(Crónica de Guillermo Barredo)

El viernes, 8 de mayo, salieron de Bilbao dos furgonetas y un coche, que se iban a encontrar con otros tres coches provenientes, uno de Madrid y dos de Málaga. El destino común era Mérida, donde nos esperaba una jornada de visita a la ciudad, su Museo Romano, y una serie de monumentos de la época romana y árabe.

Los treinta y un partícipes estaban formados por diletantes, amigos y sus respectivas mujeres, quienes tras una pequeña parada en el camino, por ejemplo algunos en Casa Alvarez de Guijuelo, se encontraron en el Parador la tarde/noche del viernes. El Parador es un edificio histórico, instalado sobre los restos de un templo dedicado a la Concordia de Augusto, de estructura posterior de convento del siglo XVIII.

Allí pudieron saludar a quien obró de anfitriona. Se trataba de Trinidad Nogales Basarrate, vinculada por parte de su abuelo, Ramón Basarrate, a Algorta, Directora de Investigación del Museo, brillante historiadora y arqueóloga que resultó una clara relatora de lo que se iba a visitar al día siguiente, Sábado. Para ello, y en una sala del Museo Romano, sirviéndose de material gráfico, y mediante una docta, pero sencilla, presentación, introdujo al grupo en la historia antigua de Mérida, tocando los aspectos poblacionales, urbanísticos, guerreros, culturales y vivénciales de la Augusta ciudad. Fue una más que digna entrada a tan ilustre colonia romana.

De allí, y de nuevo en el Parador, se disfrutó y degustó de una Cena romana (convivium), sin figurantes y con un triclinium de exposición, aunque los camareros masculinos y femeninos iban ataviados a la forma romana. Las recetas estaban inspiradas en el recetario de Marcus Gavius Apicius, gastrónomo del siglo I., y el olor a incienso prologó lo que iba a ser la cena.
Entre los platos de los “Gustatios” figuraban erizos de mar, huevos de codorniz y salazones. Los siguientes platos de la “prima mensa” fueron lomos de rape, suprema de atún, codillo de cordero y avestruz en salsa de higos, finalizando en la “secunda mensa” con patina de dátiles y cocido de arrope, además de pera al mulsum. En la “epidymnis” se sirvió agua de alange, conditum, mulsom, hierbas mágicas de sibila y herrero de bocairente.

La cena resultó muy animada, conforme al espíritu liberal de los diletantes, y del agrado de todos. Pudimos disfrutar de la compañía de Plinio Apuleyo Mendoza, periodista y escritor colombiano, conocedor de mil y una anecdotas sobre Gabo García Marquez, Julio Cortazar, Juan Goitisolo, Varga Llosa, etc. Un lujo para los oídos y la mente. Parece que se consiguió su compromiso para contar, algún día, con el escritor peruano en Bilbao.

Al día siguiente y sobre las diez de la mañana, tras un desayuno generoso en el Parador, y en el camino al Museo el grupo pudo contemplar el Arco de Trajano, pórtico impresionante de quince metros de altura en granito, el Templo de Diana (siglo I o II de nuestra era), de estilo coríntio, y el Pórtico del Foro.

Después comenzó la visita al Museo, todo ello guiado por nuestra amiga, Trinidad Nogales, quien lamentablemente tuvo que dejar al grupo después de dos horas de explicaciones cultas, interesantes y amenas, dado que estaba en la preparación de un Encuentro Internacional que iba a tener lugar días más tarde. Describir en esta breve crónica de viaje el contenido del Museo es imposible. Baste decir que resultó muy satisfactorio para todos.

Al mediodía, la comida se celebró en el Restaurante El Antillano, pequeño pero típico sitio de Mérida, con una cocina sencilla pero sabrosa.

Por la tarde y de la mano de una guía, Amelia Pastor, discípula de Trinidad, se visitó el Teatro Romano y el Anfiteatro Romano, la casa del Mitreo y la Alcazaba.
El Teatro, con capacidad para unas seis mil personas, es una construcción que refleja la arquitectura de Augusto, donde se representan en la actualidad obras de teatro y conciertos. Posee una acústica magnífica, y detrás de la original escena, se puede apreciar un peristilo, capilla de culto y termas. En el dos mil ocho se cumplieron 75 años de la primera representación de una obra teatral en este magnifico espacio, interpretada por Margarita Xirgú. Mérida le homenajeó con una bella estatua de bronce al lado de la escena, representando a Medea.

El Anfiteatro, del año 8 A.C, con capacidad para quince mil personas, y destinado a las luchas entre gladiadores, peleas de fieras y a otros espectáculos.
En la casa del Mitreo (siglo II) se pudo contemplar la estructura de la casa de un rico romano, y el maravilloso mosaico con el tema central del cosmos.
Mas tarde, y en una precipitada visita, se pudo contemplar la Alcazaba árabe, al lado del puente romano, del siglo IX y construida sobre las ruinas romanas. Levantada por Abderramán II. Posee elementos árabes, visigóticos y romanos, y destaca su aljibe. Desde allí se puede apreciar una bella vista del Guadiana, del Puente Romano, y de la parte nueva de la ciudad.

Javier Ortiz pudo hacer todo el recorrido, ya que, a pesar de su rotura de rótula, una silla de ruedas empujada –alternativamente- por varios de los excursionistas permitió su desplazamiento por la ciudad.

Después de un merecido descanso, el día finalizó en el Restaurante Briz, con una cena de típicos platos de la cocina emeritense, jamón, lomo, riñones, criadillas, revueltos varios, postres típicos y vino extremeño. Dado que el pequeño comedor estaba a tope, el grupo “espantó” a una pareja de jóvenes ingleses, que fueron a disfrutar de su intimidad a un lugar menos ruidoso. Al término de la cena, y tras un resumen de lo que había sido el día, se hizo entrega en nombre de todos de un pañuelo a Trinidad, discreto obsequio de agradecimiento por una excelente compañía.

Trinidad se comprometió a ir a Bilbao, antes de final de año, y disfrutar de una jornada que verse sobre las explicaciones del material fotográfico y bibliográfico conseguido durante el viaje. Será un motivo de recuerdo y aprendizaje para los diletantes, mujeres y amigos.

Al día siguiente, domingo diez, y antes de llegar a Bilbao, el grupo comió un muy buen cordero en el Landa de Burgos, comentando el unánime disfrute del viaje.

Estuvieron en Mérida: Juan A., Guillermo y Mercedes, Carlos y Carmen, Javier C. y Sylvie, Manu C. y Beatriz, Fran y Mati, Iñigo e Inés, Luis y Clara, Carmelo y Mari Carmen, Roberto y Vilma, Jesús y Ana, Javier O. y Blanca, Rafael y Alicia, Mikel y Miren, Manu U. e Isabel, José Luis e Isabel, Plinio y Sra.