Paseo de Hendaia a Donibane Lohizune
Escribe: Carlos Biurrun
Reflexiones veraniegas
Hay un paseo muy bonito, siguiendo el litoral, que va de Hendaia a Donibane Lohizune (St. Jean de Luz). Los 13 km de marcha desde mi casa hasta la plaza de Luis XIV, los hicimos, mi esposa, mi cuñada Paloma y yo en algo menos de 3 horas. Después de tomarnos unos capuccinos y unos frutos secos en la citada plaza, emprendimos el regreso por la misma ruta.
El día no pudo salir más redondo, hacía una temperatura muy agradable cuando salimos. Decidimos meternos por el domaine de Abbadia, seguir hacia la bahía de Loia y continuar el camino del litoral que va pegado a la carretera, aunque, en muchas ocasiones, se mete hacia los acantilados calizos. El mar estaba como en calma y la brisa mañanera animó a docenas de veleros a salir a navegar. La vista al mar era espléndida y también hacia el interior, la cima de Larrun estaba sin la capota de niebla que muchas veces le cubre.
Hacia las 10 atravesamos Zokoa y la gente ya comenzaba a llegar a su playa. Es un puerto muy característico con su torre vigía que protegía en otras épocas la entrada a la villa de San Juan de Luz, puerto pesquero por excelencia y con mucho ambiente turístico en el verano. Ayer, se estaba preparando la fiesta del bonito, junto a los muelles. En el interior de una carpa de la Diputación de Bizkaia la gente se arremolinaba para conocer los mejores sitios a visitar. Es bastante común que turistas que pasan el mes de agosto aquí hagan una excursión a Bilbao y sus alrededores y más con una ciudad que ha tenido una maravillosa transformación en los últimos 30 años.
Llegamos de vuelta un rato antes de las dos y todavía tuvimos tiempo de darnos un chapuzón en la playa, aunque había demasiada gente, al ser sábado.
Por esto y por más cosas, me gusta Hendaia y sus alrededores.
AVISO A NAVEGANTES

Sabía a lo que me exponía cuando aceptamos participar en un crucero. Pero fuimos impulsados por un grupo de amigos con los que hemos viajado en ocasiones anteriores. Mi mujer y yo ya habíamos participado en un crucero por las islas griegas hace más años de lo que me gustaría y el recuerdo de aquella experiencia fue suficiente para prometernos que nunca más nos embarcaríamos en un gran barco de ese tipo. Nos gusta demasiado el mar para desperdiciarlo de esa manera.
Pero la posibilidad de que al viajar con un grupo estupendo de amigos las cosas pudiesen cambiar rebajó nuestra resistencia y nos embarcamos. No me arrepiento de disfrutar con los amigos, pero todo lo demás no defraudó a mis peores previsiones.
Un crucero se caracteriza por alojar una cantidad de personas increíblemente grande en muy poco espacio. Un espacio que se desplaza y, en teoría, permite realizar visitas de alto contenido artístico o cultural. La realidad suele ser mucho menos glamourosa. Una masa de gente de ese tamaño solo se puede mover en poco tiempo con una organización militar. Las colas para desembarcar son desesperantes, lo que reduce el tiempo disponible para las excursiones. El servicio estaba formado casi exclusivamente por ciudadanos sudamericanos, con una amabilidad excesiva, casi artificial, pero de una eficacia y rapidez limitadas para lo que estamos acostumbrados. Media hora para servir unas copas es más de lo que nos suele gustar.
Pero lo peor para mí, que será una ventaja para otras personas, es que no te enteras de que estás en el mar. Un enorme hotel que se desplaza es algo que no se parece en nada a esas imágenes del mar con veleros con las que tratan de seducirnos en la publicidad.
En resumen, para los que les guste convertir unas vacaciones en algo parecido a hacer la mili en la marina, ésta es su opción.
Los Diletantes en Mérida
(Crónica de Guillermo Barredo)
El viernes, 8 de mayo, salieron de Bilbao dos furgonetas y un coche, que se iban a encontrar con otros tres coches provenientes, uno de Madrid y dos de Málaga. El destino común era Mérida, donde nos esperaba una jornada de visita a la ciudad, su Museo Romano, y una serie de monumentos de la época romana y árabe.
Los treinta y un partícipes estaban formados por diletantes, amigos y sus respectivas mujeres, quienes tras una pequeña parada en el camino, por ejemplo algunos en Casa Alvarez de Guijuelo, se encontraron en el Parador la tarde/noche del viernes. El Parador es un edificio histórico, instalado sobre los restos de un templo dedicado a la Concordia de Augusto, de estructura posterior de convento del siglo XVIII.
Allí pudieron saludar a quien obró de anfitriona. Se trataba de Trinidad Nogales Basarrate, vinculada por parte de su abuelo, Ramón Basarrate, a Algorta, Directora de Investigación del Museo, brillante historiadora y arqueóloga que resultó una clara relatora de lo que se iba a visitar al día siguiente, Sábado. Para ello, y en una sala del Museo Romano, sirviéndose de material gráfico, y mediante una docta, pero sencilla, presentación, introdujo al grupo en la historia antigua de Mérida, tocando los aspectos poblacionales, urbanísticos, guerreros, culturales y vivénciales de la A
ugusta ciudad. Fue una más que digna entrada a tan ilustre colonia romana.
De allí, y de nuevo en el Parador, se disfrutó y degustó de una Cena romana (convivium), sin figurantes y con un triclinium de exposición, aunque los camareros masculinos y femeninos iban ataviados a la forma romana. Las recetas estaban inspiradas en el recetario de Marcus Gavius Apicius, gastrónomo del siglo I., y el olor a incienso prologó lo que iba a ser la cena.
Entre los platos de los “Gustatios” figuraban erizos de mar, huevos de codorniz y salazones. Los siguientes platos de la “prima mensa” fueron lomos de rape, suprema de atún, codillo de cordero y avestruz en salsa de higos, finalizando en la “secunda mensa” con patina de dátiles y cocido de arrope, además de pera al mulsum. En la “epidymnis” se sirvió agua de alange, conditum, mulsom, hierbas mágicas de sibila y herrero de bocairente.
La cena resultó muy animada, conforme al espíritu liberal de los diletantes, y del agrado de todos. Pudimos disfrutar de la compañía de Plinio Apuleyo Mendoza, periodista y escritor colombiano, conocedor de mil y una anecdotas sobre Gabo García Marquez, Julio Cortazar, Juan Goitisolo, Varga Llosa, etc. Un lujo para los oídos y la mente. Parece que se consiguió su compromiso para contar, algún día, con el escritor peruano en Bilbao.
Al día siguiente y sobre las diez de la mañana, tras un desayuno generoso en el Parador, y en el camino al Museo el grupo pudo contemplar el Arco de Trajano, pórtico impresionante de quince metros de altura en granito, el Templo de Diana (siglo I o II de nuestra era), de estilo coríntio, y el Pórtico del Foro.
Después comenzó la visita al Museo, todo ello guiado por nuestra amiga, Trinidad Nogales, quien lamentablemente tuvo que dejar al grupo después de dos horas de explicaciones cultas, interesantes y amenas, dado que estaba en la preparación de un Encuentro Internacional que iba a tener lugar días más tarde. Describir en esta breve crónica de viaje el contenido del Museo es imposible. Baste decir que resultó muy satisfactorio para todos. 
Al mediodía, la comida se celebró en el Restaurante El Antillano, pequeño pero típico sitio de Mérida, con una cocina sencilla pero sabrosa.
Por la tarde y de la mano de una guía, Amelia Pastor, discípula de Trinidad, se visitó el Teatro Romano y el Anfiteatro Romano, la casa del Mitreo y la Alcazaba.
El Teatro, con capacidad para unas seis mil personas, es una construcción que refleja la arquitectura de Augusto, donde se representan en la actualidad obras de teatro y conciertos. Posee una acústica magnífica, y detrás de la original escena, se puede apreciar un peristilo, capilla de culto y termas. En el dos mil ocho se cumplieron 75 años de la primera representación de una obra teatral en este magnifico espacio, interpretada por Margarita Xirgú. Mérida le homenajeó con una bella estatua de bronce al lado de la escena, representando a Medea.
El Anfiteatro, del año 8 A.C, con capacidad para quince mil personas, y destinado a las luchas entre gladiadores, peleas de fieras y a otros espectáculos.
En la casa del Mitreo (siglo II) se pudo contemplar la estructura de la casa de un rico romano, y el maravilloso mosaico con el tema central del cosmos.
Mas tarde, y en una precipitada visita, se pudo contemplar la Alcazaba árabe, al lado del puente romano, del siglo IX y construida sobre las ruinas romanas. Levantada por Abderramán II. Posee elementos árabes, visigóticos y romanos, y destaca su aljibe. Desde allí se puede apreciar una bella vista del Guadiana, del Puente Romano, y de la parte nueva de la ciudad.
Javier Ortiz pudo hacer todo el recorrido, ya que, a pesar de su rotura de rótula, una silla de ruedas empujada –alternativamente- por varios de los excursionistas permitió su desplazamiento por la ciudad.
Después de un merecido descanso, el día finalizó en el Restaurante Briz, con una cena de típicos platos de la cocina emeritense, jamón, lomo, riñones, criadillas, revueltos varios, postres típicos y vino extremeño. Dado que el pequeño comedor estaba a tope, el grupo “espantó” a una pareja de jóvenes ingleses, que fueron a disfrutar de su intimidad a un lugar menos ruidoso. Al término de la cena, y tras un resumen de lo que había sido el día, se hizo entrega en nombre de todos de un pañuelo a Trinidad, discreto obsequio de agradecimiento por una excelente compañía.
Trinidad se comprometió a ir a Bilbao, antes de final de año, y disfrutar de una jornada que verse sobre las explicaciones del material fotográfico y bibliográfico conseguido durante el viaje. Será un motivo de recuerdo y aprendizaje para los diletantes, mujeres y amigos.
Al día siguiente, domingo diez, y antes de llegar a Bilbao, el grupo comió un muy buen cordero en el Landa de Burgos, comentando el unánime disfrute del viaje.
Estuvieron en Mérida: Juan A., Guillermo y Mercedes, Carlos y Carmen, Javier C. y Sylvie, Manu C. y Beatriz, Fran y Mati, Iñigo e Inés, Luis y Clara, Carmelo y Mari Carmen, Roberto y Vilma, Jesús y Ana, Javier O. y Blanca, Rafael y Alicia, Mikel y Miren, Manu U. e Isabel, José Luis e Isabel, Plinio y Sra.
Visita a la Bodega La Encina (Briñas)
Era sábado y el sol lucía en todo su esplendor. La mañana era fresca y el autobús partió de Algorta a su hora parando en Las Arenas y Bilbao para luego continuar su camino hasta Briñas donde nos reuniríamos con el resto del grupo.
Era un día especial, tres acontecimientos juntos: visitaríamos una bodega en compañía de nuestras señoras, cortesía de Javier Cano, despedíamos a Carlos Blond y por fin probaríamos el tan nombrado y afamado Tiramisú que Sylvie, señora de Javier Cano, nos había preparado con todo el cariño del mundo. Se le notaba relativamente nerviosa, probablemente por la tan alta expectativa que se había generado.
Tras la llegada y una vez reunido el grupo fuimos recibidos por Ricardo Reinoso, gerente, y por Rubén Provedo, enólogo, en un bonito salón de la bodega que utilizaba un gran ventanal a modo de cuadro natural del paisaje sobre el cauce del Ebro, las conchas de Haro y las peñas de Bilibio. Fue Rubén el que nos explicó las peculiaridades del mundo del vino, la curiosa baja rentabilidad del sector- Mikel Urcelay en un rápido ejercicio mental nos hizo un desglose de costes- las características de las viñas, su emplazamiento estratégico y cómo las preselecciona según el tipo de vino que se quiere producir, la recogida y el transporte de la uva, el porqué del diseño de las cubas metálicas y de la pulcritud de las instalaciones, las diferencias entre el roble francés y el americano… La verdad es que además de enólogo tiene dotes de comunicador y supo atraer nuestra atención desde el primer momento y mantenerla hasta el final, aún a pesar del frío que allí hacía.
Tras la visita accedimos al comedor donde además de entrar en calor pudimos degustar, en un ambiente muy distendido como suele ser habitual en las reuniones de nuestro foro, productos de la tierra todos ellos de primera calidad acompañado de varios de los excelentes caldos de la bodega.
Por fin llegó el momento del postre, el tan esperado Tiramisú. Y no defraudó. Exquisito. Javier Cano nos explicó el significado de dicho postre y nos recordó una vez más que debe tener Amaretto. Fue Guillermo Barredo, el políglota, quien en un bonito italiano agradeció a Sylvie, en nombre de todo el grupo, tan generoso detalle. Sus palabras se acompañaron de un merecido aplauso.
¿Los efectos del Tiramisú entre los presentes? Nadie ha hablado de ellos hasta la fecha.
Tras la comida tuvimos un emotivo acto conmemorativo de despedida de nuestros queridos amigos Carlos Blond y señora, Ester, dirigido por Manu Clausen y Carlos Biurrun con la destreza que les caracteriza. Por fin Carlos recibió la ansiada vaca- había que ver su cara de satisfacción- además de unos CD que contenían un reportaje dedicado de los homenajeados participando en diversos actos del foro. Carlos se mostró agradecido y nos prometió una visita en el futuro.
Y se dio por concluido el acto. Eran las 17.30 h y el sol comenzaba su puesta cuando de nuevo pusimos rumbo a Bilbao.
Día soleado, bonita bodega, buen ambiente, acogedor recibimiento, buena comida y bebida y emotivo acto de despedida. La organización, perfecta. En resumen, un día maravilloso.
Como colofón nos ofrecieron la posibilidad de adquirir el buen vino que produce esta bodega a precio de socio, manteniéndonos esta condición en el futuro. Todo un detalle final.
Muchas gracias a Javier Cano y a Sylvie por habernos hecho disfrutar de tan bonito día.
Crónica de Luís Fiz
Excursión cultural-gastronómica a La Rioja
Viaje a Roma de los Diletantes, octubre 2008
(Crónica de Javier Cano y Manu Clausen)
El pasado día 15 de Octubre un significativo grupo de nueve Diletantes, siete de ellos acompañados por sus mujeres, emprendimos viaje a Roma. El grupo partió del aeropuerto de Santander a bordo de una compañía irlandesa de “Low fare”, de la que prefiero no opinar, más que nada por la ausencia de otra alternativa con la que poder comparar el nivel de los servicios.
Al llegar a Ciampino, tuvimos que esperar un buen rato al autobús lanzadera que nos debía acercar a la Estación Termini. El trayecto discurrió sin más novedad que la ausencia de aire acondicionado o de una ventilación efectiva, lo que provocó la congestión, el sofoco y la fuerte transpiración del grupo.
Superadas estas dificultades técnicas a base de duchas, nos acercamos al Restaurante Mario, muy conocido y tradicional en Roma, donde disfrutamos de la compañía y muy agradable conversación de Paloma Gómez Borrero y de Jorge Hevia Sierra, mientras dábamos cuenta de unos antipasti excelentes. A pesar del mal estado de salud de Paloma, por un fuerte trancazo, nos amenizó contando anécdotas del Vaticano y de los viajes papales, así como de algunos significativos visitantes españoles a Roma. A los postres se presentaron los primeros comentarios sobre el Tiramisu…
Cuando se retiró Paloma, continuamos la tertulia con Jorge Hevia, que nos explicó interioridades de las Embajadas que ha conocido y algunas anécdotas interesantes sobre los viajes del Rey.
Tanto a Paloma como a Jorge se les invitó a participar en una reunión de los Diletantes en Bilbao, invitación que fue aceptada por ambos.
Al día siguiente nos acercamos al Vaticano donde, con el salvoconducto de nuestra Embajada, evitamos las colas y nos encontramos con nuestro guía Jean Pietro Spagnolo, maestro de guías y que con su vasto conocimiento y fino humor nos fue enseñando las piezas más representativas de los Museos Vaticanos y con una atención especial a la Capilla Sixtina.
La comida la hicimos en la Trattoria da Marcello, cercana a una concurrida tienda de artículos religiosos, que nos mantuvo entretenidos con sus visitas durante toda la comida. Al finalizar la misma, el grupo se dispersó y mientras unos ojeaban los atractivos escaparates de las calles comerciales, otros visitaban alguno de los numerosos monumentos de la Ciudad Eterna.
La cena tuvo lugar en un restaurante próximo al hotel, con un servicio sorprendente por lo rápido. Dimos cuenta de unos copiosos antipasti y unos excelentes bisteccos y tártaros. A los postres se volvió a plantear el tema del Tiramisu, al que, aun estando excelente, se le echaba a faltar un toque de Amaretto, al igual que al del Mario. Con ello se estableció un desafío para degustar el que nos va a preparar Sylvie, mi mujer, siguiendo la receta de la “famiglia”. No olvidéis que, a pesar de ser belga de origen, tiene un montón de apellidos italianos, del norte de Italia, claro. Hay que resaltar que este desafío quedará limitado a los asistentes al viaje, que son los que probaron los de Roma. Lamentablemente no se podrá abrir más el cupo por razones evidentes (falta de platos y de cucharillas).
El viernes 17 amaneció cubierto y al de un rato empezó a llover persistentemente. Esto obligó a proveerse de paraguas antes de visitar la Embajada Española cerca de la Santa Sede, donde nos recibió el Embajador en persona y nos acompaño en una visita al palacio que la alberga. Es de agradecer el trato recibido por parte del Embajador, D. Francisco Vázquez, así como de todo el resto del personal.
A la salida de la Embajada llovía menos y el grupo se dispersó de nuevo para compras y visitas de interés, así como para comer.
A la taurina hora de las cinco en punto de la tarde se volvió a juntar el grupo para visitar la Villa Borghese, con su impresionante colección de arte y sus jardines espectaculares. Una posterior visita a un concesionario de Ferrari y Maserati nos permitió admirar otro tipo de obras de arte, para tener una visión más completa de lo que es capaz de ofrecer el creativo pueblo italiano.
La cena sufrió algún cambio sobre lo previsto y finalmente tuvo lugar en un reservado de un cercano restaurante, compartido con otra mesa de ocho comensales que nos dio mucho juego sobre la composición del grupo vecino, sobre todo por el peculiar estilo de las “comensalas”. Según nuestra camarera peruana, se trataba de cuatro italianos y cuatro mujeres del Este, de esas que suelen acompañar a los hombres con “plata”… Esta cena sirvió como despedida, ya que algunos miembros del grupo nos abandonaban al día siguiente.
El sábado teníamos concertada una visita clásica por el circuito más turístico de la zona arqueológica. Nuestro guía, Luciano, resultó “poco ligero” en sus disertaciones y parecía que nos estaba examinando. Visitamos el Coliseo, el Foro y el Panteón entre otras cosas. Al acabar la visita el grupo se volvió a dispersar para las últimas compras y visitas así como la última cena que cada pareja realizó por libre en lo que alguien llamó “Cena Romántica”…
Hay que señalar que todos los días, un nutrido grupo de Diletantes tenían a bien cerrar la jornada en el famoso HARRY´S BAR de la no menos famosa Vía Veneto, compartiendo con el barman los secretos de la óptima preparación del Gin-Tonic, que desde la presencia de los Diletantes en el bar se sirve en copa grande.
El regreso se realizó al día siguiente con el mismo entusiasmo que a la partida y más cansancio acumulado, pero con el agradable regusto de haber disfrutado de un viaje con un fuerte contenido cultural y provocado un mayor conocimiento entre los miembros del foro. Ah!, y también con el regusto del tiramisu. En la despedida final se oían voces pidiendo con entusiasmo la proliferación de éste tipo de viajes, especialmente intensas por parte de la sección femenina del grupo.
Viaje a Japón
Todo empezó un día que volvíamos, mi mujer y yo, a casa y nos encontramos a nuestros tres hijos viendo por iniciativa propia “Los siete samurais” de Akira Kurosawa. A mi mujer se le cortó el habla viendo como sus hijos estaban fascinados y atrapados por una película que mostraba una cultura lejana y tradicional y maldiciendo por lo bajines el no tener una hija que compartiera sus sentimientos y sus gustos. Pero quedaban claras las preferencias de nuestros hijos.
Con este planteamiento, no es de extrañar que a ella no le hiciera ninguna gracia el abordar un viaje como éste, pero, en un momento de debilidad suya, le habíamos prometido a nuestro hijo pequeño, el más influenciado de los tres por esa cultura, que cuando aprobara el BAC francés le llevábamos de viaje al país del sol naciente. Y ésto se ha cumplido éste verano y naturalmente el hijo mayor se ha apuntado. El mediano ha tenido que dejarlo para otra ocasión por una cuestión de estudios.
Hemos preparado el viaje informándonos por todos los medios, leyendo todo lo que caía en nuestras manos sobre ese país y hablando con conocidos que lo habían visitado. La opinión que nos habían transmitido es la de un país fascinante, pero que los japoneses son muy complicados y poco amistosos con los visitantes, además de que son muy pocos los que hablan inglés, por lo que no es conveniente el viajar a tu aire, sin el respaldo de una organización.
Por ello decidimos hacer el viaje en un grupo con todo organizado a través de una conocida agencia de viajes bilbaína especializada en los viajes a Oriente. No puedo decir que esta decisión fuese un error, porque la organización del viaje fue impecable y todo transcurrió de forma perfecta. Es más, considero que ha sido una forma muy conveniente de conocer el máximo de cosas en el mínimo de tiempo.
Sin embargo, la sensación final es que si se puede viajar al Japón por libre ya que sus habitantes no responden a ese patrón prefijado que nos habían contado. Son extremadamente amables y serviciales y aunque si es cierta su dificultad para los idiomas extranjeros, no es difícil entenderte por signos y todo el país está rotulado de forma bilingüe.
Nuestra entrada fue por el aeropuerto de Kansai en Osaka, el más reciente del país, de dimensiones descomunales y construido sobre una isla artificial. Después de atravesar enormes polígonos industriales a través de muchos kilómetros de autopista, llegamos al centro de la ciudad, de aspecto moderno por su reconstrucción después de la guerra. Arrastrando nuestro “Jet-Lag” visitamos una serie de sitios como la torre de Umeda o el castillo construido por Hideyoshi en el s. XVI y reconstruido varias veces.
Para desplazarnos por el país utilizábamos el tren bala, cómodo y rápido. Este tren se inauguró para los Juegos Olímpicos de 1.964 y ya va por la tercera generación, cuya velocidad en pruebas ha alcanzado los 580 Km/h.
Cuesta superar el impacto que produce una visita a Hirosima por mucho que conozcas la historia. Ellos continúan con la herida abierta y se les quiebra la voz hablando de la bomba y sus consecuencias. Pero, sorprendentemente, no tienen ningún resentimiento hacia los americanos. Consideran que cometieron un error muy grave al “despertar al tigre dormido” cuando bombardearon Pearl Harbour sin declaración de guerra. El perder la guerra les ha servido de catarsis para hacer borrón y cuenta nueva en su trayectoria militarista. Hay que pensar que Japón de antes del 39 era un país orientado a la guerra, donde el 80% del presupuesto nacional se dedicaba a esta actividad y los pacifistas eran fusilados. Es difícil imaginar a los prósperos, amables y educados japoneses actuales como relacionados con sus temibles ancestros que conquistaron gran parte del Pacífico y estaban dotados de un fanatismo persistente. Todavía hace no muchos años se ha encontrado algún soldado olvidado de la guerra en las selvas de Borneo, pensando que ésta continuaba.
Kyoto es una maravilla. Baste decir que esta ciudad tiene 17 monumentos Patrimonio de la Humanidad. La población no fue bombardeada durante la guerra ya que era uno de los cuatro blancos elegidos para la bomba. Por fortuna, un mando militar norteamericano se empeño en preservar la ciudad por los tesoros arquitectónicos e históricos que albergaba. Esto nos permite disfrutar hoy en día de esas maravillas. Una visita al barrio de Gion, donde persisten las casa de te y las geishas, nos va poniendo en ambiente. Sorprende ver, todavía hoy en día, la multitud de casas tradicionales en el centro de la ciudad, alternando con modernos edificios en un aparente caos urbanístico, que sin embargo está muy bien integrado. Visitamos innumerables templos budistas y santuarios sintoístas, asistimos a la ceremonia del te y realizamos compras.
La experiencia de un baño japonés nos resulta sorprendente. En una sociedad muy jerarquizada, como la japonesa, la ceremonia del baño es una liberación de complejos. Consideran que una persona desprovista de sus ropas es igual a otra en igual indumentaria y no hay diferencias de categoría. En esta situación, se puede hablar de todo sin límites y sin mantener el respeto obligado por la condición de cada uno. Tuvimos la ocasión de probar esta experiencia en Hakone, estación balnearia al pie del Fuji.
Tokio es una megalópolis, 35 millones de habitantes fruto de la aglomeración de varios municipios. Muy castigada durante la guerra, la reconstrucción muestra una ciudad vanguardista, con las mejores firmas de la arquitectura mundial. Aquí encontramos puntos comunes con Bilbao. Philippe Starck; Norman Foster; Arata Isozaki y otros muchos arquitectos compiten por mostrar alardes técnicos. Un simple paseo por la avenida Omotesando nos permite ver más obras emblemáticas que en cualquier ciudad que imaginemos.
Un paseo por Akihabara, el barrio de la electrónica, nos traslada a otro mundo donde Frikies de la electrónica y el manga conviven con Cosplays (chicas disfrazadas como los personajes de series de manga). Hay que señalar que los tres principales entretenimientos de los japoneses son el Manga, el Karaoke y el Pachinko (máquinas tragaperras). Todos ellos se pueden encontrar en abundancia en este barrio.
Hay muchas cosas más que contar, pero haría interminable esta reseña. Solo os indicaré que mi mujer ya está pensando en el próximo viaje a Japón.
Visita al Museo de Reproducciones de Bilbao
Hoy, sábado, 30 de agosto, con 34º C en la calle, hemos visitado, por fin, el Museo de Reproducciones de Bilbao en su nueva sede en la iglesia de Corazón de María, en la calle San Francisco, 14, junto a la plaza de Corazón de María, donde se han encontrado los restos del antiguo Convento de San Francisco (S. XVI) uno de los edificios más interesantes de la historia de Bilbao.
En su ubicación actual fue inaugurado el 21 de noviembre de 2006 y alberga reproducciones muy interesantes de la época grecorromana junto con otras del Renacimiento italiano. Hemos podido contemplar, entre otras, la Victoria de Samotracia, la Venus de Milo, el Moisés de Miguel Ángel o la soberbia escultura de Lorenzo de Médicis, en un lugar magníficamente restaurado.
La idea de crear el museo de reproducciones artísticas de Bilbao se atribuye a Manuel Ramírez Escudero que en 1922 la presentó al Ayuntamiento y a la Diputación que la acogieron muy favorablemente. La primera Junta de patronato se constituyó en 1927 y de ella formaron parte los arquitectos Ricardo Bastida y Manuel Smith.
El museo ha tenido varias sedes, comenzando en los bajos de las Escuelas de Berastegi donde estuvo hasta 1957, cuando el edificio fue derribado para construir lo que hoy es el Palacio de Justicia, y en cuya fecha pasó a la calle Conde de Mirasol.
Según nos ha dicho el amable y joven empleado que nos ha vendido las entradas, el nuevo espacio del museo coexistirá en el futuro con el de Conde de Mirasol cuando éste sea acondicionado y donde se podrán ver muchas más reproducciones, dice que más de 120, que las 22 que actualmente están expuestas.
El museo, como todos los de su clase, mantiene su objetivo fundamental de enseñar la historia del Arte. Hay una zona para actividades didácticas que son muy utilizadas por alumnos de colegios y espacios interactivos muy interesantes, según nos dice el joven empleado del museo.
Hemos estado algo más de una hora visitando el museo y, de verdad, ha merecido la pena. Además hemos paseado por esa parte de Bilbao que no frecuentamos y que también está sufriendo una notable regeneración. Finalmente nos hemos tomado un aperitivo en el Sasibil de la calle Jardines (según indica la placa de la calle, debe su nombre en recuerdo de las huertas y jardines que en los siglos XV y XVI había entonces allí).
Se me ocurre pensar que bien valdría la pena organizar un paseo cultural por el Bilbao actual para que lo reconozcamos bien. Quizás, antes o después de la charla de Alfonso Martínez Cearra en el mes de octubre que tratará sobre la renovación de nuestra ciudad.
¿Alguien se anima a organizar el paseo?
LOS DILETANTES VISITAN LA VILLA DEL LIBRO (Urueña, Valladolid)
Los amplios y serenos campos de Castilla recibieron la visita de un grupo de Diletantes, en esta ocasión algunos de ellos acompañados de sus respectivas mujeres, y que provenientes de la Muy Noble Villa de Bilbao, se lanzaron a visitar el Pueblo de Urueña, en la Provincia de Valladolid, sede de la Villa del Libro, allá por el siete de junio de los corrientes, en el dos mil ocho.
Tras una agradable y espléndida cena en la Posada del Pinar , sita en el pinar del Pueblo denominado Pozal de las Gallinas, en la que destacó el pollo de corral, propio de aquellas tierras, y otros sabrosos manjares, todo ello regado de buen vino, se disfrutó de un buen reposo dada la paz que reina en aquél lugar. La charla durante la cena, amén de llevar cierta educada polémica –como es habitual- debida al papel (roll que dirían los cursis) de las mujeres en el grupo, y otros interesantes temas, demostró el talante liberal, abierto, cosmopolita y conciliador del que los Diletantes hacen gala.
El día siguiente, o sea el siete del citado mes, y ya en el Pueblo de Urueña, el grupo disfrutó de las explicaciones que el Director del Centro E-lea, Pedro Mencía, acerca de la génesis del proyecto de la Historia del Libro. Su explicación fue docta, ya que versó -no solamente- sobre el libro, sus contenidos, su impresión, y sus medios a lo largo de la historia, sin también acerca de las reuniones y actos que se celebran en el lugar. A Pedro Mencía le quedamos muy agradecidos, ya que nos acompañó en la comida que se celebró luego en la Bodega Dehesa de los Canónigos, y en la que pudimos ampliar nuestras impresiones, además de degustar de los caldos de la nombrada bodega. Allí, como no, disfrutamos de un buen cordero.
Deseamos que el Pueblo de Urueña, que cuenta con más de 10 librerías, con la Fundación Joaquín Diaz, compositor, trovador castellano (uno de esos del folk song como diría otro cursi) y también del estupendo Museo de instrumentos, vaya consolidando su buen nombre, y completando su interesante oferta, y logre ser conocido, como lo son otros pueblos españoles (Pedraza por ejemplo) o de la Toscana italiana.
Todo esto ocurrió gracias a la dedicación de nuestro querido Manu Clausen, y a las labores de vanguardia exploradora de Carlos Biurrun. Nuestra gratitud.



