En Toledo no convivieron tres culturas, sino que una sola sociedad, que se fue amalgamando con el paso de los siglos, conformó un único colectivo social en la que coexistían tres religiones pero con una misma base: una única cultura compartida.

Esta fue la principal conclusión que sacamos en una primerísima visita que dimos a la ciudad, el propio viernes 20, al poco de llagar a Toledo, en esa hora mágica entre el atardecer y la noche.

De la mano del profesor de Historia, Felipe Vidales, se nos fue introduciendo en una interpretación diferente de la España de la época que desmitifica el arquetipo de “las tres culturas”. De acuerdo con esta visión nueva, un Toledo milenario fue conformándose, primero en un entorno visigótico, después musulmán y más tarde cristiano para conformar una sola amalgama social en la que se practicaban, sí, distintas religiones pero que se compartían modos de vida, lenguas, arquitectura, tecnologías constructivas, etc. Esto es, conformaban un mismo acervo cultural.

Mira este estupendo video de RTVE de nuestro guía Felipe Vidales. «Toledo Oculto»

 

Con unos monarcas, musulmanes primero, cristianos después, preocupados, unos y otros, por poco más que recaudar impuestos y garantizar la convivencia pacífica, esta sociedad plural cuestiona los calificativos de mozárabe o mudéjar que enfatizan las influencias de unos en otros cuando, en realidad, se nos insistía, no son tantas influencias sino componentes de un mismo y compartido acervo cultural. En este sentido, constituye un ejemplo asombroso la Iglesia de San Román edificada a la par de la Alhambra de Granada y en la que se reproducen las mismas columnas, los mismos motivos, así como inscripciones en latín o en árabe.

Iglesia de San Román
Iglesia de San Román

Será más tarde cuando del Norte de España y de Europa empiece a llegar a Toledo y al centro y sur de España ese estilo arquitectónico, el gótico, que sí que es exótico y extranjero en este mundo todavía mucho más apegado a lo andalusí. Y será también más tarde, según vaya avanzando la Baja Edad Media y en ya en los albores de la Moderna cuando la evolución de la Historia lleve a profundizar en las distinciones religiosas hasta alcanzar cotas trágicas con la expulsión de los judíos primero y los moriscos después.

Directora del Museo Sefardí, Carmen Alvarez
Directora del Museo Sefardí, Carmen Alvarez

Perfectamente ubicados mentalmente, el sábado 19 por la mañana fuimos capaces de llegar por nuestros propios medios, aunque no sin alguna dificultad, hasta el Museo sefardí por el enmarañado callejero de Toledo. Allí nos recibió su directora Carmen Álvarez, hija de Trinidad Nogales, directora del museo romano de Mérida y antigua ponente de los Diletantes. Amabilísima, Carmen nos introdujo en la complejidad del mundo hebraico y en el que distintas ascendencias culturales se unen solo por una misma religión. De su mano, la bellísima Sinagoga del Tránsito adquirió todo su sentido y, confirmando lo que habíamos aprendido la tarde anterior, tuvimos el privilegio de contemplar las delicadas yeserías, tan sorprendentemente arábicas, aunque entre las mismas, en un alarde de eclecticismo cultural, estuvieran representadas los escudos del rey de Castilla, al que servía el rico y poderoso promotor de la sinagoga, Samuel ha-Leví.

Sinagoga del Tránsito
Sinagoga del Tránsito

Durante la visita se nos fue introduciendo en las complejidades de la convivencia de la comunidad judía. Fue difícil en el entorno godo, después más fluida, aunque no exentas de algunas tensiones, con el mundo musulmán. Finalmente, ya en el contexto cristiano la convivencia empieza gradualmente a complicarse hasta alcanzar su cenit trágico con la expulsión de la comunidad judía en 1492. Los hijos de Sefarad se distribuyen primero por Portugal y desde ahí hacia Holanda y Bélgica; menos hacia Francia o menos aun hacia Alemania. Otro contingente importante se instala en el Norte de África para expandirse después por el imperio otomano. Son comunidades que algunas conservaron el castellano de la época, el ladino, y que siempre guardarán un profundo amor por España. También quedaron en los reinos españoles un fuerte contingente de judíos conversos y de criptojudíos que en sí mismos constituyen una problemática histórica de gran interés e importancia.

Sin concluir la mañana del sábado, tuvimos ocasión de desplazarnos a la casi contigua Real Fundación de Toledo cuyo director, Eduardo Sánchez Butragueño, nos acompañó por los delicados jardines colgados del Tajo, justo frente los cigarrales. Sánchez Butragueño nos introdujo en las dos exposiciones que tenían lugar en la Fundación: la del escultor figurativo Victoriano Macho (1887-1966) y la del pintor abstracto y también escultor, Rafael Canogar (1935), ambos toledanos. Entre varias, el busto de Miguel de Unamuno y de Dolores Ibarruri nos acercaron a la historia vizcaína y sus vicisitudes.

Visita nocturna
Visita nocturna

En el almuerzo posterior, nuestro presidente hizo entrega de un ejemplar del “Huevo de las Ideas” a Carmen Álvarez en agradecimiento, no solo por su amable guía durante la visita al museo sefardí, sino también por su inestimable ayuda en la organización de la logística de la excursión.

Incansables, los Diletantes completamos el día con otra visita, esta vez guiada por Almudena Cencerrado, presidenta de la Asociación de Guías Turísticos de España. Nuestra nueva guía empezó por introducirnos en lo opuesto de lo que habíamos visto: el Monasterio de San Juan de los Reyes cuyo claustro es un prodigio del gótico flamígero, o sea, nada que ver con lo que llevábamos visitado. Un ejemplo más de la extraordinaria riqueza de Toledo. A continuación, en la visita a la casa el Greco pudimos apreciar, además de algunas obras del cretense, la concepción y el diseño tan arábico de una típica casa toledana: austera en el muro exterior y espléndida en su interior.

Monasterio de San Juan de Los Reyes
Monasterio de San Juan de Los Reyes

Algunos de los Diletantes más aguerridos aun sacaron fuerzas para asistir a espectáculo del Puy de Fou por la noche. Ya por la mañana del domingo 20 partimos hacia Bilbao (algunos bien provistos de mazapanes y yemas) haciendo una parada obligada en Casa Tinín, de Sepúlveda, donde nos ofrecieron, como no podía ser de otra forma, un excelente lechazo.

Sepúlveda
Sepúlveda

Hacia las 8 de la tarde llegamos a Bilbao, cansados, pero más que contentos por una excursión en la que, de nuevo, como nos sucedió en la anterior que fuimos a Pasajes, todo salió bien: hasta el buen tiempo que nos acompañó y que, por lo que nos dijeron, los Diletantes habíamos llevado con nosotros a Toledo.