Con el Catedrático Ignacio Morgado Bernal

El recuerdo de las memorias complejas suele ser un proceso activo, una reconstrucción no siempre fiel de lo que inicialmente se almacenó en la memoria.  Una situación especial es aquella en que las memorias están disponibles, pero no son accesibles, es decir, cuando tratamos de recordar algo que estamos seguros de saber sin conseguirlo. Es el caso frecuente de «pero si esto yo lo sabía muy bien, ¿por qué ahora no me puedo acordar?», o el de «¿qué he venido yo a hacer aquí?», o quizá el de “tengo ese nombre en la punta de la lengua, pero no me sale”. Lo mejor para recordar consiste en situarnos en la situación externa e interna de nuestro organismo más parecida a la que teníamos cuando aprendimos lo que ahora pretendemos evocar. Cuando, por ejemplo, aprendemos despejados y activos, o, por el contrario, cuando estamos adormilados, o bajo los efectos de una droga estimulante como la cafeína, o depresora, como el alcohol, suele ocurrir que la mejor situación para recordar posteriormente lo aprendido es volver a estar en la misma situación en que se aprendió. En caso contrario la evocación del recuerdo puede estar dificultada y el individuo quedarse en blanco. Otro recurso es cambiar de lugar, ir, por ejemplo, de la cocina al comedor. Quizá allí podamos recordar.

 Otras veces recordar no es posible porque en realidad nunca formamos una memoria al no prestar atención a lo que se nos mostró o enseñó originalmente. El cerebro dispone también de proteínas que impiden de un modo natural la formación de memorias para todas aquellas circunstancias que carecen de importancia, de ahí la necesidad de la motivación como un mecanismo psicobiológico que refuerza los mecanismos cerebrales del aprendizaje impidiendo que actúen dichos frenos. Ejercicio físico, comida sana exenta de grasas saturadas y dormir bien son componentes básicos necesarios para formar buenas memorias. Recordar frecuentemente las cosas que no queremos que se nos olviden es también uno de los mejores ejercicios para no perder memorias. A partir de cierta edad todos vamos a perder capacidad de memoria, pero eso no significa que necesariamente vamos a tener una enfermedad neurodegenerativa. No debemos pasarnos media vida preocupados por cosas que nunca van a suceder.

Ignacio Morgado Bernal, Catedrático de Psicobiología del Instituto de Neurociencia, Universidad Autónoma de Barcelona ([email protected])