Los amplios y serenos campos de Castilla recibieron la visita de un grupo de Diletantes, en esta ocasión algunos de ellos acompañados de sus respectivas mujeres, y que provenientes de la Muy Noble Villa de Bilbao, se lanzaron a visitar el Pueblo de Urueña, en la Provincia de Valladolid, sede de la Villa del Libro, allá por el siete de junio de los corrientes, en el dos mil ocho.

Tras una agradable y espléndida cena en la Posada del Pinar , sita en el pinar del Pueblo denominado Pozal de las Gallinas, en la que destacó el pollo de corral, propio de aquellas tierras, y otros sabrosos manjares, todo ello regado de buen vino, se disfrutó de un buen reposo dada la paz que reina en aquél lugar. La charla durante la cena, amén de llevar cierta educada polémica –como es habitual- debida al papel (roll que dirían los cursis) de las mujeres en el grupo, y otros interesantes temas, demostró el talante liberal, abierto, cosmopolita y conciliador del que los Diletantes hacen gala.

El día siguiente, o sea el siete del citado mes, y ya en el Pueblo de Urueña, el grupo disfrutó de las explicaciones que el Director del Centro E-lea, Pedro Mencía, acerca de la génesis del proyecto de la Historia del Libro. Su explicación fue docta, ya que versó -no solamente- sobre el libro, sus contenidos, su impresión, y sus medios a lo largo de la historia, sin también acerca de las reuniones y actos que se celebran en el lugar. A Pedro Mencía le quedamos muy agradecidos, ya que nos acompañó en la comida que se celebró luego en la Bodega Dehesa de los Canónigos, y en la que pudimos ampliar nuestras impresiones, además de degustar de los caldos de la nombrada bodega. Allí, como no, disfrutamos de un buen cordero.

Deseamos que el Pueblo de Urueña, que cuenta con más de 10 librerías, con la Fundación Joaquín Diaz, compositor, trovador castellano (uno de esos del folk song como diría otro cursi) y también del estupendo Museo de instrumentos, vaya consolidando su buen nombre, y completando su interesante oferta, y logre ser conocido, como lo son otros pueblos españoles (Pedraza por ejemplo) o de la Toscana italiana.

Todo esto ocurrió gracias a la dedicación de nuestro querido Manu Clausen, y a las labores de vanguardia exploradora de Carlos Biurrun. Nuestra gratitud.

Crónica de Guillermo Barredo