No es siempre fácil que el sub-título de un libro como “El Hundimiento de la Banca”,escrito por Iñigo de Barrón Arniches defina con mayor claridad quienes han sido los culpables de la crisis que afecta al sistema financiero y, por tanto, a la economía española en su conjunto y que esta crisis, tenga nombre y apellidos, porque Iñigo en su libro identifica con nombre y apellidos a alguno de los culpables.
De crisis y culpables tuvimos la oportunidad de dialogar con Iñigo, merced a los buenos oficios de Juan Luis Alcaraz, que se encargó de realizar la gestión para que este periodista bilbaíno, especialista en información financiera y que desempeña sus tareas en El País, hiciera un hueco en su agenda; dejara por unas horas la villa y corte y se acercará a esta villa que sin ser corte si fue un lugar de referencia en el nacimiento del sistema financiero.
Eran épocas pretéritas cuando los bancos y las cajas, casi sin excepción, desempeñaban ordenadamente su papel de facilitar el fluido vital a los diferentes agentes económicos, logrando el trasvase de dinero de las unidades con superávit a las que tenían déficit, en el marco de la economía real, cobrando y haciendo negocio por el servicio prestado y, en un alto nivel de confianza que hoy, se ha quebrado, por la actuación, en muchos casos fraudulenta, de los gestores del pelotazo financiero, más preocupados de enriquecerse personalmente que de contribuir como industria al buen funcionamiento de la economía y al crecimiento social.
Confianza dilapidada cuando además y mediante verdades a medias o mentiras y engaños se ha involucrado a pequeños ahorradores en procesos de inversión y riesgo como el de las preferentes, a la búsqueda de capitales que en el caso de las Cajas ha sido especialmente relevante.
A dilapidar la confianza, fundamental para el buen funcionamiento del sistema financiero, ha contribuido también la poca transparencia en la configuración de un modelo de gestión de las Cajas que, siendo el centro del ahorro popular, primero fueron lugar de colocación de gestores incapaces pero proclives a los mandatos de los políticos de turno, después pesebre de oro vía salarios y pensiones y más tarde con la anuencia del poder, entidades sistémicas a las que había que rescatar para proteger a los depositantes o impositores. Y todo ello reprobable éticamente pero, en opinión de Iñigo, bien tramado administrativamente para dificultar desde el punto de vista judicial, la aplicación del “que la hace la paga” o mejor la aplicación de principios de responsabilidad, es decir, “las personas son responsables por acción o por omisión”.
Pues bien y para empezar, los políticos que a partir de 1985 con la Ley de Órganos rectores de las Cajas propiciaron que el 70 % de los representantes (vía corporaciones locales etc.) tuvieran carácter político lo que determinó que, en los cargos ejecutivos, se instalara una casta de políticos-ejecutivos que evidentemente no eran los mejores gestores financieros, ya tenían parte de la sartén. Si consideramos que el mango de la sartén, es decir, las tareas de supervisión correspondían al Banco de España donde el influjo político era también determinante ya tenemos la sartén completa y el resultado final que de un sistema de 90 Cajas, fundamentales para la intermediación financiera de proximidad y más vinculada a las familias y pequeños negocios, nos quedan ahora 2 y, miles de pequeños ahorradores protestando en las calles porque  han perdido el dinero acumulado con su esfuerzo, mientras que alguno de los gestores llevados por su codicia, falta de ética y de honestidad se “han ido de rositas” llevándose personalmente parte del dinero bajo la forma de “salarios desproporcionados” “indemnizaciones pactadas”, “pensiones” “créditos y prestamos a tipo cero” “primas únicas” etc. y, dejando además tras de si un reguero de “prestamos incobrables a promotores y amigos”, aeropuertos, polideportivos y parques temáticos, etc. inoperantes y que siguen siendo un sumidero de dinero público.  
Iñigo también nos habló de los efectos colaterales de esta crisis financiera pero especialmente de Cajas, ya que, las Cajas no podemos olvidar que además de facilitadoras de crédito, al no ser estructuras de corte capitalista y por tanto no necesitadas de distribuir beneficios, realizaban en este país una importante labor social a la que destinaban al inicio de la crisis en 2007, 2.000 millones de euros y que tal como andan las arcas del Estado y de las Comunidades desaparecerán con los nuevos modelos bancarizados, lo que implica menos recursos en el desarrollo de actividades para los pequeños ahorradores y los grupos más necesitados, a los que iban destinados estos recursos.
El libro “El hundimiento de la Banca”, que recoge en detalle una parte de la comunicación realizada por Iñigo en el Foro, está editado en los “Libros de la catarata” y consta de 8 Capítulos:
1.- La borrachea inmobiliaria. 
2.- Un supervisor incapaz de corregir el rumbo.   
3.- Los inspectores del Banco de España avisaron de los peligros. 
4.- La falsa solidez del sistema financiero. 
5.- Caja Castilla – La Mancha: La primera bomba financiera. 
6.- Los problemas de las cajas se agudizan por unas fusiones equivocadas. 
7.- Bankia: El crimen perfecto. 
8.- Sueldos de escándalo y el timo de las preferentes.