Una mirada abierta al Islam y a la España Islámica. Con Felipe Vidales (27 de Marzo de 2025)

El historiador Felipe Vidales nos enfrenta a una mirada abierta al islam que nos ayuda a superar el hálito de fundamentalismo religioso que lo envuelve en la actualidad. Eso es, nos dice el ponente, solo una parte de un fenómeno histórico en el que hay que distinguir entre este islam actual y lo que durante 15 siglos han sido dos cosas diferentes: la religión islámica de un lado y, de otro lado, la cultura islámica, mucho más amplia.

Entender cabalmente lo que el ponente plantea al Foro presupone entender la Historia, no como una sucesión de hitos, muchas veces desapercibidos para quienes los viven, sino como un fluir continuo en el que las sociedades van transformándose de una cosa a otra. Entendido así, como un fluir constante, debemos tener en cuenta que el islam surge con Mahoma, sí, pero en un momento, en unas circunstancias y hasta con unos contenidos de los que desconocemos casi todo. Sabemos, sin embargo, que se extiende pronto por un entorno profundamente helenizado en el que empieza a convivir con las dos religiones entonces preponderantes, el judaísmo y el cristianismo, que comparten origen y relato. También lo hará con otra multitud de variantes, herejías dirán algunos, dentro de las que se incardina esa nueva variante que es la formulada por Mahoma. Lo hará, no obstante, desde el profundo respeto hacia lo que denomina “religiones del Libro”. Nos consta también que cuando este credo incipiente se extiende por un territorio tan helenizado se permea de la cultura clásica como puede apreciarse, por ejemplo, en los restos del califato de Damasco llenos de frisos e imágenes, algunas con mujeres desnudas incluidas, tan grecolatinas. Hay que esperar más de 200 años y a la constitución del califato en Bagdad, territorio persa, no arábico, para que se conformen grupos de trabajo que van a formular el Corán que conocemos y, con el mismo, los fundamentos canónicos de la religión musulmana. Hasta entonces lo que conocemos es muy, muy poco.

Lo que sí sabemos, sin embargo, es que el islam, más como cultura que como religión, se ha ido propagando a través del comercio por las ciudades costeras del Mediterráneo. El islam no es, pues, una doctrina de camelleros surgida de los desiertos de Arabia. Al contrario, es más un fenómeno urbano que se extiende por ciudades de profunda tradición grecolatina que, en ese fluir de la Historia que propone Felipe Vidales, van entremezclando el legado helenístico en la filosofía, la física o la astronomía con el saber hidráulico, culinario o, ese hallazgo tan trascendental para el devenir de la Humanidad que es la numeración islámica con el prodigioso 0, cero, incluido. Así pues, el islam surge, se extiende y de alguna forma se integra en un entorno que recientemente se ha denominado la Antigüedad tardía. Es más, muchos de los contenidos de esa Antigüedad son salvados y nos llegarán a través de fuentes islámicas.

Esta extensión del islam por el Mediterráneo también llega a la península ibérica, pero, seguramente, más de una forma paulatina desde el siglo VII, que, a través de una invasión en una fecha concreta, el 711, con una batalla mítica, Guadalete, de la que no queda ni una sola huella. Todavía bajo el califato Omeya de Damasco, tan profundamente bizantino, es difícil imaginar mandato de conquista alguna. Lo que sí parece es que una llegada más intensa de gentes islamizadas, probablemente, más por Levante que por el Estrecho, provoca el colapso del reino visigodo. Los recién llegados se extienden con facilidad y rapidez a base de capitulaciones con las distintas ciudades respetando a quienes querían conservar su religión, cristianos y judíos, ambas religiones del Libro. De nuevo, concebir la Historia como un fluir explica este tranquilo tránsito de la península ibérica hacia una islamización, insiste el ponente, más cultural que religiosa y que explica la coexistencia con judíos y con esos hispanos, más o menos islamizados pero que mantienen la religión cristiana: los mozárabes.

El desorden inicial termina a mediados del siglo VIII con Abderramán I, un Omeya. La presencia de la cultura islámica se extiende y Córdoba se erige como capital del nuevo orden. Este mundo que se está consolidando en la península, nos dice Vidales, es una extensión del que ha venido propagándose por el Mediterráneo ensamblando un inmenso territorio que va desde Portugal hasta el Indo. La globalización no es, pues, de ahora. En ese gran entorno, ya para el siglo X, la península, con la excepción de la franja cantábrica y pirenaica, se ha islamizado casi en su totalidad, se ha transformado en Califato y Córdoba es la nueva Alejandría de la época.

Mientras tanto, al norte de los Pirineos, Europa espera aterrada el fin de los tiempos el año 1000. Es difícil imaginar un contraste mayor de una sociedad temerosa, hostigada por los vikingos, fanatizada en lo religioso, ruralizada en lo económico y aislada en lo cultural que era la Europa altomedieval con esta civilización islámica, no exclusivamente musulmana sino multirreligiosa, que ha ido empapando paulatinamente a los antiguos habitantes de la península en ese fluir, de nuevo, de la Historia. Pero, atención, nos dice Vidales, se trata de la población española, si puede hablarse en esos términos. No son extranjeros venidos de fuera. Son los mismos que ya estaban en la península que se han islamizado como antes se romanizaron.

Ahora bien, si no hay invasión propiamente dicha y si no hay conquista, no hay reconquista. Ese gran mito que ha construido España y la identidad española a la contra, es decir, como una recuperación, como una reconquista, de lo que había antes de la llegada del islam, es falso se mire desde donde se mire. Albacete, Cuenca, Guadalajara o el mismo Madrid son ciudades de creación islámica; no se reconquista lo que no existía; ni se reconquista Navarra, ni se reconquista el Norte de África cuando tras la caída de Granada se cruza el otro lado del mare Nostrum.

De la misma manera que ha habido un fluir, un tránsito, hacia lo islámico, empezará un fluir hacia lo cristiano según los reinos del Norte se expandan hacia el Sur, sobre todo, desde el colapso del Califato en 1031 y su fragmentación en una multitud de débiles reinos taifas. Serán algunos de estos reinos quienes, ante el creciente acoso cristiano, recurran a sus correligionarios del Norte de África, almorávides y almohades, quienes traerán consigo un fundamentalismo musulmán bastante alejado de la tradición andalusí. También, por su parte, desde el Norte europeo llega el integrismo cluniacense y las corrientes arquitectónicas que lo acompañan, primero el románico y después el gótico, ambas, estas sí que sí, profundamente extrañas a la península. Aunque el germen del antagonismo está sembrado, esta Hispania que va transitando entre lo islámico y lo cristiano, constituye todavía una amalgama que conforma una sola cultura, eso sí, mutirreligiosa. No se trata, pues, nos dice Felipe Vidales, de la convivencia de tres culturas, sino de una misma cultura con tres religiones. Manifestaciones de esa cultura común la encontramos por todas partes: desde la primorosa ermita de San Baudelio de Berlanga hasta la Iglesia de San Román en Toledo, ambas decoradas como mezquitas y que coexisten con la construcción de la catedral gótica de Toledo, mandada construir simultáneamente a la Iglesia de San Román en 1.121 por el navarro Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo. Pero es que la tumba del conquistador de Sevilla, Fernando III de Castilla, muerto en 1252, se decora con inscripciones en latín, hebreo, árabe y castellano como corresponde a un rey consciente y orgulloso de la diversidad de su reino. A más de 700 Km al Norte, estas inscripciones las encontramos también en el Monasterio de las Huelgas de Burgos.

Todavía 100 años después Mohamed V levanta la Alhambra en Granada, mientras Pedro el Cruel erige el Alcázar de Sevilla con los mismos patrones estéticos. Esos que el siglo XIX definirán el edificio granadino como arte islámico y el sevillano como arte mudéjar; perfectamente idénticos, sin embargo.

No obstante, la diferencia entre las religiones va profundizando en la separación entre cristianos e islámicos que han conformado esa cultura común y que tiene su culminación con la conquista de Granada en 1492. Es significativo que a la conquista le sigan, no la traducción de los documentos árabes como mandó hacer Alfonso X el Sabio en el siglo XIII, sino la quema de estos.

Aunque Isabel es enterrada inicialmente como una sultana, su nieto Carlos V, un flamenco, la trasladará al actual panteón real, inconfundiblemente cristiano. Con aquella cultura común crecientemente trufada de religión, lo que antes era compartido se va demonizando: desde lo culinario sembrando bulos respecto a la zanahoria, la berenjena o el aceite de oliva, hasta la persecución, la expulsión e incluso la esclavización de esos españoles que se han seguido manteniendo en la fe musulmana: los moriscos. La mayoría de la población, sin embargo, se fue paulatinamente cristianizando en el mismo fluir histórico que previamente los llevó a islamizarse. Este fenómeno de separación radical entre lo cristiano y lo islámico en España se profundiza y a partir del siglo XIX y XX se ve favorecido por dos factores: uno, la conformación de Europa como modelo de modernización de España que nos empuja a incardinarnos en la cultura del norte de Europa enganchándonos, por ejemplo, a la tradición que va del románico, al gótico, al renacimiento o al barroco y tachando de extranjeras las manifestaciones del arte islámico en España.

El otro factor más actual de separación radical con lo islámico deriva de la transformación que el islam experimenta a raíz de la prohibición de extensión de la imprenta, la ausencia de Ilustración o la intensa colonización europea que destruye sus rutas comerciales y, en consecuencia, la hilazón última de ese mundo. La reacción ha sido la irrupción de un fundamentalismo religioso extremo que nos resulta tan antipático hoy en día. Pero esa deriva integrista del islam es también parte del fluir de la Historia; una Historia, nos recuerda Vidales, que también ha sido la de ese islam tan prodigioso en su época, más cultural que religioso y que se ha mostrado tolerante y abierto al comercio, al desarrollo tecnológico y científico, así como a la belleza y a la cultura. Y nosotros en España hemos sido parte de esa cultura y mantenemos todavía hoy una buena parte de esta.

El historiador Dr Felipe Vidales, además de su faceta académica y docente en la Universidad Complutense de Madrid, desarrolla una intensa actividad divulgativa cultural y científica alrededor de su Toledo natal

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Visita al Museo Guggenheim (13 de Marzo de 2025)

La tarde del 13 de marzo el Foro de los Diletantes tuvo la oportunidad de visitar las entrañas del Museo Guggenheim de la mano de su director técnico de exposiciones y conservación, Dani Vega.

Fue una tarde curiosa. Habíamos quedado a las 15,55 en el Puppy para empezar la visita a las 4 en punto. Oh, casualidad, el Athletic jugaba esa tarde contra la Roma y la Ertzaintza había decidido concentrar a los hinchas italianos a las 15,45 entre Mazarredo e Iparraguirre. Afortunadamente, al llegar no nos encontramos con ellos, pero al poco de iniciarse la visita, ya en el interior del museo, empezamos a oír el griterío de los tiffosi que fue ganando volumen hasta hacerse sobrecogedor. La verdad es que impresionaba.

Como si no oyera nada, nuestro anfitrión fue desgranando una exposición amena y sumamente interesante mostrándonos los distintos espacios e instalaciones que sirven de oculta infraestructura a las salas expositivas del museo.

Son espacios impresionantes. Lo primero que llama la atención es que, por razones de seguridad, los tránsitos de materiales y personas están perfectamente separados de modo que transcurren por itinerarios distintos. Las distintas estancias a las que Dani Vega nos iba llevado eran grandes y todas ellas estaban escrupulosamente limpias y ordenadas. También se podía apreciar, como nos hizo notar el director técnico del museo, que el propio edificio lucía impecable sin que se notara en absoluto los casi 30 años que lleva en continuo funcionamiento lo que dice mucho de la calidad constructiva de todo el recinto.

En las distintas estancias proliferan máquinas de todo tipo, especialmente, las que permiten trabajos en alturas tan propias de muchas de las obras de arte que se exponen en el Guggenheim. Fuimos viendo distintos aspectos e infraestructuras como los elevadores, grandes como habitaciones hermosas, que permiten subir y bajar cargas de hasta 12 toneladas. También tuvimos ocasión de que Dani Vega nos explicara las dificultades de instalación de las enormes esculturas de Richard Serra que, además de los problemas de transporte y ensamblaje, exigieron el reforzamiento de suelo mismo en el que están depositadas para que pudiera soportar las 1035 toneladas que pesa el conjunto escultórico. En otro orden de cosas, también tuvimos la ocasión de enterarnos de que el Museo tiene la condición de agente aduanero lo que le permite actuar respecto a las obras de arte que expone como un puerto franco que facilita extraordinariamente, entre otras cosas, el intercambio de obras con otros museos y, especialmente, con su homónimo de Nueva York.

El completo itinerario que nos ofreció Dani Vega también sacó tiempo para un vistazo rápido pero intenso y perfectamente teledirigido tanto a la exposición de Refic Anadol que es un prodigio de despliegue tecnológico como, en perfecto contraste, con la muy clásica muestra de dibujos en papel de la Galería Nacional Húngara de Budapest con obras que iban desde Leonardo o Durero hasta Van Gogh, Cèzanne, Schiele o Gustav Klint, entre otros muchísimos.

Una bonita tarde que acabó justo a tiempo para que los futboleros pudieran llegar al partido. Y, además, el Athletic ganó.

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El impacto económico del terrorismo. La quiebra del modelo vasco. Un pacto para una nueva transformación. Con Luis Ramón Arrieta (27 de Febrero de 2025)

Camuflado por el Concierto Económico y una administración pública prudente, vivimos un momento económico particularmente difícil sobre cuyas causas ni hemos reflexionado, ni queremos reflexionar y que nos introduce en una espiral de declive económico inexorable. Nos parecemos al enfermo que se niega conocer el diagnóstico de su enfermedad.

Esta podría ser la síntesis de la intervención de Luis Ramón Arrieta en su intervención ante el Foro de los Diletantes que comenzó con una referencia Kierkegard cuando afirmaba que, sí, la vida se vive hacia delante pero que hay que mirar atrás para conocer cabalmente por qué estamos donde estamos y para, desde ese conocimiento, avanzar hacia el futuro. En Euskadi, nos dice el ponente, sumidos en la autocomplacencia, nos negamos a mirar hacia atrás para constatar los datos que nos enfrentan a la entidad de nuestro declive económico y social y para negarnos, sobre todo, a señalar la causa principal de ese declive: El fenómeno terrorista más largo de la Historia reciente.

Sobre este planteamiento, Luis Ramón Arrieta articula una abrumadora acumulación de datos que ponen cuerpo al hecho de que, por ejemplo, en España y en el periodo 1975 hasta hoy, Madrid crece, Cataluña cae algo, pero Euskadi se hunde; así, sin paliativos. Resulta indiferente el parámetro que se tome porque el resultado es el mismo: por ejemplo, en términos relativos de PIB somos de todas las CCAA españolas la que más PIB ha perdido: un 24% sobre el conjunto español. Un solo dato, pues, contundente; uno más entre otros muchísimos.

La CAPV ha sufrido los mismos avatares y las mismas crisis que el resto del mundo occidental, pero ha experimentado un fenómeno trágicamente peculiar: el del terrorismo más largo de Europa: 52 años. La dramática historia del Ulster se ha prolongado por 28 años, de la Baader Meinhof en Alemania ha sido de 28 años y las Brigadas Rojas en Italia 18 años.

Si descendemos a lo concreto. el terrorismo de ETA ha generado 854 víctimas mortales, de las que 558 se han producido en tierra vasca, especialmente en Vizcaya y Guipúzcoa. Solo en San Sebastián más de 100. A estas cifras hay que sumar los 2.632 heridos o los 86 secuestros a los que es casi imposible sumar los innumerables secuestros exprés que se han desenvuelto sin transcendencia exterior.

Aunque la aparición de ETA es bastante anterior, Luis Ramón Arrieta nos recuerda que su acción se intensifica con la llegada de la democracia, después de que una amnistía general excarcelara a todos los presos de la organización. De esta manera, este recrudecimiento coincide, no solo con un cambio de régimen político, sino con una transformación planetaria que se está llevando a cabo de la mano de la globalización y la tecnología. Mientras la URSS colapsa y el mundo se transforma, ETA sumerge a Euskadi en lo peor de los años de plomo. Y en el epicentro de este horror están también, los empresarios, directivos y profesionales liberales, sustento de la actividad económica privada.

En efecto, entre los años 80, 90 y principios de los 2000, según el “Informe Foronda “de la UPV (2015) cada tres días hay una acción terrorista contra alguna empresa, que Zutabe, el órgano de difusión de ETA, no deja de alentar en muchos de sus números. Entre 10 y 15.000 empresarios son extorsionados: desde multinacionales a empresas locales, grandes, medianas o pequeñas. Es difícil imaginar un entorno más adverso para la actividad empresarial y no digamos ya para la inversión. Por eso mismo, si los efectos personales del terrorismo son terribles, los económicos son directamente devastadores.

Para empezar, el terrorismo desencadena un éxodo continuo de empresas fuera de la CA. Entre todas ellas hay que contabilizar no solo las que cambian de sede social sino, especialmente, las que trasladan sus sedes operativas que son las que concentran la mayor y mejor inversión y la creación de empleo de más calidad.

Con las empresas marchan las personas. Entre 100.000 y 200.000 personas, también empresarios y profesionales y sus familias se ven obligadas a abandonar Euskadi. Son los transterrados. No solo constituyen un escalofriante 8 o 9% de la población, sino que se llevan consigo cualificación, expertise, experiencia además de sus propias ocupaciones o empleos de altísima calidad. Buena parte del crecimiento de Madrid adelanta Luis Ramón Arrieta, se apoya en este trasvase masivo de capital y talento vasco. El resultado global es una caída de la inversión brutal en Euskadi: el descenso relativo en el stock de capital desde los años 70 es de un 43%. Es, de largo, el peor dato de las CCAA españolas. Evidentemente, la inversión extranjera se desmorona de forma que pasa del 7% del total invertido en España en los años 70 al 1,8% (media de las décadas del terrorismo, y que lamentablemente no mejora).

El terrorismo de ETA, además de un enorme daño directo que se ha evaluado en más de 25.000 millones de €, nos ha dejado un gran daño estructural que no estamos abordando. Hemos tenido una gran pérdida de población, de inversión, de tamaño económico (PIB), de empresas, de empleo de calidad, de capital humano, y de espíritu emprendedor. Adicionalmente se han deteriorado las relaciones laborales. Por eso, muchos nuestros datos actuales siguen siendo malos. Por ejemplo, los datos de empleo: si en el conjunto de España en los últimos diez años el empleo privado, es decir, el que depende directamente de la inversión, ha crecido un 6,2 %, en Andalucía lo ha hecho en un 6,5, en Valencia de un 8,8% o en Madrid un 9,3%. En Euskadi (somos últimos) un 1,8%. Eso sí, el empleo público ha crecido un 25%, muy por encima de la media española. Habría que añadir que si las sedes operativas de muchas compañías vascas están fuera de Euskadi también es fuera de nuestra tierra donde se crea el empleo de más calidad y el mejor retribuido.

La expulsión de personas ha tenido un impacto directo en nuestra demografía. Desde 1975 España ha crecido un 32% en población, pero Euskadi un magro 7,8%. Si ya miramos a los nacidos en la CAPV veremos que, no es que hayan aumentado como el 12% español; no, han disminuido un 2,5%. Y, claro está, una economía que languidece no es lugar para jóvenes: la población joven entre los años 2003 y 2024 ha decrecido en Vizcaya un 50% y en Guipúzcoa un 46,7%, y Álava un 47,3%. Somos, de nuevo, la CCAA que más población joven pierde junto a Asturias. Esta población joven menguante, junto a los años de hostilidad sistemática contra el empresario provoca que, aquí en la tierra de los emprendedores, tengamos el índice de vocaciones empresariales penúltimo de España.

Mientras tanto, en las empresas que se mantienen en la CAPV desarrollan unas relaciones laborales muy tensas propiciadas por unos sindicatos que arrastran tics terroristas, que nos distraen con la pretensión de un SMI propio a la vez que se niegan a atajar el absentismo más grande de España y que provocan la mayor conflictividad del Estado: 45% de las huelgas de España se producen en Euskadi.

De todo este panorama, la sociedad vasca se ha mantenido en el desconocimiento a pesar de que los primeros estudios ya arrancaban a principios del 2000 y se han hecho más intensos y profundos a partir de mediados de la segunda década del XXI. Hace tiempo, pues, que los datos están ahí.

Varios factores han contribuido a esta especie de autismo social: está el mencionado aumento del empleo público que ha paliado algo los efectos de la caída de las contrataciones privadas.

Igualmente, la pérdida de peso demográfico ocasiona que la renta per cápita se mantenga. En este mismo sentido también han paliado fuertemente la percepción social de esta debacle dos factores muy relevantes: los grandes recursos diferenciales que ha generado el Concierto Económico (al contar con menos economía sumergida de la media española) y la prudente gestión de estos que han hecho las Administraciones vascas. Ahora bien, el factor determinante de esta atonía social está en otro lado, a saber: de un lado, la resistencia social a escuchar este relato, fruto del deseo colectivo de pasar página de una vez y, de otro lado, la falta de líderes con la determinación de contarlo.

Luis Ramón Arrieta vuelve aquí al núcleo de su exposición: es difícil, por no decir imposible, corregir lo que nos pasa si no sabemos qué y porqué nos pasa. Entender cabalmente nuestra situación y sus causas es la condición sine cua non para resolverla y en eso mismo, añade el ponente, está la luz de la esperanza.

Nuestra situación se puede revertir. Soluciones hay, nos recuerda Luis Ramón Arrieta. Se han ensayado con éxito en otros lugares también castigados por las circunstancias y también por el terrorismo. Son, entre otros, los casos de Irlanda del Norte, Portugal e Irlanda. En estos y en otros lugares, la acción correctiva ha tenido dos pilares: el conocimiento cabal y compartido de la situación de la que se parte y de sus causas y, sobre esta base, el establecimiento de un plan de recuperación específico.

Necesitamos ambos casos: un relato compartido y un plan de impulso económico para Euskadi que se apoye en nuestras ventajas comparativas que son muy importantes: el concierto Económico y un nivel competencial amplísimo. Ambas pueden constituir los cimientos de un plan transversal que contara con un plan de abstracción de inversiones, un plan de fomento de emprendizaje o de retorno de empresas y personas transterradas. Una iniciativa que vaya desde la recuperación de empresas tractoras a la puesta en valor de la figura y la función empresarial o las mejoras de las Administraciones públicas. Y con todo ello bien articulado hay que ir a exponerlo a Madrid y la Bruselas.

Iniciativas que pueden coadyuvar en esta dirección hay varias desde Zedarriak o las Cámaras y las organizaciones empresariales vascas Los mimbres existen. Lo que hace falte, la pieza esencial de un plan de esta envergadura es un liderazgo fuerte, claro y decidido que traslade sin tapujos al cuerpo social la situación en la que nos encontramos y la dinamice para acometer un plan de recuperación que es perfectamente posible. Hay, pues, esperanza concluye Luis Ramón Arrieta.

Luis Ramón Arrieta, aunque ingeniero químico de profesión, ha desarrollado una larga carrera en el sector financiero, ha pertenecido al consejo de administración de varias empresas, ha ostentado la presidencia de la Asociación de Empresas Familiares de Euskadi y desde 2007 se ha incorporado al ámbito universitario. Actualmente es el secretario de la Comisión Económica del Consejo de Gobierno de la Universidad de Deusto.

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Presentación del libro de Itxaso Elorduy, “La carrera de su vida” sobre Virginia Berasategui

El pasado 10 de febrero tuvo lugar en la Sala BBK la presentación de Virginia Berasategui. La carrera de su vida, el sexto libro de Itxaso Elorduy, en un acto conducido por la escritora y periodista bilbaina que suscribe esta crónica. Un evento que comenzaba con una alabanza a las historias escritas en papel.

“Los libros no se siembran, pero algunos germinan. Los libros no se comen, pero algunos se devoran. Los libros no están vivos, pero algunos son inmortales. Los libros no tienen sexo, pero algunos te enamoran. Los libros no desprenden luz, pero algunos te aclaran la vida. Los libros no tienen movimiento, pero algunos te llevan lejos. Hay libros que son baratos, pero algunos son impagables. Los libros carecen de memoria, pero algunos son inolvidables.
Cada uno de nosotros está hecho de los libros que lleva dentro. Miguel de Cervantes decía “El que lee y anda mucho, ve y sabe mucho* y pronto sabréis mucho más de Virginia Berasategui. Vir la triatleta, Vir la madre, la hija, la hermana, la prima, la amiga, Vir la bailona, la disfrutona, la amante de la moda y la lectura… Y, sobre todo, Vir la mujer.

Un sentido discurso del alcalde introducía el coloquio en el que participaron la neuropsicóloga, Lucía Zumarraga, la parlamentaria vasca, Lorea Bilbao, la diseñadora de la portada, Miriam Ocariz. Ander Martínez, gerente de Bizi cycle Tours y marido de Virginia y la protagonista del libro, junto a la escritora, Itxaso Elorduy.

Soy deportista pero por encima de todo soy triatleta, porque la vida me ha llevado ahí. He conseguido un montón de éxitos y toda mi vida ha ido marcada por cierto evento deportivo”. Explica ella en una entrevista en profundidad en el libro que narra la historia de su vida y que está a la venta en las librerías en este momento. Historia personal junto a las entrevistas de familiares y amigos que han formado parte de su vida deportiva y personal.

 

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La moda y su historia en el espacio museístico con Miren Arzalluz

La moda y su historia en el espacio museístico con Miren Arzalluz (30 de Enero de 2025)

En la intervención de Miren Arzalluz en el Foro de los Diletantes hizo hincapié en que la moda es, evidentemente, una gran industria, un sector económico muy poderoso, pero es algo más. Cuando hablamos de moda, recalcó la ponente, interviene también la cultura, la economía y hasta la geopolítica lo que lo hace fascinante para una historiadora como la invitada del Foro.

Hoy en día vemos a la moda incorporada a los museos de arte, también en los más importantes. En estas fechas hay tres exposiciones sobre moda en París, una de ellas en el mismísimo Louvre. Con esto, nos dice Miren Arzalluz, lo que se evidencia es que la incorporación de la moda a los museos no es una cosa puntual. Al contrario, ha venido para quedarse.

Desde luego, no ha sido una incorporación sencilla… Las primeras recopilaciones de elementos relativos a la moda empezaron a tener lugar a fines del XIX fijándose más en su condición de arte aplicado que en su dimensión sociológica. Sería el museo de Madame Tussaud en Londres el que empieza a poner el foco en el rigor histórico de las prendas con las que tiene que vestir a los personajes de época que pueblan el museo. Va tomando cuerpo así una cierta perspectiva histórica sobre el origen y el momento concreto en el que surgen las distintas prendas.

Sin embargo, el gran salto se produce con las exposiciones universales y, particularmente, con la de París de 1900. En este evento las que ya se han constituido como grandes firmas de moda empiezan a exponer sus productos. Ahora bien, lo hacen, no tanto como el sector económico pujante que ya son, esto es, como grandes fabricantes y/o proveedores de prendas de gran calidad, sino que le confieren un carácter nuevo: se presentan a sí mismos como creadores. Este es el gran paso distintivo de la Expo de París de 1900: la presentación de las nuevas colecciones como creación artística. Ese mismo carácter y el esquema básico de su presentación sigue siendo el mismo de hoy en día.

También en el París de 1900 se va perfilando un poco más una visión histórica de la moda que, a su vez, tiene el impulso de los artistas que han ido reuniendo pequeñas colecciones de ropa de época para plasmar con mayor rigor cuadros o esculturas de motivo histórico que van desarrollando. Algunas sociedades fueron adquiriendo las colecciones reducidas de estos artistas y conformando con todo ello los primeros ejemplos, con más libertad que rigor, de una exposición histórica de la moda con fines sobre todo educativos.

Mientras tanto, la moda no dejaba de asentarse como uno de los sectores económicos más pujantes de Francia y, lo que es igualmente relevante, como una herramienta de influencia cultural formidable. No en vano, la moda ha sido una cuestión de Estado en el país galo. Se entiende así que en 1920 estas colecciones fueran donadas al ayuntamiento de París con el objeto de crear un gran museo de la moda a la altura de la importancia del sector. Sin embargo, la idea no acabó de cuajar, ni en París, ni en otros lugares a los que también se tanteó.

En una época especialmente convulsa, habrá que esperar hasta los años 50, 60 y 70 para que empiecen a hacerse exposiciones que muestran la moda en una perspectiva histórica, esto es, como una sucesión de estilos. El Palais Galliera que dirige la ponente, se creó en 1977.

En este proceso de asentamiento de la moda como un objeto de la museística, las grandes retrospectivas de los principales creadores han jugado un papel esencial. De entre estos grandes eventos, Miren Arzalluz quiere destacar la retrospectiva dedicada a Cristóbal Balenciaga, creador tan caro para ella por muchos motivos.

Sin ningún esfuerzo de autopromoción por su parte, de hecho, solo concedió dos entrevistas en su vida, Balenciaga es por derecho propio un creador de culto. Su inmensa capacidad creativa traspasó el ámbito de la moda y muchas de sus creaciones pueden observarse desde una perspectiva escultórica y hasta arquitectónica. Aquí introduce la ponente un matiz relevante. La moda, nos dice, no es arte; es moda. Ahora bien, hay piezas, hay colecciones completas, que en sí mismas son auténticas piezas de arte. Y muchas de las de Balenciaga lo son.

En esta puesta en valor del creador guipuzcoano ha jugado un papel esencial Diana Vreelend, editora de destacadas revistas de moda. Fue ella la que a la muerte del modisto acometió una transformación radical en la forma de exponer moda en los museos. El cometido no es fácil, nos dice la ponente. Hay que encontrar un equilibrio delicado en que la exposición tenga su propio lenguaje, esto es, distinto al industrial/comercial habitual. Tiene también que evitar que resulte algo anticuado, un tanto viejuno, hacia donde fácilmente puede derivar prendas de otra época, aunque sea relativamente reciente. Diana Vreelend introdujo también en la exposición un elemento dramático, lleno de efecto, tales como toros, matadores y otras referencias españolas que acabaron de redondear una exposición en la que tampoco se olvidó de exponer muestras de patronaje, la técnica en la que Balenciaga era un auténtico virtuoso. La muestra se completaba con un amplio diálogo entre las creaciones que fueron del propio Balenciaga con las que hicieron otros directores creativos de la firma posteriores a su muerte.

Evidentemente, la figura de Balenciaga también ha recibido el impulso que le corresponde gracias al Museo de Getaria que la ponente dirigió entre 2011 y 2013. Un museo que no fue fácil de crear, que requirió un esfuerzo intenso y también delicado pero cuyo resultado final es magnífico. El museo Balenciaga de Getaria es un muy buen museo, nos asegura la ponente.

Las grandes retrospectivas se han sucedido en el tiempo y en las mismas las principales firmas de moda han tenido un papel relevante. No hay que olvidar que estas firmas cuentan con unos recursos económicos y unos archivos colosales contra los que los museos de titularidad pública tienen muy difícil competir. Una de las exposiciones recientes de mayor impacto fue la dedicada al diseñador Giorgio Armani que tuvo lugar en el Guggenheim de Nueva York, en el de Bilbao y en Londres. La exposición, sobre todo la de Nueva York, provocó un enorme escándalo, especialmente, en el mundo del arte. Se tachó al Guggenheim de devaluar el arte exponiendo en uno de sus recintos sagrados lo que se consideraba como frívolo, efímero y comercial. No solo eso, sino que las acusaciones se aderezaron haciendo saber que Armani había donado al museo 1,5 millones de dólares.

La exposición amplió su itinerario inicial hasta la emblemática sala Uffizi de Florencia donde se le dedicaron, ni más ni menos, que 19 espacios expositivos y en donde se hizo más evidente aun, si cabe, esa polinización entre el arte y la moda, en palabras de la ponente. Esta interacción se ha hecho patente, no solo en la Uffizi, sino también 100 años antes en la clara interacción entre las “vanguardias” de principios del XX y la moda de la época. Y es que ni la moda ni en arte se dan en estado puro, concluye Miren Arzalluz.

Desde entonces, las grandes exposiciones retrospectivas se han sucedido. Las Alexander Mc Queen o la enorme exposición que organizó Dior constituyeron auténticos aldabonazos con más de un millón de visitantes. Lo evidente es que la moda atrae a grandes masas de visitantes y, en consecuencia, desde 2015 se ha dado una auténtica eclosión de estas exposiciones. Sin embargo, las enormes inversiones que requiere semejante despliegue de poderío por parte de las grandes firmas acaban teniendo un resultado brutal, sobrecogedor, de manera que, a juicio de la ponente, no se sabe bien si el espectador sale de las mismas mejor informado o simplemente abrumado. A la postre, su magnificencia constituye también un formidable ejercicio de marketing al que se subordinan otros criterios más rigurosos

Aunque se encuentren en una situación competitiva desigual los museos públicos también han sido capaces de llevar a cabo exposiciones maravillosas como la dedicada a Coco Chanel organizada por el Palais Galliera. Su coste no deja de ser elevado, 10 millones de euros, pero fue una exposición con mayor rigor histórico y museístico sin dejar de ser por ello, un ejercicio bellísimo. No fue, sin embargo, un trabajo fácil. Coco Chanel es por derecho propio, nos dice Miren Arzalluz, una de las creadoras más influyentes y excelentes del siglo. Sin embargo, su posicionamiento poco claro durante la ocupación nazi, así como, especialmente, un episodio oscuro por el que acabó siendo la única propietaria de su firma que hasta entonces compartía con una familia de origen judío, los Wertheimer, que se vieron obligados a huir a Nueva York, comprometían la exposición. El tal episodio no debió de ser tan oscuro cuando ambas partes volvieron a juntarse en la propiedad de la firma tras la derrota alemana y actualmente los Wertheimer son los únicos propietarios de “Chanel”. Sin embargo, esa sombra persigue a la creadora francesa.

La exposición fue la apuesta contraria a la de Dior. Fue la apuesta por la sobriedad, por el rigor histórico y museístico y, algo importante, fue una muestra centrada exclusivamente en la creación de Coco Chanel, sin otras connotaciones biográficas. Y ha sido un éxito.

En definitiva, concluye Miren Arzalluz, la relación entre la moda con lo cultural, con lo económico, con lo comercial y hasta con el psicoanálisis parece probada. Pero la relación más evidente es la que la moda mantiene con el arte. También es la más controvertida. De ahí la resistencia numantina del mundo artístico a franquear el paso de la moda al templo olímpico de los grandes museos. Esta larga trayectoria de incorporación de la moda al contenido ordinario de un museo, siempre se ha mirado con recelo por el mundo del arte. Solo hasta muy recientemente, concretamente, hasta una exposición que el Galliera organizó sobre Frida Kahlo y su influencia en el vestuario, se ha logrado quebrar esa resistencia de alguna manera. Ese evento alcanzó una meta icónica:  encabezó todas las portadas del último bastión de los puristas: las revistas de arte.

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Bilbao y la arquitectura urbana con María Jesús Cava (5 de Diciembre de 2024)

Nuestra compañera diletante, la Dra. María Jesús Cava, es una especialista en Historia moderna y contemporánea que ha dedicado a su Bilbao natal una especial atención como refleja su abundante bibliografía sobre la villa.

En algún momento, la ponente pensó en hacer algo que relacionara imágenes sobre elementos distintivos de la ciudad con un texto explicativo. Inicialmente, se planteó un soporte fotográfico que no acabó de cuajar. Posteriormente, la aparición de una publicación de acuarelas de la villa de la pintora Elena Ciordia acabó perfilando la idea de que finalmente fueran acuarelas y no fotografías las que retratasen visualmente a Bilbao. La suave delicadeza de la acuarela tenía la capacidad de transmitir, no solo la imagen del edificio en cuestión, sino también el cariño que les inspiraban a las autoras.

“Bilbao y la arquitectura urbana” tiene un tono amable que refleja el Bilbao limpio, casi lustroso, de nuestros días, tan distinto, no solo a los tiempos industriales que todavía guardamos en la memoria, sino también distinto a una novelística reciente en la que se insiste en retratar un Bilbao sucio, sórdido, un tanto lumpen, en el que no falta el indefectible cadáver flotando en la ría.

Aterrizar la esta idea no fue tarea fácil. En primer lugar, era necesario hacer una selección de lo que se quería destacar. Esto exigió un descarte doloroso que obligó a reducir a 61 los 150 ítems inicialmente elegidos. Otro requisito añadido por la colaboración del Ayuntamiento de Bilbao fue la necesidad de que los doce distritos administrativos en los que se divide la villa tuvieran alguna representación. La conjunción de ambos requisitos obligó a descartes tampoco fáciles como la Quinta Parroquia, la Casa de los Aldeanos de Indautxu o el hotel Carlton. Quizá quedan, deslizó la ponente como quien no quiere la cosa, para un segundo volumen…

Un libro de estas características lleva consigo una tercera exigencia particularmente difícil para una historiadora: las referencias escritas deben ser necesariamente breves y escuetas lo que resulta complicado para quien, como la Dra. Cava, conoce tanto de cada una de las edificaciones que se glosan en el libro.

La amabilidad y la delicadeza del libro no ocultan el reto de reflejar con rigor una herencia arquitectónica y artística de siglos que es necesario saber evaluar en toda su dimensión para así poderla transmitir a las siguientes generaciones. La arquitectura de una ciudad, particularmente la de Bilbao, refleja lo que han sido las respuestas técnicas y estéticas a los retos de cada época; desde San Antón al Guggenheim. Y es que, insiste la ponente, cada edificio guarda también historias, a veces trágicas, de las personas que los erigieron, las que los vivieron y también las que sufrieron dentro de sus paredes. De alguna manera, la proliferación de figuras humanas en las acuarelas de Elena Ciordia nos ayuda a, no solo captar las proporciones de los edificios, sino que también reflejan la historia vivencial que encierran.

El análisis que se hace de cada ítem en este libro nos ofrece elementos para una reflexión sobre el impacto de la arquitectura en la vida cotidiana de los ciudadanos. Pero, a la vez, esta reflexión ayuda al lector a vencer la invisibilidad con la que la misma cotidianidad camufla a los edificios que vemos todos los días. Y, ya puestos, añade la ponente, esta descripción también permite mostrar curiosidades como la existencia del fantasma que por tantos años dificultó la venta del edificio del actual Colegio de Abogados en el que habitaba o aclarar errores como el de hablar de la icónica leona de Joaquín Lucarini, cuando un análisis mínimamente detallado de su anatomía refleja sin lugar a duda de que se trata de un hermoso tigre; macho, desde luego.

A pesar del rutilante Guggenheim o la pléyade de edificios señeros con los que cuenta Bilbao, la ponente insiste en señalar las joyas, muchas veces desapercibidas, que se ubican los barrios de la villa. Ahí está, entre otros muchos, el Edificio de Desinfecciones del Hospital de Basurto de Ricardo Bastida, un prodigio de funcionalidad y belleza. Esparcidos por la ciudad aparecen construcciones tan relevantes e innovadores en su tiempo como los grupos escolares de Atxuri o de Indautxu, entre otros muchos.

Esta integración de funcionalidad, servicio público, innovación y belleza se sigue manteniendo en el Bilbao de hoy que está sabiendo aunar el legado arquitectónico más tradicional con aportaciones tan nuevas como el edificio de Osakidetza o la torre Iberdrola de Cesar Pelli.

En todo este trasfondo monumental emergen, claro está, la pléyade de excelentes arquitectos con los que ha contado Bilbao. La Dra. Cava no puede evitar la tentación de deslizar los nombres de algunos de ellos como, entre otros que también menciona, Pedro Ispizua, Joaquín Zubizarreta, Enrique Epalza, Francisco de Cubas, Jose María Basterra, Joaquín Rucoba o los más modernos como Rufino Basáñez, Norman Foster, Rafael Moneo o, como no, Frank Gehry. En este plantel espectacular, la autora reserva un lugar especial a su muy admirado Ricardo Bastida, capaz de diseñar desde el mencionado edificio de Desinfecciones a la Alhóndiga o las barandillas del puente de Deusto. En esta lista no hay más mujeres que Dolores Palacios o Zaha Hadid, pero la ponente confía que el tiempo compensará las cosas habidas cuenta de la gran cantidad de mujeres brillantísimas que pueblan los actuales estudios de arquitectura.

Junto a los arquitectos, auténticas starlets de un libro de este título, las autoras también han recogido las aportaciones que pintores y escultores, como Anselmo Guinea o los dos Lucarini, tío y sobrino, han realizado a las edificaciones que se glosan. También se incorporan a ingenieros como Ortiz de Arguiñano o Rotaetxe; autores de los emblemáticos puentes levadizos de Deusto y del Ayuntamiento.

En definitiva, “Bilbao y la arquitectura urbana” es un libro que permite todo tipo de lecturas: página a página, salteo de un edificio a otro o la búsqueda de uno concreto que nos interese en particular. De cada uno se encontrará una descripción precisa, no solo técnica, sino también humana que nos ayudarán a tener una idea mucho más exacta de cada ítem y también, y esto es relevante, una visión de conjunto sobre la riqueza monumental y arquitectónica de Bilbao. 

La Dra. María Jesús Cava es catedrática emérita de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de Deusto, con una amplia bibliografía sobre Historia universal y su ciudad natal de la que fue nombrada “Ilustre de Bilbao” en 2009. Actualmente mantiene una intensa actividad tanto como ensayista como conferenciante.

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Presentación del Libro “Bilbao, arquitectura urbana. Recorriendo la villa” de M.ª Jesús Cava y Elena Ciordia.

Con un lleno espectacular, el 2 de diciembre de 2024 tuvo lugar en la biblioteca Bidebarrieta la presentación del libro “Bilbao, arquitectura urbana. Recorriendo la villa” (Ediciones Beta).

Se trata de una publicación preciosa que elije unos 60 items arquitectónicos de la ciudad que se reproducen por delicadas acuarelas de la pintora Elena Ciordia y que nuestra compañera diletante, la historiadora María Jesús Cava, glosa con una escueta pero rigurosa explicación sobre su origen y características.

Bilbao tiene, decía María Jesús en Bidebarrieta, una arquitectura fascinante y distintiva que este libro recoge cumplidamente.

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El ornitorrinco vasco con Braulio Gómez (13 de Noviembre de 2024)

Braulio Gómez es un sociólogo y politólogo que lleva más de una década en Bilbao. Desde su atalaya del Deusto Barómetro que dirige, mide la evolución social de Euskadi y con esos datos constata una realidad social que, con la frescura de un outsider, describe con unas características muy específicas. Tanto que la denomina el ornitorrinco vasco haciendo un símil con la rareza de ese animal austral.

Desde el principio, el ponente nos plantea la peculiaridad de un entorno social, el vasco, que en su conjunto se mueve en unas coordenadas de centralidad y de debate sosegado que tanto contrastan con la general polarización del escenario español e internacional. De ahí la rareza; de ahí el ornitorrinco.

La peculiaridad vasca, nos dice Braulio Gómez, viene de antes, aunque, curiosamente, fuera de signo exactamente contrario. En efecto, hasta bien entrado el siglo XXI la vida política en España y en Occidente se movía en unos parámetros de cierta normalidad en la que los ciudadanos elegían a partidos y candidatos distintos cuando los anteriores no habían desempeñado su función satisfactoriamente. Pues bien, en este contexto de normalidad política generalizada, la vida social y política vasca estaba polarizada al máximo; tanto que la divergencia política llevaba al antagonismo emocional, al odio, que alcanzaba tal envergadura que se llegaba a matar al adversario político. Euskadi era también entonces un ornitorrinco, pero dibujado en negativo.

Sin embargo, el mundo iba a experimentar un cambio radical a raíz de la gran crisis de 2007-2008. Un entorno hasta entonces más o menos ordenado y próspero entra de la noche a la mañana en una crisis económica colosal de forma que desequilibra todo el edificio económico, social y político, especialmente, en Occidente. El desconcierto de la clase política es total. La incapacidad del establishment para articular alguna salida genera un enorme enfado social que deriva en una pérdida de confianza, no en éste o en el otro partido, sino en todo el conjunto de la clase política y que acaba trasladándose a las mismas instituciones de las que forman parte. Y cuando las instituciones entran en crisis, la misma democracia liberal entra en crisis.

Un segundo efecto de esta parálisis de las élites es el ascenso de nuevos actores políticos, también a la izquierda, pero sobre todo a la derecha extrema, que aprecian la ventana de oportunidad que se les ofrece y se lanzan a socavar la cultura tradicional de consenso que hasta ese momento les ha cerrado el paso.  El resultado de la acción de estos nuevos actores ha sido una polarización general de la vida política de Occidente que en algunos países como, por ejemplo, EE. UU. y también en España, alcanza a lo que Braulio Gómez llamaba la polarización afectiva.

Este es el momento en el que nuestro invitado se instala en Bilbao y es también el momento en el que el País inicia un viraje exactamente en sentido contrario a su entorno y a su tradición. Desde la segunda década del siglo XXI, Euskadi empieza a orientarse hacia una despolarización y hacia una centralidad de a vida política y social que refuerza su carácter de peculiar ornitorrinco, esta vez, en sentido positivo. En efecto, desde la gran crisis empieza a producirse en Euskadi una confluencia entre, de un lado, un cuerpo social probablemente cansado de tantos años terribles y, de otro lado, de unos nuevos titulares al frente de las instituciones vascas que, probablemente, intuyendo el cambio social, empiezan a reforzar el discurso de la moderación. Se trata, exactamente, de la dinámica contraria al entorno que rodea al País donde los actores políticos tiran hacia los extremos.

Esta confluencia en la centralidad es especialmente marcada en los dos grandes partidos que conforman la coalición que desde hace mucho tiempo forma el Gobierno Vasco. También se percibe en el resto del espectro político que, igualmente, empieza a girar hacia posiciones más centradas. De hecho, los extremos, tanto a la izquierda, como especialmente en el gran polarizador que es la derecha radical, tienden a tener en Euskadi una presencia marginal. Desactivados los extremos, el viraje hacia la centralidad del resto de los partidos políticos contribuye a la legitimación de la acción política y también hacia una legitimación del oponente político que refuerza su carácter de adversario, pero no de enemigo.

Se da, pues, como nos señala el ponente, una confluencia entre la tendencia social y la acción política que provoca que las dos grandes cuestiones que en otro tiempo han focalizado y también polarizado la controversia sociopolítica en Euskadi, pierdan fuelle. Se refiere nuestro invitado al debate izquierda-derecha, pero, sobre todo, a la cuestión territorial.

En esta confluencia en la centralidad, el atasco de la centralidad, como lo denomina Braulio Gómez, la sociedad vasca va entrando en una senda de sosiego que redunda en un incremento en la confianza en las instituciones y, con ello, en un fortalecimiento de la democracia misma. En este sentido, los datos son asombrosos: Si en el conjunto de España la clase política es el tercer problema del país, en Euskadi la clase política como problema no aparece ni entre los 15 primeros. Correlativamente, si en el conjunto español la clase política se configura como problema es porque no aporta soluciones a las demandas de la ciudadanía. Pues bien, en Euskadi sucede lo contrario. La confianza que los ciudadanos vascos tienen en sus instituciones, es decir, en su capacidad de ofrecer soluciones, es la más alta de ¡¡Europa!!

En realidad, todo el conjunto de indicadores muestra una coherencia en el mismo sentido. Así, los ciudadanos que no tiene miedo a manifestar en público sus opiniones políticas han pasado del 40 al 60% o aquellos de consideran que la violencia no cabe de ninguna manera en el debate político, supera el 90% de la población. En este mismo sentido, el viraje hacia la visceralidad política que ha tenido el proces catalán, prácticamente no ha tenido repercusión en Euskadi, como no lo ha tenido que una ponencia de autogobierno lleve atascada en el Parlamento Vasco legislatura tras legislatura.

La sociedad vasca actual es consciente de que goza de unos servicios públicos sobresalientes y de que, tal y como se formula, en este País se vive muy bien; igual que siempre. A ello contribuye que vivimos en una de las sociedades más igualitarias de Europa en la que los usos sociales hacen que todos hagamos las mismas cosas, independientemente de nuestros ingresos.

Sin embargo, en el futuro aparecen sombras que también son percibidas por la ciudadanía cuando mayoritariamente contesta que sus hijos no van a vivir mejor que sus padres. Esta impresión social generalizada no es un factor de confianza precisamente; al contrario, lo es de desesperanza. Euskadi se enfrenta a un mundo de grandes tránsitos: energético, medioambiental, digital, de género, etc. Y lo está haciendo desde un cierto languidecimiento económico que denota cierta pérdida de energía social y nos hace progresivamente menos competitivos y capaces, por lo tanto, de generar los recursos necesarios para afrontar estos retos sin pérdida de bienestar social.

Sobre estas cuestiones que están ya configurando el mundo no existen en Euskadi posiciones sólidas y, en consecuencia, pueden ser una presa fácil para que los agentes de la polarización empiecen a ofrecer, como suelen, soluciones sencillas y, por lo tanto, falsas a los problemas complejos.

Según vayamos gestionando estas transformaciones y según sean las instituciones capaces de encauzar estos tránsitos, el ornitorrinco vasco mantendrá o no la capacidad que ha mostrado hasta ahora de resistirse a la polarización.

Braulio Gómez Fortes es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Deusto y director del Deutobarómetro . Autor de varios libros y numerosas publicaciones es colaborador habitual del Correo y de EITB.

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Las biotecnologías actuales, las plantas que comemos y la Unión Europea con Mertxe de Renobales Scheifler (24 de Octubre de 2024)

La exposición de la Dra. Renobales fue extraordinariamente clara, pero, a la vez, minuciosa, precisa y detallada. Para mayor concreción acompañamos la presentación de la que se sirvió en su charla. Aquí reproducimos los aspectos más generales.

Nuestra ponente empezó su exposición por relatarnos que las plantas que comemos son fruto de un proceso de domesticación que, cuando las cultivamos, es una larga lucha contra dos grandes enemigos: las plagas y las malas hierbas. Podría decirse que la historia de la agricultura no es más que la historia de esta lucha ancestral.

Algunos de los métodos tradicionales en esta evolución son muy antiguos, como los injertos conocidos hace ya 3.800años, las mutaciones que las plantas han ido experimentando por puro azar y al proceso de selección por parte del hombre de unas variedades sobre otras. Habrá que esperar hasta el siglo XVIII para que aparezcan las primeras empresas de semillas. El conjunto de estas técnicas a lo largo del tiempo, y otras tecnologías más recientes, han modificado los genomas de las plantas que comemos introduciendo mejoras genéticas que nos permiten, por ejemplo, comer plátanos sin semillas o cultivar berenjenas sin espinas.

Presentación de Mertxe de Renobales Scheifler en Bilbao

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Sin embargo, las limitaciones tecnológicas son las que han conllevado que el aumento de las necesidades alimenticias de una Humanidad en expansión haya tenido como consecuencia un aumento de tierras dedicadas a la agricultura y un aumento de todos los insumos que el proceso lleva aparejado con sus correlativos impactos medioambientales.

Sobre esta base tradicional se han empezado a aplicar en el último cuarto del siglo XX nuevas biotecnologías que han dado lugar a lo que conocemos como alimentos transgénicos. Este nuevo campo de la investigación aplicada ha seguido dos grandes líneas:

-La primera es la transgénesis propiamente dicha. El proceso parte de identificar alguna bacteria, u otro organismo, que contenga una característica de nuestro interés, por ejemplo, una defensa particularmente eficiente hacia ciertos insectos. Se extrae ese gen de la bacteria en cuestión y se prepara en el laboratorio convenientemente para su introducción, mediante distintas técnicas, en la planta que queremos mejorar. La planta así modificada se cultiva in vitro, se desarrollan unas plantas, se selecciona la más adecuada y se lleva a campo abierto.

-La segunda de las técnicas es la edición de genomas o mutagénesis dirigida. De acuerdo con esta tecnología se modifica el genoma de la célula de la planta elegida cambiando alguna de las letras de su ADN. También es posible a través de esta técnica inactivar algún gen específico de la planta o cambiar la expresión del gen sin alterar su secuencia.

Resulta relevante señalar que la transgénesis en una planta cultivada es detectable en un laboratorio mientras que la mutagénesis dirigida no lo es.

Las mejoras que estas nuevas tecnologías aportan a la evolución de la agricultura y a la generación de alimentos en general son formidables. En efecto, el desarrollo de robustas resistencias tanto a las plagas como a determinados herbicidas permite aumentar mucho la productividad agrícola, lo que ralentiza la necesidad de aumentar las tierras cultivadas permitiendo que amplias extensiones se mantengan en su estado natural. Pero es que, al aumentar la resistencia de las plantas transgénicas a las plagas y a determinados herbicidas de menor toxicidad, se reduce la utilización de insecticidas o fungicidas, así como la toxicidad global de los herbicidas. Las plantas tolerantes a herbicidas permiten reducir significativamente el laboreo con la consiguiente disminución de gases de efecto invernadero y, en general, una disminución de costes muy relevante. La obtención, por edición génica, de variedades de champiñón, patata o manzana que no ennegrecen al cortarse evita un desperdicio alimentario que de otro modo es muy grande.

Se han desarrollado también cultivos transgénicos con notables mejoras nutricionales como, por ejemplo, arroz, maíz y plátanos ricos en vitamina A que ayudaría a paliar los déficits en esta vitamina que provoca serios problemas de salud como cegueras infantiles irreversibles en amplias zonas del mundo. 

Antes de su comercialización, en todos los países del mundo en los que se han comercializado, los cultivos transgénicos han superado una serie de rigurosas pruebas de inocuidad para los consumidores y de seguridad medioambiental. La gran mayoría de las principales entidades de salud mundiales como son la OMS, la FAO, y las Academias de Ciencias de todos los países han declarado que estos cultivos transgénicos son nutricionalmente equivalentes a los convencionales. El coste de las pruebas asciende con frecuencia a unos 80 millones de euros…¡por planta!. Y superar estas pruebas no garantiza que se vaya a aprobar el cultivo y la comercialización de la misma. Esta posición tan restrictiva tiene efectos colaterales importantes. Para empezar, semejante coste en las pruebas a un transgénico descarta a universidades y centros de investigación de modo que solo las grandes empresas pueden permitírselo.

Sin embargo, algunas organizaciones ecologistas y ONG han mostrado una oposición frontal a los cultivos transgénicos sin evidencias científicas sólidas, y han extendido un relato del miedo que ha cuajado en la sociedad debido al gran prestigio social de estas organizaciones sin ánimo de lucro.

La Unión Europea tiene una normativa más restrictiva para los cultivos transgénicos que la de otros países naturalmente más proclives a la innovación y, particularmente, a la innovación tecnológica, como EE. UU., Canadá o Australia. En efecto, en el caso de la UE solo se autoriza la importación de algo más de 200 variedades transgénicas de 6 especies, en su mayoría para la elaboración de piensos animales, mientras que solo se permite el cultivo de una variedad de maíz transgénico resistente a insectos que se cultiva en España y Portugal.

Esta actitud europea anti-transgénicos tiene repercusiones en otros países del mundo principalmente africanos que no han aceptado los cultivos biotecnológicos por no perder las exportaciones a Europa de productos alimentarios ecológicos, comprometiendo con frecuencia su seguridad alimentaria. La Unión Europea ha condicionado ayudas para el desarrollo a la utilización de cultivos tradicionales, mediante tecnologías agrarias tradicionales, prohibiendo utilizar cultivos biotecnológicos.

En definitiva, pocos ejemplos como la polémica sobre los cultivos transgénicos reflejan tan bien la pugna entre esa combinación de prejuicios ideológicos e intereses encubiertos y, de otro lado, la evidencia científica de quienes apoyan las biotecnologías.

La Dra Mertxe de Renobales Sheifler es Catedrática jubilada de Bioquímica de la Facultad de Farmacia de la UPV/EHU,  antigua Decana y Vicedecana de la Facultad y Directora de Calidad del Campus de Vitoria, autora de más de 80 publicaciones científicas y especializada en alimentos transgénicos.

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