Excursión a La Hoya
¡Viva San Fermín, Gora San Fermín!
Y es que ese día (que no hace falta especificar…) realizamos la excursión veraniega del Foro de Diletantes a las inmediaciones de Laguardia, donde celebramos al santo a mitad de camino entre Bilbao y Pamplona. Una excursión a la que acudimos 12 aguerridos diletantes que acompañados de nuestras familias completamos el número de 36 excursionistas. Suponía todo un reto, porque la degustación itinerante de conservas del año anterior había dejado el nivel muy alto.
El objetivo de la visita era el poblado de la Hoya (antes de continuar: los que quieran conocer mejor este enclave abajo encontrarán diversos enlaces web). Como resumen, el poblado se encuentra al pie de la Sierra Cantabria, a unos 700 m al norte de Laguardia. Enclave estratégico entre un camino que se dirigía en dirección norte-sur para comunicar la llanada con la montaña alavesa y otro en dirección este-oeste para comunicar el territorio vascón con el de los autrigones. El poblado tiene una superficie aproximada de 40.000 m2 de los que se han excavado 6.000 m2. La ocupación duró desde el final de la edad del bronce y la edad del hierro, desde aproximadamente el año 2.000 a.c. hasta pocos años después de sufrir un ataque con incendio que lo destruyó aproximadamente en el 1000 a.c.
La inmersión cultural la iniciamos ya en el autobús que nos transportaba desde Bilbao, aprovechando que nos acompañaba Marian Martinez de Pancorbo (con Iñaki, su esposo). Marian fue la inspiradora de la excursión y verdadera organizadora en la sombra, puesto que como Catedrática de Genética en la EHU/UPV está colaborando con las excavaciones de la Hoya dentro de su línea de investigación en arqueo-genética. Así, está estudiando tanto las características genéticas de la población que habitó en el poblado (en los restos óseos encontrados), para conocer su origen (en qué grado eran paleolíticos o neolíticos) y relación con otros pueblos del entorno, como también estudia la población actual de Laguardia para comprobar si como cabría esperar por cercanía puede suponer una continuación del asentamiento de La Hoya.
Marian nos amenizó el viaje en autobús con una presentación sobre la genética de poblaciones. Bastante accidentada por cierto porque había preparado unas diapositivas para proyectar en la televisión del propio autobús pero el fantasma de la técnica jugaba a desordenárselas. A pesar de ello, pudimos aprender sobre las migraciones humanas que desde África poblaron Europa hace 60.000 años, de su llegada y permanencia en esta zona durante el último máximo glacial y la “reconquista” de Europa con la mejora climática, y la llegada hace 10.000 años de una nueva oleada poblacional culturalmente diferente, los neolíticos.
El autobús hizo una pequeña parada en Vitoria para recoger a Armando Llanos y esposa. Armando es el mejor guía que podíamos haber encontrado para visitar el poblado de la Hoya, porque fue él quien lo excavó durante años, junto con su esposa y diversos equipos del Instituto Alavés de Arqueología y universitarios bajo su dirección. Por tanto conoce cada piedra y cada palmo de tierra, cada anécdota fruto de 16 campañas entre los años 1973 y 1989. Durante el tramo entre Vitoria y Laguardia (que fue largo porque el conductor nos llevó por un camino equivocado y, ¡además!, escuchando a Armando se perdió) Armando nos fue poniendo en contexto e ilustrando sobre la época del poblado, su origen y final y fue respondiendo a nuestras curiosas preguntas (incluida una del conductor). Así pudimos conocer por ejemplo cómo hacían sus enterramientos diferenciados entre adultos y niños, o la enorme cantidad de poblados que existen en la zona por tratarse de un área de paso.
Una vez en el poblado visitamos en primer lugar el centro de interpretación, que además de numerosos objetos, útiles para las tareas diarias u ornamentos varios, tiene una bonita maqueta que permite obtener una idea general del poblado y, sobre todo, llama la atención la reconstrucción de una casa, en la que se han utilizado en parte materiales rescatados de la propia excavación (por ejemplo, uno de los tabiques se aprecia un poco quemado porque es un original desenterrado). Allí Armando nos dio un precioso ejemplo de lo que supone el trabajo deductivo del arqueólogo: nos contó que el ataque que supuso el fin del poblado había sido por sorpresa, un día de mercado, a finales del mes de julio pero que hacía mal tiempo. Y ante la incredulidad que mostramos nos explicó que fue por sorpresa porque los primeros cadáveres se encontraron en la puerta y la calle principal, pero la mayoría se encontraron al fondo del poblado junto a la valla intentando huir; día de mercado porque expuestas en la calle se encontraban diversas mercaderías al estilo de lo que hoy todavía se hace (animales con las patas atadas, recipientes con grano, útiles…); de finales de julio porque aparecían recipientes con grano reciente, luego la cosecha había sido en los días previos; y mal tiempo porque el fuego afectó mayoritariamente a las caras norte de las viviendas, luego soplaba el viento norte que en esta zona significa mal clima. ¡”Armandok Holmes”, el maestro de la deducción!
De ahí pasamos a ver las excavaciones. Realmente han quedado un tanto deslucidas porque la Diputación de Alava ha permitido su abandono y aparecen parcialmente cubiertas de maleza. A pesar de ello se puede apreciar la estructura del poblado y pudimos atender cuanto Armando nos contó sobre el lugar.
A continuación nos trasladamos a Laguardia para visitar el estanque celtibérico de la barbacana, todavía no abierto al público porque la obra de cubrimiento y exposición no está finalizada, pero tuvimos el privilegio gracias al buen hacer de Armando. De nuevo él mismo nos explicó sobre el lugar el contexto histórico, el enfoque seguido en su reconstrucción y cómo quedará el espacio turístico para futuras visitas una vez finalizado.
Finalmente y gracias a “la mano” de Javier Cano, fuimos a comer la bodega Tobelos, bien conocida por todos por proporcionarnos nuestro “vino oficial”. Una bodega fantástica, “del siglo XXI” donde llama la atención su extremada limpieza, cuidado diseño y esmerada ingeniería (y da mucha envidia la planta de minivinificación o “laboratorio experimental” para probar nuevos caldos). La comida y bebida fue espectacular, con una vista preciosa sobre el meandro del Ebro y a con el café todavía tuvimos otra oportunidad de diletar (¡haciendo honor al Foro!).
En fin, una jornada preciosa que confiemos recuerden los niños y adolescentes tan gratamente como recordaremos los mayores.
Enlaces para conocer mejor La Hoya:
