
Reflexiones sobre la historia contemporánea del País Vasco. Con Juan Pablo Fusi (25 Septiembre 2025)
Para nuestro ponente la Historia no tiene una trama prefijada que le condene a suceder de determinada manera. Se trata, más bien, de una sucesión de acontecimientos que han ocurrido de una manera concreta pero que perfectamente podrían haber ocurrido de otra diferente. En consecuencia, sin una trama de cumplimiento inexorable, a lo más que podemos aspirar es a explicar posteriormente lo que ha ocurrido y tal y como ha ocurrido conscientes que podía haber sido de otra manera. La Historia es, nos dice el profesor Fusi, asimétrica por esencia.
En esta sucesión de hechos que conforman la Historia, existen algunos sucesos que por su impacto y transcendencia constituyen hitos que se configuran, nos dice nuestro ponente, como momentos fundacionales que cierran unas etapas y abren otras netamente diferentes.
Será precisamente sobre estos hitos o etapas fundacionales de la Historia contemporánea del País Vasco sobre los que se centrará nuestro ponente empezando por el primero y seguramente más transformador de todos: la industrialización que se inició en Bilbao y su ría en 1880 y que duró hasta 1920 y más aún hasta la guerra civil.
La dinámica que experimentó la ría del Nervión, sobre todo, el primer periodo entre 1880 y 1900, constituye un caso único en Europa conformando una transformación tan brutal, tan rápida y profunda que no hay cónsul, técnico o visitante extranjero que deje de resaltarla. Es que, resalta el profesor Fusi, un Bilbao que en 1880 se ceñía al Casco Viejo, empieza a expandirse hacia lo que hoy conocemos. El mineral que en 1880 se acarreaba desde las minas con carros de bueyes, en solo tres años se transporta en cintas mecánicas a lavaderos recién construidos para embarcar en buques anclados en una ría cuyos márgenes han sido encauzados. Las cantidades de mineral que se exportan en esta época tiene tal entidad que si España los exportase en la actualidad se convertiría en el segundo productor mundial de hierro. Todo este esfuerzo se apoyó en cerca de 300.000 inmigrantes que vienen del resto de España y que transformarán a su vez, la sociedad vizcaína, primero y la vasca después.
En estas dos décadas prodigiosas tres personajes se constituyen en los epítomes de la nueva sociedad que conforma esta transformación: Víctor Chávarri, Facundo Perezagua y Sabino Arana.
Chávarri, auténtico coloso empresarial, es el impulsor y el arquetipo de todo un conjunto de familias, poco más de 20, que pilotarán esta transformación que empieza siendo minera pero que sabe convertirse en industrial. Tanto, que para cuando las minas empiezan a agotarse en torno a 1915, esta nueva clase empresarial ha sabido crear una base financiera e industrial colosal que, no solo mantendrá la pujanza económica del País, sino que sus inversiones se expandirán por toda la península en una proporción muy superior a los capitales de Cataluña, por ejemplo. Estas 20 familias, con una fuerte tendencia endogámica, conforman ese Neguri tan identificativo.
Digno oponente de Chávarri es el palentino Facundo Perezagua también un auténtico coloso a la hora de unificar y aglutinar los intereses de esa marea migratoria que inundó, especialmente, Vizcaya. Una auténtica masa obrera que vivía y trabajaba, sobre todo en sus inicios, en unas condiciones difíciles pero que, a su vez, eran bastante mejores de las de las provincias de origen, sobre todo, cuando el desarrollo industrial se fue asentando a lo largo de la ría con unas condiciones laborales excelentes, al menos comparativamente, al resto de España.
El tercer personaje que simboliza las fuerzas que pugnarán en esta época de brutal transformación es Sabino Arana. Sabino proviene de la sociedad tradicional del País que se ha visto asaltada por este fenómeno industrial tan disruptivo que, literalmente, está poniendo al País patas arriba.
El actual PNV surge de una reducida reunión en 1894 de solo 23 personas en un merendero de Begoña en el que Sabino Arana, siguiendo un fenómeno común a amplias zonas de Europa, da un giro al fuerismo tradicional cuando enuncia que Euskadi es una nación. “Dejad de llamarme fuerista; soy nacionalista” dirá Arana en esa reunión.
No es casual, nos dirá nuestro ponente, que el PNV surja en Bilbao, esto es, en el ámbito donde el impacto de la industrialización y la avalancha inmigratoria ha sido tan descomunal. Es esa sensación invasiva lo que genera en el PNV inicial una respuesta de corte etnicista y ultraconservadora como pura reacción contra la destrucción tan brutal y súbita del orden tradicional. Por eso, insiste Fusi, el PNV surge en Bilbao y hasta 1908 no empezará a expandirse por Guipúzcoa, una provincia mucho más euskaldún. Habrá que esperar hasta1930 para que el nacionalismo tenga alguna implantación en Álava y en Navarra, muy débil en ambos casos.

El PNV empieza una transformación interna hacia 1910 cuando la generación de Irujo, Aguirre y otros empiecen a aminorar el inicial carácter etnicista y a darle un carácter más abierto. De esta época es también la fundación, eso sí, de un sacerdote y bajo la advocación de San Andrés, de ELA/STV que plantea la armonización de intereses entre empresarios y trabajadores vascos en contraste con el planteamiento de pura lucha de clases de la UGT de la época. Lo que se evidencia con estas transformaciones es la discontinuidad de la Historia, nos dirá Fusi. Todos los países cambian y el País Vasco nunca ha sido igual a sí mismo. De hecho, lo natural es cambiar, nos recordará el ponente.
En esta época transformadora el cambio radical lo experimenta Bilbao, mucho más que las otras capitales vascas. En cierto que San Sebastián ha dejado de ser una población fortificada para cambiar de carácter con la moda de los baños de mar, la instauración del juego y la llegada del ferrocarril. Álava y Vitoria y en cierta medida también Pamplona, se mantendrán estancadas hasta 1960 conformando en el caso de la capital alavesa una auténtica ciudad levítica con rentistas, militares y, sobre todo, religiosos.
La trasformación industrial del País tiene también un reflejo cultural en una eclosión de arquitectos como Bastida, Rucabado o Smith, pintores como Zuloaga, Arteta o Regoyos o escritores de la talla de Unamuno, Baroja o Maeztu. Lo que Unamuno llamaba la “honrada poesía vascongada” preindustrial, adquiere una pujanza relevante también en euskera con Ariztimuño (Aitzol) Lauxata y la propia configuración de la Academia de la lengua vasca, Euskaltzandía, por no nombrar las revistas, sociedades culturales, etc, que emergen en la época.
Durante esta época el nacionalismo sigue profundizando en el País, no tanto insistiendo en la identidad vasca en sí misma, sino en el hecho de que esta identidad es constitutiva de una nación diferente a la española. Para cuando llega la II República puede decirse que dos elementos configuran la Historia vasca contemporánea: el pluralismo y la nacionalidad. Y es que, aunque el nacionalismo ha crecido con fuerza a lo largo del nuevo siglo, nunca ha llegado a ser hegemónico. Así el PNV solo ganó las elecciones de 1933. En 1931 ganaron socialistas y republicanos y en 1936 lo hizo el Frente Popular.
Durante la República el PNV persiguió la obtención de un estatuto de autonomía cuya conformación no fue fácil. El primer proyecto de la sociedad de Estudios Vascos fracasó, lo mismo que el propuesto por una mayoría de ayuntamientos en lo que no estaban integrados ninguna de las capitales. En el plebiscito de 1933, Navarra se retiró y Álava votó en contra. Tuvo que llegar la guerra para que se concediera un Estatuto de Autonomía que solo afectó a Vizcaya y a una mínima parte de Guipúzcoa y que prácticamente redactó Indalecio Prieto al dictado telefónico para evitar el alineamiento de un inicialmente dubitativo PNV con las fuerzas insurgentes. Ese Estatuto ató al PNV a la República, como era la intención de Prieto.
La guerra se centró sobre todo en Vizcaya y duró de marzo a junio de 1937 y el esfuerzo bélico vasco no se coordinó con el de la República lo que no puede decirse que constituyera la causa de su derrota, aunque, evidentemente, tampoco contribuyó a evitarla. Lo que resalta el profesor Fusi es que la guerra en Euskadi tuvo mucho de guerra civil entre vascos. No se trata, pues, de un fenómeno que pueda explicarse como una agresión franquista a los vascos cuando a las brigadas carlistas navarras se unieron tantos guipuzcoanos, sobre todo, de la zona de Tolosa, bastión carlista tradicional. Durante la guerra morirían en combate entre 15 y 17.000 hombres a los que habría que añadir unos 5000 represaliados de los cuales unos 1000 fueron perpetrados por los contrarios al alzamiento, aunque, eso sí, su concentración en 15 o 20 días hizo que su impacto fuera muy grande.
Con la posguerra empezó en el País, como en el resto de España, una época oscura, triste y fallida pero que dio paso a otro hito fundacional de la Historia contemporánea vasca: la eclosión del desarrollismo del periodo 1955-1975. Durante este periodo la industrialización se extiende tanto a Álava como a Navarra y lo hace con tal intensidad que para 1975 todo el País acaba siendo un continuum industrial-urbano. Surgen nuevos y pujantes sectores económicos como el energético o la máquina herramienta y se afianza el fenómeno cooperativista de Mondragón. Por su parte, San Sebastián, que siempre tendió a vivir a espaldas a la provincia, se configura como una capital de servicios que llega hasta la misma Éibar tradicionalmente más unida a Bilbao hasta entonces. La macrocefalia vitoriana respecto a Álava se acrecentó y la ciudad curil se transformó en industrial. Algo parecido a lo que sucedió en Pamplona.
Este periodo del desarrollismo tuvo también un reflejo cultural con otra eclosión artística de primerísimo nivel. Además de los Chillida, Oteiza y otros escultores hubo también una proliferación de pintores excelentes desde Zumeta, Ruiz Balerdi o Ibarrola, entre otros muchos, así como literatos o cantautores. De estos años es la basílica de Aránzazu que tiene más de manifiesto que de santuario.

Es también en esta época cuando surge otro hito fundacional, transformador de la Historia Vasca: ETA. De forma tan resumida como precisa, nos dirá nuestro invitado, que ETA no nace de ningún problema previo, sino que ETA se constituye en problema en sí misma. De nuevo trayendo a colación el carácter no determinista de la Historia, nos dice el profesor Fusi que la represión franquista no necesariamente tuvo como resultado a ETA. No fue inevitable que Etxebarrieta matara al agente Pardines y se iniciara así una senda de sangre que tanto dolor trajo consigo y tanto perjudicó al País. Llevar la lucha contra el régimen por la vía violenta fue una opción deliberada que perfectamente podría haberse evitado en una sociedad como la vasca que en los años 60 vivía muy acomodada al desarrollismo franquista. De hecho, nos recuerda el ponente, la causa de la lucha de ETA no fue la democracia como acredita que su máxima intensidad ocurriera cuando la transición había tenido lugar y el Estatuto de Autonomía estaba en vigor. En definitiva, ¿cómo pudo ocurrir? y “violencia ¿para qué?” son las grandes preguntas que plantea este hito de la Historia contemporánea vasca.
Finalmente, el último de los grandes hitos fundacionales de la Historia contemporánea del País es la constitución del Gobierno Vasco bajo un Estatuto que confiere a Euskadi un grado de autonomía que no lo ha tenido en ningún momento previo de su historia. Una sucesión de Gobiernos con mayor o menor hegemonía del PNV, pero siempre bajo su titularidad se han mantenido en un tono discreto y sereno, huyendo de los extremos y centrándose en una gestión eficiente que ha sido capaz de superar una reconversión industrial enorme para crear una base económica más diversificada y tecnológicamente puntera.
A pesar de que los sucesivos gobiernos vascos no han cejado de ahondar en una cierta construcción nacional nacionalizando fiestas, denominaciones o instituciones, la sociedad vasca sigue siendo plural y tolerante y que, bajo gobiernos nacionalistas moderados ha tenido también un reflejo cultural relevante como muestra, entre otras muchas cosas, la formidable proliferación de museos e infraestructuras culturales de todo tipo.
Juan Pablo Fusi Aizpurua (San Sebastián, 24 de septiembre de 1945)[3] es un historiador español, centrado fundamentalmente en la historia de España contemporánea y, especialmente, sobre el País Vasco y los nacionalismos. Es discípulo de Raymond Carr.
Es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Filosofía y Letras (Historia) por la misma universidad.
Asimismo, es doctor en Filosofía por la Universidad de Oxford y recibió el título de doctor honoris causa en Humanidades de la Universidad de Nueva York.

