitado a la sesión del Foro de los Diletantes del pasado 28 de mayo, el embajador de Irlanda, Brian Glynn, compartió con nosotros una amena exposición en la que entremezcló su trayectoria personal con el de desarrollo de la UE. En ambos casos, un ejercicio de superación de barreras aparentemente infranqueables.

Resulta que nuestro ponente, hijo de una familia de catorce hermanos, llegó a Bilbao en 1992 dentro del programa Erasmus. Antes había dudado entre la bonita y elegante Coímbra, ciudad universitaria portuguesa por antonomasia y Bilbao, aquella otra ciudad oscura, sucia y lluviosa de la época.

Optó por nuestra villa y la Universidad de Deusto sin saber bien por qué. Un año después, nos confesaba el embajador, lloraba cuando su estancia llegó a su fin.

De no ser por ese tiempo en Bilbao, el embajador Glynn no sería tal. Seguramente hubiera desarrollado una discreta carrera de profesor en Irlanda y no le hubiera surgido la oportunidad de entrar en la carrera diplomática que le facilitó su dominio del castellano. Y es que Erasmus era, no solo una fábrica de hacer europeos, sino una primera antesala para un joven irlandés desde la que empezar a construir su vida en otros mundos diferentes y con otras oportunidades distintas a las domésticas.

También la decisión de Irlanda de salir de sí misma e incorporarse a la Unión Europea cambió la historia del país, como Erasmus cambió la del propio embajador. Haciendo también aquí un paralelismo con su propia familia, nos comentaba el ponente que un primo suyo había trazado una genealogía de todos los Glynn desde varios siglos atrás. Pues bien, el 80% de los descendientes de esta saga de los Glynn se encuentra en los Estados Unidos. Se trata del perfecto reflejo de que durante siglos la inmensa de jóvenes irlandeses, probablemente los mejores de cada generación, tuvieron que buscar y construir su destino fuera de su tierra. En evidente contraste, hoy en día, tras la incorporación de Irlanda a la UE, los jóvenes irlandeses permanecen en su inmensa mayoría dentro de la isla y contribuyen así a su progreso, tan espectacular.

La nostalgia es un sentimiento engañoso nos advierte el embajador Glynn. Él mismo, confiesa, añora el Bilbao de 1992 y su juventud de la época cuando ve una palmera de chocolate. La realidad es, sin embargo, que la ciudad de entonces no aguanta ninguna comparación con la de hoy. Algo parecido nos ocurre colectivamente cuando evocamos otros tiempos que hemos vivido en el siglo.

Este recurso a la nostalgia, nos advierte Brian Glynn, es un ejercicio peligroso porque comparamos tiempos cuyos elementos negativos olvida nuestra memoria y los comparamos con un presente cuyas facetas más negativas se manifiestan perfectamente a la vista.

Su estancia juvenil en Bilbao no fue algo aislado en la tradición de su país. Al contrario, el contacto de los irlandeses con España ha sido muy intenso y hunde sus raíces en el siglo XVI cuando Carlos I, el emperador, reconoció en 1529 el derecho a residir en España y en todas las tierras de los Habsburgo a cualquier irlandés católico como una forma de hostigar a su rival inglés, protestante.

Este equivalente antiguo de la moderna concesión de nacionalidad española se mantuvo en vigor hasta entrado el siglo XIX lo que explica que hayan sido muy numerosos los irlandeses que desde entonces han ido asentándose en España. Se mire por donde se mire, estos compatriotas del embajador salen por doquier, nos dice el ponente. La misma embajada de Irlanda en Madrid está asentada en una amplia parcela que se compró a una familia de origen irlandés. Una reciente visita de Brian Glynn a Andalucía le permitió comprobar la profunda huella irlandesa en familias tan renombradas como los Terry o los Garbey, entre otras muchísimas.

Este flujo de irlandeses hacia España ha seguido hasta el propio embajador y también ha atraído a Bilbao algún ejemplo notable. Así, la muy célebre escritora irlandesa Kate O´Brien fie contratada como “miss” por la familia Areilza en 1922. Fue precisamente durante esa estancia en la gran casa familiar de Portugalete cuando O´Brien empezó a escribir. De hecho, su primera obra de teatro de éxito, “Distinguished Villa”, de 1926, estaba directamente inspirada en esa estancia que, como le sucedió al futuro embajador 70 años después, le dejó un gratísimo recuerdo.

Desde su tiempo en Bilbao hasta su nombramiento como Embajador de Irlanda en España, Brian Glynn ha venido desarrollando distintas funciones, algunas de las cuales han estado muy vinculadas a la propia UE. Así, imbuido de la representación comunitaria ha negociado distintos procesos de incorporación de los países balcánicos lo que ha constituido una experiencia profesional y vivencial muy importante para su persona.

Asumir la representación de una institución tan grande e importante como la UE cambia profundamente a las personas y también sus perspectivas. Este ha sido el caso, por ejemplo, de la experiencia concreta que le ha tocado vivir nuestro ponente en su relación con Latinoamérica. En efecto, en 2004 representando a su país en el seno de la UE mantuvo una posición contraria al acuerdo de Mercosur que lleva tantísimos años negociándose. Sin embargo, en 2020 representando en esa ocasión a la propia UE, le tocó mantener una posición favorable a este gran acuerdo.

Precisamente en este ámbito de los asuntos americanos, Brian Glynn optó y obtuvo la plaza de director general para las Américas en tiempos de Josep Borrell como Alto Representante. Fueron años muy mediatizados por la pandemia lo que hizo las cosas más difíciles, incluida una relación correcta pero distante con el propio Borrell. Sin embargo, cuando con motivo de una rueda de prensa conjunta, nuestro ponente comentó que había estudiado en Deusto. la actitud del Alto Representante cambió radicalmente. Y cambió mucho más cuando Brian Glynn le comentó su año de nacimiento, 1972, que resultó ser fue el mismo en el que nació el hijo mayor de Borrell.

Ya entrando en la materia de su recién estrenada Dirección, Borrell de confesó que la relación de la UE con Latinoamérica había sido tradicionalmente un desastre y que en ese momento lo seguía siendo. El flamante nuevo director le contestó con un inmediato “tenemos un plan”. El caso es que hasta entonces la relación de la UE con Latinoamérica se canalizaba a través del CELAC, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños. La presidencia de este organismo rotaba anualmente entre los distintos países del hemisferio con el consiguiente cambio de intereses y prioridades. Además, el CELAC carecía de estructura propia. El plan al que se refería Brian Glynn consistía en tejer una red directa de acuerdos de la UE con los distintos países latinoamericanos y también con grupos subregionales más homogéneos. La CELAC se viene manteniendo, pero más con un carácter formal para acoger grandes cumbres y demás pero el peso de las decisiones y de los acuerdos pasa a la negociación de la UE con cada país o grupo de países.

Este cambio de orientación, añadido al acicate que ha significado la agresiva política exterior de los EE. UU. del presidente Donald Trump, muy hostil a este acuerdo, ha derivado, no obstante, en la firma del Acuerdo de Mercosur que constituye el mayor acuerdo comercial del mundo y el mayor y más importante de los acuerdos comerciales que se han firmado en toda la historia de la humanidad.

En la última parte de su intervención, el embajador irlandés comentó en el Foro las prioridades que para la UE ha formulado Irlanda que toma la presidencia semestral de la UE el próximo mes de julio. Brian Glynn simplemente enunció las siguientes prioridades:

-Recuperar la competitividad de la UE

-Gestionar esa compleja relación entre el envejecimiento del continente, la falta de mano de obra y la necesidad de una inmigración cuya integración hay que conducir satisfactoriamente.

-Ampliar la seguridad energética europea.

-Acentuar la autonomía estratégica de la UE en medio de la crisis que está experimentando la OTAN.

-Facilitar la vivienda, muy tensionada a lo largo de toda la geografía europea.

-Contener el aumento del coste de vida.

Estos objetivos deben acometerse ofreciendo una visión de la política diferente a este fenómeno de fragmentación y polarización de posiciones que se está extendiendo por todas partes.

Conciliar intereses contrapuestos no es fácil. Incorporar competitividad, valores y seguridad a la vida política europea y, en concreto, a su Programa Marco que va a configurar el marco financiero de la UE para los próximos 20 años es una tarea compleja que va a recaer en la toda la habilidad que sean capaces de desplegar los representantes irlandeses.

A todo este cúmulo de retos hay que añadir las solicitudes de ampliación de la UE. En este sentido, nos comenta el ponente, el ingreso de Montenegro parece cercano. Otros países balcánicos, así como Ucrania, Moldavia, Georgia o la siempre candidata Turquía, esperan su turno.

Los retos son enormes y siempre da la impresión de que, a pesar de su urgencia, las decisiones necesarias no acaban de tomarse en las instituciones comunitarias. Con todo, nos recuerda el embajador Brian Glynn, la UE crece cuando nada parece funcionar y crece cuando las crisis se agudizan como está sucediendo en estos momentos. En cualquier caso, concluye el embajador, las soluciones que requiere un momento tan crucial como el actual, no están en el pasado, no están en la nostalgia.

Brian Glynn, entre otros cargos, ha sido embajador de Irlanda en Brasil, director general para las Américas en el Servicio Exterior de la UE, tercer secretario y segunda jefatura en la embajada de Irlanda en Madrid y desde el 1 de septiembre de 2025 es embajador de Irlanda en España.

 

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La transformación de Bilbao. El porqué y el cómo. Con Ibon Areso (30 Abril 2026)

El presidente de Foro de los Diletantes tuvo que cortar el coloquio que siguió a la exposición del ponente al filo ya de las 5 de la tarde para evitar, como decía, que nos acabaran sacando la cena. Así de interesante y animada estuvo la gratísima charla que siguió a la intervención de ese gran muñidor de la transformación reciente de Bilbao que ha sido el exalcalde Ibon Areso. 

Quien lo ha sido todo, desde jefe de la oficina de planeamiento, hasta concejal, teniente de alcalde y alcalde durante el periodo de extraordinaria transformación que ha experimentado Bilbao, comenzó explicando el por qué y el cómo de esa transformación con el conocimiento profundo de quien ha estado siempre detrás de ese cambio tan profundo.

Las ciudades son, comenzó exponiendo nuestro ponente, entes vivos que nacen, crecen y se transforman. En ese proceso las ciudades se van constituyendo en una doble base para sus habitantes: les ofrece un lugar para vivir, pero también un entorno para trabajar y, en general, para prosperar. Desde su fundación en 1300, la pequeña localidad que fue antes puerto que villa empieza por ser una humilde localidad medieval para transformarse, sobre todo, a partir de la constitución del Consulado de Bilbao en 1511, en una villa mercantil que hacia mediados del XIX tornará en una ciudad industrial uniendo la tradición ferrona a la acumulación de capital procedente de la exportación de hierro a Inglaterra. La apuesta de la Villa y su entorno por la industria básica fue total de modo que todo el conjunto de la economía, también la financiera o la aseguradora, se iba a mover alrededor de este potentísimo núcleo industrial. Será esa apuesta la que iba a crear un inmenso caudal de riqueza y de puestos de trabajo capaz de dar empleo no solo para la población local sino también para una enorme masa inmigratoria que, a su vez, ayudaría a transformar la propia ciudad y su entorno. Todo ello, habría que añadir, a costa de un importante deterioro medioambiental. Bilbao acaba siendo una ciudad muy rica pero muy deteriorada.

En las décadas de 1970 y 80 todo este conglomerado industrial se derrumba. El desempleo alcanza el 25 % de la población activa cuando no el 30 o el 35% en los núcleos netamente industriales como Sestao. Entramos en tasas de migración negativa y donde antes había riqueza y empleo ahora queda una crisis social generalizada con ramificaciones de marginación social, drogadicción, etc., extraordinariamente preocupantes. Y queda, claro está, un deterioro medioambiental de grandes proporciones.

Este es el escenario con el que se encuentra el Plan General de Ordenación Urbana que encabeza Ibon Areso. No era, desde luego, una crisis exclusiva de Bilbao, sino que lo era de todas las ciudades occidentales con una fuerte base de industria pesada. Sin embargo, así como otras localidades priorizaron recuperar el deterioro ambiental que habían experimentado, en Bilbao el objetivo principal era otro: recuperar empleo y la capacidad de crearlo. Es importante resaltar esto último: la razón de ser, el leitmotiv, que rigió la transformación que iba a experimentar Bilbao era la de reinventar un núcleo urbano sobre unos cimientos nuevos que dieran a sus habitantes base para el empleo y la prosperidad.

Este objetivo prioritario, central e inspirador de toda la actuación futura, suponía incorporar al planeamiento urbanístico una orientación económica que le sirviese de guía. La base teórica que iba a servir de sustrato económico al planeamiento de la villa la facilitó el economista Antxón Pérez Calleja que la resumió en un objetivo: terciarizar la economía de Bilbao. Para convencer a los regidores municipales Pérez Calleja hizo también un repaso histórico mostrando cómo antes de la revolución industrial, el 80% de la población se dedicaba al sector primario. Desde la revolución industrial fue la manufactura la que absorbió el empleo. Hoy en día, sin embargo, la suma de los sectores primario y secundario ronda solo el 30 % del empleo: todo el resto de la ocupación se concentra en los servicios, es decir, en el sector terciario. En consecuencia, concluía la reflexión de Pérez Calleja, era ahí donde debía concentrarse el planeamiento del nuevo Bilbao: en crear las condiciones necesarias para generar en el sector terciario el empleo que se necesitaba para dar ocupación a su población.

Es preciso, nos recalca Ibon Areso, entender que las transformaciones económicas y sociales son complejas y no se resuelven sustituyendo un sector por otro. Al contrario, los propios sectores se transforman de modo que, por ejemplo, la industria sigue hoy en día generando un gran caudal de riqueza y por eso mismo debe mantenerse. Pero lo que no genera es empleo, al menos, en las mismas proporciones que lo hizo durante la revolución industrial. Es ilustrativo observar, nos dice el exalcalde, que en los EEUU entre el sector primario y el secundario solo soportan actualmente el 20% del empleo del país. Y de ese 20%, solo un 2% es el correspondiente al sector primario que, no obstante, es capaz de generar más producción y más riqueza que cuando a dicho sector se dedicaba el 80% de la población. Generación de riqueza y generación de empleo no corren, pues, en cursos exactamente paralelos. Y tener esto en cuanta resultó esencial en el planeamiento de Bilbao.

Este análisis conllevó que el planeamiento de Bilbao, que estaba llamado a ser la base de la transformación radical que iba a experimentar la ciudad, iba a tener un doble plano. Uno, el urbanístico, digamos, el plano físico tradicional. Pero en perfecta alineación, el planeamiento de Bilbao iba a desarrollar una visión estratégica del mismo tenor y con las mismas herramientas con las que una empresa planea su futuro. Esta conjunción de lo urbanístico alineado con el objetivo macroeconómico de una ciudad que necesita generar empleo en un sector diferente al que le ha servido de base, es, insiste nuestro ponente, el elemento más identificativo de la transformación de Bilbao.

Desde esta clave, se integra en el planeamiento urbano y en la vida de los ciudadanos la espectacular mejora medioambiental que experimenta Bilbao. Lo medioambiental no es, como se indicaba antes, la razón inicial que preside la transformación de la ciudad. Al contrario, es la necesidad de crear las condiciones de generación de empleo en el sector terciario el que va a poner en valor la necesidad de mejorar sustancialmente la calidad de vida de los ciudadanos. Personas con buenos empleos, bien remunerados quieren vivir en entornos agradables lo que obliga a transformar la áspera y tradicional villa industrial en un entorno agradable bien dotado de parques, paseos, arbolado, ocio, etc.  En definitiva, así como en el apogeo industrial aquella generación masiva de riqueza y empleo conllevaba un deterioro ambiental importante, la generación de riqueza y empleo en el sector terciario requiere una ciudad distinta, mucho más amable, mucho más grata y ambientalmente sostenible.

Hasta aquí, nos dice Ibon Areso, se ha explicado el porqué de una transformación urbanística tan radical. Desde este punto, el ponente, pasa a explicar el cómo, esto es, las grandes líneas en las que se ha apoyado esta transformación.

La primera de estas líneas es la puramente física, esto es, la netamente urbanística, dentro de la cual, la accesibilidad jugaba un papel central. Se trataba de mejorar radicalmente la accesibilidad interna de la ciudad muy limitada por obstáculos de todo tipo que el desarrollo industrial había ido creando: desde trincheras ferroviarias a instalaciones industriales muy implantadas en la ciudad. Había también que mejorar, igualmente, la accesibilidad externa con nuevas infraestructuras de comunicación de las que estábamos muy ayunos.

La segunda de las grandes líneas de actuación se centraba en la mejora del conjunto del entorno. Había que sanear la gran arteria de la villa, la ría, tan contaminada como biológicamente muerta. Pero también había que mejorar sustancialmente el aire o rehabilitar los suelos contaminados. Se trataba de conseguir una ciudad agradable y amable para vivir.

El tercer factor, la tercera línea de actuación para lograr la transformación radical que se perseguía con el planeamiento de Bilbao, era la de potenciar ese eje que conforman los recursos humanos y la transformación tecnológica. Los planificadores de Bilbao eran muy conscientes que las ciudades mas prósperas del mundo no son las que cuentan con más recursos naturales sino las que cuentan con personas más preparadas. El mundo al que Bilbao se quería incorporar era el de los intangibles, mucho más valiosos que sus bases materiales de la misma manera, nos dice gráficamente Ibon Areso, que la marca Coca Cola vale bastante más que sus plantas embotelladoras.

El cuarto eje sobre el que se iba a apoyar la transformación que el planeamiento de la villa perseguía era aumentar la centralidad cultural de Bilbao. Cultura, ocio y tiempo libre son, no solo el termómetro para medir la vitalidad de una ciudad, sino un atractivo exterior de primer orden. En un futuro que ya es presente, nos dice Ibon Areso, no van a existir ciudades importantes que no lo sean también en lo cultural.

Explicada la razón última de la transformación de Bilbao y de su planeamiento y explicadas también las bases sobre las que se asentó, es decir, explicado el por qué y el cómo, Ibon Areso pasó a exponer el tercer apartado de su disertación: la identificación de aquellos aspectos o factores que más han mediatizado este planeamiento urbanístico-económico tan identificativo de Bilbao y su transformación.

El primero de estos factores clave fue reorientar la ciudad hacia la ría. Las riberas del Nervión habían sido colonizadas por el propio puerto y por la industria que, como en tantas otras ciudades, cerraron el acceso y hasta la visión de la ciudad sobre el río. Los planificadores de Bilbao tenían claro que un waterfront potente es un activo fundamental, como puede serlo la vista al Támesis o al Sena.

Esta reordenación de Bilbao hacia su ría hubiera sido imposible o, al menos muy difícil, si las instalaciones industriales que la ocupaban no estuvieran cerca de la ruina. Siendo lo anterior importante, el factor más trascendental del cambio de Bilbao sobre su ría fue el traslado de las instalaciones portuarias al Abra. Seguramente, ningún otro factor singular ha sido tan determinante. Liberar las riberas del río de la servidumbre industrial y portuaria, no solo dejaba expeditas enormes extensiones de terreno, sino que permitía coser ambas riberas de la ría con puentes que hasta entonces estaban muy limitados en su diseño y en su construcción por la necesidad de permitir el tráfico fluvial. Como valor añadido, se atajaba de paso otro efecto perverso de esta colonización portuario-industrial, cual es la aparición de guetos de marginalidad amparados en esta separación. Al contrario de aquel paisaje de gabarras, grúas y tinglados de toda clase, se hizo posible convertir las ambas riberas del Nervión en paseos y zonas de esparcimiento que tanto embellecen la ciudad y tanto satisfacen a sus ciudadanos como se puede apreciar por la utilización masiva de los mismos.

La nueva metrópoli tenía que poner un acento mucho mayor en la transformación interna que en generar nuevos desarrollos, teniendo como objetivo principal renovar y recalificar las zonas más obsoletas y degradadas que heredamos de la crisis industrial. En palabras del ponente, se trató fundamentalmente de convertir las «zonas problema» en «zonas de oportunidad».

En esta concepción global con la que el Plan General visualizaba el Bilbao que se quería alcanzar, la arquitectura y el diseño urbano de prestigio debían ser también elementos a los que se les prestase una singular atención. Contribuciones como la de Gehry, Foster o los demás premios Pritzker que trabajaron en Bilbao no sólo configuran la calidad de vida de los habitantes metropolitanos, sino que contribuyeron de forma muy importante a la proyección de Bilbao en el ámbito internacional, facilitando con ello la atracción de visitantes e inversiones.

Nos comentaba Ibon Areso en la sesión que en todos los órdenes de la vida es muy peligroso tener todos los nuevos puestos en la misma cesta. Eso mismo es lo que le pasó a Bilbao que tenía una economía básicamente de monocultivo industrial. Un objetivo que se planteó la oficina que redactaba el plan General fue conseguir una diversificación económica y en ese sentido apostó por tener también un porcentaje, no superior al 8%, en la actividad turística en la consideración de que es una industria muy de presente y de futuro. Pero cada ciudad tiene que buscar el nicho de turismo al que puede aspirar, y a juicio de los redactores del plan entendían que, en su caso, tenía que ser el turismo urbano y de congresos.

Esa apuesta por la arquitectura notable y de profesionales internacionalmente reconocidos, tenía también como objetivo generar atractivos para originar un turismo tanto de puentes y pequeñas vacaciones, como también conseguir hacer de Bilbao una ciudad de congresos.

En este mismo sentido, el museo Guggenheim, una apuesta difícil y arriesgada en su tiempo, jugó un papel importante, no tanto en la reordenación y terciarización de la ciudad que se hubiera dado de todas formas, sino con el efecto, no menor, desde luego, de ubicar a Bilbao en el mapa del mundo. Y esa ubicación de la villa en el mapamundi lo era a todos los efectos, también a los de mostrar el know how técnico y empresarial suficiente como para poder edificar un museo de una complejidad técnica que se consideraba insuperable en otras partes, por ejemplo, en el Walt Disney Concert Hall de Los Angeles, pero que las empresas del País sacaron adelante. EL éxito de ambas apuestas es conocido pero unas cifras ilustran los resultados obtenidos: si en 1994 se celebraron en Bilbao 88 congresos con 24.302 asistentes, en 2014 se celebraron 1084 con 742.445 asistentes. Por su parte, si el Museo de Bellas Artes recibía unos 45.000 visitantes a principios de los 90 y se fijó el umbral de rentabilidad del Guggenheim en unos 450.000 que parecían inalcanzables, resultó que los visitantes anuales superan el millón año tras año. La generación de riqueza directa e inducida de estas apuestas tan exitosas son enormes.

Superar con éxito un planeamiento urbanístico como el que se propuso Bilbao exigía una buena colaboración público-privada como la que se impulsó en su día. El planteamiento municipal a este respecto era claro y siempre funcionó bien:  dejar que el sector privado hiciera lo que sabía hacer, construir, y permitir que lo hiciera con márgenes razonables de beneficio. 

El reto de verdad fue el de la colaboración publica-pública.

Hacer confluir en la misma dirección a las cuatro Administraciones concernidas, Gobierno central, Gobierno Vasco, Diputación Foral de Bizkaia y Ayuntamiento de Bilbao, cada una con sus intereses y prioridades, resultó, independientemente de afinidades políticas, un reto mucho más complejo que unir los intereses públicos a los privados. Hay que tener en cuenta que esta remodelación mayúscula de Bilbao exigía mover de sus ubicaciones asentadas a infraestructuras de la entidad de los ferrocarriles, tanto de vía estrecha como ancha o, todavía más exigente, trasladar todo un puerto fluvial hasta el Abra.

A modo de resumen, concluía Ibon Areso, la extraordinaria remodelación que ha experimentado Bilbao tenía un objetivo central: trasformar una ciudad industrial colapsada en una ciudad en la que pudieran apoyarse el sector terciario, los servicios, que es donde están localizados los empleos en los que los ciudadanos van a apoyar el desarrollo de sus vidas y la de sus familiares. Y si hubiera que señalar un factor determinante para hacer realidad este proyecto, ese fue la reordenación de las infraestructuras de transporte y el traslado del puerto al Abra. Eso fue lo que permitió coser la villa alrededor de la que había sido de siempre su eje central: la ría del Nervión. Y en ese proceso la colaboración publica-pública jugó un papel nuclear.

La renovación de una ciudad no se detiene nunca y, mucho menos, en un mundo globalizado en el que lo que no avanza, retrocede. Bilbao no debe, pues, dormirse en los laureles de su éxito, sino que debe mirar al futuro. Y ese futuro, nos dice Ibon Areso, es el mundo del saber.

La apuesta estratégica de la ciudad en estos momentos debe ser la transformación que está experimentando el conocimiento con el objetivo de anclar en el mismo la generación de valor y de empleo que remunere adecuadamente a los jóvenes y que atraiga y retenga al talento.

Quedan todavía asignaturas pendientes en un proceso de transformación urbana que, por otra parte, no se detiene nunca. El cambio profundo que conllevan los nuevos tiempos comentará el ponente, debe ser mucho más coral, es decir, más dependiente de la participación ciudadana que, como ha sido hasta ahora, de la actuación administrativa.

Un ejemplo de lo dicho es el esfuerzo que hizo el ayuntamiento durante la alcaldía de Ibon Areso en la reparcelación de los terrenos de Zorrozaurre. En la nueva isla urbana el consistorio pretendió atraer actividades universitarias, tecnológicas y empresariales por lo que retuvo lo terrenos menos atractivos, el “hueso”, en palabras del ponente, para dedicarlos a actividades innovadoras, industrias creativas, instalaciones universitarias y a la posible instalación de un parque tecnológico urbano. El ayuntamiento retuvo, pues, aquellos suelos que eran fundamentales para el futuro de la ciudad, pero cuyo proceso de ocupación y consolidación es mucho más lento y dificultoso. Permitió, por el contrario, que los promotores privados optarán por el suelo destinado a la vivienda, el” jamón”, que favorecía una venta rápida y garantizada.

El arquitecto Ibon Areso ha sido responsable del área de Urbanismo y Medio Ambiente del ayuntamiento de Bilbao encabezando el planeamiento que dio lugar a la transformación de la Villa y ejerciendo de concejal, teniente de alcalde y alcalde entre 2014 y 2015.

 

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Tierras raras y otras materias críticas. Tecnología y Geopolítica. Con Manu Barandiarán (26 Marzo 2026)

Un puñado de elementos que están cambiando el mundo

Nuestro compañero Manu Barandiarán comienza su exposición comparando la visión aristotélica de la materia, que la creía compuesta por los cuatro elementos básicos —tierra, fuego, aire y agua—, con los más de 90 elementos naturales que forman la tabla periódica.

De entre estos materiales, algunos han condicionado de tal forma la evolución humana que hemos llegado a dar nombre a las épocas históricas en función de ellos: así hemos pasado de la edad de piedra a la del cobre o el hierro para, ya con la revolución industrial, pasar al carbón y al petróleo y, posteriormente, en la era atómica, al uranio, para desembocar finalmente en la era del silicio, base de la microelectrónica.

De todos estos materiales hay, por lo general, una gran abundancia en la corteza terrestre, pero esta disponibilidad no es la misma para todos los elementos. La abundancia varía enormemente: algunos son muy comunes, mientras que otros aparecen solo en cantidades ínfimas. Los márgenes son, pues, muy amplios.

Pues bien, lo que convierte a un material en crítico no es solo su utilidad, es decir, que nos sirva para algo, sino también el riesgo de suministro. Es decir, que su acceso pueda verse limitado bien por su escasez o por razones geoestratégicas.

Cuando el desarrollo de la humanidad se ha apoyado en el hierro, el carbón o el petróleo lo hacía en materias relativamente abundantes. Sin embargo, con el cambio tan enorme que ha supuesto la revolución digital en el paso del siglo XX al XXI, los materiales necesarios para sostenerla han cambiado radicalmente, como también han cambiado los necesarios para lograr una transformación energética que permita reducir el impacto de los combustibles fósiles.

La comparación entre una bombilla tradicional y otra de LED, que persigue un ahorro energético, es ilustrativa: mientras la bombilla tradicional utiliza vidrio, aluminio y wolframio, la de LED incorpora indio, galio, arsénico y tierras raras. El cambio es completo.

En la exposición de nuestro compañero aparecen dos conceptos relacionados pero diferentes que conviene distinguir: los materiales críticos y las tierras raras. Aunque a veces coincidan, la “materia critica” es un concepto económico y geoestratégico, mientras que la “tierra rara” es una clasificación química.

La condición de “material crítico” la establecen los gobiernos y suele referirse a minerales no combustibles que son importantes para la economía o la seguridad y cuyo suministro es vulnerable. Esa vulnerabilidad puede deberse tanto a su escasez como a la concentración de su producción en determinados países o a la complejidad de su extracción. En definitiva, es la economía y, muy especialmente, la geoestrategia la que define una materia como critica.

De ahí́ que la lista de materiales críticos sea cambiante. Depende de quien la elabore —las necesidades de la Unión Europea no son las mismas que las de India o Estados Unidos— y también del momento. En pocos años pueden observarse variaciones significativas, como ponen de manifiesto las listas que publica periódicamente la Unión Europea.

Las necesidades de estos materiales, escasos o difíciles de obtener, son amplias. Basta observar que un teléfono móvil contiene más de treinta de ellos, desde el litio hasta el coltán, para comprender hasta qué punto son realmente críticos.

En Occidente se ha producido en las últimas décadas un cierto abandono de su extracción, en parte por su menor disponibilidad en nuestros territorios, pero también por el impacto ambiental y los costes asociados a su explotación. China ha ocupado ese espacio, apoyándose tanto en sus recursos como en su capacidad de procesado y en unos costes más reducidos. El resultado no es un monopolio absoluto, pero sí una posición claramente dominante en la cadena de suministro de muchos de estos materiales.

Esta asimetría ha generado preocupación en Occidente, que ha comenzado a identificar y clasificar estos materiales y a desarrollar estrategias propias. En el caso de la Unión Europea, este proceso se ha intensificado en los últimos años, con programas orientados a aprovechar sus propios recursos, aunque sean limitados.

El uso de estos materiales es muy variado. Algunos, como el coltán, resultan esenciales para la fabricación de componentes electrónicos muy pequeños, como los condensadores. Otros, como el litio, son básicos para las baterías que alimentan los vehículos eléctricos. Para hacernos una idea, un coche eléctrico puede necesitar en torno a 10 kg de litio en su batería.

Sus aplicaciones no dejan de crecer. Incluso en el campo de la energía de fusión, el litio puede utilizarse para generar tritio, un isótopo necesario para este tipo de reacciones.

La importancia de asegurar el acceso a estos materiales ha llevado a la Unión Europea a impulsar en fechas recientes programas estratégicos. Una parte relevante de los recursos conocidos en Europa se concentra en el sudoeste de la península ibérica, lo que anticipa tensiones entre la necesidad estratégica y las reticencias locales derivadas del impacto ambiental de su explotación.

Al mismo tiempo, en otras regiones del mundo, la abundancia de algunos de estos recursos ha estado vinculada a conflictos graves, como en el caso del Congo.

El otro gran ámbito abordado en la ponencia es el de las tierras raras.

Como se ha dicho, se trata de una clasificación química que engloba 17 elementos de la tabla periódica —los lantánidos, junto con el escandio y el itrio— con propiedades magnéticas y conductoras muy singulares. No son tanto raros como escasos y suelen encontrarse en la naturaleza en forma de óxidos.

Muchas de estas tierras raras son también materiales críticos y, nuevamente, China ocupa una posición dominante en su producción y procesado, hasta el punto de poder influir en sus precios.

Su principal aplicación es la fabricación de imanes de altas prestaciones, cuya capacidad ha ido aumentando de forma notable. Estos imanes permiten reducir peso y aumentar eficiencia, lo que los hace fundamentales en sectores como el del vehículo eléctrico o la energía eólica.

Para hacernos una idea de su importancia, basta pensar en su uso masivo en los coches eléctricos, sin contar otras muchas aplicaciones. El mercado asociado a estos imanes alcanza hoy cifras muy elevadas, del orden de decenas de miles de millones de dólares.

En definitiva, el control de estos materiales no solo define la tecnología del futuro, sino también el equilibrio de poder global.

Manu Barandiarán se doctoró en física en la Universidad Complutense, es especialista en magnetismo y materiales magnéticos y ha dirigido el Departamento de Electricidad y Electrónica de la UPV/EHU: Científico visitante en una docena de Universidades de todo el mundo, es autor de más de 500 artículos que han superado el umbral de las 12.000 citas.

 

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Reflexiones sobre la gestión de patrimonios y el papel del sector financiero. Realidades, mentiras y retos. Con Álvaro Vitorero (26 Febrero 2026)

Nuestro ponente, nos cuenta él mismo, es un economista que llega al mundo financiero por puro accidente y en un momento de crisis. Se enfrenta pronto a pérdidas relevantes de los clientes que tiene encomendados y hasta recibe alguna demanda lo que le hace caer en cuenta, más si cabe, de lo duro que es perder los dineros de gentes que con su trabajo tanto les ha costado reunir.

En España la gestión ordenada del patrimonio, grande o pequeño, que vamos acumulando a lo largo de la vida es muy escasa. Por lo general, somos cortoplacistas y carecemos de un rudimento de cultura financiera que, por otro lado, nadie nos ha enseñado. Tampoco contamos con el buen entrenamiento que, por ejemplo, supone para los suizos el hecho de que una parte relevante de sus cotizaciones sociales obligatorias se capitalice individualmente durante décadas. El resultado habitual suele traducirse en que cada suizo cuente con varios millones de francos suizos en el momento de su jubilación.

El ejercicio de evaluar cual es nuestro patrimonio actual y proyectarlo al futuro a través de una planificación razonable y de una ejecución ordenada es en lo que están especializados los gestores de patrimonio. Estos profesionales no tienen una bola de cristal. Es cierto que hay variables científicamente acreditadas que permiten visibilizar la viabilidad futura de una empresa, pero la marcha general de la economía y de los valores bursátiles concretos, tan dependientes, por ejemplo, de personalidades políticas o de cambios geoestratégicos, es imposible de predecir.

Sin embargo, lo que sí se puede anticipar es que los índices bursátiles generales a un plazo de 7, 8 o 10 años históricamente han ofrecido rendimientos anuales del 7-8% en horizontes largos. Existen, pues, formas de protegernos de la volatilidad intrínseca de los mercados financieros a través de una gestión profesionalizada de nuestro patrimonio que nos proteja de quien es, probablemente, nuestro peor enemigo: nosotros mismos y nuestras decisiones precipitadas ancladas en puras reacciones psicológicas ante los vaivenes del mercado. En esta gestión profesionalizada es relevante la capacidad de analizar la marcha de las empresas concretas en las que se baraja las posibilidades de inversión y a este respecto, nos dice Álvaro Vitorero, los libros de contabilidad de esas empresas resultan mucho más útiles que cualquier libro de economía.

Desde que en la década de los 80 su liberalización catapultó los mercados financieros globalizándolos, éstos no han hecho más que experimentar convulsiones que van desde la crisis de las .COM, a la más terrible de las depresiones que se originó en 2007-2008, la posterior crisis de euro que Mario Draghi logró cortar o la crisis de COVID que fue el equivalente a una situación de guerra, pero sin violencia. Mientras la actividad económica ordinaria sufría, las reacciones de los bancos centrales a estas crisis, por lo general, han optado por inundar el mercado de liquidez lo que ha acabado por generar dos mundos paralelos y no confluyentes: el de la economía financiera y el de la economía real. La realidad resultante es que mientras en este mundo convulso la economía financiera se ha impulsado hasta cifras astronómicas, la economía real nunca recuperó la posibilidad de crecer al 5% que tuvo en algún momento.

En el entorno financiero, los bancos son los grandes actores. El inicialmente sencillo negocio bancario, esto es, retribuir los depósitos con un interés menor al que se prestan a terceros, se han ido haciendo progresivamente complejo según la competencia interbancaria se hacía más feroz y la regulación más intensa. Los bancos han ido estableciendo distintas estrategias de desarrollo entre las que destaca la apuesta por aumentar de volumen que inició el Banco de Santander y han seguido el resto de sus competidores, dentro y fuera de España. Ahora bien, nos recuerda nuestro ponente, si se apuesta por el volumen no puede apostarse simultáneamente por la calidad. De hecho, los servicios que ofrecen a sus clientes son indistinguibles entre un gran banco y otro.

También hay que tener en cuenta el enorme peso regulatorio que soportan los bancos y, en general, todo el mundo financiero. El resultado de cumplimentar una enorme carga normativa es que la operativa de los bancos se encarece extraordinariamente al punto de que bastantes de los servicios que prestan son en sí mismos deficitarios.

El resultado de todo el proceso es una presión adicional por generar ingresos que ha convertido a los bancos en plataformas transaccionales, es decir, en estructuras orientadas preferentemente a canalizar operaciones financieras y a vender productos estandarizados más que mantener una relación de asesoramiento estable con el cliente. Evidentemente, en un entorno de estas características, en el medio del negocio bancario no está el cliente sino el accionista. Es esta dinámica la que impulsa a los bancos a apostar por activos de riesgo que les genera beneficios muy altos, pero trasladando el riesgo a los clientes. La comercialización de productos complejos o inadecuados para el perfil de riesgo del cliente, como en su día fueron las conocidas “preferentes”, son consecuencia de exigentes ratios de crecimiento impuestos a los directivos, combinados con generosos bonus que beneficiaban al banco y a sus directivos, pero no al cliente como conoce bien el director de sucursal que es quien recibe las quejas del cliente airado.

La presión por aumentar los ingresos se complementa con una dinámica de reducción de costes con la aplicación masiva, por ejemplo, de la inteligencia artificial o redoblando la dinámica de aumentar volumen para concentrar costes operativos y así reducirlos.

En términos generales, todo el conjunto del sector financiero sufre los mismos problemas. El primero de los cuales es la escasez de talento. La clave de toda entidad financiera, grande o pequeña es su equipo humano. Tanto es así que la experiencia de cliente dependerá mucho más del profesional concreto que le haya atendido que de la entidad a la que ese profesional pertenezca.

Pues bien, nos insiste Álvaro Vitorero, en un momento en el que la IA puede amortizar un sinnúmero de puestos de trabajo en el sector bancario, existe una carencia de capital humano joven muy notable.

Otro problema también común a todo el sector financiero ya se ha mencionado: es el regulador. Nuestro ponente no pone en duda que la actividad financiera, como en realidad cualquier otra, tiene que estar sometida a una regulación. El problema no es, pues, tanto la regulación como el exceso de esta; un mal, por cierto, endémico al entorno europeo. Mucha de esta regulación no solo supone una carga administrativa excepcional para cualquier entidad bancaria que, como hemos visto, encarece su gestión, sino que en más ocasiones que las deseadas se introduce en la espera personal de los clientes hasta límites escandalosos como sucede con la normativa derivada de la prevención del blanqueo de capitales. Cosa distinta, nos dice Álvaro Vitorero, son las auditorías que, cierto, resultan engorrosas en el momento en el que se llevan a cabo, pero cuya cumplimentación garantiza la buena marcha de la entidad y contribuyen a una mejora de la propia empresa auditada.

En definitiva, concluye nuestro ponente, debiéramos prestar una mayor atención a nuestra economía personal o familiar, examinar con espíritu crítico la relación que mantenemos con nuestro banco habitual e intentar entender mejor el funcionamiento del sistema financiero. Solo así podremos gestionar de forma más consistente nuestro patrimonio presente y también el de las generaciones futuras.

Álvaro Vitorero es un experto con más de tres décadas de experiencia en los mercados financieros. Ha prestado sus servicios tanto en la banca internacional como en la nacional. Actualmente es consejero ejecutivo de Acacia Inversión.

 

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Aprendiendo una o más lenguas en la infancia. Con Irene de la Cruz Pavía (29 Enero 2026)

Nuestra ponente, Irene de la Cruz Pavía, es una brillante investigadora que ha tenido la valentía de adentrarse en un territorio científico ignoto, como es el de los procesos de aprendizaje del lenguaje de los recién nacidos con incursiones, como se verá, a etapas previas intrauterinas.

Adquirir algo tan abstracto como es una lengua, no digamos ya varias, en 4 o 5 años es tan complejo como prodigioso. Es importante, nos dice la ponente, hacerse una idea de la extraordinaria complejidad que rodea al lenguaje.

Para empezar, la riqueza lingüística mundial puede cifrarse en unas 6.000 o 7.000 lenguas, aunque la mitad de ellas desaparecerán durante el presente siglo por falta suficiente de hablantes. De hecho, sociedades en las que se habla una sola lengua son raras. En algunas regiones como Guinea Papúa se han llegado a contabilizar hasta 839 lenguas. Sin llegar a esos extremos de pluralidad lingüística, el patrón más normal es que se utilicen varias lenguas, unas con funciones vehiculares y otras domésticas, por ejemplo. Toda esta enorme panoplia de lenguas puede ser agrupada en familias, como las lenguas romances o las germánicas, mientras que otras permanecen aisladas como el euskera. Las lenguas se expresan mediante sonidos o mediante signos. Si nos fijamos en los sonidos, el conjunto de las lenguas del mundo tiene entre 11 y 141 sonidos, algunos de ellos privativos de unas lenguas determinadas. Por su parte, las lenguas de signos son igualmente naturales y complejas a las lenguas orales y en ningún caso son traducciones de lenguas orales.

Pues bien, Irene de la Cruz empieza por enunciar algo relevante que es que los niños aprenden la extraordinaria complejidad de cualquier lengua con la misma facilidad. Para este aprendizaje inicial, lo mismo da una lengua que otra. Desde esta primera constatación, la ciencia ha ido haciéndose distintas preguntas. La primera de ellas ha sido la de comprobar si el lenguaje humano es exclusivo de nuestra especie o, por el contrario, es fruto de un aprendizaje concreto al que no están sometidos otros animales. Se han hecho distintos experimentos como el de criar un chimpancé en el mismo entorno que un ser humano y los resultados han sido extraordinariamente parcos, tanto como para poder afirmar con total seguridad que el lenguaje es una habilidad exclusivamente humana.

Este potencial de efectividad descriptiva y la extraordinaria versatilidad que acompaña al lenguaje humano llega a niveles que parece no alcanzar ninguna otra forma de comunicación. Pues bien, los procesos de adquisición de una lengua se pueden estudiar desde la psicolingüística, es decir, la ciencia que estudia los procesos mentales que intervienen en la adquisición y procesamiento de la lengua o desde la neurolingüística, que estudia cómo esos procesos se manifiestan en el cerebro, es decir, las bases neuronales que explican el lenguaje.

En el estudio de la adquisición del lenguaje contamos con técnicas conductuales que permiten medir precisamente el procesamiento del lenguaje en los adultos. Sin embargo, el verdadero reto era comprobar cómo estos procesos se implementaban en los bebés, dado que era evidente que el lenguaje empezaba a aprenderse desde etapas muy tempranas. Dado que los bebes no hablan, había que encontrar alguna manera de comprobar sus distintas reacciones a estímulos lingüísticos distintos. Para ello, se han venido utilizando principalmente dos técnicas: una en la que se mide el grado de atención del bebé a un determinado estímulo visual mientras escucha estímulos lingüísticos. Otra técnica empleada con recién nacidos es la medición de la frecuencia y amplitud de succión de un chupete en función de los estímulos con los que el bebé es presentado. A mayor frecuencia de succión, más atención. Otras técnicas también han medido las alteraciones que se producen en el cerebro ante los distintos estímulos.

De todo este conjunto de técnicas se ha ido deduciendo una serie de patrones. En torno a los dos años los bebés comienzan a producir un habla telegráfica, por ejemplo, “Luis pegado yo”. Las investigaciones nos han mostrado que, para esta etapa, el bebé ha aprendido cientos de palabras junto con sus significados. Han descubierto también parte de las reglas del lenguaje; la gramática, porque su conocimiento de su lengua es mucho mayor que sus habilidades de producción. ¿Cuándo y cómo han llevado a cabo todo ese aprendizaje?, nos planteaba la ponente.

Llegar a “Luis pegado yo” significa que el bebé ha aprendido a diferenciar las palabras singulares en nuestra habla cotidiana que es en realidad una cadena continua de sonidos. Luego, en algún momento el bebé ha aprendido a identificar esos microsegundos entre palabra y palabra para distinguirlas en una frase.

Es difícil caer en cuenta cabal de la complejidad de lo que estamos hablando. De la Cruz Pavía nos llama la atención sobre el hecho de que aprender a identificar una palabra esconde la complejidad de lo aprendido: en efecto, “manzana”, por ejemplo, presupone entender que es una fruta, más o menos redonda, puede ser amarilla, roja o verde, pero también que puede ser más grande o más pequeña, más roja o más verde. En definitiva, supone aprender también la “idea” platónica, es decir, ese abstracto de “manzana” que tenemos en nuestra mente en el que se engloban toda la inmensa tipología de manzanas concretas y singulares que hay en la realidad de las cosas.

El proceso de aprendizaje es asombroso. Hay que tener en cuenta, nos advierte la ponente, que esa complejidad del idioma tiene que ser aprendida por el bebé en condiciones muy difíciles: a veces hay mucha gente hablando o hablándole a la vez, otras veces, los adultos se dirigen al bebé en un tono normal, otras en susurros, otras veces rápido y otras despacio. Y a todo esto hay que añadir los acentos dialectales que incorporan una infinidad de tonos enorme. Para los 4 años el niño se ha hecho con el idioma. ¿Cómo es posible, nos plantea la ponente?

Es la plasticidad cerebral inicial la que empieza a hacer posible este aprendizaje. Un mallado cerebral que se densifica enormemente en los primeros años de vida, permite adquirir sin esfuerzo ni instrucción explícita la lengua o las lenguas del entorno. Hacia la mitad de la niñez la cantidad de conexiones neuronales comienza a descender, estabilizándose en la adolescencia. A partir de ese momento, el aprendizaje de lenguas será más difícil, con áreas de mayor dificultad, como es el caso del acento. Simplemente, el cerebro se va haciendo más especializado y más eficiente, pero pierde plasticidad.

En este proceso de aprendizaje, el bebé empieza emitiendo sonidos que identificamos como arrullos y que un poco más tarde se tornan en balbuceos. Pues bien, con esos arrullos, nos explica la ponente, los bebés practican vocalizaciones para pasar más tarde a los balbuceos. Hacia los seis meses ya son capaces de identificar un puñado de palabras y alrededor del año producen su primera palabra. Van aprendiendo a un ritmo creciente, dos palabras por semana hasta los 18 meses aproximadamente. A los 18 meses se produce una especie de explosión y los niños empiezan ya a aprender unas 8-9 palabras por semana. Y alrededor de los dos años empiezan también a combinarlas entre sí formando frases elementales como la que hemos visto, y conocen ya unos cuantos cientos de palabras.

Pues bien, por asombroso que parezca, este proceso de aprendizaje empieza ya en el útero materno al que al feto le llegan los sonidos externos, todavía ininteligibles, pero ya con una entonación, una música, propia del idioma y de la persona que lo emplea. Así, los recién nacidos reconocen una historia que su madre les ha leído repetidamente durante el último trimestre de embarazo.

El proceso es similar en las primeras días o semanas de vida. Por el ritmo de succión del chupete sabemos que los bebés identifican su lengua materna, y la prefieren a una lengua desconocida. Es la tonalidad, la música del idioma, lo que ya captan y distinguen. En este sentido, las lenguas presentan tres tipos de ritmo prosódico: el acentual que se apoya en el distinto peso del acento en cada palabra, como el inglés o el alemán; el silábico en el que la unidad homogénea es la sílaba, como el español o el euskera o el moraico que se apoya en las moras, una unidad más pequeña que la sílaba, como el japonés.

Pues bien, los bebés captan estas diferencias de ritmo prosódico y se van apoyando en las mismas para ordenar y separar las unidades del flujo continuo del habla. Así los bebés ingleses captan el ritmo acentual de su idioma hacia los 7 meses. Y si están sometidos a lenguas diferentes, acaban aprendiéndolos igualmente.

Lo relevante a señalar es que, en el proceso de aprendizaje de un idioma, antes que palabras o frases, el bebé vive en un mundo de señales sonoras que va organizando.

Para ello se sirve de varias capacidades. Una de las más relevantes es el aprendizaje estadístico en función del cual el cerebro, especialmente el de los bebés, es capaz de detectar regularidades y probabilidades en la secuencia de las palabras que todavía no entiende de manera que empieza a intuir qué sílabas suelen ir juntas y cuáles no, de modo que la captación de regularidades frecuencias o distribuciones de palabras le ayudan a separar palabras, aprender fonemas, detectar estructuras gramaticales o construir expectativas.

Sobre esta base, Irene de la Cruz Pavía nos explicó que la percepción inicial del habla en los recién nacidos es extraordinariamente abierta y poco especializada, hasta el punto de que en los primeros meses responden de forma similar al habla humana y a las vocalizaciones de otros primates. Al nacer, los bebés actúan como auténticos “fonetistas universales”, capaces de discriminar prácticamente todos los contrastes fonéticos posibles, con independencia de que pertenezcan o no a su lengua. Esta capacidad perceptiva se va estrechando progresivamente a lo largo del primer año de vida, de modo que el cerebro infantil se especializa en los sonidos relevantes de su entorno lingüístico y deja de mantener distinciones que ya no resultan funcionales.

Para entrar en la fase final de su exposición, la ponente nos enfatiza que no aprendemos en secuencia: sonido-palabra-frase. No; aprendemos en paralelo, de manera multinivel y simultánea a partir de información fonética, léxica y gramatical a la vez.

En este aprendizaje simultáneo el bebé necesita “etiquetar” las distintas formas lingüísticas tanto en palabras como en formas, categorías o funciones de manera que en la cabeza del bebé cada cosa tiene su etiqueta lo que le permite inducir que, por ejemplo, una palabra nueva se debe referir a otra cosa diferente a las que conoce. Este proceso de etiquetado permite al bebé reducir la ambigüedad de un mundo tan complejo.

Ahora bien, falta un paso más. A través de lo que se conoce como el “sesgo de forma” el bebé va agrupando objetos por su forma física, lo que abre la puerta a la capacidad de abstraer reglas. Con esto la ponente nos quiere decir que más que aprender palabras una a una, el bebé detecta regularidades, categorías y patrones. Es esta habilidad la que le va a permitir más o menos a los 7 meses descubrir el orden de palabras de su lengua, una propiedad fundamental de la gramática.

Errores clásicos en la formulación de los verbos irregulares, el típico “rompido” en vez de roto, es una excelente señal de que el niño ha aprendido ya la regla general: la de los verbos regulares. Será después cuando vayan aprendiendo las excepciones.

La gramática y su dominio, concluye nuestra ponente, es la etapa final del aprendizaje de un idioma a la vez que nos señala que la gramática no se memoriza, sino que se induce a partir de patrones más o menos constantes.

Irene de la Cruz Pavía es Investigadora Ramón y Cajal e Ikerbasque Research Fellow y dirige en la Universidad de Deusto el Laboratorio de Adquisición y Procesamiento del Lenguaje. Tiene una amplia experiencia internacional en Canadá, Francia e Italia y ha obtenido la prestigiosa beca Marie Curie International Outgoing Fellowship.

 

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Veinte años, una mirada atrás. La fiesta de Navidad. (4 Diciembre 2025)

El Foro de los Diletantes de Bilbao celebraba veinte años de su fundación, y por ello, en la fiesta de Navidad del cuatro de diciembre, tras encontrarnos en el Club Marítimo de Las Arenas y compartir un delicioso aperitivo, reunimos a los cuatro expresidentes del Foro que, bajo el título Veinte años, una mirada atrás, nos recordaron juntos el cómo y el porqué de su creación, los ponentes, actividades y viajes acumulados en estas dos décadas.

Tras una breve introducción a cargo de nuestro actual presidente, Víctor Echenagusia, los expresidentes Carlos Biurrun, Manu Clausen, Fran Elorriaga y Guillermo Barredo nos conmovieron y divirtieron a partes iguales con sus recuerdos y anécdotas, y con un unánime agradecimiento a quien fue nuestro presidente de honor Agustín Ibarrola y su generosa aportación del Huevo de las Ideas que es logo y símbolo del Foro en la actualidad.

A continuación, nos sentamos a compartir una excelente comida, aderezada de mucha conversación. Llegando los postres comenzó la música, este año a cargo de un trío instrumental bajo el mando de Guillermo Garmendia, que sonó hasta el final de la fiesta. Con motivo del vigésimo aniversario, y habiéndose postulado voluntariamente en el calor de alguna reunión preparatoria previa de modo que no cabía ya retractarse, cuatro miembros/amigos del Foro habían preparado secretamente unas actuaciones musicales con mucho humor y cariño para deleitar y hacer reír a la audiencia, que coreó lealmente cuando fue requerida a hacerlo. Salieron pues al escenario, por orden de aparición: Itziar Laka, María Jesús Cava, Mercedes Valbuena y Guillermo Barredo, que interpretaron varios temas con maestría variable, pero simpatía imbatible (Il Mondo, Moon River, Nere Herriko Neskatxa Maite, This Land is Your Land, Banks of the Ohio, My Way y Bamboleo, entre otras). Dado el jolgorio general, fue inevitable que muchos de los asistentes se levantaran a bailar, baile que continuó hasta el final, con la llegada de la noche.

Acudió a la fiesta un nutrido grupo de miembros del Foro, acompañados de numerosos invitados, entre los que se encontraban Juan José Lecanda, miembro fundador, las escritoras Dolores Payas, ponente del Foro, y Elena Moreno-Scheredre. Como suele ser habitual, Javier Cano se encargó de inmortalizar la jornada con su arte fotográfico.

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La Unión Europea en un mundo convulso. Con Charles Powell (27 Noviembre 2025)

“Concisión y brillantez” es lo que pide Charles Powell a sus colaboradores y eso mismo fue lo que desplegó el director del Real Instituto Elcano en su magnífica intervención ante el Foro de los Diletantes.

Su ponencia comenzó con un repaso del actual orden, o, mejor, habría que decir desorden internacional que, a juicio de nuestro ponente, tiene como rasgos distintivos los siguientes:

-Primero. Una cierta nostalgia por el contexto bipolar de la Guerra Fría en el que las propuestas y los respectivos soportes del orden mundial de la época estaban bien definidos. Con la caída de la URSS la posición indiscutida de EE. UU. abrió un momento unipolar que la potencia americana no supo ni interpretar, ni gestionar bien como reflejan, por ejemplo, los desastres de Afganistán e Irak que todavía colean.

En la actualidad transitamos hacia un orden multipolar en cuya cima se materializa una pugna sistémica entre dos colosos: EE. UU. y China. Avanzamos hacia un mundo inestable en el que también otros actores como India o Brasil son también relevantes, aunque en otro nivel a gran distancia de los dos grandes líderes. Otro de estos actores es la propia Unión Europea (UE) aunque alguno de sus miembros, por ejemplo, Francia o Alemania y antes el Reino Unido, se resistan a dar a la Unión esa categoría por no renunciar a serlo ellos mismos, por quimérico que resulte.

-El segundo de los rasgos del momento geopolítico actual es la evidencia que resulta de observar cómo el orden mundial que surgió en la II Guerra Mundial de va desvaneciendo mientras sus instituciones, con la ONU y sus agencias a la cabeza, se muestran lentas e ineficaces ante las guerras como Ucrania o Gaza que debían prevenir. También las instituciones económicas internacionales, desde el Banco Mundial y el FMI y también la discreta y eficaz Organización Mundial del Comercio, se van sumiendo en la insignificancia, fruto de la pérdida de legitimidad, credibilidad y eficacia. Todas ellas están en la UCI, nos dirá Charles Powell. En su lugar surgen iniciativas mini laterales, las llama el ponente, que son las que conforman un pequeño número de países que se agrupan coyunturalmente para defender intereses sectoriales o geográficos pero cuya proliferación contribuye también a socavar el orden previo a los mismos.

No dirigimos, pues, resume nuestro ponente, hacia un mundo más transaccional en el que se aprecia el retorno de la Historia y la Geografía que aprendimos en la escuela con sus dinámicas tradicionales. Un mundo incipiente, multipolar y desordenado, en permanente agitación por la pugna entre EE. UU. y China.

Explicado el contexto, Charles Powell, un convencido europeísta según nos manifiesta, plantea la cuestión de cuál es el lugar y el papel de la UE en este marasmo geopolítico.

El punto de partida de un historiador como es el director del Instituto Elcano es que la UE es un milagro que, no obstante, se encuentra en un momento crítico. Para empezar, constituye un mercado de 450 millones de consumidores que, por prosaico que parezca, conforma su principal fortaleza. La UE es, además, una comunidad de Derecho, esto es, regida por normas jurídicas.

Por el contrario, no somos una potencia militar a pesar de que gastamos la friolera de 330.000 millones de euros cada año que contrasta con los 450.000 que gasta China o los 980.000 de EE. UU. La diferencia no es tanto de cantidad sino de calidad. Gastamos mal esa enorme cantidad de recursos porque, básicamente, no los gastamos juntos. La guerra de Ucrania nos ha enfrentado a nuestras carencias militares cuando ha hecho evidente que, o no producimos la munición suficiente de 155 mm que se necesita en el frente o cuando disponiendo de magníficos cazas de fabricación sueca nos vemos obligados a adquirir los carísimos F 35 norteamericanos que, además, tienen un plazo de entrega para 2030, cuando no para 2035.

El caso es que la UE no está hecha para la guerra. Sucede que este milagro que es la UE constituye un Estado posmoderno, esto es, una evolución más depurada del Estado nación tradicional que requiere formas más sofisticadas de gobernanza que, a veces, tanto les cuesta entender a chinos y norteamericanos. Pues bien, este milagro posmoderno que es la UE se hizo, no para la guerra sino para todo lo contrario: para evitarla después de los horrores de la II Guerra Mundial. La guerra no estaba en nuestra hoja de ruta como evidencia el propio lema de la UE “Unidos en la diversidad”. Por esa razón cuando la guerra reaparece ahí mismo, en nuestro patio trasero, nos desconcierta y nos vemos a nosotros mismos como “herbívoros en un mundo de carnívoros” que dijo Joseph Borrell.

La UE, nos dice Charles Powell, se enfrenta a cinco retos sustanciales:

-El primero de ellos es Rusia. El país más extenso de la Tierra no ha sido jamás un Estado nación, nos recordará el historiador que encarna nuestro ponente. Rusia ha pasado de ser imperio zarista a imperio soviético y ahora muta hacia el neoimperialismo de Putin. La pulsión imperial parece, pues, un rasgo del gran país eslavo cuyo talón de Aquiles ha estado y sigue estando en sus nacionalidades, de siempre sometidas a la identidad rusa. Ya sea en su versión zarista o soviética, Rusia como tal siempre se ha impuesto a sus nacionalidades imponiendo su lengua y su cultura y sometiendo, muchas veces por la fuerza, los impulsos que surgían en alguna de esas nacionalidades, como la misma Ucrania, pero también Moldavia, Georgia y otras, de iniciar otras vías de desarrollo diferenciadas, más occidentalizadas, como lo lograron los países bálticos.

Este mismo deseo de Ucrania de integrarse en Europa y en sus modos de vida y gobierno se ha saldado con una invasión militar brutal que ha degenerado en una guerra que ahora los EE. UU. de Trump quiere terminar con una propuesta de paz tan prorrusa que algunos filólogos sospechan que ha sido primeramente redactada en ruso y luego traducida al inglés. Si Rusia consiguiera, nos advierte Charles Powell, la paz en términos tan inaceptables como los que se plantean en la propuesta norteamericana, constituiría un error garrafal de la UE que, además, acarrearía el rechazo frontal de Finlandia, Polonia o los países bálticos que en estos momentos viven en un auténtico estado de guerra. Todos ellos saben que Rusia tomará buena nota de la pusilanimidad europea para seguir con su ambición imperial.

-El segundo de los grandes problemas de la UE es China. Un gigante de 1300 millones de habitantes y que domina todas las tecnologías de la 4ª revolución industrial, desde la IOT, hasta la robótica y, la más emergente de todas ellas, la IA.

China no es fácil de interpretar. Tampoco sus ambiciones. Parece claro que quiere convertirse en una hegemonía regional, consciente que el dominio regional es condición previa y necesaria para convertirse en una hegemonía mundial. Claro está que en ese camino está Taiwán y la flota americana del Pacífico. La antigua Formosa constituye el principal riesgo de desestabilización mundial a juicio de muchas empresas cuando preparan sus mapas de riesgo. Sin embargo, para nuestro ponente, la firme decisión de China de hacerse con el control de Taiwán se acabará materializando en 5 o 10 años ya sea por invasión o, más probablemente, por coerción cuando no por inanición. Y en lo que respecta a la flora estadounidense, China tiene en estos momentos la flota más grande del mundo ya sea en buques o submarinos. Por último, nos dice Charles Powell, es fácil imaginar la inquietud que este panorama suscita en Japón o Corea del Sur con el riesgo subsiguiente de su militarización creciente cuando no de su nuclearización, sobre todo, si observan titubear a su aliado americano.

Respecto a China, la UE tiene una actitud esquizofrénica: por un lado, China se conforma como un aliado contra el cambio climático. Por otro lado, China es un competidor en el ámbito comercial e industrial. Por si fuera poco, china es para la UE también un rival sistémico con el que no comparte valores ni principios convivenciales.

La UE necesitaría desacoplarse de China para ganar autonomía, pero, por otro lado, tampoco le es posible en cuanto que para el logro de sus grandes objetivos necesita, entre otros muchos factores, desde la tecnología hasta las tierras raras que le provee su competidor oriental. Es una situación difícil que salta a la mínima como sucedió en la última cumbre entre la UE y China que terminó abruptamente cuando los europeos afearon a China su apoyo a Rusia en la guerra de Ucrania. La contestación china no pudo ser más inquietante: no querían que Rusia perdiera la guerra porque eso llevaría toda la atención norteamericana sobre la propia China.

-El tercero de los problemas de la UE es Donald Trump.

Lo primero que hace nuestro ponente es llamar la atención del Foro hacia dos puntos. Uno, consiste en la consideración de que el excesivo presidente norteamericano sabe perfectamente la meta a la que quiere llegar, que no es otra que la que ha conformado su think tank de referencia, la Heritage Foundation en su programa 2020-2025.

Es siguiendo ese patrón cuando EE. UU. ha decido dejar de ser hegemónica y benévolo que surgió de la II Guerra Mundial. Lo ha sido durante 80 años y a los europeos nos cuesta digerir que no lo siga siendo cuando la propia UE es, en su origen más primario, una idea que uno de sus fundadores, Jean Monet, extrajo del Tennessee Valley Authority y los espectaculares resultados que se obtuvieron cuando varios Estados se vieron forzados a trabajar juntos en el ámbito del agua desde 1933. Así pues, la UE no solo obtuvo su inspiración de instituciones estadounidenses, sino que, directamente, no hubiera sido posible sin el impulso que le dio EE. UU. Es, pues, radicalmente falso, como defiende Trump, que la Unión se hiciera para fastidiar a los EE. UU.

Ahora bien, nos dice Charles Powell, dirigiendo nuestra atención hacia el segundo factor que quiere resaltar: Trump no es el problema; es el síntoma de una deriva que desde hace 20 o 25 años va desvinculando a EE. UU. de Europa y que tiene una de sus bases en la creencia de que Europa se ha aprovechado de los EE. UU. para progresar y/o pagar su Estado de bienestar. Esa deriva que viene manifestándose ya desde la presidencia de Obama, cuando no desde antes, se hace evidente con Donald Trump.

Cuando este desapego creciente se hace patente, los europeos caemos en cuanta que no somos capaces de defendernos por nosotros mismos. De hecho, estamos a 5 o 10 años de poder hacerlo. Es más, todo el conjunto de la OTAN es inoperante sin los sistemas de control y monitorización norteamericanos. Sin ellos nada podríamos hacer en el caso de una invasión rusa a Finlandia a Polonia, por ejemplo. Los europeos nos hemos amoldado tanto a contar, tanto con el escudo americano, como con un mundo global en el que colocar nuestros productos que observamos con estupefacción que, no es que no seamos autosuficientes en armamento; es que no lo somos ni en la fabricación de aspirinas o mascarillas como se evidenció con la pandemia del COVID 19. En esta situación de debilidad tan agudizada no debe extrañarnos que Úrsula von der Leyen se haya visto forzada a firmar un acuerdo muy poco favorable para la UE y, además, verse forzada a hacerlo de una manera humillante: en un campo de golf situado en un país extracomunitario.

-El cuarto problema de la UE que Charles Powell nos expone es el relativo al Sur Global.

Representando solo el 10% de la población mundial y el 15% de su economía, tampoco resulta extraño que la UE no sea un actor relevante para el Sur Global. Los países emergentes nos miran un tanto cansados de que, desde nuestra relativa insignificancia, les demos lecciones de democracia o derechos humanos o laborales. Mucho menos cuando han visto el doble rasero que hemos aplicado a una guerra que nos incumbe directamente, Ucrania, en comparación con otra que no lo hace tanto, Gaza. Ese doble rasero del que se nos acusa hace que un diplomático boliviano despejara los requerimientos europeos para con la guerra de Ucrania aludiendo que se trataba de una “guerra de blanquitos” que no era de su incumbencia. Junto con la UE también España desempeña un papel cada vez menos relevante en Hispanoamérica.

Por el contrario, China presta sus capitales, su tecnología y sus servicios con absoluto respeto, o mejor, indiferencia, hacia las condiciones políticas o de otro orden que tengan los países con los que se relaciona. Los chinos, en definitiva, transaccionan intereses; no dan lecciones de moralidad.

A pesar de todo, la UE ha logrado firmar un buen acuerdo con Mercosur. Lo es para a UE, pero lo es, sobre todo, para los países del Sur de América en cuanto que el acuerdo contempla la eliminación de los aranceles que ahora mismo gravan el comercio interamericano lo que puede catapultar el comercio en la zona.

Somos un continente envejecido que si quiere responder a este condicionante con la inmigración se topa con un precio social y político altísimo que abre las puertas a las opciones de extrema derecha, además, euroescépticas.

En lo económico, Europa crece poco; solo un 1% que contrasta con el 3% español pero que es, éste último, más una anomalía que irá confluyendo hacia a tendencia general. Por otra parte, la escalera social europea se ha fracturado y nos encontramos con que muchos jóvenes no pueden independizarse y ven comprometidas sus expectativas de progreso lo que va redundando, especialmente en los varones, en un desapego creciente hacia los postulados de la democracia liberal para buscar otras opciones más autoritarias.

En términos generales a los países europeos les cuesta caer en cuanta de una realidad que enunciaba un ministro belga: la realidad de que algunos de los países de la UE son pequeños y otros aún no se han dado cuenta de que lo son.

Ante los retos que el nuevo escenario mundial nos plantea es evidente, recalca Chares Powell, que el Estado no tiene dimensión suficiente para afrontarlos. Con todos estos problemas, con todos estos retos, concluye nuestro ponente, la solución, la única solución posible está donde hace casi 100 años la situó Ortega y Gasset: la solución es Europa.

El historiador hispano británico Charles Powell, doctorado por la Universidad de Oxford, es autos de un número relevante de libros sobre la Transición, sus personales y sus vicisitudes y actualmente dirige el Real Instituto Elcano.

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20.000 especies de simbiosis irreversibles. Con Ana Crespo de las Casas (30 Octubre 2025)

Ana Crespo de las Casas preside en la actualidad la Real Academia de las Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y su intervención comienza por señalar que la función de las Academias no es tanto abordar lo ultimísimo de los avances de cada disciplina, sino aportar una visión multidisciplinar al conjunto de la sociedad y, muy especialmente, a muchas de las decisiones de la gobernanza pública, tan necesitada de un soporte científico serio y también diverso. En esto, nos dice Ana Crespo, todas las academias occidentales se parecen entre sí. Cosa distinta son las del antiguo bloque soviético que tienen dinámicas peculiares.

En esta aportación a la gobernanza, pero, en realidad, al conjunto del saber humano, los líquenes, que son la especialidad de nuestra ponente, ofrecen unas características únicas por lo que representan en sí mismas, sí, pero sobre todo en su condición simbiótica. Como es sabido, los líquenes son una simbiosis entre hongo y alga. Su descubrimiento en el siglo XIX supuso una revolución ante la idea imperante entonces de organismos individuales. En fuerte contraste con esta idea, el liquen nos presenta a dos seres distintos cooperando, esto es, nos presenta el fenómeno simbiótico. Nos encontramos, pues, con algo esencial para comprender la evolución de la vida que, como el liquen evidencia, tanto debe a la cooperación, a la simbiosis, entre especies. Entendiendo los líquenes, nos dice la ponente, entendemos la vida, sus infinitas manifestaciones y su evolución que se organiza, no solo por competencia por la supervivencia, sino también cooperativamente.

Pues bien, estos organismos están presentes por todas partes, empezando por nuestro propio cuerpo En efecto, vivimos acompañados por unos seres que nada tienen que ver con nosotros desde ningún ángulo desde el que se los observe pero que, sin embargo, están presentes en todo nuestro organismo, desde las paredes intestinales hasta en el mismísimo cerebro. Esta presencia generalizada tiene su causa en la simbiosis de la que proceden los líquenes.

Cuando Ana Crespo inició sus estudios, las investigaciones sobre los líquenes se centraban en los caracteres fenotípicos de estos organismos, es decir, en sus características externas. Sin embargo, estos caracteres externos aportan una información ambigua sobre estos seres en la medida que ni es suficiente, ni es precisa. Otros organismos cuentan con un conjunto amplio de indicadores externos cuya combinación permite identificarlos con más seguridad. No es el caso de los líquenes. Y su conocimiento es esencial para imaginar el desarrollo de la vida en la Tierra.

Cuando observamos a nuestro planeta desde el punto de vista biológico, lo primero que salta a la vista es que se trata de un hábitat de insectos. El número de especies es excepcional pero su identificación diferenciada resulta relativamente sencilla. Por el contrario, en el caso de los líquenes sus características no permiten diferenciarlos con la misma facilidad por la simple observación y tampoco mediante las técnicas microscópicas. Es necesario recurrir al estudio genómico.  Precisamente por este carácter difuso, ambiguo, de los líquenes conocemos poco de los mismos a pesar de su extraordinaria generalización. Tampoco sabemos demasiado de los propios hongos. Los hongos no son parientes de las plantas, nos dice Ana Crespo. De hecho, están más relacionados con los animales.  A su vez, muchos de los hongos son producto de mutaciones irreversibles de las que tampoco conocemos su desarrollo en detalle.

Lo que sí sabemos es que los hongos son, nos dice la ponente, oportunistas natos. Su proceso evolutivo, tan peculiar, es fruto de lo que podría imaginarse como un propósito vital, nos sugiere Ana Crespo, una doble voluntad, por decirlo así, que podría formularse como “¿Dónde me meto que no me estorben?” y/o “¿con qué o con quienes puedo colaborar?” Y ambas, sobre todo, la segunda, son preguntas esenciales para explicar la evolución de la vida que, a la postre, es una evolución, muchas veces simbiótica, de esa primera célula viva, “Luca” (Last Universal Common Ancestor), una supuesta célula ya hecha que todos los organismos vivos tienen en común y de la que parten todos seres vivos. En ese camino entre esa célula primigenia y cada uno de los cientos de miles de manifestaciones vivas hay un proceso evolutivo en el que la simbiosis juega un papel transcendental. Y los líquenes son el producto simbiótico más desarrollado con el que contamos. De ahí que su conocimiento sea esencial. 

Como se ha comentado, los líquenes son una simbiosis del hongo con el alga que adquiere así una base fotosintética tan propia de las plantas. Incorporando la fotosíntesis a su modo de vida, los líquenes pueden, literalmente, vivir del aire. Y no solo eso, la función fotosintética que el alga aporta al hongo libera a éste del mayor de sus riesgos vitales cual es la deshidratación. El resultado es que el liquen adquiere algo parecido a la inmortalidad. Lo líquenes pueden durar fácilmente 200 o 300 años en condiciones normales. En circunstancias adversas, las funciones vitales del liquen prácticamente se paralizan o se reducen a su mínima expresión. Es así, por ejemplo, que encontramos líquenes en la Antártida que tienen más de 2000 años en los cuales su crecimiento y desarrollo, dadas las condiciones extremas del entorno en el que tiene que desarrollarse, son lentísimos. Se han medido crecimientos del 0,01 % anual y hasta del 0,001%. Pero, crecimiento, a fin de cuentas: vida, en otras palabras.

Cuando el liquen no encuentra con qué alimentarse, no come, no respira, no trabaja, pero sigue hidratado, sigue vivo, nos dice la ponente. Las circunstancias en las que un liquen es capaz de sobrevivir son asombrosas. No es ya solo que algunos de los líquenes que pueblan las partes menos pisadas de las calzadas romanas estaban ahí mismo cuando por esas calzadas desfilaban las legiones. Es más que eso. Se ha comprobado que los líquenes adheridos a la superficie exterior de naves espaciales que han traspasado nuestra atmósfera y han deambulado por la galaxia, han regresado vivas a la Tierra donde han reanudado sus funciones vitales con las mismas características de las que tenían en el momento del despegue de la nave.

Vamos descubriendo que cuando la simbiosis entre el hongo y el alga se produce, se empieza a perder información genética de origen y van apareciendo nuevas soluciones epigenéticas. Estas soluciones que las células encierran son producto de la simbiosis y nos muestran que la vida se mueve también a grandes saltos. Esto es lo que se conoce como la teoría de la endosimbiosis seriada y es el gran descubrimiento de la bióloga norteamericana Lynn Margulis (1938- 2011).

La cuenta de la edad de la vida en la Tierra no había forma de cuadrarla hasta que esta evolución a saltos que genera la simbiosis no se tuvo en cuenta. El que al trascendental descubrimiento de Lynn Margulis no se le adjudicara un premio Nobel, es, a juicio de Ana Crespo, una muestra inequívoca del claro sesgo discriminatorio que aun impregna a la Academia sueca.

El conocimiento de los líquenes debe también mucho a Will Henning (1913-1976), biólogo y entomólogo alemán, que a través de una obra singular estableció los principios del análisis filogenético y de la sistemática cladística. Su manera de sistematizar e integrar ideas esenciales en un todo riguroso y convincente supuso, no tanto una innovación, pero sí una aportación metodológica de primer orden.

Sin embargo, los distintos estudios sobre los líquenes y la simbiosis en general encontraban una seria dificultad cual era la falta de consensos básicos sobre los elementos identificativos de los distintos organismos involucrados. En este sentido, una aportación capital fue la del norteamericano Kary Mullis (1944-1919) que encontró una forma eficiente, rápida y barata de identificar el ADN de cualquier organismo.

Mullis sí fue recompensado con el Nobel de 1993 por el descubrimiento de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR por sus siglas en inglés) y que permite la ampliación de las secuencias específicas de ADN. LA PCR se convirtió así en una técnica central de la bioquímica y la biología molecular. Gracias a sus aportaciones se pudo hacer grandes avances en el conocimiento de los caracteres moleculares genotípicos que controlan, por ejemplo, la reproducción de los organismos. En general, se pudo conocer con más profundidad los entresijos de la biodiversidad.

Con estas aportaciones se pudieron comparar unos organismos con otros y se pudo definir mejor los caracteres y el concepto de cada especie. Fueron también estos avances los que permitieron superar aquella ambigüedad de los caracteres fenotípicos de los líquenes a los que la ponente se refería al principio de su intervención. Y es que este carácter ambiguo se debe a que algunos líquenes guardan, digamos, escondida, información genética que no se manifiesta en su actividad externa hasta que las circunstancias exigen su aparición. Pero hasta entonces, esa información era inaccesible hasta que la identificación de su ADN fue posible con el descubrimiento de Kary Mullis.

Todo este conjunto de avances nos muestra que los líquenes no son solo una pareja de hongo y alga sino una comunidad múltiple. En la misma están implicados bacterias, levaduras y micro hongos secundarios. De hecho, en 2016 un estudio de la Universidad de Utah identificó levaduras basidiomicetas simbiontes en muchos líquenes reabriendo el debate sobre su estructura.

Con estos avances, el estudio de los líquenes está cambiando la biología en profundidad. Ha dado origen a la biología simbiótica, que es la base para entender otros fenómenos como la endosimbiosis, es decir, las mitocondrias y cloroplastos La visión más moderna de un liquen lo visualiza como un microsistema simbiótico o, si se quiere, como un organismo colectivo o holobionte, más que como una simple asociación cooperativa de una pareja de especies.

En definitiva, concluye Ana Crespo, el mayor conocimiento de los líquenes nos ha permitido conocer mejor un elemento esencial de la evolución de la vida en la Tierra cual es la simbiosis. Este conocimiento, a su vez, es vital para determinar, por ejemplo, qué actuaciones deben ponerse en marcha para evitar la extinción de una especie o qué debe hacerse para evitar la proliferación de una especie invasora.

Y en estos avances formidables, reivindica Ana Crespo, la aportación de las mujeres científicas ha sido y sigue siendo esencial, aunque, como en el caso de Lynn Margulis, no encuentre el reconocimiento que merece.

La catedrática Ana Crespo de las Casas es una bióloga especializada en los líquenes. A su larga experiencia investigadora y docente plasmada en una infinidad de publicaciones, se une una extensa actividad en la Administración española que culmina en 2014 con su nombramiento como presidenta de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

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Reflexiones sobre la historia contemporánea del País Vasco. Con Juan Pablo Fusi (25 Septiembre 2025)

Para nuestro ponente la Historia no tiene una trama prefijada que le condene a suceder de determinada manera. Se trata, más bien, de una sucesión de acontecimientos que han ocurrido de una manera concreta pero que perfectamente podrían haber ocurrido de otra diferente.  En consecuencia, sin una trama de cumplimiento inexorable, a lo más que podemos aspirar es a explicar posteriormente lo que ha ocurrido y tal y como ha ocurrido conscientes que podía haber sido de otra manera. La Historia es, nos dice el profesor Fusi, asimétrica por esencia.

En esta sucesión de hechos que conforman la Historia, existen algunos sucesos que por su impacto y transcendencia constituyen hitos que se configuran, nos dice nuestro ponente, como momentos fundacionales que cierran unas etapas y abren otras netamente diferentes.

Será precisamente sobre estos hitos o etapas fundacionales de la Historia contemporánea del País Vasco sobre los que se centrará nuestro ponente empezando por el primero y seguramente más transformador de todos: la industrialización que se inició en Bilbao y su ría en 1880 y que duró hasta 1920 y más aún hasta la guerra civil.

La dinámica que experimentó la ría del Nervión, sobre todo, el primer periodo entre 1880 y 1900, constituye un caso único en Europa conformando una transformación tan brutal, tan rápida y profunda que no hay cónsul, técnico o visitante extranjero que deje de resaltarla. Es que, resalta el profesor Fusi, un Bilbao que en 1880 se ceñía al Casco Viejo, empieza a expandirse hacia lo que hoy conocemos. El mineral que en 1880 se acarreaba desde las minas con carros de bueyes, en solo tres años se transporta en cintas mecánicas a lavaderos recién construidos para embarcar en buques anclados en una ría cuyos márgenes han sido encauzados. Las cantidades de mineral que se exportan en esta época tiene tal entidad que si España los exportase en la actualidad se convertiría en el segundo productor mundial de hierro. Todo este esfuerzo se apoyó en cerca de 300.000 inmigrantes que vienen del resto de España y que transformarán a su vez, la sociedad vizcaína, primero y la vasca después.

En estas dos décadas prodigiosas tres personajes se constituyen en los epítomes de la nueva sociedad que conforma esta transformación: Víctor Chávarri, Facundo Perezagua y Sabino Arana.

Chávarri, auténtico coloso empresarial, es el impulsor y el arquetipo de todo un conjunto de familias, poco más de 20, que pilotarán esta transformación que empieza siendo minera pero que sabe convertirse en industrial. Tanto, que para cuando las minas empiezan a agotarse en torno a 1915, esta nueva clase empresarial ha sabido crear una base financiera e industrial colosal que, no solo mantendrá la pujanza económica del País, sino que sus inversiones se expandirán por toda la península en una proporción muy superior a los capitales de Cataluña, por ejemplo. Estas 20 familias, con una fuerte tendencia endogámica, conforman ese Neguri tan identificativo.

Digno oponente de Chávarri es el palentino Facundo Perezagua también un auténtico coloso a la hora de unificar y aglutinar los intereses de esa marea migratoria que inundó, especialmente, Vizcaya. Una auténtica masa obrera que vivía y trabajaba, sobre todo en sus inicios, en unas condiciones difíciles pero que, a su vez, eran bastante mejores de las de las provincias de origen, sobre todo, cuando el desarrollo industrial se fue asentando a lo largo de la ría con unas condiciones laborales excelentes, al menos comparativamente, al resto de España.

El tercer personaje que simboliza las fuerzas que pugnarán en esta época de brutal transformación es Sabino Arana.  Sabino proviene de la sociedad tradicional del País que se ha visto asaltada por este fenómeno industrial tan disruptivo que, literalmente, está poniendo al País patas arriba.

El actual PNV surge de una reducida reunión en 1894 de solo 23 personas en un merendero de Begoña en el que Sabino Arana, siguiendo un fenómeno común a amplias zonas de Europa, da un giro al fuerismo tradicional cuando enuncia que Euskadi es una nación. “Dejad de llamarme fuerista; soy nacionalista” dirá Arana en esa reunión.

No es casual, nos dirá nuestro ponente, que el PNV surja en Bilbao, esto es, en el ámbito donde el impacto de la industrialización y la avalancha inmigratoria ha sido tan descomunal. Es esa sensación invasiva lo que genera en el PNV inicial una respuesta de corte etnicista y ultraconservadora como pura reacción contra la destrucción tan brutal y súbita del orden tradicional. Por eso, insiste Fusi, el PNV surge en Bilbao y hasta 1908 no empezará a expandirse por Guipúzcoa, una provincia mucho más euskaldún. Habrá que esperar hasta1930 para que el nacionalismo tenga alguna implantación en Álava y en Navarra, muy débil en ambos casos.

El PNV empieza una transformación interna hacia 1910 cuando la generación de Irujo, Aguirre y otros empiecen a aminorar el inicial carácter etnicista y a darle un carácter más abierto. De esta época es también la fundación, eso sí, de un sacerdote y bajo la advocación de San Andrés, de ELA/STV que plantea la armonización de intereses entre empresarios y trabajadores vascos en contraste con el planteamiento de pura lucha de clases de la UGT de la época. Lo que se evidencia con estas transformaciones es la discontinuidad de la Historia, nos dirá Fusi. Todos los países cambian y el País Vasco nunca ha sido igual a sí mismo. De hecho, lo natural es cambiar, nos recordará el ponente.

En esta época transformadora el cambio radical lo experimenta Bilbao, mucho más que las otras capitales vascas. En cierto que San Sebastián ha dejado de ser una población fortificada para cambiar de carácter con la moda de los baños de mar, la instauración del juego y la llegada del ferrocarril. Álava y Vitoria y en cierta medida también Pamplona, se mantendrán estancadas hasta 1960 conformando en el caso de la capital alavesa una auténtica ciudad levítica con rentistas, militares y, sobre todo, religiosos.

La trasformación industrial del País tiene también un reflejo cultural en una eclosión de arquitectos como Bastida, Rucabado o Smith, pintores como Zuloaga, Arteta o Regoyos o escritores de la talla de Unamuno, Baroja o Maeztu. Lo que Unamuno llamaba la “honrada poesía vascongada” preindustrial, adquiere una pujanza relevante también en euskera con Ariztimuño (Aitzol) Lauxata y la propia configuración de la Academia de la lengua vasca, Euskaltzandía, por no nombrar las revistas, sociedades culturales, etc, que emergen en la época.

Durante esta época el nacionalismo sigue profundizando en el País, no tanto insistiendo en la identidad vasca en sí misma, sino en el hecho de que esta identidad es constitutiva de una nación diferente a la española. Para cuando llega la II República puede decirse que dos elementos configuran la Historia vasca contemporánea: el pluralismo y la nacionalidad. Y es que, aunque el nacionalismo ha crecido con fuerza a lo largo del nuevo siglo, nunca ha llegado a ser hegemónico. Así el PNV solo ganó las elecciones de 1933. En 1931 ganaron socialistas y republicanos y en 1936 lo hizo el Frente Popular.

Durante la República el PNV persiguió la obtención de un estatuto de autonomía cuya conformación no fue fácil. El primer proyecto de la sociedad de Estudios Vascos fracasó, lo mismo que el propuesto por una mayoría de ayuntamientos en lo que no estaban integrados ninguna de las capitales. En el plebiscito de 1933, Navarra se retiró y Álava votó en contra. Tuvo que llegar la guerra para que se concediera un Estatuto de Autonomía que solo afectó a Vizcaya y a una mínima parte de Guipúzcoa y que prácticamente redactó Indalecio Prieto al dictado telefónico para evitar el alineamiento de un inicialmente dubitativo PNV con las fuerzas insurgentes. Ese Estatuto ató al PNV a la República, como era la intención de Prieto.

La guerra se centró sobre todo en Vizcaya y duró de marzo a junio de 1937 y el esfuerzo bélico vasco no se coordinó con el de la República lo que no puede decirse que constituyera la causa de su derrota, aunque, evidentemente, tampoco contribuyó a evitarla. Lo que resalta el profesor Fusi es que la guerra en Euskadi tuvo mucho de guerra civil entre vascos. No se trata, pues, de un fenómeno que pueda explicarse como una agresión franquista a los vascos cuando a las brigadas carlistas navarras se unieron tantos guipuzcoanos, sobre todo, de la zona de Tolosa, bastión carlista tradicional. Durante la guerra morirían en combate entre 15 y 17.000 hombres a los que habría que añadir unos 5000 represaliados de los cuales unos 1000 fueron perpetrados por los contrarios al alzamiento, aunque, eso sí, su concentración en 15 o 20 días hizo que su impacto fuera muy grande.

Con la posguerra empezó en el País, como en el resto de España, una época oscura, triste y fallida pero que dio paso a otro hito fundacional de la Historia contemporánea vasca: la eclosión del desarrollismo del periodo 1955-1975. Durante este periodo la industrialización se extiende tanto a Álava como a Navarra y lo hace con tal intensidad que para 1975 todo el País acaba siendo un continuum industrial-urbano. Surgen nuevos y pujantes sectores económicos como el energético o la máquina herramienta y se afianza el fenómeno cooperativista de Mondragón. Por su parte, San Sebastián, que siempre tendió a vivir a espaldas a la provincia, se configura como una capital de servicios que llega hasta la misma Éibar tradicionalmente más unida a Bilbao hasta entonces. La macrocefalia vitoriana respecto a Álava se acrecentó y la ciudad curil se transformó en industrial. Algo parecido a lo que sucedió en Pamplona.

Este periodo del desarrollismo tuvo también un reflejo cultural con otra eclosión artística de primerísimo nivel. Además de los Chillida, Oteiza y otros escultores hubo también una proliferación de pintores excelentes desde Zumeta, Ruiz Balerdi o Ibarrola, entre otros muchos, así como literatos o cantautores. De estos años es la basílica de Aránzazu que tiene más de manifiesto que de santuario.

Es también en esta época cuando surge otro hito fundacional, transformador de la Historia Vasca: ETA. De forma tan resumida como precisa, nos dirá nuestro invitado, que ETA no nace de ningún problema previo, sino que ETA se constituye en problema en sí misma. De nuevo trayendo a colación el carácter no determinista de la Historia, nos dice el profesor Fusi que la represión franquista no necesariamente tuvo como resultado a ETA. No fue inevitable que Etxebarrieta matara al agente Pardines y se iniciara así una senda de sangre que tanto dolor trajo consigo y tanto perjudicó al País. Llevar la lucha contra el régimen por la vía violenta fue una opción deliberada que perfectamente podría haberse evitado en una sociedad como la vasca que en los años 60 vivía muy acomodada al desarrollismo franquista. De hecho, nos recuerda el ponente, la causa de la lucha de ETA no fue la democracia como acredita que su máxima intensidad ocurriera cuando la transición había tenido lugar y el Estatuto de Autonomía estaba en vigor. En definitiva, ¿cómo pudo ocurrir? y “violencia ¿para qué?” son las grandes preguntas que plantea este hito de la Historia contemporánea vasca.

Finalmente, el último de los grandes hitos fundacionales de la Historia contemporánea del País es la constitución del Gobierno Vasco bajo un Estatuto que confiere a Euskadi un grado de autonomía que no lo ha tenido en ningún momento previo de su historia. Una sucesión de Gobiernos con mayor o menor hegemonía del PNV, pero siempre bajo su titularidad se han mantenido en un tono discreto y sereno, huyendo de los extremos y centrándose en una gestión eficiente que ha sido capaz de superar una reconversión industrial enorme para crear una base económica más diversificada y tecnológicamente puntera.

A pesar de que los sucesivos gobiernos vascos no han cejado de ahondar en una cierta construcción nacional nacionalizando fiestas, denominaciones o instituciones, la sociedad vasca sigue siendo plural y tolerante y que, bajo gobiernos nacionalistas moderados ha tenido también un reflejo cultural relevante como muestra, entre otras muchas cosas, la formidable proliferación de museos e infraestructuras culturales de todo tipo.

Juan Pablo Fusi Aizpurua (San Sebastián, 24 de septiembre de 1945)[3] es un historiador español, centrado fundamentalmente en la historia de España contemporánea y, especialmente, sobre el País Vasco y los nacionalismos. Es discípulo de Raymond Carr.

Es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Filosofía y Letras (Historia) por la misma universidad.

Asimismo, es doctor en Filosofía por la Universidad de Oxford y recibió el título de doctor honoris causa en Humanidades de la Universidad de Nueva York.

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La educación en Euskadi, cuando más y más es menos y menos. Con Ricardo Arana (26 Junio 2025)

Un relato serio debe apoyarse en datos, nos dice el ponente Ricardo Arana. Pues bien, apoyándose en datos incuestionables, el análisis de nuestro sistema educativo evidencia sin paliativos el enunciado de la ponencia, esto es, que el incremento cuantioso y progresivo de recursos aboca a resultados cada vez peores. En otras palabras, “cuando más y más es menos y menos”.

En efecto, los recursos que la CAPV destina a su sistema educativo alcanzan niveles muy grandes que, no solo lo ponen en cabeza destacada del resto de CCAA españolas, sino que lo equipara al de los países europeos más avanzados en la materia. Lo mismo da que nos fijemos en la escuela pública que en la privada en la que los modelos de concertación son igualmente los más altos.

Cualquiera de los baremos que utilicemos refleja la misma realidad: los salarios del personal docente son de inicio los más altos de España y casi de Europa. El promedio de centros es mayor que el de aquellas CCAA que por su extensión y dispersión poblacional los tienen que multiplicar más. Si es los alumnos donde ponemos el acento, la CAPV es la Comunidad Autónoma que antes inicia la escolarización, con el 90% de los niños de 2 años escolarizados, y es la que más tiempo los mantiene en el sistema, es decir, más allá de los 16 cuando no de los 18 años.

Este esfuerzo inmenso obtiene resultados muy magros en los dos elementos angulares de todo sistema educativo: el rendimiento educativo y la equidad, esto es, la capacidad del sistema de convertirse en el ascensor social que dote a cada alumno de los conocimientos y herramientas para desarrollarse como persona y progresar en la vida más allá de su punto de partida socioeconómico. Son en estos dos factores los elementos en los que se apoyan las naciones para hacer realidad valores constitucionales como la libertad, la igualdad o la pluralidad y para, de manera aún más general, impulsar el progreso.

Pues bien, fallamos en ambos objetivos y lo hacemos con estrépito. Los datos que arrojan los distintos baremos como PISA y otros son indubitados y demoledores. Por ejemplo, PISA divide de forma resumida a los alumnos en cuatro niveles, desde el inicial, el más precario, hasta el excelente. Pues bien, en competencia científica los primeros datos de los que disponemos, los de 2012, nos mostraban que el 12% de los alumnos estaban en el nivel inicial y el 5% en el excelente. 10 años después, en 2022, el nivel básico había alcanzado el 21%, o sea, cerca del doble y el excelente se había reducido a un exiguo 3%. En competencia matemática que es el ámbito en el que más destacamos, en 2012 un 16 % del alumnado vasco estaba en el nivel inicial cuando los expertos alertan que ya el 15% está señalando la existencia de un problema. El nivel excelente llegaba entonces hasta el 10%. Pues bien, en 2022 el nivel inicial había alcanzado el 23% de los alumnos y los excelentes se habían reducido a la mitad, el 5%.

Pero es la competencia más elemental de todas, la lectora, en la que los datos son especialmente demoledores. Si en 2012 teníamos un 14% del alumnado en el nivel inicial y un 5% en el excelente, una década después el nivel inicial alcanzaba el 26% y el excelente se había reducido a un 3%.

Visto en toda su crudeza, estos datos revelan que más de una cuarta parte de las chicas y chicos de 15 años no son capaces de entender un texto que no se refiera a su entorno inmediato.

Si los datos desnudos son preocupantes, los comparativos devienen a. La Comunidad Autónoma que, por recursos empleados, debiera ocupar el primer puesto, por resultados globales en todas las competencias ocupa el puesto 14 de las 17 CCAA. Si comparamos solo a los excelentes entre sí, la comparativa es aún peor: somos los anteúltimos.

El otro gran objetivo de todo sistema educativo es la equidad. En este campo la población inmigrante es la que sale especialmente perjudicada. No hay que olvidar que nuestra bajísima tasa de natalidad hace que ya hoy en día el 30% de los nacidos en Euskadi tenga padres foráneos. Y, claro está, la proporción no va a dejar de aumentar. Es importante, vital, que semejante volumen del alumnado reciba la educación adecuada.

Pues bien, no está siendo así. Los resultados indican que avanzamos hacia un sistema, no ya separador, sino directamente segregador. Si nos ceñimos a nuestro indicador estrella, la competencia matemática, vemos que ocupamos el noveno puesto en el conjunto de las CCAA. Pues bien, si medimos esa competencia entre el alumnado autóctono, avanzamos un puesto hasta el octavo. Pero, si medimos la competencia matemática entre el alumnado inmigrante bajamos hasta el puesto 16, el ultimo, porque Extremadura no hace esta comparativa. Pero esto no es todo. La gravedad de la situación se evidencia cuando medimos la capacidad matemática de los chicos de familias inmigrantes que ya han nacido en España, comprobamos que ocupan también el puesto 16. O sea, nuestro sistema educativo no ha aportado nada a los nacidos en España respecto a los nacidos fuera.

Cualquier indicador que cojamos nos lleva a los mismos resultados. Así, da igual fijarse en el nivel de resiliencia, esto es, el del número de alumnos que partiendo de las peores condiciones socioeconómicas obtienen, sin embargo, los mejores resultados, porque ocupamos en penúltimo puesto. Tampoco las diferencias entre centros públicos y privados cambian las cosas. De hecho, a pesar de la plurifinanciación que obtienen, los privados arrojan resultados comparativos respecto a otras CCAA aún más pobres.

Estamos, evidentemente, ante un sistema educativo que está fallando con claridad en sus objetivos básicos y que el aumento sostenido de recursos económicos no corrige. Es más, las caídas en los resultados no son puntuales, sino que conforman una curva descendente paulatina y sostenida en el tiempo. No es, pues, esta circunstancia o aquella pandemia la que provoca un descenso sostenido.

Identificar las causas de este deterioro progresivo que el incremento de recursos no pude paliar, apunta necesariamente a una pluralidad de factores. No es menor el escaso componente vocacional del profesorado que, entre otros factores, redunda en un absentismo alto que, a su vez, provoca una cadena de sustituciones. La propia carrera de magisterio admite, no solo a las personas vocacionales sino a todos los que no han podido estudiar otras carreras de su preferencia. Tampoco el diseño de la propia carrera docente resulta incentivador cuando el salario inicial, alto en comparación a otros sistemas, es demasiado parecido al salario final y cuya única posibilidad relevante de crecimiento es por actividades no propiamente docentes. En definitiva, causas de este panorama pueden apuntarse muchas. Ahora bien, entre todas ellas destaca una que constituye una verdad incómoda: la política lingüística. Obviamente, el ponente no se refiere al euskera en sí, tan válido para la enseñanza como cualquier otro idioma. La causa angular del panorama educativo descrito es el empeño en generalizar la enseñanza en un idioma que la mayoría de los alumnos no entiende o no entiende bien porque no es la lengua que se habla ni en su casa, ni en su entorno social. Así los resultados buenos devienen imposibles.

Cuando solo entre el 25 y el 30% de los alumnos vascos utilizan el euskera en su casa y su entorno tenemos que el 83% del alumnado se escolariza en el modelo D, esto es, exclusivamente en euskera. En otras palabras, el 70% de los alumnos vascos estudia en una lengua que no utiliza y que, nos llama la atención el ponente, no entiende bien. Y es que este último punto es crucial: esta forma de impulsar el euskera en nuestro sistema educativo, no solo lo lastra en sus resultados académicos o en su capacidad de aportar equidad; es que no está sirviendo para impulsar el euskera.

Los datos también aquí resultan abrumadores. Para medir la competencia en euskera las evaluaciones propias utilizan tres niveles, inicial, medio y avanzado. No resulta sorprendente que el número de alumnos que se encuentran en el nivel avanzado de euskera, el 14%, coincida con el porcentaje que usa el idioma en casa y en su entorno. Pues bien, contra toda evidencia el objetivo académico ahora fijado por el sistema es que todos los alumnos alcancen un nivel B2 tanto en euskera como en castellano. Pues bien, el B2 en euskera solo lo consiguen un 33%. De ellos, tres cuartas partes son vascohablantes en casa y en su entorno. El cuarto restante, pertenece a familias con los posibles necesarios para sufragar los refuerzos necesarios.

Resulta claro que un sistema que utiliza una sola vehicular funciona allí donde esa lengua es de uso generalizado (aunque, habría que resultar que en estas áreas es la competencia en castellano la que se resiente). Pero es igualmente obvio que imponer como lengua vehicular la que no se utiliza genera unos resultados altamente deficientes en lo académico y en lo equitativo. Y, además, tampoco logra impulsar el idioma cuyo uso se quiere generalizar.

Estamos ante un problema de gran dimensión que no se quiere admitir, que no se quiere ver y, lo que es más grave, no se quiere que sea visto. En los últimos años nuestras autoridades educativas no hacen más que ocultar datos y abandonar evaluaciones y comparativas que evidencian la gravedad del problema.

La cuestión es que un sistema educativo disfuncional tiene unas derivadas que comprometen al propio País. Cuando en el último informe de Confebask y el Gobierno Vasco señala que el sistema productivo vasco necesita 20.000 personas con cualificación STEAM, tenemos que el número coincide con el total de nuestros alumnos en los niveles superiores de la educación obligatoria de los que una cuarta parte no es capaz de entender un texto y si tenemos en cuenta los que superan el nivel inicial de competencia científica, estamos por debajo de esa cifra. Esto es, no tenemos ni candidatos suficientes para estos puestos. Pero, no es solo eso. Es que los alumnos de origen inmigrante aumentan extraordinariamente cada año y son, precisamente, a los que peor cualificación aportamos. Desgraciadamente, las perspectivas negativas proliferan: Cuando las encuestas preguntan a nuestros chicos qué hacen en su tiempo libre, la lectura ocupa el anteúltimo lugar solo por encima de “no hacer nada”. En la utilización de los móviles somos la única Comunidad Autónoma que no lo regula, sino que lo deja al arbitrio de cada centro, etc.

En definitiva y a modo de conclusión, nos dice Ricardo Arana, la asignación de recursos por cuantiosos que sean no mejora, ni los resultados educativos, ni la equidad del sistema, ni el fomento de la euskera cuando se insiste en lo que no se quiere ver y no se quiere que se vea, a saber: que la utilización como lengua vehicular educativa de un idioma que no se usa ni en el la familia ni en el entorno social nos aboca a un abismo que compromete el desarrollo de las personas y el propio futuro del País.

Ricardo Arana, docente y periodista, ha desarrollado una larga carrera profesional en ambos campos habiendo sido, entre otros cargos y funciones, responsable de la Federación de Enseñanza y del área de comunicación de CCOO y también del Departamento de Educación del GV con Isabel Celaa. Actualmente, escribe en El Correo sobre la problemática de la educación, especialmente, en la CAPV.

Ricardo Arana

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