
El impacto económico del terrorismo. La quiebra del modelo vasco. Un pacto para una nueva transformación. Con Luis Ramón Arrieta (27 de Febrero de 2025)
Camuflado por el Concierto Económico y una administración pública prudente, vivimos un momento económico particularmente difícil sobre cuyas causas ni hemos reflexionado, ni queremos reflexionar y que nos introduce en una espiral de declive económico inexorable. Nos parecemos al enfermo que se niega conocer el diagnóstico de su enfermedad.
Esta podría ser la síntesis de la intervención de Luis Ramón Arrieta en su intervención ante el Foro de los Diletantes que comenzó con una referencia Kierkegard cuando afirmaba que, sí, la vida se vive hacia delante pero que hay que mirar atrás para conocer cabalmente por qué estamos donde estamos y para, desde ese conocimiento, avanzar hacia el futuro. En Euskadi, nos dice el ponente, sumidos en la autocomplacencia, nos negamos a mirar hacia atrás para constatar los datos que nos enfrentan a la entidad de nuestro declive económico y social y para negarnos, sobre todo, a señalar la causa principal de ese declive: El fenómeno terrorista más largo de la Historia reciente.
Sobre este planteamiento, Luis Ramón Arrieta articula una abrumadora acumulación de datos que ponen cuerpo al hecho de que, por ejemplo, en España y en el periodo 1975 hasta hoy, Madrid crece, Cataluña cae algo, pero Euskadi se hunde; así, sin paliativos. Resulta indiferente el parámetro que se tome porque el resultado es el mismo: por ejemplo, en términos relativos de PIB somos de todas las CCAA españolas la que más PIB ha perdido: un 24% sobre el conjunto español. Un solo dato, pues, contundente; uno más entre otros muchísimos.
La CAPV ha sufrido los mismos avatares y las mismas crisis que el resto del mundo occidental, pero ha experimentado un fenómeno trágicamente peculiar: el del terrorismo más largo de Europa: 52 años. La dramática historia del Ulster se ha prolongado por 28 años, de la Baader Meinhof en Alemania ha sido de 28 años y las Brigadas Rojas en Italia 18 años.
Si descendemos a lo concreto. el terrorismo de ETA ha generado 854 víctimas mortales, de las que 558 se han producido en tierra vasca, especialmente en Vizcaya y Guipúzcoa. Solo en San Sebastián más de 100. A estas cifras hay que sumar los 2.632 heridos o los 86 secuestros a los que es casi imposible sumar los innumerables secuestros exprés que se han desenvuelto sin transcendencia exterior.
Aunque la aparición de ETA es bastante anterior, Luis Ramón Arrieta nos recuerda que su acción se intensifica con la llegada de la democracia, después de que una amnistía general excarcelara a todos los presos de la organización. De esta manera, este recrudecimiento coincide, no solo con un cambio de régimen político, sino con una transformación planetaria que se está llevando a cabo de la mano de la globalización y la tecnología. Mientras la URSS colapsa y el mundo se transforma, ETA sumerge a Euskadi en lo peor de los años de plomo. Y en el epicentro de este horror están también, los empresarios, directivos y profesionales liberales, sustento de la actividad económica privada.
En efecto, entre los años 80, 90 y principios de los 2000, según el “Informe Foronda “de la UPV (2015) cada tres días hay una acción terrorista contra alguna empresa, que Zutabe, el órgano de difusión de ETA, no deja de alentar en muchos de sus números. Entre 10 y 15.000 empresarios son extorsionados: desde multinacionales a empresas locales, grandes, medianas o pequeñas. Es difícil imaginar un entorno más adverso para la actividad empresarial y no digamos ya para la inversión. Por eso mismo, si los efectos personales del terrorismo son terribles, los económicos son directamente devastadores.

Para empezar, el terrorismo desencadena un éxodo continuo de empresas fuera de la CA. Entre todas ellas hay que contabilizar no solo las que cambian de sede social sino, especialmente, las que trasladan sus sedes operativas que son las que concentran la mayor y mejor inversión y la creación de empleo de más calidad.
Con las empresas marchan las personas. Entre 100.000 y 200.000 personas, también empresarios y profesionales y sus familias se ven obligadas a abandonar Euskadi. Son los transterrados. No solo constituyen un escalofriante 8 o 9% de la población, sino que se llevan consigo cualificación, expertise, experiencia además de sus propias ocupaciones o empleos de altísima calidad. Buena parte del crecimiento de Madrid adelanta Luis Ramón Arrieta, se apoya en este trasvase masivo de capital y talento vasco. El resultado global es una caída de la inversión brutal en Euskadi: el descenso relativo en el stock de capital desde los años 70 es de un 43%. Es, de largo, el peor dato de las CCAA españolas. Evidentemente, la inversión extranjera se desmorona de forma que pasa del 7% del total invertido en España en los años 70 al 1,8% (media de las décadas del terrorismo, y que lamentablemente no mejora).
El terrorismo de ETA, además de un enorme daño directo que se ha evaluado en más de 25.000 millones de €, nos ha dejado un gran daño estructural que no estamos abordando. Hemos tenido una gran pérdida de población, de inversión, de tamaño económico (PIB), de empresas, de empleo de calidad, de capital humano, y de espíritu emprendedor. Adicionalmente se han deteriorado las relaciones laborales. Por eso, muchos nuestros datos actuales siguen siendo malos. Por ejemplo, los datos de empleo: si en el conjunto de España en los últimos diez años el empleo privado, es decir, el que depende directamente de la inversión, ha crecido un 6,2 %, en Andalucía lo ha hecho en un 6,5, en Valencia de un 8,8% o en Madrid un 9,3%. En Euskadi (somos últimos) un 1,8%. Eso sí, el empleo público ha crecido un 25%, muy por encima de la media española. Habría que añadir que si las sedes operativas de muchas compañías vascas están fuera de Euskadi también es fuera de nuestra tierra donde se crea el empleo de más calidad y el mejor retribuido.
La expulsión de personas ha tenido un impacto directo en nuestra demografía. Desde 1975 España ha crecido un 32% en población, pero Euskadi un magro 7,8%. Si ya miramos a los nacidos en la CAPV veremos que, no es que hayan aumentado como el 12% español; no, han disminuido un 2,5%. Y, claro está, una economía que languidece no es lugar para jóvenes: la población joven entre los años 2003 y 2024 ha decrecido en Vizcaya un 50% y en Guipúzcoa un 46,7%, y Álava un 47,3%. Somos, de nuevo, la CCAA que más población joven pierde junto a Asturias. Esta población joven menguante, junto a los años de hostilidad sistemática contra el empresario provoca que, aquí en la tierra de los emprendedores, tengamos el índice de vocaciones empresariales penúltimo de España.
Mientras tanto, en las empresas que se mantienen en la CAPV desarrollan unas relaciones laborales muy tensas propiciadas por unos sindicatos que arrastran tics terroristas, que nos distraen con la pretensión de un SMI propio a la vez que se niegan a atajar el absentismo más grande de España y que provocan la mayor conflictividad del Estado: 45% de las huelgas de España se producen en Euskadi.

De todo este panorama, la sociedad vasca se ha mantenido en el desconocimiento a pesar de que los primeros estudios ya arrancaban a principios del 2000 y se han hecho más intensos y profundos a partir de mediados de la segunda década del XXI. Hace tiempo, pues, que los datos están ahí.
Varios factores han contribuido a esta especie de autismo social: está el mencionado aumento del empleo público que ha paliado algo los efectos de la caída de las contrataciones privadas.
Igualmente, la pérdida de peso demográfico ocasiona que la renta per cápita se mantenga. En este mismo sentido también han paliado fuertemente la percepción social de esta debacle dos factores muy relevantes: los grandes recursos diferenciales que ha generado el Concierto Económico (al contar con menos economía sumergida de la media española) y la prudente gestión de estos que han hecho las Administraciones vascas. Ahora bien, el factor determinante de esta atonía social está en otro lado, a saber: de un lado, la resistencia social a escuchar este relato, fruto del deseo colectivo de pasar página de una vez y, de otro lado, la falta de líderes con la determinación de contarlo.
Luis Ramón Arrieta vuelve aquí al núcleo de su exposición: es difícil, por no decir imposible, corregir lo que nos pasa si no sabemos qué y porqué nos pasa. Entender cabalmente nuestra situación y sus causas es la condición sine cua non para resolverla y en eso mismo, añade el ponente, está la luz de la esperanza.
Nuestra situación se puede revertir. Soluciones hay, nos recuerda Luis Ramón Arrieta. Se han ensayado con éxito en otros lugares también castigados por las circunstancias y también por el terrorismo. Son, entre otros, los casos de Irlanda del Norte, Portugal e Irlanda. En estos y en otros lugares, la acción correctiva ha tenido dos pilares: el conocimiento cabal y compartido de la situación de la que se parte y de sus causas y, sobre esta base, el establecimiento de un plan de recuperación específico.
Necesitamos ambos casos: un relato compartido y un plan de impulso económico para Euskadi que se apoye en nuestras ventajas comparativas que son muy importantes: el concierto Económico y un nivel competencial amplísimo. Ambas pueden constituir los cimientos de un plan transversal que contara con un plan de abstracción de inversiones, un plan de fomento de emprendizaje o de retorno de empresas y personas transterradas. Una iniciativa que vaya desde la recuperación de empresas tractoras a la puesta en valor de la figura y la función empresarial o las mejoras de las Administraciones públicas. Y con todo ello bien articulado hay que ir a exponerlo a Madrid y la Bruselas.
Iniciativas que pueden coadyuvar en esta dirección hay varias desde Zedarriak o las Cámaras y las organizaciones empresariales vascas Los mimbres existen. Lo que hace falte, la pieza esencial de un plan de esta envergadura es un liderazgo fuerte, claro y decidido que traslade sin tapujos al cuerpo social la situación en la que nos encontramos y la dinamice para acometer un plan de recuperación que es perfectamente posible. Hay, pues, esperanza concluye Luis Ramón Arrieta.
Luis Ramón Arrieta, aunque ingeniero químico de profesión, ha desarrollado una larga carrera en el sector financiero, ha pertenecido al consejo de administración de varias empresas, ha ostentado la presidencia de la Asociación de Empresas Familiares de Euskadi y desde 2007 se ha incorporado al ámbito universitario. Actualmente es el secretario de la Comisión Económica del Consejo de Gobierno de la Universidad de Deusto.

