20.000 especies de simbiosis irreversibles. Con Ana Crespo de las Casas (30 Octubre 2025)

Ana Crespo de las Casas preside en la actualidad la Real Academia de las Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y su intervención comienza por señalar que la función de las Academias no es tanto abordar lo ultimísimo de los avances de cada disciplina, sino aportar una visión multidisciplinar al conjunto de la sociedad y, muy especialmente, a muchas de las decisiones de la gobernanza pública, tan necesitada de un soporte científico serio y también diverso. En esto, nos dice Ana Crespo, todas las academias occidentales se parecen entre sí. Cosa distinta son las del antiguo bloque soviético que tienen dinámicas peculiares.

En esta aportación a la gobernanza, pero, en realidad, al conjunto del saber humano, los líquenes, que son la especialidad de nuestra ponente, ofrecen unas características únicas por lo que representan en sí mismas, sí, pero sobre todo en su condición simbiótica. Como es sabido, los líquenes son una simbiosis entre hongo y alga. Su descubrimiento en el siglo XIX supuso una revolución ante la idea imperante entonces de organismos individuales. En fuerte contraste con esta idea, el liquen nos presenta a dos seres distintos cooperando, esto es, nos presenta el fenómeno simbiótico. Nos encontramos, pues, con algo esencial para comprender la evolución de la vida que, como el liquen evidencia, tanto debe a la cooperación, a la simbiosis, entre especies. Entendiendo los líquenes, nos dice la ponente, entendemos la vida, sus infinitas manifestaciones y su evolución que se organiza, no solo por competencia por la supervivencia, sino también cooperativamente.

Pues bien, estos organismos están presentes por todas partes, empezando por nuestro propio cuerpo En efecto, vivimos acompañados por unos seres que nada tienen que ver con nosotros desde ningún ángulo desde el que se los observe pero que, sin embargo, están presentes en todo nuestro organismo, desde las paredes intestinales hasta en el mismísimo cerebro. Esta presencia generalizada tiene su causa en la simbiosis de la que proceden los líquenes.

Cuando Ana Crespo inició sus estudios, las investigaciones sobre los líquenes se centraban en los caracteres fenotípicos de estos organismos, es decir, en sus características externas. Sin embargo, estos caracteres externos aportan una información ambigua sobre estos seres en la medida que ni es suficiente, ni es precisa. Otros organismos cuentan con un conjunto amplio de indicadores externos cuya combinación permite identificarlos con más seguridad. No es el caso de los líquenes. Y su conocimiento es esencial para imaginar el desarrollo de la vida en la Tierra.

Cuando observamos a nuestro planeta desde el punto de vista biológico, lo primero que salta a la vista es que se trata de un hábitat de insectos. El número de especies es excepcional pero su identificación diferenciada resulta relativamente sencilla. Por el contrario, en el caso de los líquenes sus características no permiten diferenciarlos con la misma facilidad por la simple observación y tampoco mediante las técnicas microscópicas. Es necesario recurrir al estudio genómico.  Precisamente por este carácter difuso, ambiguo, de los líquenes conocemos poco de los mismos a pesar de su extraordinaria generalización. Tampoco sabemos demasiado de los propios hongos. Los hongos no son parientes de las plantas, nos dice Ana Crespo. De hecho, están más relacionados con los animales.  A su vez, muchos de los hongos son producto de mutaciones irreversibles de las que tampoco conocemos su desarrollo en detalle.

Lo que sí sabemos es que los hongos son, nos dice la ponente, oportunistas natos. Su proceso evolutivo, tan peculiar, es fruto de lo que podría imaginarse como un propósito vital, nos sugiere Ana Crespo, una doble voluntad, por decirlo así, que podría formularse como “¿Dónde me meto que no me estorben?” y/o “¿con qué o con quienes puedo colaborar?” Y ambas, sobre todo, la segunda, son preguntas esenciales para explicar la evolución de la vida que, a la postre, es una evolución, muchas veces simbiótica, de esa primera célula viva, “Luca” (Last Universal Common Ancestor), una supuesta célula ya hecha que todos los organismos vivos tienen en común y de la que parten todos seres vivos. En ese camino entre esa célula primigenia y cada uno de los cientos de miles de manifestaciones vivas hay un proceso evolutivo en el que la simbiosis juega un papel transcendental. Y los líquenes son el producto simbiótico más desarrollado con el que contamos. De ahí que su conocimiento sea esencial. 

Como se ha comentado, los líquenes son una simbiosis del hongo con el alga que adquiere así una base fotosintética tan propia de las plantas. Incorporando la fotosíntesis a su modo de vida, los líquenes pueden, literalmente, vivir del aire. Y no solo eso, la función fotosintética que el alga aporta al hongo libera a éste del mayor de sus riesgos vitales cual es la deshidratación. El resultado es que el liquen adquiere algo parecido a la inmortalidad. Lo líquenes pueden durar fácilmente 200 o 300 años en condiciones normales. En circunstancias adversas, las funciones vitales del liquen prácticamente se paralizan o se reducen a su mínima expresión. Es así, por ejemplo, que encontramos líquenes en la Antártida que tienen más de 2000 años en los cuales su crecimiento y desarrollo, dadas las condiciones extremas del entorno en el que tiene que desarrollarse, son lentísimos. Se han medido crecimientos del 0,01 % anual y hasta del 0,001%. Pero, crecimiento, a fin de cuentas: vida, en otras palabras.

Cuando el liquen no encuentra con qué alimentarse, no come, no respira, no trabaja, pero sigue hidratado, sigue vivo, nos dice la ponente. Las circunstancias en las que un liquen es capaz de sobrevivir son asombrosas. No es ya solo que algunos de los líquenes que pueblan las partes menos pisadas de las calzadas romanas estaban ahí mismo cuando por esas calzadas desfilaban las legiones. Es más que eso. Se ha comprobado que los líquenes adheridos a la superficie exterior de naves espaciales que han traspasado nuestra atmósfera y han deambulado por la galaxia, han regresado vivas a la Tierra donde han reanudado sus funciones vitales con las mismas características de las que tenían en el momento del despegue de la nave.

Vamos descubriendo que cuando la simbiosis entre el hongo y el alga se produce, se empieza a perder información genética de origen y van apareciendo nuevas soluciones epigenéticas. Estas soluciones que las células encierran son producto de la simbiosis y nos muestran que la vida se mueve también a grandes saltos. Esto es lo que se conoce como la teoría de la endosimbiosis seriada y es el gran descubrimiento de la bióloga norteamericana Lynn Margulis (1938- 2011).

La cuenta de la edad de la vida en la Tierra no había forma de cuadrarla hasta que esta evolución a saltos que genera la simbiosis no se tuvo en cuenta. El que al trascendental descubrimiento de Lynn Margulis no se le adjudicara un premio Nobel, es, a juicio de Ana Crespo, una muestra inequívoca del claro sesgo discriminatorio que aun impregna a la Academia sueca.

El conocimiento de los líquenes debe también mucho a Will Henning (1913-1976), biólogo y entomólogo alemán, que a través de una obra singular estableció los principios del análisis filogenético y de la sistemática cladística. Su manera de sistematizar e integrar ideas esenciales en un todo riguroso y convincente supuso, no tanto una innovación, pero sí una aportación metodológica de primer orden.

Sin embargo, los distintos estudios sobre los líquenes y la simbiosis en general encontraban una seria dificultad cual era la falta de consensos básicos sobre los elementos identificativos de los distintos organismos involucrados. En este sentido, una aportación capital fue la del norteamericano Kary Mullis (1944-1919) que encontró una forma eficiente, rápida y barata de identificar el ADN de cualquier organismo.

Mullis sí fue recompensado con el Nobel de 1993 por el descubrimiento de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR por sus siglas en inglés) y que permite la ampliación de las secuencias específicas de ADN. LA PCR se convirtió así en una técnica central de la bioquímica y la biología molecular. Gracias a sus aportaciones se pudo hacer grandes avances en el conocimiento de los caracteres moleculares genotípicos que controlan, por ejemplo, la reproducción de los organismos. En general, se pudo conocer con más profundidad los entresijos de la biodiversidad.

Con estas aportaciones se pudieron comparar unos organismos con otros y se pudo definir mejor los caracteres y el concepto de cada especie. Fueron también estos avances los que permitieron superar aquella ambigüedad de los caracteres fenotípicos de los líquenes a los que la ponente se refería al principio de su intervención. Y es que este carácter ambiguo se debe a que algunos líquenes guardan, digamos, escondida, información genética que no se manifiesta en su actividad externa hasta que las circunstancias exigen su aparición. Pero hasta entonces, esa información era inaccesible hasta que la identificación de su ADN fue posible con el descubrimiento de Kary Mullis.

Todo este conjunto de avances nos muestra que los líquenes no son solo una pareja de hongo y alga sino una comunidad múltiple. En la misma están implicados bacterias, levaduras y micro hongos secundarios. De hecho, en 2016 un estudio de la Universidad de Utah identificó levaduras basidiomicetas simbiontes en muchos líquenes reabriendo el debate sobre su estructura.

Con estos avances, el estudio de los líquenes está cambiando la biología en profundidad. Ha dado origen a la biología simbiótica, que es la base para entender otros fenómenos como la endosimbiosis, es decir, las mitocondrias y cloroplastos La visión más moderna de un liquen lo visualiza como un microsistema simbiótico o, si se quiere, como un organismo colectivo o holobionte, más que como una simple asociación cooperativa de una pareja de especies.

En definitiva, concluye Ana Crespo, el mayor conocimiento de los líquenes nos ha permitido conocer mejor un elemento esencial de la evolución de la vida en la Tierra cual es la simbiosis. Este conocimiento, a su vez, es vital para determinar, por ejemplo, qué actuaciones deben ponerse en marcha para evitar la extinción de una especie o qué debe hacerse para evitar la proliferación de una especie invasora.

Y en estos avances formidables, reivindica Ana Crespo, la aportación de las mujeres científicas ha sido y sigue siendo esencial, aunque, como en el caso de Lynn Margulis, no encuentre el reconocimiento que merece.

La catedrática Ana Crespo de las Casas es una bióloga especializada en los líquenes. A su larga experiencia investigadora y docente plasmada en una infinidad de publicaciones, se une una extensa actividad en la Administración española que culmina en 2014 con su nombramiento como presidenta de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

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Reflexiones sobre la historia contemporánea del País Vasco. Con Juan Pablo Fusi (25 Septiembre 2025)

Para nuestro ponente la Historia no tiene una trama prefijada que le condene a suceder de determinada manera. Se trata, más bien, de una sucesión de acontecimientos que han ocurrido de una manera concreta pero que perfectamente podrían haber ocurrido de otra diferente.  En consecuencia, sin una trama de cumplimiento inexorable, a lo más que podemos aspirar es a explicar posteriormente lo que ha ocurrido y tal y como ha ocurrido conscientes que podía haber sido de otra manera. La Historia es, nos dice el profesor Fusi, asimétrica por esencia.

En esta sucesión de hechos que conforman la Historia, existen algunos sucesos que por su impacto y transcendencia constituyen hitos que se configuran, nos dice nuestro ponente, como momentos fundacionales que cierran unas etapas y abren otras netamente diferentes.

Será precisamente sobre estos hitos o etapas fundacionales de la Historia contemporánea del País Vasco sobre los que se centrará nuestro ponente empezando por el primero y seguramente más transformador de todos: la industrialización que se inició en Bilbao y su ría en 1880 y que duró hasta 1920 y más aún hasta la guerra civil.

La dinámica que experimentó la ría del Nervión, sobre todo, el primer periodo entre 1880 y 1900, constituye un caso único en Europa conformando una transformación tan brutal, tan rápida y profunda que no hay cónsul, técnico o visitante extranjero que deje de resaltarla. Es que, resalta el profesor Fusi, un Bilbao que en 1880 se ceñía al Casco Viejo, empieza a expandirse hacia lo que hoy conocemos. El mineral que en 1880 se acarreaba desde las minas con carros de bueyes, en solo tres años se transporta en cintas mecánicas a lavaderos recién construidos para embarcar en buques anclados en una ría cuyos márgenes han sido encauzados. Las cantidades de mineral que se exportan en esta época tiene tal entidad que si España los exportase en la actualidad se convertiría en el segundo productor mundial de hierro. Todo este esfuerzo se apoyó en cerca de 300.000 inmigrantes que vienen del resto de España y que transformarán a su vez, la sociedad vizcaína, primero y la vasca después.

En estas dos décadas prodigiosas tres personajes se constituyen en los epítomes de la nueva sociedad que conforma esta transformación: Víctor Chávarri, Facundo Perezagua y Sabino Arana.

Chávarri, auténtico coloso empresarial, es el impulsor y el arquetipo de todo un conjunto de familias, poco más de 20, que pilotarán esta transformación que empieza siendo minera pero que sabe convertirse en industrial. Tanto, que para cuando las minas empiezan a agotarse en torno a 1915, esta nueva clase empresarial ha sabido crear una base financiera e industrial colosal que, no solo mantendrá la pujanza económica del País, sino que sus inversiones se expandirán por toda la península en una proporción muy superior a los capitales de Cataluña, por ejemplo. Estas 20 familias, con una fuerte tendencia endogámica, conforman ese Neguri tan identificativo.

Digno oponente de Chávarri es el palentino Facundo Perezagua también un auténtico coloso a la hora de unificar y aglutinar los intereses de esa marea migratoria que inundó, especialmente, Vizcaya. Una auténtica masa obrera que vivía y trabajaba, sobre todo en sus inicios, en unas condiciones difíciles pero que, a su vez, eran bastante mejores de las de las provincias de origen, sobre todo, cuando el desarrollo industrial se fue asentando a lo largo de la ría con unas condiciones laborales excelentes, al menos comparativamente, al resto de España.

El tercer personaje que simboliza las fuerzas que pugnarán en esta época de brutal transformación es Sabino Arana.  Sabino proviene de la sociedad tradicional del País que se ha visto asaltada por este fenómeno industrial tan disruptivo que, literalmente, está poniendo al País patas arriba.

El actual PNV surge de una reducida reunión en 1894 de solo 23 personas en un merendero de Begoña en el que Sabino Arana, siguiendo un fenómeno común a amplias zonas de Europa, da un giro al fuerismo tradicional cuando enuncia que Euskadi es una nación. “Dejad de llamarme fuerista; soy nacionalista” dirá Arana en esa reunión.

No es casual, nos dirá nuestro ponente, que el PNV surja en Bilbao, esto es, en el ámbito donde el impacto de la industrialización y la avalancha inmigratoria ha sido tan descomunal. Es esa sensación invasiva lo que genera en el PNV inicial una respuesta de corte etnicista y ultraconservadora como pura reacción contra la destrucción tan brutal y súbita del orden tradicional. Por eso, insiste Fusi, el PNV surge en Bilbao y hasta 1908 no empezará a expandirse por Guipúzcoa, una provincia mucho más euskaldún. Habrá que esperar hasta1930 para que el nacionalismo tenga alguna implantación en Álava y en Navarra, muy débil en ambos casos.

El PNV empieza una transformación interna hacia 1910 cuando la generación de Irujo, Aguirre y otros empiecen a aminorar el inicial carácter etnicista y a darle un carácter más abierto. De esta época es también la fundación, eso sí, de un sacerdote y bajo la advocación de San Andrés, de ELA/STV que plantea la armonización de intereses entre empresarios y trabajadores vascos en contraste con el planteamiento de pura lucha de clases de la UGT de la época. Lo que se evidencia con estas transformaciones es la discontinuidad de la Historia, nos dirá Fusi. Todos los países cambian y el País Vasco nunca ha sido igual a sí mismo. De hecho, lo natural es cambiar, nos recordará el ponente.

En esta época transformadora el cambio radical lo experimenta Bilbao, mucho más que las otras capitales vascas. En cierto que San Sebastián ha dejado de ser una población fortificada para cambiar de carácter con la moda de los baños de mar, la instauración del juego y la llegada del ferrocarril. Álava y Vitoria y en cierta medida también Pamplona, se mantendrán estancadas hasta 1960 conformando en el caso de la capital alavesa una auténtica ciudad levítica con rentistas, militares y, sobre todo, religiosos.

La trasformación industrial del País tiene también un reflejo cultural en una eclosión de arquitectos como Bastida, Rucabado o Smith, pintores como Zuloaga, Arteta o Regoyos o escritores de la talla de Unamuno, Baroja o Maeztu. Lo que Unamuno llamaba la “honrada poesía vascongada” preindustrial, adquiere una pujanza relevante también en euskera con Ariztimuño (Aitzol) Lauxata y la propia configuración de la Academia de la lengua vasca, Euskaltzandía, por no nombrar las revistas, sociedades culturales, etc, que emergen en la época.

Durante esta época el nacionalismo sigue profundizando en el País, no tanto insistiendo en la identidad vasca en sí misma, sino en el hecho de que esta identidad es constitutiva de una nación diferente a la española. Para cuando llega la II República puede decirse que dos elementos configuran la Historia vasca contemporánea: el pluralismo y la nacionalidad. Y es que, aunque el nacionalismo ha crecido con fuerza a lo largo del nuevo siglo, nunca ha llegado a ser hegemónico. Así el PNV solo ganó las elecciones de 1933. En 1931 ganaron socialistas y republicanos y en 1936 lo hizo el Frente Popular.

Durante la República el PNV persiguió la obtención de un estatuto de autonomía cuya conformación no fue fácil. El primer proyecto de la sociedad de Estudios Vascos fracasó, lo mismo que el propuesto por una mayoría de ayuntamientos en lo que no estaban integrados ninguna de las capitales. En el plebiscito de 1933, Navarra se retiró y Álava votó en contra. Tuvo que llegar la guerra para que se concediera un Estatuto de Autonomía que solo afectó a Vizcaya y a una mínima parte de Guipúzcoa y que prácticamente redactó Indalecio Prieto al dictado telefónico para evitar el alineamiento de un inicialmente dubitativo PNV con las fuerzas insurgentes. Ese Estatuto ató al PNV a la República, como era la intención de Prieto.

La guerra se centró sobre todo en Vizcaya y duró de marzo a junio de 1937 y el esfuerzo bélico vasco no se coordinó con el de la República lo que no puede decirse que constituyera la causa de su derrota, aunque, evidentemente, tampoco contribuyó a evitarla. Lo que resalta el profesor Fusi es que la guerra en Euskadi tuvo mucho de guerra civil entre vascos. No se trata, pues, de un fenómeno que pueda explicarse como una agresión franquista a los vascos cuando a las brigadas carlistas navarras se unieron tantos guipuzcoanos, sobre todo, de la zona de Tolosa, bastión carlista tradicional. Durante la guerra morirían en combate entre 15 y 17.000 hombres a los que habría que añadir unos 5000 represaliados de los cuales unos 1000 fueron perpetrados por los contrarios al alzamiento, aunque, eso sí, su concentración en 15 o 20 días hizo que su impacto fuera muy grande.

Con la posguerra empezó en el País, como en el resto de España, una época oscura, triste y fallida pero que dio paso a otro hito fundacional de la Historia contemporánea vasca: la eclosión del desarrollismo del periodo 1955-1975. Durante este periodo la industrialización se extiende tanto a Álava como a Navarra y lo hace con tal intensidad que para 1975 todo el País acaba siendo un continuum industrial-urbano. Surgen nuevos y pujantes sectores económicos como el energético o la máquina herramienta y se afianza el fenómeno cooperativista de Mondragón. Por su parte, San Sebastián, que siempre tendió a vivir a espaldas a la provincia, se configura como una capital de servicios que llega hasta la misma Éibar tradicionalmente más unida a Bilbao hasta entonces. La macrocefalia vitoriana respecto a Álava se acrecentó y la ciudad curil se transformó en industrial. Algo parecido a lo que sucedió en Pamplona.

Este periodo del desarrollismo tuvo también un reflejo cultural con otra eclosión artística de primerísimo nivel. Además de los Chillida, Oteiza y otros escultores hubo también una proliferación de pintores excelentes desde Zumeta, Ruiz Balerdi o Ibarrola, entre otros muchos, así como literatos o cantautores. De estos años es la basílica de Aránzazu que tiene más de manifiesto que de santuario.

Es también en esta época cuando surge otro hito fundacional, transformador de la Historia Vasca: ETA. De forma tan resumida como precisa, nos dirá nuestro invitado, que ETA no nace de ningún problema previo, sino que ETA se constituye en problema en sí misma. De nuevo trayendo a colación el carácter no determinista de la Historia, nos dice el profesor Fusi que la represión franquista no necesariamente tuvo como resultado a ETA. No fue inevitable que Etxebarrieta matara al agente Pardines y se iniciara así una senda de sangre que tanto dolor trajo consigo y tanto perjudicó al País. Llevar la lucha contra el régimen por la vía violenta fue una opción deliberada que perfectamente podría haberse evitado en una sociedad como la vasca que en los años 60 vivía muy acomodada al desarrollismo franquista. De hecho, nos recuerda el ponente, la causa de la lucha de ETA no fue la democracia como acredita que su máxima intensidad ocurriera cuando la transición había tenido lugar y el Estatuto de Autonomía estaba en vigor. En definitiva, ¿cómo pudo ocurrir? y “violencia ¿para qué?” son las grandes preguntas que plantea este hito de la Historia contemporánea vasca.

Finalmente, el último de los grandes hitos fundacionales de la Historia contemporánea del País es la constitución del Gobierno Vasco bajo un Estatuto que confiere a Euskadi un grado de autonomía que no lo ha tenido en ningún momento previo de su historia. Una sucesión de Gobiernos con mayor o menor hegemonía del PNV, pero siempre bajo su titularidad se han mantenido en un tono discreto y sereno, huyendo de los extremos y centrándose en una gestión eficiente que ha sido capaz de superar una reconversión industrial enorme para crear una base económica más diversificada y tecnológicamente puntera.

A pesar de que los sucesivos gobiernos vascos no han cejado de ahondar en una cierta construcción nacional nacionalizando fiestas, denominaciones o instituciones, la sociedad vasca sigue siendo plural y tolerante y que, bajo gobiernos nacionalistas moderados ha tenido también un reflejo cultural relevante como muestra, entre otras muchas cosas, la formidable proliferación de museos e infraestructuras culturales de todo tipo.

Juan Pablo Fusi Aizpurua (San Sebastián, 24 de septiembre de 1945)[3] es un historiador español, centrado fundamentalmente en la historia de España contemporánea y, especialmente, sobre el País Vasco y los nacionalismos. Es discípulo de Raymond Carr.

Es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Filosofía y Letras (Historia) por la misma universidad.

Asimismo, es doctor en Filosofía por la Universidad de Oxford y recibió el título de doctor honoris causa en Humanidades de la Universidad de Nueva York.

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La educación en Euskadi, cuando más y más es menos y menos. Con Ricardo Arana (26 Junio 2025)

Un relato serio debe apoyarse en datos, nos dice el ponente Ricardo Arana. Pues bien, apoyándose en datos incuestionables, el análisis de nuestro sistema educativo evidencia sin paliativos el enunciado de la ponencia, esto es, que el incremento cuantioso y progresivo de recursos aboca a resultados cada vez peores. En otras palabras, “cuando más y más es menos y menos”.

En efecto, los recursos que la CAPV destina a su sistema educativo alcanzan niveles muy grandes que, no solo lo ponen en cabeza destacada del resto de CCAA españolas, sino que lo equipara al de los países europeos más avanzados en la materia. Lo mismo da que nos fijemos en la escuela pública que en la privada en la que los modelos de concertación son igualmente los más altos.

Cualquiera de los baremos que utilicemos refleja la misma realidad: los salarios del personal docente son de inicio los más altos de España y casi de Europa. El promedio de centros es mayor que el de aquellas CCAA que por su extensión y dispersión poblacional los tienen que multiplicar más. Si es los alumnos donde ponemos el acento, la CAPV es la Comunidad Autónoma que antes inicia la escolarización, con el 90% de los niños de 2 años escolarizados, y es la que más tiempo los mantiene en el sistema, es decir, más allá de los 16 cuando no de los 18 años.

Este esfuerzo inmenso obtiene resultados muy magros en los dos elementos angulares de todo sistema educativo: el rendimiento educativo y la equidad, esto es, la capacidad del sistema de convertirse en el ascensor social que dote a cada alumno de los conocimientos y herramientas para desarrollarse como persona y progresar en la vida más allá de su punto de partida socioeconómico. Son en estos dos factores los elementos en los que se apoyan las naciones para hacer realidad valores constitucionales como la libertad, la igualdad o la pluralidad y para, de manera aún más general, impulsar el progreso.

Pues bien, fallamos en ambos objetivos y lo hacemos con estrépito. Los datos que arrojan los distintos baremos como PISA y otros son indubitados y demoledores. Por ejemplo, PISA divide de forma resumida a los alumnos en cuatro niveles, desde el inicial, el más precario, hasta el excelente. Pues bien, en competencia científica los primeros datos de los que disponemos, los de 2012, nos mostraban que el 12% de los alumnos estaban en el nivel inicial y el 5% en el excelente. 10 años después, en 2022, el nivel básico había alcanzado el 21%, o sea, cerca del doble y el excelente se había reducido a un exiguo 3%. En competencia matemática que es el ámbito en el que más destacamos, en 2012 un 16 % del alumnado vasco estaba en el nivel inicial cuando los expertos alertan que ya el 15% está señalando la existencia de un problema. El nivel excelente llegaba entonces hasta el 10%. Pues bien, en 2022 el nivel inicial había alcanzado el 23% de los alumnos y los excelentes se habían reducido a la mitad, el 5%.

Pero es la competencia más elemental de todas, la lectora, en la que los datos son especialmente demoledores. Si en 2012 teníamos un 14% del alumnado en el nivel inicial y un 5% en el excelente, una década después el nivel inicial alcanzaba el 26% y el excelente se había reducido a un 3%.

Visto en toda su crudeza, estos datos revelan que más de una cuarta parte de las chicas y chicos de 15 años no son capaces de entender un texto que no se refiera a su entorno inmediato.

Si los datos desnudos son preocupantes, los comparativos devienen a. La Comunidad Autónoma que, por recursos empleados, debiera ocupar el primer puesto, por resultados globales en todas las competencias ocupa el puesto 14 de las 17 CCAA. Si comparamos solo a los excelentes entre sí, la comparativa es aún peor: somos los anteúltimos.

El otro gran objetivo de todo sistema educativo es la equidad. En este campo la población inmigrante es la que sale especialmente perjudicada. No hay que olvidar que nuestra bajísima tasa de natalidad hace que ya hoy en día el 30% de los nacidos en Euskadi tenga padres foráneos. Y, claro está, la proporción no va a dejar de aumentar. Es importante, vital, que semejante volumen del alumnado reciba la educación adecuada.

Pues bien, no está siendo así. Los resultados indican que avanzamos hacia un sistema, no ya separador, sino directamente segregador. Si nos ceñimos a nuestro indicador estrella, la competencia matemática, vemos que ocupamos el noveno puesto en el conjunto de las CCAA. Pues bien, si medimos esa competencia entre el alumnado autóctono, avanzamos un puesto hasta el octavo. Pero, si medimos la competencia matemática entre el alumnado inmigrante bajamos hasta el puesto 16, el ultimo, porque Extremadura no hace esta comparativa. Pero esto no es todo. La gravedad de la situación se evidencia cuando medimos la capacidad matemática de los chicos de familias inmigrantes que ya han nacido en España, comprobamos que ocupan también el puesto 16. O sea, nuestro sistema educativo no ha aportado nada a los nacidos en España respecto a los nacidos fuera.

Cualquier indicador que cojamos nos lleva a los mismos resultados. Así, da igual fijarse en el nivel de resiliencia, esto es, el del número de alumnos que partiendo de las peores condiciones socioeconómicas obtienen, sin embargo, los mejores resultados, porque ocupamos en penúltimo puesto. Tampoco las diferencias entre centros públicos y privados cambian las cosas. De hecho, a pesar de la plurifinanciación que obtienen, los privados arrojan resultados comparativos respecto a otras CCAA aún más pobres.

Estamos, evidentemente, ante un sistema educativo que está fallando con claridad en sus objetivos básicos y que el aumento sostenido de recursos económicos no corrige. Es más, las caídas en los resultados no son puntuales, sino que conforman una curva descendente paulatina y sostenida en el tiempo. No es, pues, esta circunstancia o aquella pandemia la que provoca un descenso sostenido.

Identificar las causas de este deterioro progresivo que el incremento de recursos no pude paliar, apunta necesariamente a una pluralidad de factores. No es menor el escaso componente vocacional del profesorado que, entre otros factores, redunda en un absentismo alto que, a su vez, provoca una cadena de sustituciones. La propia carrera de magisterio admite, no solo a las personas vocacionales sino a todos los que no han podido estudiar otras carreras de su preferencia. Tampoco el diseño de la propia carrera docente resulta incentivador cuando el salario inicial, alto en comparación a otros sistemas, es demasiado parecido al salario final y cuya única posibilidad relevante de crecimiento es por actividades no propiamente docentes. En definitiva, causas de este panorama pueden apuntarse muchas. Ahora bien, entre todas ellas destaca una que constituye una verdad incómoda: la política lingüística. Obviamente, el ponente no se refiere al euskera en sí, tan válido para la enseñanza como cualquier otro idioma. La causa angular del panorama educativo descrito es el empeño en generalizar la enseñanza en un idioma que la mayoría de los alumnos no entiende o no entiende bien porque no es la lengua que se habla ni en su casa, ni en su entorno social. Así los resultados buenos devienen imposibles.

Cuando solo entre el 25 y el 30% de los alumnos vascos utilizan el euskera en su casa y su entorno tenemos que el 83% del alumnado se escolariza en el modelo D, esto es, exclusivamente en euskera. En otras palabras, el 70% de los alumnos vascos estudia en una lengua que no utiliza y que, nos llama la atención el ponente, no entiende bien. Y es que este último punto es crucial: esta forma de impulsar el euskera en nuestro sistema educativo, no solo lo lastra en sus resultados académicos o en su capacidad de aportar equidad; es que no está sirviendo para impulsar el euskera.

Los datos también aquí resultan abrumadores. Para medir la competencia en euskera las evaluaciones propias utilizan tres niveles, inicial, medio y avanzado. No resulta sorprendente que el número de alumnos que se encuentran en el nivel avanzado de euskera, el 14%, coincida con el porcentaje que usa el idioma en casa y en su entorno. Pues bien, contra toda evidencia el objetivo académico ahora fijado por el sistema es que todos los alumnos alcancen un nivel B2 tanto en euskera como en castellano. Pues bien, el B2 en euskera solo lo consiguen un 33%. De ellos, tres cuartas partes son vascohablantes en casa y en su entorno. El cuarto restante, pertenece a familias con los posibles necesarios para sufragar los refuerzos necesarios.

Resulta claro que un sistema que utiliza una sola vehicular funciona allí donde esa lengua es de uso generalizado (aunque, habría que resultar que en estas áreas es la competencia en castellano la que se resiente). Pero es igualmente obvio que imponer como lengua vehicular la que no se utiliza genera unos resultados altamente deficientes en lo académico y en lo equitativo. Y, además, tampoco logra impulsar el idioma cuyo uso se quiere generalizar.

Estamos ante un problema de gran dimensión que no se quiere admitir, que no se quiere ver y, lo que es más grave, no se quiere que sea visto. En los últimos años nuestras autoridades educativas no hacen más que ocultar datos y abandonar evaluaciones y comparativas que evidencian la gravedad del problema.

La cuestión es que un sistema educativo disfuncional tiene unas derivadas que comprometen al propio País. Cuando en el último informe de Confebask y el Gobierno Vasco señala que el sistema productivo vasco necesita 20.000 personas con cualificación STEAM, tenemos que el número coincide con el total de nuestros alumnos en los niveles superiores de la educación obligatoria de los que una cuarta parte no es capaz de entender un texto y si tenemos en cuenta los que superan el nivel inicial de competencia científica, estamos por debajo de esa cifra. Esto es, no tenemos ni candidatos suficientes para estos puestos. Pero, no es solo eso. Es que los alumnos de origen inmigrante aumentan extraordinariamente cada año y son, precisamente, a los que peor cualificación aportamos. Desgraciadamente, las perspectivas negativas proliferan: Cuando las encuestas preguntan a nuestros chicos qué hacen en su tiempo libre, la lectura ocupa el anteúltimo lugar solo por encima de “no hacer nada”. En la utilización de los móviles somos la única Comunidad Autónoma que no lo regula, sino que lo deja al arbitrio de cada centro, etc.

En definitiva y a modo de conclusión, nos dice Ricardo Arana, la asignación de recursos por cuantiosos que sean no mejora, ni los resultados educativos, ni la equidad del sistema, ni el fomento de la euskera cuando se insiste en lo que no se quiere ver y no se quiere que se vea, a saber: que la utilización como lengua vehicular educativa de un idioma que no se usa ni en el la familia ni en el entorno social nos aboca a un abismo que compromete el desarrollo de las personas y el propio futuro del País.

Ricardo Arana, docente y periodista, ha desarrollado una larga carrera profesional en ambos campos habiendo sido, entre otros cargos y funciones, responsable de la Federación de Enseñanza y del área de comunicación de CCOO y también del Departamento de Educación del GV con Isabel Celaa. Actualmente, escribe en El Correo sobre la problemática de la educación, especialmente, en la CAPV.

Ricardo Arana

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Evolución del Coronavirus, COVID de larga duración y vacunas. Con Luis Enjuanes (29 Mayo 2025)

Los virus no son organismos vivos, nos decía el ponente Luis Enjuanes, uno de los virólogos más acreditados de España. Y no lo son, añadía, porque, a diferencia de las bacterias, por ejemplo, los virus no tienen entidad propia para vivir y reproducirse, sino que utilizan las células en las que se introducen, que infectan, para alimentarse y crecer.

Los virus interactúan con los genes de las células en los que se introducen lo que impulsa su variabilidad casi al infinito. Puede decirse, afirmaba el ponente, que no hay dos virus con el genoma RNA iguales.

En la composición de los virus resulta crucial si genoma. Si éste contiene ácido desoxirribonucleico, ADN, ese virus no muta o tiene una mutabilidad muy reducida. Si, por el contrario, el genoma del virus contiene ácido ribonucleico, ARN, muta constantemente en un proceso, digamos, de reinvención extraordinariamente rápido y prolijo.

Los virus, por lo general, son específicos para cada especie y no suelen saltar de una especie a otra salvo unos pocos que los convierte en extraordinariamente peligrosos para la especie que colonizan si no ha desarrollado defensas específicas contra ellos.

Pues bien, el coronavirus reúne características que lo hacen especialmente peligroso. Para empezar, su variabilidad es extrema. Prácticamente cada especie, nos decía Luis Enjuanes, tiene sus coronavirus particulares. Además, es un virus cuyo genoma es ARN, esto es, muta constantemente. Finalmente, el coronavirus es de los virus que salta de una especie a otra. El conjunto concurrente de estas características en un solo virus es la que le da al coronavirus una letalidad elevada y lo hace particularmente difícil de combatir.

El origen del coronavirus está en el murciélago desde donde salta a otras especies. El murciélago es, nos dice Enjuanes, un animal particularmente peligroso por la cantidad de virus que su organismo alberga de manera inocua para los murciélagos pero que resultan mortales para otros seres vivos; por ejemplo, para el hombre.

Con esa forma esférica y las protuberancias que lo hacen tan característico y que le facilitan adherirse a las células que infecta, se conocen 9 clases de coronavirus de los que se han aislado 7. De estos 7, cuatro llevan con nosotros desde los años 60 y 70 del siglo pasado y, atenuados como están, todos hemos padecido pequeñas dolencias relacionadas con los mismos, desde resfriados a las conjuntivitis de piscina de nuestra niñez.

Sin embargo, hay tres variantes de coronavirus que resultan mortales para nosotros. Por esa razón, su estudio requiere de laboratorios de alta seguridad como los que existen en España desde 2002.

El primero de estos coronavirus, el SARS-CoV apareció a principios de este siglo, infectó a unas 8000 personas, se extendió por 29 países y mató a 800 personas, un 10%, esto es, una tasa de mortandad alta.

La capacidad del SARA-CoV de saltar de una especie a otra que se ha mencionado, hace que su aparición sea más frecuente en China donde se comen toda clase de animales. Esta variedad concreta apareció al sudeste de China, cerca de Hong Kong, y, tras analizar los distintos animales que se vendían en los mercados locales, tales como mapaches, visones o civetas se pudo comprobar la variedad que se había identificado en humanos era la misma que tenían las civetas. Quedó asícomprobado que, aunque inicialmente el coronavirus viene del murciélago, fueron las civetas o, mejor dicho, su ingesta, lo que lo transmitió a los humanos.

La segunda de las variedades mortales del coronavirus fue la del MERS-CoV que apareció en 2012 en Arabia Saudita. Su transmisión a los humanos fue también un caso de zoonosis, esto es, de salto del virus de una especie a otra. Esta vez, la transmisión venía del camello favorecido por el estrecho y próximo contacto que se mantiene con este animal en la península arábica. Los infectados por el MERS-CoV fueron menos, 2.650 personas, pero su mortalidad era muy alta: un 37% de los infectados. Más de uno de cada tres.

El más letal de los coronavirus fue el SARS-CoV-2 que apareció en Wuhan, de nuevo, en China, en el 2019. Esta variedad infectó a 777 millones de personas, se extendió por 235 países y, aunque menos letal que su variable arábica, mató al 2% de los infectados: millones de personas.

El SARS CoV 2 también surgió en un mercado, esta vez asociado a los mapaches, desde donde se extendió favorecido por múltiples factores entre los que el paso del Yangtsé por la ciudad no era el menor de ellos. El que en Wuhan estuviera también ubicado un laboratorio de alta seguridad dedicado al estudio de los virus, facilitó que personajes de la relevancia del presidente de los EE. UU. se empeñaran en atribuir la pandemia al descuido o la intención de este laboratorio. No existe, sin embargo, evidencia alguna que permita sostener esta acusación. Muy al contrario, el análisis de los excrementos de los mapaches del mercado permite atribuir con una seguridad rayando en el 100%. la extensión del SARS-CoV-2 a un claro caso de zoonosis.

Hoy en día, seis años después de la eclosión de la mayor pandemia mundial desde la fiebre española de 1918, el coronavirus infecta a 3.600 personan al día y perecen, también cada día, 80 personas.

Son cifras muy pequeñas que permiten afirmar que el SARS-CoV-2 está controlado.

Más seria, nos dice Luis Enjuanes, es la problemática de la enfermedad COVID 19 de larga duración. La padece 68 millones de personas en el mundo y sus variantes son muy numerosas. No solo hay que contar entre estas variantes las más de 200 identificadas, sino que, al combinarse entre sí, su variabilidad explosiona y se manifiesta en distintas dolencias que van, literalmente, desde la cabeza a los pies.

Básicamente, el COVID de larga duración denota que el virus sigue actuando en el cuerpo. Aunque su ubicación preferida es el tracto intestinal, a veces se esconde en partes de cuerpo que conforman conjuntos semiautónomos como el globo ocular o los testículos masculinos donde el sistema inmunológico actúa con menos efectividad. Además, su división y subdivisión constante llega al punto de perder partes de su genoma con el objeto de hacerlos más difícilmente identificables por el sistema de defensa inmune.

Las patologías que genera, según el ponente, pueden ser muy serias, tanto que pueden atacar al propio sistema inmunológico, provocar inflamaciones crónicas o generar micro coágulos que pueden hacer colapsar distintas partes de nuestro cuerpo. Por si no fuera suficiente, el COVID de larga duración tiene también la capacidad de reactivar enfermedades que se tenían por controladas como la varicela.

Contra la enfermedad Covid-19 persistente se han desarrollado medicamentos como la Metformina que son aplicables a dolencias muy específicas, pero, aunque todavía no contamos con una solución general a sus diversas manifestaciones, se está comprobando que medicamentos contra otras dolencias como la diabetes de tipo 2, resultan efectivas contra el COVID persistente.

Finamente, Luis Enjuanes abordó la cuestión de las vacunas. Su efectividad, nos dice el ponente, depende en primer lugar del genoma del virus. Si contiene ADN, estos. Virus mutan muy poco y las vacunas provocan inmunidades muy prolongadas como las de la viruela que sigue siendo efectiva en nosotros 60 años después de inoculada. Sin embargo, virus con genoma ARN, como la gripe o el SRS-CoV-2, mutan constantemente lo que nos obliga a generar vacunas específicas cada año.

Para desarrollar las vacunas, los investigadores intentan identificar las bases moleculares de cada virus para diferenciar de entre ellos, los genes responsables de su virulencia. En este proceso se van seleccionando los distintos para inocular los virus defectivos resultantes y ver los que son responsables de la virulencia del virus, para atenuarlos y convertirlos en vacunas.

En esta labor, los laboratorios españoles están muy avanzados, nos dice Luis Enjuanes. En conexión intensa con laboratorios de todo el mundo, particularmente con los estadounidenses, y apoyándose en esos laboratorios de seguridad creados en 2002, la investigación española va desarrollando vacunas específicas, por ejemplo, las que deben inhalarse lo que, en consecuencia, las dirige directamente al pulmón para inducir una respuesta inmune en el aparato respiratorio que es donde se necesita.

Las vacunas son uno de los grandes descubrimientos de la Humanidad. Aunque su efectividad vaya disminuyendo con la edad, nuestro ponente nos recomienda encarecidamente vacunarnos con cuantas vacunas se nos ofrezcan y ello, no solo por la dolencia específica contra la que nos previenen, sino porque se ha demostrado que los potenciadores de unas vacunas refuerzan a otras.

En este campo España cuenta con un plantel extraordinario de profesionales y científicos, no solo en los laboratorios ubicados en el país, sino en la pléyade de especialistas respetadísimos diseminados por la UE y, sobre todo, por EE. UU. El coloso americano lo sigue siendo también en esta materia a pesar del dislate que supone que su presidente tenga a un declarado antivacunas cono secretario de Sanidad.

El químico y virólogo Luis Enjuanes es un especialista en coronavirus, autor de casi 60 libros, 250 artículos, miembro de la Academia de Ciencias Naturales de España y de EE. UU. y Premio nacional de Biotecnología y también del Premio Nacional de Investigación en Medicina Gregorio Marañón.

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Nutrición, estilos de vida y procesos de envejecimiento. Con Javier Aranceta (24 de Abril de 2025)

Somos una sociedad que envejece. Solo en Euskadi, más del 20% de la población tiene más de 65 años y los centenarios se acercan ya a los 1000 individuos. Pues bien, nos dice el ponente, no se trata tanto de vivir más como de vivir mejor. Y ello tanto por nuestro propio bienestar personal pero también como una forma de responsabilidad colectiva que alivie de tensiones al sistema sanitario y el entorno familiar y social.

Envejecer, nos dice Javier Aranceta, es, básicamente, la combinación de dos factores: la deshidratación y la oxidación de nuestro cuerpo. Ambos dependen de factores propios, genéticos, pero también de elementos externos, es decir, epigenéticos. Los internos son factores que empiezan a configurarse en el momento mismo de nuestra fecundación. La conexión entre la pediatría y la geriatría es cada vez más intensa. Por eso mismo, desde la fecundación empiezan ya a configurarse los primeros elementos que van a determinar nuestra vida y nuestro tipo de envejecimiento. En las fases adultas avanzadas se observa el desarrollo de células zombis que contagian a las sanas provocando procesos inflamatorios de baja intensidad, hasta las disfunciones mitocondriales que nos irán restando energía y procesos funcionales adecuados. Por eso, también la fecundación debiera programarse en todos sus factores como se programa un viaje, el viaje de la vida, en este caso.

Pero aparte de nuestra carga genética, otros factores externos, epigenéticos, van influyendo en el envejecimiento. Así, pequeñas micro infecciones bucales pueden ir provocando otros procesos inflamatorios más graves que pueden llegar a desembocar, ni más ni menos, que en la aparición del Alzheimer o en alteraciones de otros órganos nobles. Son también factores externos los que provocan la senescencia celular, esto es, la proliferación de células envejecidas que el organismo no elimina como debiera y que aceleran el envejecimiento de las células sanas, la disminución de determinadas sustancias o tono muscular junto con la disfunción mitocondrial por la que la mitocondria pierde su capacidad de aportar energía, también la necesaria para desarrollar actividades elementales como caminar o abrir un bote de mermelada. Igualmente, son factores externos los que van aumentando o disminuyendo la producción de elementos esenciales como las hormonas, desde la testosterona a la hormona del crecimiento, que nos restan lívido o fuerza mientras que la aparición de otras como el cortisol nos generan, entre otras cosas, irritabilidad.

Ahora bien, si hay un elemento que interfiere en el envejecimiento es la microbiota, esto es, los microorganismos que anidan en el tracto intestinal sobre todo en el colón. Es en este punto donde actualmente se concentra la investigación de mayor calado dada la evidencia de que es en nuestro intestino donde se procesan las sustancias de las que nos alimentamos y de esa función se generarán o no elementos esenciales en el funcionamiento del cuerpo en una conexión muy intensa con el cerebro; el denominado eje intestino-cerebro. Será un deficiente funcionamiento y composición de la microbiota la que genere o favorezca enfermedades y, en nuestro caso, empeoren el perfil de envejecimiento. Así, por ejemplo, es el órgano funcional donde se generan o no, o lo hacen de manera insuficiente, los ácidos grasos de cadena corta que permiten contrarrestar aquellas inflamaciones bucales o sistémicas de tan negativas consecuencias.

La microbiota no es solo cuestión de buen o mal funcionamiento.  Su distinta composición genética puede determinar, por ejemplo, nuestra propensión a la obesidad o a la delgadez. La microbiota es también un entorno que puede ser profundamente alterado. Algunos de esos factores se adquieren en el nacimiento por vía vaginal y no se encuentran en los nacidos por cesárea. Otros van siendo determinados por nuestra alimentación. Así, por ejemplo, las carnes rojas aportan elementos positivos, pero si se ingieren en exceso también producen elementos negativos que, a su vez, pueden ser contrarrestados, al menos en parte, por los polifenoles que aportan alimentos vegetales crudos de hoja verde. En definitiva, la microbiota resulta esencial en el envejecimiento y en la salud. Por eso es importante ingerir alimentos que la favorezcan como los yogures, o el kéfir, componentes probióticos de interés en su formato natural sin azúcar añadido. Otros de acción positiva son los prebióticos como la cebolla, el ajo o las alcachofas que nos aportan fibra. Los hay también de acción mixta, los que reúnen ambas cualidades, los simbióticos (yogur con fruto oligosacáridos).

Además de un buen conocimiento del influjo de la alimentación en la microbiota, la ciencia médica está desarrollando distintas técnicas para ralentizar el envejecimiento. En este sentido, se puede mencionar el desarrollo de fármacos seno líticos o alimentos con componentes seno líticos (fisetina, quercetina…) que contrarrestan los factores que favorecen el envejecimiento o el empleo de la crioterapia médica, esto es, la inmersión en piscinas de agua helada. Ahora bien, entre estas técnicas novedosas hay que reseñar la plasmaféresis, la incorporación de elementos jóvenes en organismos maduros, entre las que se podría considerar el trasplante fecal que incorpora heces jóvenes en organismos mayores y que tan buenos resultados están dando. Se plantea el interés de los bancos de heces para guardar heces de etapas jóvenes y saludables para tener la posibilidad de un trasplante autólogo en periodos de vejez o enfermedad posterior.

Pero en un buen envejecimiento hay mucho que está en nuestras propias manos, nos recuerda el ponente. Es importante cuidar los factores ambientales para un envejecimiento saludable (alimentación, actividad física, higiene del sueño, actividades sociales y equilibrio emocional).

En primer lugar, está hidratarse como es debido. No se trata solo de beber líquidos sino de incorporar sustancias que permitan al agua entrar y salir de las células. Las heces, pero sobre todo la orina, su color, es un buen indicativo de que se está realizando bien la función de arrastrar los deshechos del cuerpo.  Todos los líquidos que ingerimos contribuyen a una ingesta que debiera alcanzar dos litros diarios en condiciones normales. Esta cantidad se debe aumentar en caso de ambiente caluroso, actividad física, vómitos, diarrea y diuresis aumentada.

Otro elemento esencial es la alimentación. Debemos tener en cuenta que nuestro rendimiento metabólico empeora con la edad por lo que el cuidado de lo que ingerimos es cada vez más importante y los equilibrios necesarios cada vez más delicados. Por ejemplo, somos agua y proteína por lo que en el envejecimiento hay que incrementar un poco los aportes de proteína de buena calidad, pero no demasiado para no sobrecargar al riñón.  Los equilibrios, pues, se van tornando más delicados.

Unos alimentos tienden a compensar los efectos de otros. Ya hemos mencionado los polifenoles de las hojas verdes para contrarrestar los efectos negativos de las carnes rojas o el exceso de ejercicio físico de los deportistas profesionales que generan los radicales libres y que produce un envejecimiento excesivo en muchos de ellos. También los ácidos grasos omega-3 que se encuentran en las nueces o en algunas especias contribuyen en esta función compensatoria. En este mismo orden de ideas, el clavo de olor incorporado al aceite de oliva reduce los elementos negativos que se desatan al freírlo. El omega 3 que aportan algunos alimentos, como las mencionadas nueces o el salmón, es un elemento comprobadamente beneficioso para el mantenimiento de una buena salud.

Alimentos que favorecen un buen envejecimiento hay muchos. Por mencionar solo algunos, son especialmente indicados los frutos rojos y morados, arándanos, frambuesas, fresas, etc., que son buenos antioxidantes y, por lo tanto, portadores de factores de antienvejecimiento. Esta misma función hacen los cítricos, naranjas o limones, aunque no los pomelos. A su vez, vegetales de colores brillantes y anaranjados como zanahorias o calabazas, entre otros, favorecen una mejor visión. También pueden mencionarse como especialmente beneficiosos los granos naturales o los panes hechos con masa madre. El aceite de oliva virgen extra es, como suele repetirse, puro oro alimenticio. Como el aceite es una grasa, contiene antioxidantes para evitar, precisamente, que se oxide. Tiene también un notable efecto antiinflamatorio debido a una substancia, el óleo cantal, especialmente presente en variantes como la elaborada con aceituna picual. La variedad de la manzanilla cacereña es, probablemente, la más equilibrada. Entre otros muchos, el ponente también menciona la uva cuyo componente antiinflamatorio es más potente en las variedades más oscuras.

Siguiendo con la alimentación, resulta comúnmente aceptado que la dieta mediterránea resulta especialmente saludable. Poca lactosa y poca carne junto a mucha fruta, verdura, aceite, frutos secos o pescado dan resultados positivos contrastados. Un reciente estudio de National Geographic sobre la alimentación de aquellas poblaciones con una especial abundancia de centenarios (zonas azules) observan una ingesta particularmente abundante de alubias oscuras, col rizada, uvas y nueces, especias, salmón o café.  Sobre esta última sustancia, nos recuerda el ponente que el café tiene componentes beneficiosos y otros que no lo son tanto. En todo caso, con moderación, es conveniente optar por variedades arábicas, de tueste natural y no torrefactos o similares y hacer el café en melita, en el primer filtrado con papel, evitando la reutilización de las borras.

Hay, nos recuerda Javier Aranceta, otros factores importantes que influyen en un buen envejecimiento además de los derivados de la alimentación.

Un factor especialmente relevante para un envejecimiento saludable es el ajuste calórico. Tenemos que comer menos. Está comprobado que bajar el consumo de calorías aumenta la longitud de la vida. Es importante también una buena higiene del sueño. Dormir mal empeora el proceso de envejecimiento. Durante el sueño, al menos, 7 horas, el cuerpo repara y, digamos, resintoniza el organismo por lo que es importante adquirir hábitos que lo favorezcan como adaptarse a horario fijo de sueño, tomar una cena ligera o evitar pantallas y otros elementos excitantes antes de dormir.

El ejercicio físico es también uno de los elementos clave para conservar la salud y garantizar un bien envejecimiento. Es importante llevar a cabo ejercicios y actividades que potencien tanto la resistencia como la potencia que deriva de la masa muscular lo que, a su vez, genera antioxidantes.

La actividad física tiene otro elemento esencial para el buen envejecimiento cuál es su aporte a un buen equilibrio emocional. Una psicología equilibrada facilita una buena vejez como facilita una buena vida. Por eso, tanto la realización sistemática de juegos mentales como una actividad social o solidaria relevante favorecen nuestro bienestar en todo momento de la vida, pero, especialmente durante nuestra senectud.

En definitiva y como resumen de su disertación ante el Foro de los Diletantes, Javier Aranceta, concluye enunciando que un buen proceso de envejecimiento tiene que ver con tres aspectos clave: la nutrición, el ejercicio físico y mental y una actitud positiva general hacia la vida. Todos ellos, factores que están en nuestras propias manos, para vivir más, pero, sobre todo, con mejor calidad de vida. Años a la vida y vida a los años es el deseo que Javier Aranceta traslada al Foro de los Diletantes.

Javier Aranceta es doctor en Medicina y doctor (PhD) en Nutrición. Ha desarrollado una extensa carrera médica, administrativa, docente y de investigación. Entre otros cargos actualmente es el Presidente de la Academia Española de Ciencias de la Nutrición.

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Una mirada abierta al Islam y a la España Islámica. Con Felipe Vidales (27 de Marzo de 2025)

El historiador Felipe Vidales nos enfrenta a una mirada abierta al islam que nos ayuda a superar el hálito de fundamentalismo religioso que lo envuelve en la actualidad. Eso es, nos dice el ponente, solo una parte de un fenómeno histórico en el que hay que distinguir entre este islam actual y lo que durante 15 siglos han sido dos cosas diferentes: la religión islámica de un lado y, de otro lado, la cultura islámica, mucho más amplia.

Entender cabalmente lo que el ponente plantea al Foro presupone entender la Historia, no como una sucesión de hitos, muchas veces desapercibidos para quienes los viven, sino como un fluir continuo en el que las sociedades van transformándose de una cosa a otra. Entendido así, como un fluir constante, debemos tener en cuenta que el islam surge con Mahoma, sí, pero en un momento, en unas circunstancias y hasta con unos contenidos de los que desconocemos casi todo. Sabemos, sin embargo, que se extiende pronto por un entorno profundamente helenizado en el que empieza a convivir con las dos religiones entonces preponderantes, el judaísmo y el cristianismo, que comparten origen y relato. También lo hará con otra multitud de variantes, herejías dirán algunos, dentro de las que se incardina esa nueva variante que es la formulada por Mahoma. Lo hará, no obstante, desde el profundo respeto hacia lo que denomina “religiones del Libro”. Nos consta también que cuando este credo incipiente se extiende por un territorio tan helenizado se permea de la cultura clásica como puede apreciarse, por ejemplo, en los restos del califato de Damasco llenos de frisos e imágenes, algunas con mujeres desnudas incluidas, tan grecolatinas. Hay que esperar más de 200 años y a la constitución del califato en Bagdad, territorio persa, no arábico, para que se conformen grupos de trabajo que van a formular el Corán que conocemos y, con el mismo, los fundamentos canónicos de la religión musulmana. Hasta entonces lo que conocemos es muy, muy poco.

Lo que sí sabemos, sin embargo, es que el islam, más como cultura que como religión, se ha ido propagando a través del comercio por las ciudades costeras del Mediterráneo. El islam no es, pues, una doctrina de camelleros surgida de los desiertos de Arabia. Al contrario, es más un fenómeno urbano que se extiende por ciudades de profunda tradición grecolatina que, en ese fluir de la Historia que propone Felipe Vidales, van entremezclando el legado helenístico en la filosofía, la física o la astronomía con el saber hidráulico, culinario o, ese hallazgo tan trascendental para el devenir de la Humanidad que es la numeración islámica con el prodigioso 0, cero, incluido. Así pues, el islam surge, se extiende y de alguna forma se integra en un entorno que recientemente se ha denominado la Antigüedad tardía. Es más, muchos de los contenidos de esa Antigüedad son salvados y nos llegarán a través de fuentes islámicas.

Esta extensión del islam por el Mediterráneo también llega a la península ibérica, pero, seguramente, más de una forma paulatina desde el siglo VII, que, a través de una invasión en una fecha concreta, el 711, con una batalla mítica, Guadalete, de la que no queda ni una sola huella. Todavía bajo el califato Omeya de Damasco, tan profundamente bizantino, es difícil imaginar mandato de conquista alguna. Lo que sí parece es que una llegada más intensa de gentes islamizadas, probablemente, más por Levante que por el Estrecho, provoca el colapso del reino visigodo. Los recién llegados se extienden con facilidad y rapidez a base de capitulaciones con las distintas ciudades respetando a quienes querían conservar su religión, cristianos y judíos, ambas religiones del Libro. De nuevo, concebir la Historia como un fluir explica este tranquilo tránsito de la península ibérica hacia una islamización, insiste el ponente, más cultural que religiosa y que explica la coexistencia con judíos y con esos hispanos, más o menos islamizados pero que mantienen la religión cristiana: los mozárabes.

El desorden inicial termina a mediados del siglo VIII con Abderramán I, un Omeya. La presencia de la cultura islámica se extiende y Córdoba se erige como capital del nuevo orden. Este mundo que se está consolidando en la península, nos dice Vidales, es una extensión del que ha venido propagándose por el Mediterráneo ensamblando un inmenso territorio que va desde Portugal hasta el Indo. La globalización no es, pues, de ahora. En ese gran entorno, ya para el siglo X, la península, con la excepción de la franja cantábrica y pirenaica, se ha islamizado casi en su totalidad, se ha transformado en Califato y Córdoba es la nueva Alejandría de la época.

Mientras tanto, al norte de los Pirineos, Europa espera aterrada el fin de los tiempos el año 1000. Es difícil imaginar un contraste mayor de una sociedad temerosa, hostigada por los vikingos, fanatizada en lo religioso, ruralizada en lo económico y aislada en lo cultural que era la Europa altomedieval con esta civilización islámica, no exclusivamente musulmana sino multirreligiosa, que ha ido empapando paulatinamente a los antiguos habitantes de la península en ese fluir, de nuevo, de la Historia. Pero, atención, nos dice Vidales, se trata de la población española, si puede hablarse en esos términos. No son extranjeros venidos de fuera. Son los mismos que ya estaban en la península que se han islamizado como antes se romanizaron.

Ahora bien, si no hay invasión propiamente dicha y si no hay conquista, no hay reconquista. Ese gran mito que ha construido España y la identidad española a la contra, es decir, como una recuperación, como una reconquista, de lo que había antes de la llegada del islam, es falso se mire desde donde se mire. Albacete, Cuenca, Guadalajara o el mismo Madrid son ciudades de creación islámica; no se reconquista lo que no existía; ni se reconquista Navarra, ni se reconquista el Norte de África cuando tras la caída de Granada se cruza el otro lado del mare Nostrum.

De la misma manera que ha habido un fluir, un tránsito, hacia lo islámico, empezará un fluir hacia lo cristiano según los reinos del Norte se expandan hacia el Sur, sobre todo, desde el colapso del Califato en 1031 y su fragmentación en una multitud de débiles reinos taifas. Serán algunos de estos reinos quienes, ante el creciente acoso cristiano, recurran a sus correligionarios del Norte de África, almorávides y almohades, quienes traerán consigo un fundamentalismo musulmán bastante alejado de la tradición andalusí. También, por su parte, desde el Norte europeo llega el integrismo cluniacense y las corrientes arquitectónicas que lo acompañan, primero el románico y después el gótico, ambas, estas sí que sí, profundamente extrañas a la península. Aunque el germen del antagonismo está sembrado, esta Hispania que va transitando entre lo islámico y lo cristiano, constituye todavía una amalgama que conforma una sola cultura, eso sí, mutirreligiosa. No se trata, pues, nos dice Felipe Vidales, de la convivencia de tres culturas, sino de una misma cultura con tres religiones. Manifestaciones de esa cultura común la encontramos por todas partes: desde la primorosa ermita de San Baudelio de Berlanga hasta la Iglesia de San Román en Toledo, ambas decoradas como mezquitas y que coexisten con la construcción de la catedral gótica de Toledo, mandada construir simultáneamente a la Iglesia de San Román en 1.121 por el navarro Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo. Pero es que la tumba del conquistador de Sevilla, Fernando III de Castilla, muerto en 1252, se decora con inscripciones en latín, hebreo, árabe y castellano como corresponde a un rey consciente y orgulloso de la diversidad de su reino. A más de 700 Km al Norte, estas inscripciones las encontramos también en el Monasterio de las Huelgas de Burgos.

Todavía 100 años después Mohamed V levanta la Alhambra en Granada, mientras Pedro el Cruel erige el Alcázar de Sevilla con los mismos patrones estéticos. Esos que el siglo XIX definirán el edificio granadino como arte islámico y el sevillano como arte mudéjar; perfectamente idénticos, sin embargo.

No obstante, la diferencia entre las religiones va profundizando en la separación entre cristianos e islámicos que han conformado esa cultura común y que tiene su culminación con la conquista de Granada en 1492. Es significativo que a la conquista le sigan, no la traducción de los documentos árabes como mandó hacer Alfonso X el Sabio en el siglo XIII, sino la quema de estos.

Aunque Isabel es enterrada inicialmente como una sultana, su nieto Carlos V, un flamenco, la trasladará al actual panteón real, inconfundiblemente cristiano. Con aquella cultura común crecientemente trufada de religión, lo que antes era compartido se va demonizando: desde lo culinario sembrando bulos respecto a la zanahoria, la berenjena o el aceite de oliva, hasta la persecución, la expulsión e incluso la esclavización de esos españoles que se han seguido manteniendo en la fe musulmana: los moriscos. La mayoría de la población, sin embargo, se fue paulatinamente cristianizando en el mismo fluir histórico que previamente los llevó a islamizarse. Este fenómeno de separación radical entre lo cristiano y lo islámico en España se profundiza y a partir del siglo XIX y XX se ve favorecido por dos factores: uno, la conformación de Europa como modelo de modernización de España que nos empuja a incardinarnos en la cultura del norte de Europa enganchándonos, por ejemplo, a la tradición que va del románico, al gótico, al renacimiento o al barroco y tachando de extranjeras las manifestaciones del arte islámico en España.

El otro factor más actual de separación radical con lo islámico deriva de la transformación que el islam experimenta a raíz de la prohibición de extensión de la imprenta, la ausencia de Ilustración o la intensa colonización europea que destruye sus rutas comerciales y, en consecuencia, la hilazón última de ese mundo. La reacción ha sido la irrupción de un fundamentalismo religioso extremo que nos resulta tan antipático hoy en día. Pero esa deriva integrista del islam es también parte del fluir de la Historia; una Historia, nos recuerda Vidales, que también ha sido la de ese islam tan prodigioso en su época, más cultural que religioso y que se ha mostrado tolerante y abierto al comercio, al desarrollo tecnológico y científico, así como a la belleza y a la cultura. Y nosotros en España hemos sido parte de esa cultura y mantenemos todavía hoy una buena parte de esta.

El historiador Dr Felipe Vidales, además de su faceta académica y docente en la Universidad Complutense de Madrid, desarrolla una intensa actividad divulgativa cultural y científica alrededor de su Toledo natal

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El impacto económico del terrorismo. La quiebra del modelo vasco. Un pacto para una nueva transformación. Con Luis Ramón Arrieta (27 de Febrero de 2025)

Camuflado por el Concierto Económico y una administración pública prudente, vivimos un momento económico particularmente difícil sobre cuyas causas ni hemos reflexionado, ni queremos reflexionar y que nos introduce en una espiral de declive económico inexorable. Nos parecemos al enfermo que se niega conocer el diagnóstico de su enfermedad.

Esta podría ser la síntesis de la intervención de Luis Ramón Arrieta en su intervención ante el Foro de los Diletantes que comenzó con una referencia Kierkegard cuando afirmaba que, sí, la vida se vive hacia delante pero que hay que mirar atrás para conocer cabalmente por qué estamos donde estamos y para, desde ese conocimiento, avanzar hacia el futuro. En Euskadi, nos dice el ponente, sumidos en la autocomplacencia, nos negamos a mirar hacia atrás para constatar los datos que nos enfrentan a la entidad de nuestro declive económico y social y para negarnos, sobre todo, a señalar la causa principal de ese declive: El fenómeno terrorista más largo de la Historia reciente.

Sobre este planteamiento, Luis Ramón Arrieta articula una abrumadora acumulación de datos que ponen cuerpo al hecho de que, por ejemplo, en España y en el periodo 1975 hasta hoy, Madrid crece, Cataluña cae algo, pero Euskadi se hunde; así, sin paliativos. Resulta indiferente el parámetro que se tome porque el resultado es el mismo: por ejemplo, en términos relativos de PIB somos de todas las CCAA españolas la que más PIB ha perdido: un 24% sobre el conjunto español. Un solo dato, pues, contundente; uno más entre otros muchísimos.

La CAPV ha sufrido los mismos avatares y las mismas crisis que el resto del mundo occidental, pero ha experimentado un fenómeno trágicamente peculiar: el del terrorismo más largo de Europa: 52 años. La dramática historia del Ulster se ha prolongado por 28 años, de la Baader Meinhof en Alemania ha sido de 28 años y las Brigadas Rojas en Italia 18 años.

Si descendemos a lo concreto. el terrorismo de ETA ha generado 854 víctimas mortales, de las que 558 se han producido en tierra vasca, especialmente en Vizcaya y Guipúzcoa. Solo en San Sebastián más de 100. A estas cifras hay que sumar los 2.632 heridos o los 86 secuestros a los que es casi imposible sumar los innumerables secuestros exprés que se han desenvuelto sin transcendencia exterior.

Aunque la aparición de ETA es bastante anterior, Luis Ramón Arrieta nos recuerda que su acción se intensifica con la llegada de la democracia, después de que una amnistía general excarcelara a todos los presos de la organización. De esta manera, este recrudecimiento coincide, no solo con un cambio de régimen político, sino con una transformación planetaria que se está llevando a cabo de la mano de la globalización y la tecnología. Mientras la URSS colapsa y el mundo se transforma, ETA sumerge a Euskadi en lo peor de los años de plomo. Y en el epicentro de este horror están también, los empresarios, directivos y profesionales liberales, sustento de la actividad económica privada.

En efecto, entre los años 80, 90 y principios de los 2000, según el “Informe Foronda “de la UPV (2015) cada tres días hay una acción terrorista contra alguna empresa, que Zutabe, el órgano de difusión de ETA, no deja de alentar en muchos de sus números. Entre 10 y 15.000 empresarios son extorsionados: desde multinacionales a empresas locales, grandes, medianas o pequeñas. Es difícil imaginar un entorno más adverso para la actividad empresarial y no digamos ya para la inversión. Por eso mismo, si los efectos personales del terrorismo son terribles, los económicos son directamente devastadores.

Para empezar, el terrorismo desencadena un éxodo continuo de empresas fuera de la CA. Entre todas ellas hay que contabilizar no solo las que cambian de sede social sino, especialmente, las que trasladan sus sedes operativas que son las que concentran la mayor y mejor inversión y la creación de empleo de más calidad.

Con las empresas marchan las personas. Entre 100.000 y 200.000 personas, también empresarios y profesionales y sus familias se ven obligadas a abandonar Euskadi. Son los transterrados. No solo constituyen un escalofriante 8 o 9% de la población, sino que se llevan consigo cualificación, expertise, experiencia además de sus propias ocupaciones o empleos de altísima calidad. Buena parte del crecimiento de Madrid adelanta Luis Ramón Arrieta, se apoya en este trasvase masivo de capital y talento vasco. El resultado global es una caída de la inversión brutal en Euskadi: el descenso relativo en el stock de capital desde los años 70 es de un 43%. Es, de largo, el peor dato de las CCAA españolas. Evidentemente, la inversión extranjera se desmorona de forma que pasa del 7% del total invertido en España en los años 70 al 1,8% (media de las décadas del terrorismo, y que lamentablemente no mejora).

El terrorismo de ETA, además de un enorme daño directo que se ha evaluado en más de 25.000 millones de €, nos ha dejado un gran daño estructural que no estamos abordando. Hemos tenido una gran pérdida de población, de inversión, de tamaño económico (PIB), de empresas, de empleo de calidad, de capital humano, y de espíritu emprendedor. Adicionalmente se han deteriorado las relaciones laborales. Por eso, muchos nuestros datos actuales siguen siendo malos. Por ejemplo, los datos de empleo: si en el conjunto de España en los últimos diez años el empleo privado, es decir, el que depende directamente de la inversión, ha crecido un 6,2 %, en Andalucía lo ha hecho en un 6,5, en Valencia de un 8,8% o en Madrid un 9,3%. En Euskadi (somos últimos) un 1,8%. Eso sí, el empleo público ha crecido un 25%, muy por encima de la media española. Habría que añadir que si las sedes operativas de muchas compañías vascas están fuera de Euskadi también es fuera de nuestra tierra donde se crea el empleo de más calidad y el mejor retribuido.

La expulsión de personas ha tenido un impacto directo en nuestra demografía. Desde 1975 España ha crecido un 32% en población, pero Euskadi un magro 7,8%. Si ya miramos a los nacidos en la CAPV veremos que, no es que hayan aumentado como el 12% español; no, han disminuido un 2,5%. Y, claro está, una economía que languidece no es lugar para jóvenes: la población joven entre los años 2003 y 2024 ha decrecido en Vizcaya un 50% y en Guipúzcoa un 46,7%, y Álava un 47,3%. Somos, de nuevo, la CCAA que más población joven pierde junto a Asturias. Esta población joven menguante, junto a los años de hostilidad sistemática contra el empresario provoca que, aquí en la tierra de los emprendedores, tengamos el índice de vocaciones empresariales penúltimo de España.

Mientras tanto, en las empresas que se mantienen en la CAPV desarrollan unas relaciones laborales muy tensas propiciadas por unos sindicatos que arrastran tics terroristas, que nos distraen con la pretensión de un SMI propio a la vez que se niegan a atajar el absentismo más grande de España y que provocan la mayor conflictividad del Estado: 45% de las huelgas de España se producen en Euskadi.

De todo este panorama, la sociedad vasca se ha mantenido en el desconocimiento a pesar de que los primeros estudios ya arrancaban a principios del 2000 y se han hecho más intensos y profundos a partir de mediados de la segunda década del XXI. Hace tiempo, pues, que los datos están ahí.

Varios factores han contribuido a esta especie de autismo social: está el mencionado aumento del empleo público que ha paliado algo los efectos de la caída de las contrataciones privadas.

Igualmente, la pérdida de peso demográfico ocasiona que la renta per cápita se mantenga. En este mismo sentido también han paliado fuertemente la percepción social de esta debacle dos factores muy relevantes: los grandes recursos diferenciales que ha generado el Concierto Económico (al contar con menos economía sumergida de la media española) y la prudente gestión de estos que han hecho las Administraciones vascas. Ahora bien, el factor determinante de esta atonía social está en otro lado, a saber: de un lado, la resistencia social a escuchar este relato, fruto del deseo colectivo de pasar página de una vez y, de otro lado, la falta de líderes con la determinación de contarlo.

Luis Ramón Arrieta vuelve aquí al núcleo de su exposición: es difícil, por no decir imposible, corregir lo que nos pasa si no sabemos qué y porqué nos pasa. Entender cabalmente nuestra situación y sus causas es la condición sine cua non para resolverla y en eso mismo, añade el ponente, está la luz de la esperanza.

Nuestra situación se puede revertir. Soluciones hay, nos recuerda Luis Ramón Arrieta. Se han ensayado con éxito en otros lugares también castigados por las circunstancias y también por el terrorismo. Son, entre otros, los casos de Irlanda del Norte, Portugal e Irlanda. En estos y en otros lugares, la acción correctiva ha tenido dos pilares: el conocimiento cabal y compartido de la situación de la que se parte y de sus causas y, sobre esta base, el establecimiento de un plan de recuperación específico.

Necesitamos ambos casos: un relato compartido y un plan de impulso económico para Euskadi que se apoye en nuestras ventajas comparativas que son muy importantes: el concierto Económico y un nivel competencial amplísimo. Ambas pueden constituir los cimientos de un plan transversal que contara con un plan de abstracción de inversiones, un plan de fomento de emprendizaje o de retorno de empresas y personas transterradas. Una iniciativa que vaya desde la recuperación de empresas tractoras a la puesta en valor de la figura y la función empresarial o las mejoras de las Administraciones públicas. Y con todo ello bien articulado hay que ir a exponerlo a Madrid y la Bruselas.

Iniciativas que pueden coadyuvar en esta dirección hay varias desde Zedarriak o las Cámaras y las organizaciones empresariales vascas Los mimbres existen. Lo que hace falte, la pieza esencial de un plan de esta envergadura es un liderazgo fuerte, claro y decidido que traslade sin tapujos al cuerpo social la situación en la que nos encontramos y la dinamice para acometer un plan de recuperación que es perfectamente posible. Hay, pues, esperanza concluye Luis Ramón Arrieta.

Luis Ramón Arrieta, aunque ingeniero químico de profesión, ha desarrollado una larga carrera en el sector financiero, ha pertenecido al consejo de administración de varias empresas, ha ostentado la presidencia de la Asociación de Empresas Familiares de Euskadi y desde 2007 se ha incorporado al ámbito universitario. Actualmente es el secretario de la Comisión Económica del Consejo de Gobierno de la Universidad de Deusto.

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La moda y su historia en el espacio museístico con Miren Arzalluz

La moda y su historia en el espacio museístico con Miren Arzalluz (30 de Enero de 2025)

En la intervención de Miren Arzalluz en el Foro de los Diletantes hizo hincapié en que la moda es, evidentemente, una gran industria, un sector económico muy poderoso, pero es algo más. Cuando hablamos de moda, recalcó la ponente, interviene también la cultura, la economía y hasta la geopolítica lo que lo hace fascinante para una historiadora como la invitada del Foro.

Hoy en día vemos a la moda incorporada a los museos de arte, también en los más importantes. En estas fechas hay tres exposiciones sobre moda en París, una de ellas en el mismísimo Louvre. Con esto, nos dice Miren Arzalluz, lo que se evidencia es que la incorporación de la moda a los museos no es una cosa puntual. Al contrario, ha venido para quedarse.

Desde luego, no ha sido una incorporación sencilla… Las primeras recopilaciones de elementos relativos a la moda empezaron a tener lugar a fines del XIX fijándose más en su condición de arte aplicado que en su dimensión sociológica. Sería el museo de Madame Tussaud en Londres el que empieza a poner el foco en el rigor histórico de las prendas con las que tiene que vestir a los personajes de época que pueblan el museo. Va tomando cuerpo así una cierta perspectiva histórica sobre el origen y el momento concreto en el que surgen las distintas prendas.

Sin embargo, el gran salto se produce con las exposiciones universales y, particularmente, con la de París de 1900. En este evento las que ya se han constituido como grandes firmas de moda empiezan a exponer sus productos. Ahora bien, lo hacen, no tanto como el sector económico pujante que ya son, esto es, como grandes fabricantes y/o proveedores de prendas de gran calidad, sino que le confieren un carácter nuevo: se presentan a sí mismos como creadores. Este es el gran paso distintivo de la Expo de París de 1900: la presentación de las nuevas colecciones como creación artística. Ese mismo carácter y el esquema básico de su presentación sigue siendo el mismo de hoy en día.

También en el París de 1900 se va perfilando un poco más una visión histórica de la moda que, a su vez, tiene el impulso de los artistas que han ido reuniendo pequeñas colecciones de ropa de época para plasmar con mayor rigor cuadros o esculturas de motivo histórico que van desarrollando. Algunas sociedades fueron adquiriendo las colecciones reducidas de estos artistas y conformando con todo ello los primeros ejemplos, con más libertad que rigor, de una exposición histórica de la moda con fines sobre todo educativos.

Mientras tanto, la moda no dejaba de asentarse como uno de los sectores económicos más pujantes de Francia y, lo que es igualmente relevante, como una herramienta de influencia cultural formidable. No en vano, la moda ha sido una cuestión de Estado en el país galo. Se entiende así que en 1920 estas colecciones fueran donadas al ayuntamiento de París con el objeto de crear un gran museo de la moda a la altura de la importancia del sector. Sin embargo, la idea no acabó de cuajar, ni en París, ni en otros lugares a los que también se tanteó.

En una época especialmente convulsa, habrá que esperar hasta los años 50, 60 y 70 para que empiecen a hacerse exposiciones que muestran la moda en una perspectiva histórica, esto es, como una sucesión de estilos. El Palais Galliera que dirige la ponente, se creó en 1977.

En este proceso de asentamiento de la moda como un objeto de la museística, las grandes retrospectivas de los principales creadores han jugado un papel esencial. De entre estos grandes eventos, Miren Arzalluz quiere destacar la retrospectiva dedicada a Cristóbal Balenciaga, creador tan caro para ella por muchos motivos.

Sin ningún esfuerzo de autopromoción por su parte, de hecho, solo concedió dos entrevistas en su vida, Balenciaga es por derecho propio un creador de culto. Su inmensa capacidad creativa traspasó el ámbito de la moda y muchas de sus creaciones pueden observarse desde una perspectiva escultórica y hasta arquitectónica. Aquí introduce la ponente un matiz relevante. La moda, nos dice, no es arte; es moda. Ahora bien, hay piezas, hay colecciones completas, que en sí mismas son auténticas piezas de arte. Y muchas de las de Balenciaga lo son.

En esta puesta en valor del creador guipuzcoano ha jugado un papel esencial Diana Vreelend, editora de destacadas revistas de moda. Fue ella la que a la muerte del modisto acometió una transformación radical en la forma de exponer moda en los museos. El cometido no es fácil, nos dice la ponente. Hay que encontrar un equilibrio delicado en que la exposición tenga su propio lenguaje, esto es, distinto al industrial/comercial habitual. Tiene también que evitar que resulte algo anticuado, un tanto viejuno, hacia donde fácilmente puede derivar prendas de otra época, aunque sea relativamente reciente. Diana Vreelend introdujo también en la exposición un elemento dramático, lleno de efecto, tales como toros, matadores y otras referencias españolas que acabaron de redondear una exposición en la que tampoco se olvidó de exponer muestras de patronaje, la técnica en la que Balenciaga era un auténtico virtuoso. La muestra se completaba con un amplio diálogo entre las creaciones que fueron del propio Balenciaga con las que hicieron otros directores creativos de la firma posteriores a su muerte.

Evidentemente, la figura de Balenciaga también ha recibido el impulso que le corresponde gracias al Museo de Getaria que la ponente dirigió entre 2011 y 2013. Un museo que no fue fácil de crear, que requirió un esfuerzo intenso y también delicado pero cuyo resultado final es magnífico. El museo Balenciaga de Getaria es un muy buen museo, nos asegura la ponente.

Las grandes retrospectivas se han sucedido en el tiempo y en las mismas las principales firmas de moda han tenido un papel relevante. No hay que olvidar que estas firmas cuentan con unos recursos económicos y unos archivos colosales contra los que los museos de titularidad pública tienen muy difícil competir. Una de las exposiciones recientes de mayor impacto fue la dedicada al diseñador Giorgio Armani que tuvo lugar en el Guggenheim de Nueva York, en el de Bilbao y en Londres. La exposición, sobre todo la de Nueva York, provocó un enorme escándalo, especialmente, en el mundo del arte. Se tachó al Guggenheim de devaluar el arte exponiendo en uno de sus recintos sagrados lo que se consideraba como frívolo, efímero y comercial. No solo eso, sino que las acusaciones se aderezaron haciendo saber que Armani había donado al museo 1,5 millones de dólares.

La exposición amplió su itinerario inicial hasta la emblemática sala Uffizi de Florencia donde se le dedicaron, ni más ni menos, que 19 espacios expositivos y en donde se hizo más evidente aun, si cabe, esa polinización entre el arte y la moda, en palabras de la ponente. Esta interacción se ha hecho patente, no solo en la Uffizi, sino también 100 años antes en la clara interacción entre las “vanguardias” de principios del XX y la moda de la época. Y es que ni la moda ni en arte se dan en estado puro, concluye Miren Arzalluz.

Desde entonces, las grandes exposiciones retrospectivas se han sucedido. Las Alexander Mc Queen o la enorme exposición que organizó Dior constituyeron auténticos aldabonazos con más de un millón de visitantes. Lo evidente es que la moda atrae a grandes masas de visitantes y, en consecuencia, desde 2015 se ha dado una auténtica eclosión de estas exposiciones. Sin embargo, las enormes inversiones que requiere semejante despliegue de poderío por parte de las grandes firmas acaban teniendo un resultado brutal, sobrecogedor, de manera que, a juicio de la ponente, no se sabe bien si el espectador sale de las mismas mejor informado o simplemente abrumado. A la postre, su magnificencia constituye también un formidable ejercicio de marketing al que se subordinan otros criterios más rigurosos

Aunque se encuentren en una situación competitiva desigual los museos públicos también han sido capaces de llevar a cabo exposiciones maravillosas como la dedicada a Coco Chanel organizada por el Palais Galliera. Su coste no deja de ser elevado, 10 millones de euros, pero fue una exposición con mayor rigor histórico y museístico sin dejar de ser por ello, un ejercicio bellísimo. No fue, sin embargo, un trabajo fácil. Coco Chanel es por derecho propio, nos dice Miren Arzalluz, una de las creadoras más influyentes y excelentes del siglo. Sin embargo, su posicionamiento poco claro durante la ocupación nazi, así como, especialmente, un episodio oscuro por el que acabó siendo la única propietaria de su firma que hasta entonces compartía con una familia de origen judío, los Wertheimer, que se vieron obligados a huir a Nueva York, comprometían la exposición. El tal episodio no debió de ser tan oscuro cuando ambas partes volvieron a juntarse en la propiedad de la firma tras la derrota alemana y actualmente los Wertheimer son los únicos propietarios de “Chanel”. Sin embargo, esa sombra persigue a la creadora francesa.

La exposición fue la apuesta contraria a la de Dior. Fue la apuesta por la sobriedad, por el rigor histórico y museístico y, algo importante, fue una muestra centrada exclusivamente en la creación de Coco Chanel, sin otras connotaciones biográficas. Y ha sido un éxito.

En definitiva, concluye Miren Arzalluz, la relación entre la moda con lo cultural, con lo económico, con lo comercial y hasta con el psicoanálisis parece probada. Pero la relación más evidente es la que la moda mantiene con el arte. También es la más controvertida. De ahí la resistencia numantina del mundo artístico a franquear el paso de la moda al templo olímpico de los grandes museos. Esta larga trayectoria de incorporación de la moda al contenido ordinario de un museo, siempre se ha mirado con recelo por el mundo del arte. Solo hasta muy recientemente, concretamente, hasta una exposición que el Galliera organizó sobre Frida Kahlo y su influencia en el vestuario, se ha logrado quebrar esa resistencia de alguna manera. Ese evento alcanzó una meta icónica:  encabezó todas las portadas del último bastión de los puristas: las revistas de arte.

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Bilbao y la arquitectura urbana con María Jesús Cava (5 de Diciembre de 2024)

Nuestra compañera diletante, la Dra. María Jesús Cava, es una especialista en Historia moderna y contemporánea que ha dedicado a su Bilbao natal una especial atención como refleja su abundante bibliografía sobre la villa.

En algún momento, la ponente pensó en hacer algo que relacionara imágenes sobre elementos distintivos de la ciudad con un texto explicativo. Inicialmente, se planteó un soporte fotográfico que no acabó de cuajar. Posteriormente, la aparición de una publicación de acuarelas de la villa de la pintora Elena Ciordia acabó perfilando la idea de que finalmente fueran acuarelas y no fotografías las que retratasen visualmente a Bilbao. La suave delicadeza de la acuarela tenía la capacidad de transmitir, no solo la imagen del edificio en cuestión, sino también el cariño que les inspiraban a las autoras.

“Bilbao y la arquitectura urbana” tiene un tono amable que refleja el Bilbao limpio, casi lustroso, de nuestros días, tan distinto, no solo a los tiempos industriales que todavía guardamos en la memoria, sino también distinto a una novelística reciente en la que se insiste en retratar un Bilbao sucio, sórdido, un tanto lumpen, en el que no falta el indefectible cadáver flotando en la ría.

Aterrizar la esta idea no fue tarea fácil. En primer lugar, era necesario hacer una selección de lo que se quería destacar. Esto exigió un descarte doloroso que obligó a reducir a 61 los 150 ítems inicialmente elegidos. Otro requisito añadido por la colaboración del Ayuntamiento de Bilbao fue la necesidad de que los doce distritos administrativos en los que se divide la villa tuvieran alguna representación. La conjunción de ambos requisitos obligó a descartes tampoco fáciles como la Quinta Parroquia, la Casa de los Aldeanos de Indautxu o el hotel Carlton. Quizá quedan, deslizó la ponente como quien no quiere la cosa, para un segundo volumen…

Un libro de estas características lleva consigo una tercera exigencia particularmente difícil para una historiadora: las referencias escritas deben ser necesariamente breves y escuetas lo que resulta complicado para quien, como la Dra. Cava, conoce tanto de cada una de las edificaciones que se glosan en el libro.

La amabilidad y la delicadeza del libro no ocultan el reto de reflejar con rigor una herencia arquitectónica y artística de siglos que es necesario saber evaluar en toda su dimensión para así poderla transmitir a las siguientes generaciones. La arquitectura de una ciudad, particularmente la de Bilbao, refleja lo que han sido las respuestas técnicas y estéticas a los retos de cada época; desde San Antón al Guggenheim. Y es que, insiste la ponente, cada edificio guarda también historias, a veces trágicas, de las personas que los erigieron, las que los vivieron y también las que sufrieron dentro de sus paredes. De alguna manera, la proliferación de figuras humanas en las acuarelas de Elena Ciordia nos ayuda a, no solo captar las proporciones de los edificios, sino que también reflejan la historia vivencial que encierran.

El análisis que se hace de cada ítem en este libro nos ofrece elementos para una reflexión sobre el impacto de la arquitectura en la vida cotidiana de los ciudadanos. Pero, a la vez, esta reflexión ayuda al lector a vencer la invisibilidad con la que la misma cotidianidad camufla a los edificios que vemos todos los días. Y, ya puestos, añade la ponente, esta descripción también permite mostrar curiosidades como la existencia del fantasma que por tantos años dificultó la venta del edificio del actual Colegio de Abogados en el que habitaba o aclarar errores como el de hablar de la icónica leona de Joaquín Lucarini, cuando un análisis mínimamente detallado de su anatomía refleja sin lugar a duda de que se trata de un hermoso tigre; macho, desde luego.

A pesar del rutilante Guggenheim o la pléyade de edificios señeros con los que cuenta Bilbao, la ponente insiste en señalar las joyas, muchas veces desapercibidas, que se ubican los barrios de la villa. Ahí está, entre otros muchos, el Edificio de Desinfecciones del Hospital de Basurto de Ricardo Bastida, un prodigio de funcionalidad y belleza. Esparcidos por la ciudad aparecen construcciones tan relevantes e innovadores en su tiempo como los grupos escolares de Atxuri o de Indautxu, entre otros muchos.

Esta integración de funcionalidad, servicio público, innovación y belleza se sigue manteniendo en el Bilbao de hoy que está sabiendo aunar el legado arquitectónico más tradicional con aportaciones tan nuevas como el edificio de Osakidetza o la torre Iberdrola de Cesar Pelli.

En todo este trasfondo monumental emergen, claro está, la pléyade de excelentes arquitectos con los que ha contado Bilbao. La Dra. Cava no puede evitar la tentación de deslizar los nombres de algunos de ellos como, entre otros que también menciona, Pedro Ispizua, Joaquín Zubizarreta, Enrique Epalza, Francisco de Cubas, Jose María Basterra, Joaquín Rucoba o los más modernos como Rufino Basáñez, Norman Foster, Rafael Moneo o, como no, Frank Gehry. En este plantel espectacular, la autora reserva un lugar especial a su muy admirado Ricardo Bastida, capaz de diseñar desde el mencionado edificio de Desinfecciones a la Alhóndiga o las barandillas del puente de Deusto. En esta lista no hay más mujeres que Dolores Palacios o Zaha Hadid, pero la ponente confía que el tiempo compensará las cosas habidas cuenta de la gran cantidad de mujeres brillantísimas que pueblan los actuales estudios de arquitectura.

Junto a los arquitectos, auténticas starlets de un libro de este título, las autoras también han recogido las aportaciones que pintores y escultores, como Anselmo Guinea o los dos Lucarini, tío y sobrino, han realizado a las edificaciones que se glosan. También se incorporan a ingenieros como Ortiz de Arguiñano o Rotaetxe; autores de los emblemáticos puentes levadizos de Deusto y del Ayuntamiento.

En definitiva, “Bilbao y la arquitectura urbana” es un libro que permite todo tipo de lecturas: página a página, salteo de un edificio a otro o la búsqueda de uno concreto que nos interese en particular. De cada uno se encontrará una descripción precisa, no solo técnica, sino también humana que nos ayudarán a tener una idea mucho más exacta de cada ítem y también, y esto es relevante, una visión de conjunto sobre la riqueza monumental y arquitectónica de Bilbao. 

La Dra. María Jesús Cava es catedrática emérita de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de Deusto, con una amplia bibliografía sobre Historia universal y su ciudad natal de la que fue nombrada “Ilustre de Bilbao” en 2009. Actualmente mantiene una intensa actividad tanto como ensayista como conferenciante.

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El ornitorrinco vasco con Braulio Gómez (13 de Noviembre de 2024)

Braulio Gómez es un sociólogo y politólogo que lleva más de una década en Bilbao. Desde su atalaya del Deusto Barómetro que dirige, mide la evolución social de Euskadi y con esos datos constata una realidad social que, con la frescura de un outsider, describe con unas características muy específicas. Tanto que la denomina el ornitorrinco vasco haciendo un símil con la rareza de ese animal austral.

Desde el principio, el ponente nos plantea la peculiaridad de un entorno social, el vasco, que en su conjunto se mueve en unas coordenadas de centralidad y de debate sosegado que tanto contrastan con la general polarización del escenario español e internacional. De ahí la rareza; de ahí el ornitorrinco.

La peculiaridad vasca, nos dice Braulio Gómez, viene de antes, aunque, curiosamente, fuera de signo exactamente contrario. En efecto, hasta bien entrado el siglo XXI la vida política en España y en Occidente se movía en unos parámetros de cierta normalidad en la que los ciudadanos elegían a partidos y candidatos distintos cuando los anteriores no habían desempeñado su función satisfactoriamente. Pues bien, en este contexto de normalidad política generalizada, la vida social y política vasca estaba polarizada al máximo; tanto que la divergencia política llevaba al antagonismo emocional, al odio, que alcanzaba tal envergadura que se llegaba a matar al adversario político. Euskadi era también entonces un ornitorrinco, pero dibujado en negativo.

Sin embargo, el mundo iba a experimentar un cambio radical a raíz de la gran crisis de 2007-2008. Un entorno hasta entonces más o menos ordenado y próspero entra de la noche a la mañana en una crisis económica colosal de forma que desequilibra todo el edificio económico, social y político, especialmente, en Occidente. El desconcierto de la clase política es total. La incapacidad del establishment para articular alguna salida genera un enorme enfado social que deriva en una pérdida de confianza, no en éste o en el otro partido, sino en todo el conjunto de la clase política y que acaba trasladándose a las mismas instituciones de las que forman parte. Y cuando las instituciones entran en crisis, la misma democracia liberal entra en crisis.

Un segundo efecto de esta parálisis de las élites es el ascenso de nuevos actores políticos, también a la izquierda, pero sobre todo a la derecha extrema, que aprecian la ventana de oportunidad que se les ofrece y se lanzan a socavar la cultura tradicional de consenso que hasta ese momento les ha cerrado el paso.  El resultado de la acción de estos nuevos actores ha sido una polarización general de la vida política de Occidente que en algunos países como, por ejemplo, EE. UU. y también en España, alcanza a lo que Braulio Gómez llamaba la polarización afectiva.

Este es el momento en el que nuestro invitado se instala en Bilbao y es también el momento en el que el País inicia un viraje exactamente en sentido contrario a su entorno y a su tradición. Desde la segunda década del siglo XXI, Euskadi empieza a orientarse hacia una despolarización y hacia una centralidad de a vida política y social que refuerza su carácter de peculiar ornitorrinco, esta vez, en sentido positivo. En efecto, desde la gran crisis empieza a producirse en Euskadi una confluencia entre, de un lado, un cuerpo social probablemente cansado de tantos años terribles y, de otro lado, de unos nuevos titulares al frente de las instituciones vascas que, probablemente, intuyendo el cambio social, empiezan a reforzar el discurso de la moderación. Se trata, exactamente, de la dinámica contraria al entorno que rodea al País donde los actores políticos tiran hacia los extremos.

Esta confluencia en la centralidad es especialmente marcada en los dos grandes partidos que conforman la coalición que desde hace mucho tiempo forma el Gobierno Vasco. También se percibe en el resto del espectro político que, igualmente, empieza a girar hacia posiciones más centradas. De hecho, los extremos, tanto a la izquierda, como especialmente en el gran polarizador que es la derecha radical, tienden a tener en Euskadi una presencia marginal. Desactivados los extremos, el viraje hacia la centralidad del resto de los partidos políticos contribuye a la legitimación de la acción política y también hacia una legitimación del oponente político que refuerza su carácter de adversario, pero no de enemigo.

Se da, pues, como nos señala el ponente, una confluencia entre la tendencia social y la acción política que provoca que las dos grandes cuestiones que en otro tiempo han focalizado y también polarizado la controversia sociopolítica en Euskadi, pierdan fuelle. Se refiere nuestro invitado al debate izquierda-derecha, pero, sobre todo, a la cuestión territorial.

En esta confluencia en la centralidad, el atasco de la centralidad, como lo denomina Braulio Gómez, la sociedad vasca va entrando en una senda de sosiego que redunda en un incremento en la confianza en las instituciones y, con ello, en un fortalecimiento de la democracia misma. En este sentido, los datos son asombrosos: Si en el conjunto de España la clase política es el tercer problema del país, en Euskadi la clase política como problema no aparece ni entre los 15 primeros. Correlativamente, si en el conjunto español la clase política se configura como problema es porque no aporta soluciones a las demandas de la ciudadanía. Pues bien, en Euskadi sucede lo contrario. La confianza que los ciudadanos vascos tienen en sus instituciones, es decir, en su capacidad de ofrecer soluciones, es la más alta de ¡¡Europa!!

En realidad, todo el conjunto de indicadores muestra una coherencia en el mismo sentido. Así, los ciudadanos que no tiene miedo a manifestar en público sus opiniones políticas han pasado del 40 al 60% o aquellos de consideran que la violencia no cabe de ninguna manera en el debate político, supera el 90% de la población. En este mismo sentido, el viraje hacia la visceralidad política que ha tenido el proces catalán, prácticamente no ha tenido repercusión en Euskadi, como no lo ha tenido que una ponencia de autogobierno lleve atascada en el Parlamento Vasco legislatura tras legislatura.

La sociedad vasca actual es consciente de que goza de unos servicios públicos sobresalientes y de que, tal y como se formula, en este País se vive muy bien; igual que siempre. A ello contribuye que vivimos en una de las sociedades más igualitarias de Europa en la que los usos sociales hacen que todos hagamos las mismas cosas, independientemente de nuestros ingresos.

Sin embargo, en el futuro aparecen sombras que también son percibidas por la ciudadanía cuando mayoritariamente contesta que sus hijos no van a vivir mejor que sus padres. Esta impresión social generalizada no es un factor de confianza precisamente; al contrario, lo es de desesperanza. Euskadi se enfrenta a un mundo de grandes tránsitos: energético, medioambiental, digital, de género, etc. Y lo está haciendo desde un cierto languidecimiento económico que denota cierta pérdida de energía social y nos hace progresivamente menos competitivos y capaces, por lo tanto, de generar los recursos necesarios para afrontar estos retos sin pérdida de bienestar social.

Sobre estas cuestiones que están ya configurando el mundo no existen en Euskadi posiciones sólidas y, en consecuencia, pueden ser una presa fácil para que los agentes de la polarización empiecen a ofrecer, como suelen, soluciones sencillas y, por lo tanto, falsas a los problemas complejos.

Según vayamos gestionando estas transformaciones y según sean las instituciones capaces de encauzar estos tránsitos, el ornitorrinco vasco mantendrá o no la capacidad que ha mostrado hasta ahora de resistirse a la polarización.

Braulio Gómez Fortes es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Deusto y director del Deutobarómetro . Autor de varios libros y numerosas publicaciones es colaborador habitual del Correo y de EITB.

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