Por D. Alejandro Cearreta, Profesor titular de Micropaleontologia de la UPV

En el año 2000, Paul Crutzen (Premio Nobel de Química) y Eugene Stoermer (limnólogo) declararon que la influencia humana había conducido la Tierra a una nueva fase de su historia geológica: el Antropoceno. Desde entonces, este concepto ha entrado rápidamente en la literatura científica como una clara expresión del grado de cambio ambiental provocado por los humanos en nuestro planeta. Su posible definición y aceptación formal se ha convertido en una cuestión importante dentro de las Ciencias de la Tierra. El Antropoceno es un paradigma muy efectivo para expresar que la humanidad está cambiando el modo en que el planeta funciona.

Durante más del 90% de sus casi 200.000 años de historia, Homo sapiens ha existido sólo como cazador-recolector y sus impactos se registraron sólo levemente a escala global. El desarrollo de la agricultura, hace unos 10.000 años, condujo a un modo de vida más sedentario, al desarrollo de pueblos y ciudades, y a la creación de complejas civilizaciones. Alrededor del año 1800 comenzó la era industrial, y con la llegada de los sistemas energéticos basados en combustibles fósiles cambió la propia estructura de la existencia humana y su capacidad para modificar el planeta: los ecosistemas terrestres fueron transformados desde mayoritariamente salvajes a mayoritariamente antropogénicos, superando el límite de 50% al inicio del siglo XX. En los dos últimos siglos la población humana ha pasado de 1.000 a 7.500 millones de personas, mientras el uso de la energía se ha multiplicado por 40 veces y la producción económica por 50.

El análisis de la historia ambiental más reciente ha identificado una fase de impulso en el incremento de la población, el crecimiento económico y el cambio ambiental asociado, iniciada a mediados del siglo XX, tras el final de la II Guerra Mundial. Esta fase ha sido denominada como la “Gran Aceleración” y se caracteriza por la urbanización y la globalización. Más de la mitad de la población mundial vive hoy en zonas urbanas (53%) y sus niveles de interconexión electrónica y consumo son muy grandes. Los últimos 60 años han visto la transformación más rápida de la relación entre los seres humanos y el medio natural de toda la historia de la humanidad.

Esta actividad humana está dejando una marca indeleble en el registro geológico. La señal de contaminación más isócrona de la mitad del siglo XX tiene que ver con el inicio de la era nuclear y la difusión global de los radionucleidos artificiales. El enriquecimiento a escala planetaria de isótopos artificiales como resultado de las más de 500 pruebas atómicas en la atmósfera, principalmente desde 1945 hasta 1980, puede crear un horizonte marcador global para el Antropoceno.

Asimismo, los artefactos producidos por nuestra especie a lo largo de su historia pueden ser utilizados para datar los depósitos sedimentarios que los contienen; de este modo, por ejemplo, el Paleolítico, el Mesolítico y el Neolítico representan sucesivos estadios de evolución cultural humana definidos por la presencia de sus particulares tipos de artefactos. El crecimiento explosivo de la población humana desde la Gran Aceleración ha venido acompañado de un incremento en la velocidad de evolución tecnológica, y la globalización ha expandido los nuevos artefactos por todo el planeta. La creación y dispersión global en el medio de nuevos materiales de origen humano (plásticos, aluminio, cemento) y de artefactos fabricados con esos materiales (ladrillos, bolígrafos, CDs, teléfonos móviles) pueden ser considerados como los tecnofósiles del futuro. Los tecnofósiles que se preserven a escala geológica (miles o millones de años) contribuirán a señalar el Antropoceno en el futuro.

El Antropoceno ha atraído el interés público porque integra los muchos y diversos tipos de cambio ambiental que han tenido lugar. La fuerza real del concepto se encuentra en su potencial para influir sobre la opinión pública: el Antropoceno puede aportar una legitimidad científica muy poderosa a las personas preocupadas por el cambio climático antropogénico y la degradación ambiental. El concepto Antropoceno desafía el punto de vista tradicional de la Geología que siempre ha mirado hacia el pasado. Tiene la capacidad de convertirse en la unidad más politizada de la Escala del Tiempo Geológico y, por tanto, de llevar a la clasificación geológica formal a un terreno desconocido.