
Evolución del Coronavirus, COVID de larga duración y vacunas. Con Luis Enjuanes (29 Mayo 2025)
Los virus no son organismos vivos, nos decía el ponente Luis Enjuanes, uno de los virólogos más acreditados de España. Y no lo son, añadía, porque, a diferencia de las bacterias, por ejemplo, los virus no tienen entidad propia para vivir y reproducirse, sino que utilizan las células en las que se introducen, que infectan, para alimentarse y crecer.
Los virus interactúan con los genes de las células en los que se introducen lo que impulsa su variabilidad casi al infinito. Puede decirse, afirmaba el ponente, que no hay dos virus con el genoma RNA iguales.
En la composición de los virus resulta crucial si genoma. Si éste contiene ácido desoxirribonucleico, ADN, ese virus no muta o tiene una mutabilidad muy reducida. Si, por el contrario, el genoma del virus contiene ácido ribonucleico, ARN, muta constantemente en un proceso, digamos, de reinvención extraordinariamente rápido y prolijo.
Los virus, por lo general, son específicos para cada especie y no suelen saltar de una especie a otra salvo unos pocos que los convierte en extraordinariamente peligrosos para la especie que colonizan si no ha desarrollado defensas específicas contra ellos.
Pues bien, el coronavirus reúne características que lo hacen especialmente peligroso. Para empezar, su variabilidad es extrema. Prácticamente cada especie, nos decía Luis Enjuanes, tiene sus coronavirus particulares. Además, es un virus cuyo genoma es ARN, esto es, muta constantemente. Finalmente, el coronavirus es de los virus que salta de una especie a otra. El conjunto concurrente de estas características en un solo virus es la que le da al coronavirus una letalidad elevada y lo hace particularmente difícil de combatir.
El origen del coronavirus está en el murciélago desde donde salta a otras especies. El murciélago es, nos dice Enjuanes, un animal particularmente peligroso por la cantidad de virus que su organismo alberga de manera inocua para los murciélagos pero que resultan mortales para otros seres vivos; por ejemplo, para el hombre.
Con esa forma esférica y las protuberancias que lo hacen tan característico y que le facilitan adherirse a las células que infecta, se conocen 9 clases de coronavirus de los que se han aislado 7. De estos 7, cuatro llevan con nosotros desde los años 60 y 70 del siglo pasado y, atenuados como están, todos hemos padecido pequeñas dolencias relacionadas con los mismos, desde resfriados a las conjuntivitis de piscina de nuestra niñez.

Sin embargo, hay tres variantes de coronavirus que resultan mortales para nosotros. Por esa razón, su estudio requiere de laboratorios de alta seguridad como los que existen en España desde 2002.
El primero de estos coronavirus, el SARS-CoV apareció a principios de este siglo, infectó a unas 8000 personas, se extendió por 29 países y mató a 800 personas, un 10%, esto es, una tasa de mortandad alta.
La capacidad del SARA-CoV de saltar de una especie a otra que se ha mencionado, hace que su aparición sea más frecuente en China donde se comen toda clase de animales. Esta variedad concreta apareció al sudeste de China, cerca de Hong Kong, y, tras analizar los distintos animales que se vendían en los mercados locales, tales como mapaches, visones o civetas se pudo comprobar la variedad que se había identificado en humanos era la misma que tenían las civetas. Quedó asícomprobado que, aunque inicialmente el coronavirus viene del murciélago, fueron las civetas o, mejor dicho, su ingesta, lo que lo transmitió a los humanos.
La segunda de las variedades mortales del coronavirus fue la del MERS-CoV que apareció en 2012 en Arabia Saudita. Su transmisión a los humanos fue también un caso de zoonosis, esto es, de salto del virus de una especie a otra. Esta vez, la transmisión venía del camello favorecido por el estrecho y próximo contacto que se mantiene con este animal en la península arábica. Los infectados por el MERS-CoV fueron menos, 2.650 personas, pero su mortalidad era muy alta: un 37% de los infectados. Más de uno de cada tres.
El más letal de los coronavirus fue el SARS-CoV-2 que apareció en Wuhan, de nuevo, en China, en el 2019. Esta variedad infectó a 777 millones de personas, se extendió por 235 países y, aunque menos letal que su variable arábica, mató al 2% de los infectados: millones de personas.
El SARS CoV 2 también surgió en un mercado, esta vez asociado a los mapaches, desde donde se extendió favorecido por múltiples factores entre los que el paso del Yangtsé por la ciudad no era el menor de ellos. El que en Wuhan estuviera también ubicado un laboratorio de alta seguridad dedicado al estudio de los virus, facilitó que personajes de la relevancia del presidente de los EE. UU. se empeñaran en atribuir la pandemia al descuido o la intención de este laboratorio. No existe, sin embargo, evidencia alguna que permita sostener esta acusación. Muy al contrario, el análisis de los excrementos de los mapaches del mercado permite atribuir con una seguridad rayando en el 100%. la extensión del SARS-CoV-2 a un claro caso de zoonosis.
Hoy en día, seis años después de la eclosión de la mayor pandemia mundial desde la fiebre española de 1918, el coronavirus infecta a 3.600 personan al día y perecen, también cada día, 80 personas.
Son cifras muy pequeñas que permiten afirmar que el SARS-CoV-2 está controlado.
Más seria, nos dice Luis Enjuanes, es la problemática de la enfermedad COVID 19 de larga duración. La padece 68 millones de personas en el mundo y sus variantes son muy numerosas. No solo hay que contar entre estas variantes las más de 200 identificadas, sino que, al combinarse entre sí, su variabilidad explosiona y se manifiesta en distintas dolencias que van, literalmente, desde la cabeza a los pies.
Básicamente, el COVID de larga duración denota que el virus sigue actuando en el cuerpo. Aunque su ubicación preferida es el tracto intestinal, a veces se esconde en partes de cuerpo que conforman conjuntos semiautónomos como el globo ocular o los testículos masculinos donde el sistema inmunológico actúa con menos efectividad. Además, su división y subdivisión constante llega al punto de perder partes de su genoma con el objeto de hacerlos más difícilmente identificables por el sistema de defensa inmune.

Las patologías que genera, según el ponente, pueden ser muy serias, tanto que pueden atacar al propio sistema inmunológico, provocar inflamaciones crónicas o generar micro coágulos que pueden hacer colapsar distintas partes de nuestro cuerpo. Por si no fuera suficiente, el COVID de larga duración tiene también la capacidad de reactivar enfermedades que se tenían por controladas como la varicela.
Contra la enfermedad Covid-19 persistente se han desarrollado medicamentos como la Metformina que son aplicables a dolencias muy específicas, pero, aunque todavía no contamos con una solución general a sus diversas manifestaciones, se está comprobando que medicamentos contra otras dolencias como la diabetes de tipo 2, resultan efectivas contra el COVID persistente.
Finamente, Luis Enjuanes abordó la cuestión de las vacunas. Su efectividad, nos dice el ponente, depende en primer lugar del genoma del virus. Si contiene ADN, estos. Virus mutan muy poco y las vacunas provocan inmunidades muy prolongadas como las de la viruela que sigue siendo efectiva en nosotros 60 años después de inoculada. Sin embargo, virus con genoma ARN, como la gripe o el SRS-CoV-2, mutan constantemente lo que nos obliga a generar vacunas específicas cada año.
Para desarrollar las vacunas, los investigadores intentan identificar las bases moleculares de cada virus para diferenciar de entre ellos, los genes responsables de su virulencia. En este proceso se van seleccionando los distintos para inocular los virus defectivos resultantes y ver los que son responsables de la virulencia del virus, para atenuarlos y convertirlos en vacunas.
En esta labor, los laboratorios españoles están muy avanzados, nos dice Luis Enjuanes. En conexión intensa con laboratorios de todo el mundo, particularmente con los estadounidenses, y apoyándose en esos laboratorios de seguridad creados en 2002, la investigación española va desarrollando vacunas específicas, por ejemplo, las que deben inhalarse lo que, en consecuencia, las dirige directamente al pulmón para inducir una respuesta inmune en el aparato respiratorio que es donde se necesita.
Las vacunas son uno de los grandes descubrimientos de la Humanidad. Aunque su efectividad vaya disminuyendo con la edad, nuestro ponente nos recomienda encarecidamente vacunarnos con cuantas vacunas se nos ofrezcan y ello, no solo por la dolencia específica contra la que nos previenen, sino porque se ha demostrado que los potenciadores de unas vacunas refuerzan a otras.
En este campo España cuenta con un plantel extraordinario de profesionales y científicos, no solo en los laboratorios ubicados en el país, sino en la pléyade de especialistas respetadísimos diseminados por la UE y, sobre todo, por EE. UU. El coloso americano lo sigue siendo también en esta materia a pesar del dislate que supone que su presidente tenga a un declarado antivacunas cono secretario de Sanidad.
El químico y virólogo Luis Enjuanes es un especialista en coronavirus, autor de casi 60 libros, 250 artículos, miembro de la Academia de Ciencias Naturales de España y de EE. UU. y Premio nacional de Biotecnología y también del Premio Nacional de Investigación en Medicina Gregorio Marañón.

