Eduardo Lorenzo es Catedrático de Electrónica Física de la Universidad Politécnica de Madrid. Nacido en Vivero (Lugo), tiene un largo historial académico. Doctor Ingeniero de Telecomunicaciones, fundador del Grupo de Sistemas Fotovoltaicos del Instituto de Energía Solar y uno de los grandes expertos en tecnología solar fotovoltaica.

Pero lo que le trajo al foro fue su peculiar visión del hombre y la energía a lo largo de la historia. Eduardo es un estudioso del papel que la energía ha tenido y tiene en la historia, sobre lo que ha escrito varios libros. De interés es el titulado “Sobre el Papel de la Energía en la Historia” Editado en 2006 por Progensa, cuya lectura recomiendo.

Casi nada en la exposición de Eduardo fue convencional. Desde el inmenso sol que lucía en una corbata de alta irradiancia, hasta sus peculiares análisis de las distintas etapas en la historia del hombre, y el papel que en ellos ha jugado la energía.

Comenzó su exposición tratándonos a los presentes – al hombre en general – de “estructuras disipativas” por nuestro diario ejercicio de capturar recursos energéticos, asimilarlos, y liberar los residuos. E inmediatamente nos dejó un primer concepto en la mesa: el aumento de la complejidad en los modos de vida supone siempre un aumento en el consumo energético.

Y nos llevó de la mano por la historia del hombre, haciéndonos entender las implicaciones energéticas de la caza, el fuego, la ganadería, la agricultura y la utilización paulatina de distintos recursos energéticos (hidráulica, eólica, carbón mineral, petróleo, gas, nuclear y renovables).

“Cada nueva fuente energética es fruto del agotamiento de la anterior”, nos dijo, mientras digeríamos la mayor eficiencia energética de la caza del mamut, sobre la agricultura. Nos explicó cómo la agricultura pasó de ser un recurso energético, a convertirse en un consumidor neto de petróleo.

Nos dejó también sus comentarios sobre la pobreza y el CO2. Al final quedó una visión un poco pesimista sobre el futuro del hombre y los recursos energéticos para las futuras generaciones. Eduardo Lorenzo no sabe ni se imagina de qué manera van a abastecerse las futuras generaciones en sus necesidades energéticas. Él no confía en que la tecnología va a resolver el problema. El debate fue muy animado y colorido y el que esto escribe, rendido como los demás ante la sabiduría, originalidad y buen hacer del ponente, discrepó educadamente de su visión negativa sobre la capacidad del hombre de gestionar su futuro energético.

Una sesión diletante hasta el final.