(Crónica de Javier Cano y Manu Clausen)

El pasado día 15 de Octubre un significativo grupo de nueve Diletantes, siete de ellos acompañados por sus mujeres, emprendimos viaje a Roma. El grupo partió del aeropuerto de Santander a bordo de una compañía irlandesa de “Low fare”, de la que prefiero no opinar, más que nada por la ausencia de otra alternativa con la que poder comparar el nivel de los servicios.

Al llegar a Ciampino, tuvimos que esperar un buen rato al autobús lanzadera que nos debía acercar a la Estación Termini. El trayecto discurrió sin más novedad que la ausencia de aire acondicionado o de una ventilación efectiva, lo que provocó la congestión, el sofoco y la fuerte transpiración del grupo.

Superadas estas dificultades técnicas a base de duchas, nos acercamos al Restaurante Mario, muy conocido y tradicional en Roma, donde disfrutamos de la compañía y muy agradable conversación de Paloma Gómez Borrero y de Jorge Hevia Sierra, mientras dábamos cuenta de unos antipasti excelentes. A pesar del mal estado de salud de Paloma, por un fuerte trancazo, nos amenizó contando anécdotas del Vaticano y de los viajes papales, así como de algunos significativos visitantes españoles a Roma. A los postres se presentaron los primeros comentarios sobre el Tiramisu…

Cuando se retiró Paloma, continuamos la tertulia con Jorge Hevia, que nos explicó interioridades de las Embajadas que ha conocido y algunas anécdotas interesantes sobre los viajes del Rey.

Tanto a Paloma como a Jorge se les invitó a participar en una reunión de los Diletantes en Bilbao, invitación que fue aceptada por ambos.

Al día siguiente nos acercamos al Vaticano donde, con el salvoconducto de nuestra Embajada, evitamos las colas y nos encontramos con nuestro guía Jean Pietro Spagnolo, maestro de guías y que con su vasto conocimiento y fino humor nos fue enseñando las piezas más representativas de los Museos Vaticanos y con una atención especial a la Capilla Sixtina.

La comida la hicimos en la Trattoria da Marcello, cercana a una concurrida tienda de artículos religiosos, que nos mantuvo entretenidos con sus visitas durante toda la comida. Al finalizar la misma, el grupo se dispersó y mientras unos ojeaban los atractivos escaparates de las calles comerciales, otros visitaban alguno de los numerosos monumentos de la Ciudad Eterna.

La cena tuvo lugar en un restaurante próximo al hotel, con un servicio sorprendente por lo rápido. Dimos cuenta de unos copiosos antipasti y unos excelentes bisteccos y tártaros. A los postres se volvió a plantear el tema del Tiramisu, al que, aun estando excelente, se le echaba a faltar un toque de Amaretto, al igual que al del Mario. Con ello se estableció un desafío para degustar el que nos va a preparar Sylvie, mi mujer, siguiendo la receta de la “famiglia”. No olvidéis que, a pesar de ser belga de origen, tiene un montón de apellidos italianos, del norte de Italia, claro. Hay que resaltar que este desafío quedará limitado a los asistentes al viaje, que son los que probaron los de Roma. Lamentablemente no se podrá abrir más el cupo por razones evidentes (falta de platos y de cucharillas).

El viernes 17 amaneció cubierto y al de un rato empezó a llover persistentemente. Esto obligó a proveerse de paraguas antes de visitar la Embajada Española cerca de la Santa Sede, donde nos recibió el Embajador en persona y nos acompaño en una visita al palacio que la alberga. Es de agradecer el trato recibido por parte del Embajador, D. Francisco Vázquez, así como de todo el resto del personal.

A la salida de la Embajada llovía menos y el grupo se dispersó de nuevo para compras y visitas de interés, así como para comer.

A la taurina hora de las cinco en punto de la tarde se volvió a juntar el grupo para visitar la Villa Borghese, con su impresionante colección de arte y sus jardines espectaculares. Una posterior visita a un concesionario de Ferrari y Maserati nos permitió admirar otro tipo de obras de arte, para tener una visión más completa de lo que es capaz de ofrecer el creativo pueblo italiano.

La cena sufrió algún cambio sobre lo previsto y finalmente tuvo lugar en un reservado de un cercano restaurante, compartido con otra mesa de ocho comensales que nos dio mucho juego sobre la composición del grupo vecino, sobre todo por el peculiar estilo de las “comensalas”. Según nuestra camarera peruana, se trataba de cuatro italianos y cuatro mujeres del Este, de esas que suelen acompañar a los hombres con “plata”… Esta cena sirvió como despedida, ya que algunos miembros del grupo nos abandonaban al día siguiente.

El sábado teníamos concertada una visita clásica por el circuito más turístico de la zona arqueológica. Nuestro guía, Luciano, resultó “poco ligero” en sus disertaciones y parecía que nos estaba examinando. Visitamos el Coliseo, el Foro y el Panteón entre otras cosas. Al acabar la visita el grupo se volvió a dispersar para las últimas compras y visitas así como la última cena que cada pareja realizó por libre en lo que alguien llamó “Cena Romántica”…

Hay que señalar que todos los días, un nutrido grupo de Diletantes tenían a bien cerrar la jornada en el famoso HARRY´S BAR de la no menos famosa Vía Veneto, compartiendo con el barman los secretos de la óptima preparación del Gin-Tonic, que desde la presencia de los Diletantes en el bar se sirve en copa grande.

El regreso se realizó al día siguiente con el mismo entusiasmo que a la partida y más cansancio acumulado, pero con el agradable regusto de haber disfrutado de un viaje con un fuerte contenido cultural y provocado un mayor conocimiento entre los miembros del foro. Ah!, y también con el regusto del tiramisu. En la despedida final se oían voces pidiendo con entusiasmo la proliferación de éste tipo de viajes, especialmente intensas por parte de la sección femenina del grupo.