
Inteligencia Artificial. Una visión cinetífica con el DR. José Antonio Lozano
La inteligencia artificial (IA) es un fenómeno que parece que lo inunda todo. Atrae la atención de las gentes, sí, pero también de las empresas y los gobiernos que invierten cantidades colosales de recursos también en España donde se está desarrollando, aunque algo tardíamente, la Estrategia Española de IA. Más cerca, en la propia CAPV, el Centro Vasco de IA enfoca su labor en la aplicación y, en particular, en la adopción rápida de la IA por parte de la industria vasca.
En este marasmo, dice el Dr. Lozano, no es fácil definir con precisión qué es la IA, algo complejo que aglutina en parte a la filosofía, a la ciencia y, sobre todo, a la tecnología. Con todo, José Antonio Lozano, propone al Foro una definición de IA según la cual sería aquella área de la informática que estudia y desarrolla comportamientos inteligentes mediante métodos computacionales. Así pues, el ecosistema de la IA es informático y su lenguaje es eminentemente matemático.
Concretando un paso más, los componentes de la IA serían, según el Dr. Lozano, cuatro: El primero sería la percepción, esto es, la capacidad de recibir información ya sea hablada, visual, táctil, etc. El segundo componente, sería la capacidad de aprender y mejorarse a sí misma con lo aprendido. El tercero sería la capacidad de organizar ideas para alcanzar objetivos y, finalmente, el cuarto de los componentes sería la capacidad de comunicarse con terceros, humanos o no.
Las conjunciones de estos cuatro componentes conformarían lo que el ponente denomina la inteligencia general. A su juicio, a día de hoy ninguna de las manifestaciones de la IA las reúne.
Existen, eso sí, formas de IA que cuentan con alguno o algunos de estos componentes, pero no los cuatro simultáneamente. A esta capacidad limitada a alguno o algunos de los componentes de la inteligencia general, la denomina el ponente “inteligencia específica”.
Algunas de las manifestaciones actuales de esta inteligencia específica son extraordinariamente efectivas de manera que, como explicará más tarde, el desempeño de la IA en algunos ámbitos muy concretos es excelente.
Ahora bien, donde la IA no ha llegado es al sentido común y a esa manifestación del mismo que nos permite a los humanos inferir información de pequeños detalles que no hemos estudiado específicamente pero que vamos incorporando a nuestro bagaje intelectual para desarrollar esa capacidad de juicio que denominamos sentido común. Al respecto, el Dr. Lozano expone al Foro la fotografía de una tenista a la que, con ayuda de la IA, acompañan en un margen de la fotografía un enorme despliegue de datos biométricos, deportivos, etc. Pero en esa misma fotografía se vislumbra un trozo de una pista de hierba y un pequeño anagrama que nos dice que se trata de Wimblendon; aparece un 6 en la primera casilla del marcador que nos indica que el primer set ha terminado o aparece al fondo un adolescente con las manos asidas a su espalda que reconocemos como un recoge pelotas. Pues bien, toda esta información conforma un escenario que una inteligencia general hace que los humanos la captemos pero que escapa a la IA.
En todo caso, insiste José Antonio Lozano, estas limitaciones no impiden que la IA tenga desempeños espectaculares como los que genera las recomendaciones de Spotify o Youtube sobre la base de comparar los datos de miles de clientes, o el desempeño de estas máquinas en los juegos formales y reglados como el ajedrez o el más complejo “Go” chino, en el que un ordenador ganará siempre a un humano. Desarrollos igualmente espectaculares son en el campo médico los desarrollos de “alphafold” que permite identificar el plegado de las cadenas de proteínas y con ella deducir su función y desarrollar sobre esa base medicamentos específicos. Una aplicación concreta en la CAPV ha sido la selección de los ovocitos adecuados en los programas de reproducción asistida. En otros campos encontramos, claro está, el coche autónomo donde se unen las capacidades de percepción, acción y aprendizaje, unidos a la capacidad de moverse siempre a la velocidad máxima permitida lo que optimiza la conducción. Y está, por supuesto, la starlet del momento: el Chatgpt, una herramienta extraordinaria que, a pesar de sus muchos fallos actuales, acabará, según el ponente, transformando nuestra forma de trabajar.
Sin embargo, la IA tiene también riesgos indudables. Así, por ejemplo, la IA generativa es capaz de reproducir imágenes o sonidos, esto es, hablas, con una precisión que los hace indistinguibles de la realidad lo que puede tener ventajas indudables, pero difumina la distinción entre la verdad y la mentira.
Y es que el enorme potencial de la IA esconde peligros muy serios como son, según comenta José Antonio Lozano, entre otros, los siguientes: Su autonomía que puede aplicarse a un armamento capaz, en consecuencia, de elegir a sus víctimas por sí solo. A la IA le falta robustez lo que genera que pequeñísimas alteraciones en sus in puts, imperceptibles para el humano, no lo sean para la máquina provocando cambios tan radicales como peligrosos en su desempeño. No son menores los riesgos para la privacidad ni tampoco la asunción por parte de la IA de los sesgos implícitos en las personas o los datos que hacen que, por ejemplo, las enfermeras se enuncien, así, en femenino y los médicos en masculino.
Esta amalgama de potencialidades y riesgos hace que las aproximaciones de los tres gigantes mundiales en la IA, esto es, China, EEUU y la UE, sean diferentes y, consecuentemente, generen regulaciones distintas. Para China, la IA es, ante todo, un instrumento de control social. En los EEUU, donde los grandes desarrolladores son empresas privadas, prima una visión, digamos, más comercial. La UE es, seguramente, el ámbito en el que la percepción de los riesgos de la IA es más sentida lo que está generando una legislación que, al tiempo que intenta controlar los riesgos, tiene el inconveniente de que puede lastrar la competitividad de quienes se miden con aquellos que no tienen estas limitaciones legales.
A juicio del ponente, el desarrollo de la IA, tanto de sus potencialidades como de sus peligros, requiere algún tipo de regulación. Ahora bien, la legislación que pueda desarrollarse requerirá, primero, ser completada por algún tipo de acuerdo entre las grandes empresas que dominan el mercado de la IA. Y, en segundo lugar, los desarrollos normativos tendrán que superar dos inconvenientes clave: una velocidad de la evolución tecnológica muy superior a la capacidad de cambio en el ámbito jurídico y, lo que no es menos grave, la necesidad de regular un futuro que, en el caso de la IA, es absolutamente desconocido.
Con todo, finaliza el ponente, todavía no es esperable que se materialice esa gran dispotopía de que las máquinas sean más inteligentes que el hombre para acabar sustituyendo. Los retos que plantea la IA son enormes, pero todavía está a distancia considerable de alcanzar aquella inteligencia general a la que se hacía referencia al principio y lejos, por lo tanto, de la capacidad de crear máquinas más inteligentes que ellas mismas.
En el muy animado coloquio que siguió a la exposición, se abordaron cantidad de cuestiones como, entre otras muchas, la referida a la propia sostenibilidad de los sistemas de IA que manejan la inimaginable cifra de 127.000 millones de parámetros o consumen ingentes cantidades de electricidad. Se abordaron también las tensiones entre los operadores privados y los poderes públicos o las grandes dudas que plantea la capacidad de la IA de emitir emociones de las que no se sabe hasta qué punto son sentidas. A día de hoy, aparecen más claras las limitaciones a la creatividad de la IA aunque por pura aleatoriedad, eso que en el ámbito llaman estocasticidad, se alcancen resultados nuevos.
En Bilbao, a 23 de mayo de 2024
José Antonio Lozano es matemático de carrera, doctor en computación por la UPV y catedrático del área de Computación e Inteligencia Artificial.
Desde 2019 es director científico del Centro Vasco de Matemática Aplicada en el que trabajan 400 personas.
Además, es autor de más de 190 artículos, supervisor de 30 tesis doctorales, partícipe en la organización de más de 70 conferencias internacionales.
Ha sido presidente general del Congress of Evolutionary Computation (IEEE 2017) y de la European Conference on Machine Learning and Practice of Knowledge Discovery of Databases (2021)


