El pasado 26 febrero 2015 tuvimos entre nosotros a Santos Alonso, Relojero, que nos dio un excelente paseo por la historia de la relojería, a saltos vertiginosos, como él mismo nos avisó, desde el Reloj de Sol con su gnomon; la ladrona de agua, la Clepsidra, y tantos y tantos inventos e instrumentos para medir el momento del día y de la noche en que nos encontramos, hasta los relojes cada vez más precisos, porque así lo exigía una tecnología cada vez más eficiente, que fueron siendo resueltos por ingeniosos mecánicos, desde la lejana China, Egipto antiguo, científicos musulmanes y relojeros europeos que, por más próximos a nosotros, empezamos a conocer por sus nombres, como Galileo, Cristian Huygel. Luego, Graham, Harrison, uno de los más eminentes, Robinson, Riefler, Short, y tantos otros.
Llegaron los relojes movidos por muelles, volantes en los relojes “automáticos”, la mayoría de ellos regulados mediante péndulos y áncoras, y otros mediante elementos de torsión o magnéticos, cuando les invadió la electricidad, también regulados por áncoras, para llegar al descubrimiento científico de las propiedades del cristal de silicio por Pierre Curie y Lippmann, y W.A. Marrison, que propiciaron precisiones inalcanzables antes. Otros ingeniosos mecanismos, como el de Max Hetzel basado en la oscilación del diapasón, fueron introduciendo diversas novedades, como el escape de Foliot, De Dondi, etc…
Diversos mecenas contribuyeron con su protección a eminentes relojeros, como Carlos V a Turrianoen España.
Y todo esto y más, tuvo que ser acompañado de instrumentos de fabricación de muelles, ruedas, ejes etc., de progresiva precisión.
El progreso de la Ciencia fue proporcionando conocimientos necesarios para la medición precisa del tiempo hasta llegar a los actuales relojes atómicos que están presentes sin que nos apercibamos, en la coordinación de los horarios mundiales y multitud de instrumentación digital que, hoy día, todos usamos.
Muchas más cosas nos dijo Santos, pero en algún momento debemos detenernos.